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El polvorín

ABEL AYALA, Primer Desaparecido En Uruguay

28 Junio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

 
Algunas veces, la vida nos pone en lugares donde hay que contar historias, y lo hacemos, para que no queden sin ser narradas. Esto me pasó con este joven, 27 años, que hoy tendría casi sesenta... Fui testigo lateral de los últimos tiempos en la vida de Abel Ayal, el primer desaparecio uruguayo en Uruguay. Por entonces el grupo de jóvenes que teníamos algunas actividades sociales y religiosas en torno al Santuario Nacional del Cerrito de la Victoria, le desconfiaba. Seguro trabajaba en Sanidad Policia, y en los setenta, eso era hueso duro de roer.

Hoy treinta años después, de cierta forma todos nos avergonzamos de haber sido tan "puros". Estamos vivos y Abel Ayala, desaparecido. Pero no figura en las listas de Madres y Familiares, no hay una foto suya en las marchas donde demandamos verdad y justicia. Los sindicatos de la Enseñanza aún no lo incluyen en su reclamo por los docentes desaparecidos, aunque siendo estudiante de Medicina, dictó clases de Biología y Física en su Rivera natal.

No era un connotado militante ni gremial ni político, en asambleas estudiantiles había expresado su desacuerdo con los métodos de las organizaciones armadas de la izquierda. Sin embargo, resultó víctima de una organización armada de extrema derecha, un escuadrón de la muerte, conocido después como Comando Caza Tupamaros...

Por eso emprendí la investigación que aquí presento. Abel Ayala debe ser reivindicado como otro luchador social, desaparecido en el génesis de la impune dictadura que aún no ha rendido cuentas a la sociedad uruguaya. Porque no se ha investigado, ni informado sobre cómo, cuándo, por qué, dónde, y sobre todo quiénes, se otorgaron el derecho a desaparecer vidas, e identidades, de las víctimas de desaparición forzada, a quienes el pueblo uruguayo nunca olvidará. Para eso estamos, por eso sobrevivimos.

Margarita Ferro

CAPÍTULO 1 - LOS CAMINOS DEL NEGRITO....

Poco antes que el Comando Caza Tupamaros asesinara a Manuel Ramos Filipini, exactamente un mes antes que secuestrara a Héctor Castagnetto; Abel Ayala, "el Negrito"- como le decían sus compañeros estudiantes de medicina- escasamente conocido en los medios gremiales de su Facultad, desapareció.

Fue en el trayecto que va desde la residencia de estudiantes, en el Santuario Nacional del Cerrito de la Victoria, a la casa de su amiga y compañera -Susana- en el barrio de Pocitos. Entonces se convirtió en el primer desaparecido uruguayo en el Uruguay. Nacido en Rivera, solventaba sus estudios universitarios trabajando en la administración contable de Sanidad Policial. Era el 17 de julio de 1971, cuando alrededor de las ocho de la noche, Ayala salió desde el Cerrito hacia Pocitos, donde nunca llegó.

Los uruguayos vivíamos un año preelectoral, en el que el entonces presidente Jorge Pacheco Areco debía conseguir mayorías para poder mantener su mandato. Tras gobernar por decretos, fortalecido por la recientemente aprobada "reforma naranja", que otorgaba amplios poderes al Poder Ejecutivo, el pachecato operó una demagógica vuelta de tuerca, creando fuentes de trabajo, otorgando aumentos salariales y desproscribiendo seis organizaciones políticas vinculadas al periódico "Época", clausurado tiempo atrás.

El Movimiento de Liberación Nacional había secuestrado al embajador de Gran Bretaña, Geoffrey Jackson, y desde enero, el Parlamento suspendía las garantías individuales por sesenta días. En febrero se creaba el Frente Amplio, que el 26 de marzo, expresó la unidad de la izquierda uruguaya mediante un acto multitudinario. Cientos de presos políticos eran retenidos sin proceso en dependencias militares, mientras la cuarta marcha cañera de UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas) llegaba a Montevideo.

El Senado destituyó a la Interventora de Enseñanza Secundaria. La Juventud Uruguaya de Pie estaba en el máximo desarrollo de su accionar, mediante atentados -con el total apoyo policial- y los uruguayos eran estrictamente relevados en el llamado "Registro de Vecindad", que convertía a cada pueblo, villa o ciudad en un gueto fuertemente custodiado por policías y militares.

En ese mes de julio con medidas prontas de seguridad, Abel Ayala desaparecía el 17, Heber Nieto fue asesinado el 24 y el 31 fue secuestrado y asesinado Ramos Filipini.

Los liceos "Dámaso Antonio Larrañaga" y "Francisco Bauzá" eran invadidos por hordas de la JUP, que agredieron salvajemente con cachiporras, cadenas y armas a decenas de estudiantes de esos centros educativos. El 30 de julio, 38 mujeres, recluidas en la cárcel de Cabildo, se fugaban en la llamada "Operación Paloma".

El 17 de agosto, exactamente un mes después de la primera desaparición forzada de personas en nuestra historia, se produce la segunda, con el secuestro de Héctor Castagnetto.

Su desaparición se produce luego que saliera de su casa, a trabajar, a las 8:00 horas. Intervinieron en este hecho agentes de la Dirección de información e Inteligencia de la Policía, e integrantes del Comando Caza Tupamaros, según declaraciones posteriores de un integrante de ese escuadrón de la muerte.

Según este testimonio, Castagneto fue secuestrado en Propios (hoy, Avda. José Batlle y Ordóñez) y Avenida Italia, por dos funcionarios del Departamento 5º de la Dirección de Información e Inteligencia. De allí fue trasladado a las inmediaciones del Hotel Carrasco donde permaneció en un rancho, ubicado en la calle Araucana, durante toda la noche. Posteriormente es entregado en Hansen y Propios, desde donde es trasladado al puerto. Allí, es arrojado al agua.
El 6 de setiembre, se produciría la fuga de presos políticos más espectacular de la historia uruguaya: "El Abuso"; ciento seis presos políticos y cinco presos comunes se autoliberan mediante un sistema de túneles, en el Penal de Punta Carretas, por caminos similares a los recorridos muchos años antes por los anarquistas fugados hacia la carbonería "El buen Trato".

El secuestro y desaparición de Ayala no constituye un hecho aislado, dada su condición de funcionario policial, era agente de segunda en la Sección Presupuesto y Gastos de Sanidad Policial, desde el 4 de abril de 1969. Pocos días después, el 31 de julio fue hallado asesinado con un balazo en la nuca otro funcionario policial, Ildefonso Kauslauskas, cuyo cadáver fue encontrado en el Parque Vaz Ferreira, en el Cerro de Montevideo.

Eran tiempos de veloces avances fascistas en Uruguay. Las acciones del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, la conformación del Frente Amplio, con grandes posibilidades electorales para ese año, con sus Comités de Base desbordantes de militantes, un movimiento sindical efervescente, y unido al estudiantil en aquella consigna hecha carne:

"Obreros y estudiantes, unidos y adelante", marcaban un claro avance en el terreno popular. El fascismo vernáculo se propuso abortar a sangre y fuego, este crecimiento popular, a fuerza de amedrentamientos, atentados, asesinatos y éstas, las primeras desapariciones. Todos los días era objeto de un atentado algún militante político de izquierda, o algún local frenteamplista o de algunos de los grupos políticos que lo integraban. Ante el avance popular, la derecha cometía sus primeros delitos de lesa humanidad, sus primeros atentados a los derechos humanos. Creaba sus grupos de represión paralela, más allá de los aparatos estatales armados, se preparaba para una guerra sucia, con escuadrones de la muerte, comandos caza tupamaros y la juventud uruguaya de pie...

Un agente arrepentido de la CIA, Ralph W. McGehee, que formó parte de la organización entre 1952 y 1977, publicó un libro llamado "Deadly Deceits: my 25 years in the CIA" ("Engaños mortales: mis veinticinco años en la CIA"), donde detalla la participación de EEUU a través de la CIA en la preparación de las dictaduras latinoamericanas y en la represión que impusieron para hacerse del poder.

McGehee asegura que en Uruguay la CIA "estuvo asociada a los escuadrones de la muerte. La estación de la CIA tuvo un control sobre las listas de los más importantes activistas de la izquierda. Entregó nombres de sus familias y amigos. Mediante el servicio de alianza, la CIA obtuvo y entregó (a los servicios de inteligencia y al escuadrón de la muerte) nombres completos, fecha y lugar de nacimiento, nombre de los padres, direcciones, lugar de trabajo y fotografías. Fue una información invalorable para las operaciones de control de los subversivos y una variedad de otros propósitos".

En 1969, la agencia envió a nuestro país al conocido torturador Dan Mitrione. El ex agente McGehee, comenta que hasta ese año, "las fuerzas de derecha solamente habían utilizado la tortura como último recurso. Mitrione los convenció para que la usaran como una práctica rutinaria.

Su dicho era: 'El dolor exacto, en el lugar exacto, en la cantidad exacta para obtener el efecto deseado'. Las técnicas de tortura que enseñó a los escuadrones de la muerte rivalizaron con los nazis. Finalmente se volvió tan temido que los revolucionarios lo secuestraron y asesinaron un año después". McGehee afirma que entre 1970 y 1972 los oficiales de la CIA "utilizaron el respaldo de informantes para ayudar al Departamento de Información e Inteligencia, que a su vez fue cobertura de los escuadrones de la muerte". El ex agente norteamericano se refiere o al Departamento de Inteligencia y Enlace de la Policía uruguaya.

En ese entorno, "el Negrito" cursaba tercer año en Facultad de Medicina, con las graves dificultades que implica venir desde un departamento como Rivera en el que, por entonces, morían nueve niños por día, a causa de la extrema pobreza de gran parte de sus pobladores. Un poco aislado por su condición de "bayano", de recién llegado a la capital, de funcionario policial en tiempos de fuertes enfrentamientos, aquél muchacho de 27 años tenía pocos amigos.

Costaba mucho adaptarse al complejo ambiente montevideano, la carrera se hacía difícil y compartía con pocos compañeros de estudio esas dificultades. Susana era una de esas compañeras, también trabajaba en Sanidad Policial, pertenecían a un mismo círculo, conocían a la misma gente. Por eso estudiaban juntos, se prestaban libros, colaboraban en la persecución de los mismos objetivos: terminar su carrera. (Continuará)

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