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El polvorín

¡Adiós Uruguay, país natural!

19 Marzo 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

17.03.2012

 

Livio  Dutto (Médico Veterinario Rural)/Todoelcampo-Próximos a los años 1900, nuestro país lucía con orgullo en las grandes exposiciones extranjeras sobre carnes, aquel sello o logo que las distinguía: “URUGUAY, PAÍS NATURAL”. Los ganados eran criados y engordados en los campos naturales o acelerados en praderas forrajeras de gramíneas y leguminosas. Después, imitando a Estados Unidos con sus encierres a corral, se comenzaron a terminar las invernadas a cambio de ese sistema. Aparecieron silajes de planta entera de maíz  y mezclas de praderas con granos húmedos de cereales, con eficientes resultados en el engorde. El fin acariciado fue que un encierro de 100 días fuera suficiente para lograr el peso mínimo de 450 o más de 500 k según el peso inicial.

 

 

Pero  la codicia rompió el saco, y las raciones vegetales se comenzaron a exagerar con cereales molidos, más subproductos de la industria: afrechillos de arroz y trigo, ambos excelentes.

Surgió la imperiosa necesidad de incluir la esencial fibra, sin la cual un rumiante se indigesta. Si hay verdeos para picar o silajes, todo va bien, pero en su ausencia en meses de sequía se ideó añadir paja a los cereales molidos. Ahí comenzó el desenlace: los vacunos también necesitan jugos de vegetales verdes para una buena digestión. La paja seca no los contiene y las muertes fueron de cientos, o miles, sumando los numerosos encierres en el país. La causa fue la acidosis resultante, de esa comida antinatural de cereales y fibra muerta.  Las raciones balanceadas se calcularon con números de química, buscando sólo números, pero  eran raciones “muertas”, ignorando u olvidando  que la biología es reina y que las leyes biológicas infringidas, siempre tienen sanciones en el cortísimo o largo plazo, pues las dicta la Naturaleza, que es... perfecta.

Quizás un profesional veterinario que conoce las intimidades vitales del rumen con sus esenciales bacterias y exigencias nutritivas, hubiera evitado ese triste desenlace. Los “encierres a corral”, no producen un  engorde natural  en mayor o menor grado: todo allí es artificial y hay sufrimiento de los animales por 100 días. Imaginemos cuál puede ser el mentado “bienestar animal” que gozan allí los vacunos, echados en un mar de estiércol o barro caliente o frío, sin reparos de temporales y asoleados o con una mínima sombra, amontonados y comiendo lo que haya, más el estrés del camión y el disgusto de esa cárcel, ¿o no?

A los importadores de ultramar poco les importan estos detalles y los pobres consumidores de siempre comen lo que les ofrecen. Pero cuando la carne es para el consumo interno, ya no comemos “la carne de antes”... del campo al frigorífico!

La solución: para los uruguayos, preferir corderos que en su cortísima vida natural, todavía nos regalan ternezas, sabor y calidad natural, con un mínimo de estrés y cansancio. Porque la vaquillona que nos da un buen asado ¿de cuál “bienestar” disfrutó en su invernada, de campo o de corral ?.

En Estados Unidos y en zonas adyacentes a los inmensos e infinitos corrales de engorde se divisan gigantescas montañas de estiércoles secos que nunca más volvieron a la tierra perpetuando su fertilidad, hoy suplantados por la soberbia del hombre, que la envenena a ella y a sí mismo, con fertilizantes químicos, alterando las leyes naturales de conservación de la fertilidad, señaladas en la Biblia y por el sentido común.

Se terminó el respeto a la  naturaleza y se olvidan sus leyes eternas, con la fría excusa de “más producción” y más dinero y rápido, sea como sea. Se olvidó que los fertilizantes químicos, primero destruyen y hacen inviable la vida biológica del suelo con bacterias, coleópteros y lombrices, después se envenena a la tierra que a su vez envenena las cosechas que finalmente, envenenan a los alimentos del hombre y de sus  animales que allí se alimentan. ¿Comemos acaso el pan, de trigos orgánicos cultivados sin químicos? Las consecuencias quizás en el largo plazo, sean la verdadera epidemia de las  tristes enfermedades que agobian a esta despreocupada Humanidad...que sigue tercamente por el camino equivocado.

Hace 100 años también existían, pero en porcentajes mínimos que no eran preocupantes, pero ya significaban las primeras luces amarillas de que la  vida ciudadana, con su cúmulo de artificialismos y sus distorsionados alimentos y tóxicas bebidas, con ausencia de ejercicios y esfuerzos, carga –aparentemente – con el mayor peso de sus responsabilidades.

Estos análisis de situaciones reales, enfocan problemas vacunos, agronómicos y sociales humanos,  todos con un común denominador:   son las perfectas leyes de la naturaleza siempre quebrantadas,  pero todo tiene su remedio...  ¿Cuál?  Comenzar por devolver a las tierras los millones de toneladas de estiércoles y orines o efluentes, de “los corrales de engorde”  y fertilizar  progresivamente las tierras cultivadas,  con gramíneas y leguminosas anuales pastoreadas en forma intensiva y rotativa con grandes cargas animales, que inicien la devolución de sus vitales “escretas”. Es una forma natural de restaurar lentamente los daños causados a la tierra. Las grandes empresas agrícolas disponen de técnicos capacitados para esa recuperación. ¿Que los números no cierran? Es para pensarlo: menos aún cierran, cuando el médico les anuncie cualquiera de las graves enfermedades que asolan nuestro entorno, incubadas también lentamente...como destruyen el suelo. La pregunta: ¿ cómo lucirán nuestras tierras dentro de 50 años así extraídas ? (*)

(*)  En Alabama, sur de Estados Unidos, millones de hás. quedaron casi estériles por décadas de fertilización química y monocultivo del algodón. Un químico agrícola  –negro de piel y raza pero un “iluminado”, George Carver – aconsejó a los agricultores sustituír algodón por maní –leguminosa próspera en tierras pobres –, evitar los químicos y rotar con pasturas y gran densidad de animales: Alabama enriqueció desde 1930 con ese manejo de sentido común y respeto a la Tierra. (Peter Tompkins y Bird “La vida secreta de las plantas”  Pág. 151 – 1973 - Editorial Diana México).

Fuente: http://www.todoelcampo.com.uy

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