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El polvorín

Trastornos de la personalidad en el niño

31 Agosto 2009 Etiquetado en #Politica

Fuente: monografias.com


1. Introducción Los niños son susceptibles a mucho de los trastornos principales que afectan a los adultos, especialmente a las neurosis y las psicosis. Los diversos tipos de neurosis tipos de neurosis, a menudo son más difíciles de clasificar en los niños que en los adultos, no importa que adopten formas distintivas; Los principales tipos de psicosis que afectan a los niños son: Autismo infantil; Esquizofrenia infantil. Algunos especialistas en diagnostico consideran que el autismo es una forma mas temprana de esquizofrenia infantil y opinan que se confunden con los cuadros clínicos característicos de estos dos desordenes. Otros autores consideran que el autismo es un tipo especial de retraso mental. 2. Conductas Extrañas o Excéntricas. Trastorno paranoide de la personalidad. Las personas que padecen un trastorno paranoide de la personalidad presentan varias características notorias: Sentimientos injustificados de sospecha y desconfianza hacia otras personas. Hipersensibilidad. Expectativa, sin justificación suficiente de que otras personas explotaran y dañaran al individuo; Una tendencia a encontrar significados ocultos o mensajes amenazantes en conductas o sucesos inofensivos (por ejemplo, sospechar que un vecino saca la basura temprano para molestarlo). Para estas personas es muy difícil tener relaciones estrechas con otras porque esperan una traición en forma constante. Los individuos paranoides rara vez buscan ayuda clínica. Si una situación se vuelve tan difícil que se ven forzados a buscar ayuda (por ejemplo, si requiere que trabajen muy cerca de otras personas), la labor mas difícil del terapeuta es traspasar la barrera de la sospecha. También son hipersensibles a la critica, haciendo que se les dificulte de manera especial, trabajar en puestos subordinados. Sienten un fuerte temor de perder la independencia y el poder de dar forma a los eventos. La simple sensación de ocupar una posición de rango inferior o con menos poder sería intolerable. Las personas con trastornos de este tipo, parecen frías, sin sentido del humor, poco sinceras y mañosas. Esta características no promueven las relaciones estrechas y satisfactorias; son reservadas y rara vez intiman con los demás, muchas de sus ideas extrañas pasan desapercibidas. A veces, su desempeño es insuficiente porque la preocupación por buscar motivos ocultos y significados especiales limita su capacidad para considerar y comprender las situaciones. Cuando surgen problemas, casi siempre se relacionan con el trabajo, ya que esta es un área en la cual resulta difícil evitar los contactos interpersonales. Rasgos clínicos del trastorno de la personalidad de la personalidad paranoide. Una persona que tiene varias de estas características se puede considerar que padece un trastorno de la personalidad paranoide . 1. Espera, sin bases suficientes, que los demás lo exploten o dañen. 2. Pone en duda, sin justificación , la lealtad y confianza que puede tener en compañeros y colegas. 3. Busca significados amenazantes en frases o sucesos inofensivos. 4. Guarda rencores o no perdona insultos o descortesías. 5. Se niega a confiar en otras personas por el temor infundado a que la información se emplee en su contra. 6. Percibe ataques contra su carácter o reputación que no son aparentes para otras personas y reacciona en forma rápida con enojo o contraataca. 7. Tiene sospechas recurrentes, sin justificación alguna, con respecto de la fidelidad de su cónyuge o pareja sexual. Trastorno Esquizoide de la personalidad. Las personas que padecen este tipo de trastorno de la personalidad son reservadas, aisladas, en el aspecto social, y retraídas. Prefieren las actividades de trabajo y pasatiempos solitarios y carecen de la capacidad para establecer relaciones cálidas y estrechas. Estos individuos rara vez expresan sus sentimientos en forma directa. No solo tienen pocas relaciones con otras personas, sino que además parecen desearlas muy poco. En cualquier caso, tienen pocas habilidades sociales, a pesar que sus patrones de lenguaje y comportamiento no son extraños ni excéntricos. Asimismo, carecen de sentido del humor y parecen alejados de su entorno. Los hombres que padecen este tipo de trastornos pocas o raras veces se casan, las mujeres son más propensas a casarse. Las respuestas emocionales de los individuos con trastornos esquizoides parecen más bien insulsas y frías. Las clases de frustraciones que hacen que surjan expresiones de enojo en la mayoría de las personas, provocan poca hostilidad observable por parte de estos individuos. En ocasiones parecen distantes, absortos en sí mismos, con la mente ausente y no muy consciente ni interesados por lo que sucede a su alrededor. Como las personas, esquizoides no se sienten molestas por la falta de relaciones personales, son malos prospectos para la terapia (Akhtar,1987). Rasgos clínicos del trastorno de la personalidad esquizoide Una persona que tiene varias de estas características se puede considerar que padece un trastorno de la personalidad esquizoide. No desea ni disfruta las relaciones estrechas, incluyendo formar parte de una familia. Casi siempre elige actividades solitarias. Pocas actividades, si no es que ninguna, le provoca placer. Expresa poco, o ningún, deseo de tener experiencias sexuales con otra persona. Parece indiferente a la administración o critica por parte de los demás. No tiene amigos cercanos ni confidentes (o tiene solo uno). Muestra frialdad emocional, alejamiento y poca variación en sus emociones. Trastorno esquizotípicos de la personalidad. Las personas que padecen este tipo de trastorno, se caracterizan por excentricidades del pensamiento, la percepción, la comunicación y el comportamiento. Estas desviaciones nunca son tan extremas como las que se encuentran en los casos de esquizofrenia. Aun así, los médicos clínicos en muchos casos sienten la necesidad de buscar la posibilidad de distorsiones importantes, como el escuchar voces. Las personas que padecen trastornos esquizotípicos de la personalidad, como los individuos esquizoides, son retraídas, con emociones superficiales y carecen de capacidad para socializar. Los patrones del lenguaje de los dos grupos son muy diferentes. Aquellos que muestran un trastorno esquizoide de la personalidad no tiene excentricidades en el lenguaje, a pesar que quizá no cuenten con habilidades sociales. Por otra parte, aquellos individuos que padecen un trastorno esquizotípico de la personalidad no se dan a entender, ya sea porque emplean palabras y frases poco comunes o porque utilizan palabras de uso común en forma extraña. También son propensos a expresar sus ideas de manera confusa. En ocasiones, cuando están estresados, su pensamiento se deteriora y expresan ideas que parecen ilusorias. Estas características cognitivas y perceptuales son quizá lo más importante para distinguir el trastorno esquizotípico de la personalidad de los trastornos limítrofes o fronterizos y esquizoides de la personalidad. El comportamiento de las personas que padecen un trastorno esquizotípico de la personalidad puede llegar a ser extraño. Gran parte del tiempo parecen ser suspicaces, supersticiosas, y reservadas Rasgos clínicos del trastorno de la personalidad esquizotípica Una persona que tiene varias de estas características se puede considerar que padece un trastornos de la personalidad esquizotípica. Ideas de referencia (la creencia que la conversación, las sonrisas u otras acciones de la gente se refieren a uno mismo). Ansiedad social excesiva que no disminuye con la familiaridad y tiende a relacionarse con temores paranoides en lugar de juicios negativos. Creencias o pensamientos extraños de que tiene poderes mágicos (por ejemplo, "otras personas pueden experimentar mis sentimientos"). Experiencias perceptuales poco comunes que incluyen ilusiones corporales. Lenguaje y pensamientos extraños (por ejemplo, muy vago, circunstancial, demasiado elaborado). Ideas paranoides o suspicacia. Comportamiento o apariencia extraña o excéntrica( gesticulaciones poco comunes, hablar consigo mismo, lenguaje extraño). No tiene amigos cercanos ni confidentes (o quizás solo uno ) que no sean familiare, sobre todo debido a la falta de deseo de contacto, la incomodidad constante con los demás o excentricidades. Afecto inapropiado o restringido (frío, restringido, etc.) Las personas con trastornos paranoides, esquizoides y esquizotípicos de la personalidad tienen en común un grado de alejamiento social y manifiestan comportamiento "extraño" o idiosincrásico que se puede observar en forma mucho más extrema esquizofrenia. El trastorno paranoide de la personalidad centra la atención en la sospecha y desconfianza hacia los demás; el trastorno esquizoide de la personalidad en la preferencia por las actividades solitarias, sin que necesariamente haya distorsiones en las percepciones de la realidad; y el trastorno esquizotípico de la personalidad se enfoca hacia la excentricidad y las distorsiones cognitivas-perceptuales. Los criterios para el trastorno de la personalidad esquizotípica se refiere a molestias persistentes en la percepción y conocimiento de la relaciones entre uno mismo y los demás. Estas alteraciones no se limitan a lo periodos de estrés; estan presentes casi todo el tiempo. 3. Conductas dramáticas, emocionales o erráticas. El primer grupo de trastornos de la personalidad, que acabamos de revisar, se compone de individuos con un comportamiento de aislamiento. La segunda categoría comprende a las personas que buscan atención y cuyo comportamiento con frecuencia es muy notorio y bastante impredecible. Trastorno de la personalidad histriónica. Para los sujetos que padecen este tipo de trastorno de la personalidad, lograr la atención de los demás es una prioridad; en las relaciones interpersonales, casi siempre representan un papel, como "la estrella" o " la víctima". Estas personas le parecen a los demás vanidosas e inmaduras y tienden a hablar en forma dramática, exagerada y efusiva. Esta clasificación se emplea en los casos que presentan una expresión exagerada de las emociones, relaciones interpersonales tormentosas, una actitud egocéntrica y manipulación. La manipulación tal vez se manifieste en rasgos, amenazas o intentos suicidas, así como en otros comportamientos para atraer la atención, como males fisicos dramáticos. Los pacientes histriónicos generalmente solicitan la atención de los terapeutas debido a una sobredosis de droga u otra forma de intento de suicidio. Los individuos histriónicos casi siempre reaccionan demasiado rápido ante las situaciones que requieren de algún análisis y reflexión. No siempre centran su atención el tiempo suficiente para percibir los detalles de una situación y, como resultado de ello, tienden a responder con generalidades que tienen un matiz emocional. Cuando se pide a las personas que tienen una personalidad histriónica que describan algo, casi siempre responden con impresiones en lugar de realidades. Los individuos con este tipo de trastornos muy seguidos operan con base en las corazonadas y tienden a detenerse ante lo obvio. No sólo son susceptibles a sugestionarse y a dejarse influenciar por la opinión de los demás, sino que además se distraen con facilidad. Es fácil captar su atención, pero también es muy sencillo que ésta cambie de dirección. De modo que su comportamiento tiene una calidad dispersa. Estos problemas de atención también llevan a que las personas histriónicas parezcan increíblemente ingenuos ante las cosas triviales. Las personas con este trastorno de personalidad no se sienten amadas y, tal vez reaccionen ante este sentimiento, al tratar de hacerse sexualmente irresistibles. En particular las mujeres visten y se comportan en forma seductora, aunque en realidad no desean una actividad sexual intima. Las mujeres son más propensas que los hombres a que se les diagnostique como histriónicas. Rasgos clínicos de los trastornos de la personalidad histriónica Una persona que tiene varias de estas características se puede considerar que padece un trastorno de la personalidad histriónica. Expresiones de emociones que cambian con rapidez, pero son poco profundas. Se preocupan demasiado por el atractivo físico. Apariencia o comportamiento demasiado seductores. Se siente incómodo cuando no es el centro de atención. Lenguaje en exceso impresionista, carente de detalles. Es intolerante o se frustra en exceso ante situaciones que no funcionan precisamente como lo desea. Considera que las relaciones tienen más intimidad de la que en realidad tienen. Expresiones exageradas de emoción con mucha dramatización. Trastorno de la personalidad narcisista La palabra "narcisismo" proviene del mito clásico acerca de un hombre joven, Narciso, quien se enamoró de su reflejo en un estanque. Como nunca pudo asir su propia imagen, se desesperó y murió de angustia. Las personas con este trastorno tienen un sentido exagerado de su propia importancia o singularidad y pueden pasar por horas fantaseando acerca de sus éxitos, belleza y poder. Las personas que lo padecen son incapaces de comprender cómo se sienten los otros; si se le critica, desprecia o ignora, puede reaccionar con una fría indiferencia o sentir rabia, humillación, etc. Rasgos clínicos del trastorno de la personalidad narcisista. Una persona que tiene por lo menos cinco de estas características se puede considerar que padece un trastorno de la personalidad narcisista. Sentido exagerado de la importancia de sí mismo, exageración de los logros y talentos personales y necesidad de que los demás reconozcan su superioridad. Fantasías de éxito, poder y belleza ilimitados. Sentido de la condición de especial y único que pueden apreciar sólo otras personas o instituciones especiales o de alto nivel (por ejemplo, los patrones). Requiere de admiración y atención excesiva. Sentido de acreditación, espera un trato especial favorable o el cumplimiento automático de las expectativas personales. Explota a otras personas, se aprovecha de ellas. Carece de simpatía por las necesidades y sentimientos de otras personas. Con frecuencia siente envidia de los demás o cree que los demás lo envidian (se resiente por los privilegios o logros de aquellas personas que considera menos especiales o merecedoras). Comportamiento o actitudes arrogantes y altaneros. Trastorno de la personalidad limítrofe o fronteriza. Este se reconoció oficialmente como un diagnostico en 1980. Desde ese momento, la categoría limítrofe o fronteriza se ha empleado con tanta frecuencia, que 20% de los pacientes psiquiátricos reciben este diagnóstico y se calcula que ocurre entre tres y cinco por ciento de la población general(francés y Widiger,1986). Los comportamientos autodetructivos se conocen como la "especialidad conductual" de aquéllos que tienen el trastorno de la personalidad limítrofe o fronteriza. La autodestrucción es la característica de los individuos con personalidad limítrofe o fronteriza que genera más problemas para aquellas personas que tratan de ayudarles. Las personas con este tipo de padecimiento reaccionan de maneras excesivas, pueden estallar en cólera al percibir un desaire o una critica. Cuando se trastornan emocionalmente emocionalmente, sienten desintegrarse y son incapaces de pensar de una manera lógica para solucionar un problema. Con frecuencia se sienten vacíos y aburridos y "desintegrados" y buscaran sensaciones extremas para sentirse "íntegros" o sentir algo. pueden cometer excesos (ingiriendo comidas, fármacos) por consuelo, lo que con frecuencia resulta en una espiral descendiente de estrés, presiones económicas y fracasos. Paradójicamente, no soportan estar solas, aunque su conducta hace imposible que mantengan relaciones duraderas con los demás. Pueden cambiar de un estado de animo normal a la depresión, irritabilidad o ansiedad que dura varias horas y después desaparece. Trastorno de la personalidad antisocial Este se relaciona con el crimen, la violencia y la delincuencia. Las características esenciales de este trastornos incluyen antecedentes de trastorno de la conducta a nivel crónico. Este comportamiento empieza antes de los 15 años y continúa durante la edad adulta. En algunos de los comportamientos siguientes, se pueden encontrar evidencias de un trastorno de la conducta antes de los 15 años de edad: Haraganería; Suspensión de la escuela; Arresto; Huir de casa; Decir mentiras; Participar en relaciones sexuales; Consumir alcohol, tabaco, u otras drogas no prescritas, en una edad muy temprana en comparación con sus compañeros; Robo; Vandalismo; Participación en peleas; Y violación de las reglas de la casa y la escuela. El patrón de comportamiento irresponsable o antisocial después de los 15 años incluye varias de estas características: Inestabilidad para conservar un registro de trabajo consciente; Actos antisociales repetidos, como robar, destruir una propiedad, y molestar a otras personas; Peleas o agresiones repetidas; Fracaso para cumplir con las obligaciones económicas; Fracaso para planear con anticipación; Imprudencia, sobre todo al manejar; Malos tratos o descuido de los hijos; Promiscuidad sexual; Y ausencia total de remordimientos al dañar a otras personas. Desde el punto de vista de la psicología anormal, las propiedades que definen las personalidades antisociales no son los actos particulares que realizan (por ejemplo, robar un Banco o asaltar una tienda), sino la concepción tan arraigada que tiene de la vida. Parece que siempre participan en un juego en el cual los demás individuos existen como piezas que se pueden manipular y utilizar y, es la participación en este juego la que lleva a las personas a tener problemas con la ley. En un aspecto más negativo, los individuos pueden ser crueles, sádicos o violentos. Casi nunca demuestran ansiedad y no se sienten culpables. Los rasgos que mostramos en el cuadro a continuación sobre la personalidad antisocial, provocan dificultades obvias en las relaciones interpersonales debido a la insensibilidad que presentan los individuos afectados por este tipo de trastorno, la incapacidad de establecer lazos significativos y duraderos con otras personas y la negligencia hacia las normas sociales. Rasgos clínicos del trastorno de la personalidad antisocial Una persona que tiene varia de estas características se puede considerar que padece un trastorno de la personalidad antisocial. Desenvoltura, superficialidad. Egocentrismo, aire de grandeza. Falsedad, manipulación. Carencia de remordimientos. Carencia de simpatía. Impulsividad. Irresponsabilidad. Enojo y frustración. Antecedentes de problemas conductuales persistentes, variados y serios como niño y adolescente. Comportamiento antisocial en la edad adulta. 4. Conducta ansiosas o temerosas Los trastornos que pertenecen a este grupo comparten muchas características con los trastornos de la personalidad que ya describimos. Los que los hace diferente es que cada uno de estos trastornos tienen un componente importante de ansiedad o temor. Trastorno de la personalidad evitativa Este se caracteriza por baja autoestima, temor a la evaluación negativa y una abstinencia conductual, emocional y cognoscitiva de la interacción social. En la terapia, las personalidades evitativa expresan poco afecto, aceptación y amistad. El temor al rechazo desempeña un papel clave para que estas personas se alejen de las relaciones personales. No establecen una relación a menos que la otra persona les ofrezca una garantía poco común de aceptación sin critica. El conflicto que experimentan es por desear afecto y, al mismo tiempo, dudar de la aceptación que tendrán por parte de los demás. No parecen ser capaces de liberarse de la creencia de que cualquier intento de amistad terminara en dolor y desilusión. Están atrapados entre el deseo del contacto humano y el temor que éste le provoca. Los individuos que padecen este tipo de trastorno parecen tímidos y aislados, y quizás también fríos y extraños, para aquellas personas que tienen un contacto superficial con ellos. Un mecanismo de control que los individuos con trastorno de la personalidad evitativa, son propensos a utilizar la hipervigilancia. Evalúan en forma continua todos sus contactos con los seres humanos para encontrar señales de decepción, humillación o reacciones negativas. Como resultado de ello son capaces de detectar el más mínimo rastro de indiferencia o molestia, hacen tormentas en un vaso de agua. Sin embargo está técnica de revisar continuamente el entorno, es autodestructiva porque aumenta la probabilidad de que encuentren la clase de respuesta negativa que esperan. Las personas con este tipo de trastorno, tienden a exagerar los peligros potenciales de ciertas situaciones; por ejemplo, suelen negarse a utilizar autobuses o cualquier otro tipo de transporte público aunque otros individuos no duden de su seguridad. La vida de las personas que sufren este tipo de trastorno, esta controlada por el temor a parecer absurdo o sentirse avergonzado. Una consecuencia desafortunada de este retraimiento para el contacto con los demás y las experiencias nuevas, es que les queda más tiempo para preocuparse por sus propios pensamientos y para recordar experiencias dolorosas anteriores. Rasgos clínicos del trastorno de la personalidad evitativa Una persona que tiene varias de estas características se puede considerar que padece un trastorno de la personalidad evitativa Se anticipa y preocupa por lo que lo rechacen o critiquen en situaciones sociales. Tiene pocos amigos, a pesar que desea tenerlos. No está dispuesto a involucrarse con la gente a menos que esté seguro de que va a agradar. Evita las actividades sociales o de trabajo que comprenden un contacto interpersonal significativo. Inhibe el desarrollo de las relaciones intimas (a pesar de que las desea) por el temor a parecer absurdo, al ridículo y a sentirse avergonzado. Posee poco valor personal porque percibe en si mismo falta de aptitudes sociales y de cualidades de atractivo personal. Por lo general, se niega a participar en situaciones o actividades nuevas por el temor a sentirse avergonzado. Trastorno de la personalidad dependiente Las personas que presentan este trastorno de la personalidad presentan dos características básicas: 1ro. - Permiten en forma pasiva que otras personas tomen todas las decisiones importantes en su vida porque no tienen confianza y se sienten incapaces de funcionar de manera independiente. 2do. – Para asegurarse de que no perderá su posición dependiente, someten sus propias necesidades a las necesidades y demandas de otros. Las personalidades dependientes temen a la separación y tienen una necesidad excesiva de que alguien se preocupe por ellas. Como consecuencia de ello, son sumisas y demasiado apegadas. Los individuos dependientes tratan de volverse tan complacientes que nadie sería capaz de abandonarlos. Son retraídos, siempre complacientes y tratan de congraciarse en forma continua. Si se les deja solos, se sienten vacíos, en extremo ansiosos e incapaces de funcionar. Los individuos dependientes creen que deben actuar con sumisión y obediencia con el objeto de conservar a las demás personas. También se comportan de manera afectuosa y con admiración por sus protectores. Las causas de los trastornos de la personalidad dependiente no están claras. Una posibilidad es que los individuos dependientes tienen padres sobreprotectores que les hicieron la vida tan fácil cuando eran niños que nunca aprendieron habilidades para el afrontamiento. Algunos teóricos sugieren que los niños dependientes estaban unidos de manera insegura a su madre o a las personas que los cuidaban, o bien, que no tuvieron relaciones cercanas con otras personas durante la niñez. Hasta el momento, ambas ideas son hipótesis interesantes pero no comprobadas. Rasgos clínicos del trastorno de la personalidad dependiente Una persona que tiene varias de estas características se puede considerar que padece un trastorno de la personalidad dependiente. Es incapaz de tomar las decisiones sin la asesoría y seguridad excesivas por parte de otras personas. Permite o alienta a los demás para que tomen decisiones importantes en su vida (por ejemplo, para casarse, donde vivir, tener hijos). Tiene dificultad para expresar su desacuerdo con otras personas por el temor a que se enojen o pierda el apoyo. Tiene dificultades para iniciar actividades en forma independiente debido a la falta de confianza en el juicio o las habilidades personales. Hace cosas excesivas para obtener aceptación y apoyo de los demás. Se siente incómodo o indefenso cuando está solo debido a un temor exagerado a ser incapaz de cuidarse a sí mismo. Cuando termina una relación estrecha, busca de manera indiscriminada otra relación que le ofrezca aceptación y apoyo. Con frecuencia se preocupa por el temor a tener que cuidar de sí mismo. 5. Trastorno de la personalidad obsesivo – compulsivo Este trastorno de la personalidad es similar al trastorno de la ansiedad obsesivo – compulsivo, pero ambos trastornos son diferentes. Los individuos que padecen el trastorno de la personalidad O.- C. son rígidos y limitados en su comportamiento, pero no muestran un pensamiento obsesivo que parezca llegar al consciente, tampoco participan en la clase de rituales irracionales que realizan las personas con trastorno de la ansiedad obsesivo – compulsivo. Los individuos con el trastorno de la ansiedad consideran que su comportamiento es inadaptado y perturbador, pero no pueden dejar de comportarse de esa manera. Las personas compulsivas se han descrito como "maquinas vivientes" (Reich, 1933, 1949). Como dijo un paciente su vida era como "un tren que funcionaba con eficiencia y rapidez, jalando una carga sustancial, pero sobre unas vías equivocadas" (Saphiro, 1965). Un trastorno de la personalidad O. C. tiene varias características. Una de éstas es la falta de habilidad para expresar muchas emociones cálidas y tiernas. En vez de ello, una persona que padece este trastorno parece rígida, formal y seria en extremo. El perfeccionismo extremo también es un problema porque se centra en los detalles pequeños y en la elaboración de normas en lugar de en la realización del trabajo. Esta firmeza lleva a una incapacidad para percibir el "panorama completo". Las personas que padecen este trastornos centran su atención en las normas y la limpieza y quizá se sientan molestas por cualquier cosa que esté fuera de lugar. También es típica una concentración excesiva en el trabajo y la productividad. Incluso el placer se convierte en trabajo. Este trastorno también se caracteriza por la indecisión, estos individuos tienen grandes dificultades para tomar decisiones porque se pueden equivocar. Su incapacidad para tomar decisiones puede llegar al extremo que pueden lograr relativamente poco. Su placer proviene de planear un trabajo, no de hacerlo. Un individuo que padece el trastorno de la personalidad obsesivo – compulsivo, por lo general acude al tratamiento sólo cuando se ve amenazado el estilo de vida que creó con tanto cuidado. Esto puede suceder cuando un cónyuge se desespera y se va, cuando un jefe decide despedir al empleado problemático o cuando existe una acumulación de sucesos estresantes que hacen posibles el desempeño normal. Rasgos clínicos del trastorno de la personalidad obsesivo – compulsivo Una persona que tiene varias de estas características se puede considerar que tiene una personalidad obsesiva – compulsiva. Perfeccionismo que interfiere en la realización de las tareas. Preocupación por los detalles, normas, listas y horarios. Negación a delegar las tareas o a trabajar con otras a menos que se apeguen a su forma de hacer las cosas. Devoción excesiva al trabajo y a la productividad hasta el punto de excluir las actividades de descanso y amistades. Exceso de consciencia e inflexibilidad para asuntos de la moral o ética. Expresión ilimitada de las emociones cálidas. El dinero se considera como algo que representa una seguridad para las catástrofes futuras y el gasto en sí mismo u otras personas es muy limitado. Incapacidad para desechar objetos desgastados o sin valor, aún cuando no tienen valor sentimental. Comportamiento que por lo general es rígido y obstinado. 6. Trastorno de la personalidad pasiva – agresiva Los individuos que sufren este tipo de trastorno de la personalidad suelen resistirse a las demandas de desempeño adecuado, tanto en el trabajo como en su vida social. A pesar que tienen la capacidad de comportarse de manera más efectiva, sabotean sus logros por medio de la dilatación, la ineficacia intencional, la obstinación y el olvido. Como su nombre lo sugiere, las personalidades pasivas – agresivas se resienten por las demandas que se les hacen, pero en lugar de expresar estos sentimientos de manera directa, reflejan su enojo por medio de la resistencia pasiva y el impedimento del logro de los objetivos. Por ejemplo, si un supervisor le pide a una persona pasiva – agresiva (empleado), que le haga un informe complejo para el día siguiente en la mañana, es más probable que extravíe algunos de los datos que se necesitan, en lugar de decir a su supervisor en forma directa que su petición no es razonable. El comportamiento de un individuo pasivo – agresivo se puede comparar con una situación que suele encontrarse en la crianza de los hijos. El niño lleva a los padres hasta el límite del control y después retrocede a tiempo para evitar el regaño. Al igual que el niño, el individuo pasivo – agresivo es en extremo sensible a los límites de los demás y llega hasta éstos pero no los traspasa. Los mecanismos de afrontamiento pasivos – agresivos por lo general no son una forma efectiva de vivir, pero los individuos de este tipo, parecen no darse cuenta de que su propio comportamiento contribuye a hacer las situaciones más difíciles. Rasgos clínicos del trastorno de la personalidad pasiva – agresiva Una persona que tiene varias de esta características se puede considerar que padece un trastorno de la personalidad pasiva – agresiva. Demora la realización de las tareas rutinarias que necesita llevar a cabo, en especial aquéllas que alguien más solicita. Se enoja, irrita o discute cuando alguien le pide que haga algo que no quiere realizar. Parece trabajar con mayor lentitud en forma deliberada o no hace un buen trabajo cuando se trata de tareas que no quiere realizar. Protesta, sin justificación alguna, porque otras hacen peticiones irracionales. Evita las obligaciones al aducir que se le olvidan. No cumple con su parte del trabajo y así obstaculiza los esfuerzos de los demás. Critica o desprecia a las personas que ocupan posiciones de poder en un grado irracional. 7. Conclusión Al concluir este trabajo, hemos tenido la oportunidad de conocer el papel que pueden jugar los diferentes tipos de trastorno de personalidad en nuestra vida y como pueden en ocasiones provocar gran tensión a las personas afectadas, lo cual les parece difícil cambiar su forma de pensar sobre las situaciones que viven y responder ante estos. También de como los problemas clínicos se intensifican cuando, como es casi siempre el caso, la persona no considera sus patrones de comportamiento inadaptados o indeseables, aun cuando las consecuencias desagradables y contraproducentes de esas conductas sean obvias para los demás

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Inma Cardona 01/09/2009

La persona que ha escrito este artículo desconoce por completo el autismo. Éste no es un trastorno de la personalidad, hace muchos años que se separó de la esquizofrenia por demostrarse que nada tenían que ver.Por otra parte hay un montón de estudios que demuestran que autismo y retraso mental no son sinónimos y que hay muchas personas con autismo que no tienen retraso mental, esta apreciación es uno de los mitos que hay que desterrar. Le invito a que se lea la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su versión 10 donde queda muy clara la definición de autismo. También debería leerse el DSM IVR donde tiene mucha información sobre las características del autismo. Es una pena que siga ofreciéndose tanta desinformación y que familias de personas con autismo tengamos que leer semejantes barbaridades, sin referencias claras a nada, únicamente se habla de expertos pero no se dan ni los nombres, ni los estudios en los que se basan. Le invito a que escriba un contraartículo con las referencias que le he citado y que así pueda informar adecuadamente a sus lectores.
Un saludo Inma Cardona