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El polvorín

Aquel campo donde la minería enturbia el agua

12 Marzo 2013 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

12/03/13

Ver a una mujer que acaba de lavar su ropa, bañándose en un recodo de la quebrada junto a sus tres hijos, permite comprender esa estrecha relación entre pobladores y afluente. De ahí que el problema de la minería sin control resulte perjudicial para todos y que asuntos como la erosión y la inundación de terrenos adquieran un carácter comunitario.

Sedimentos arrojados por una mina a la quebrada La Trinidad. Como esta se estima que hay otras 10 minas en la zona
Sedimentos arrojados por una mina a la quebrada La Trinidad. Como esta se estima que hay otras 10 minas en la zona

Tercer capítulo del informe especial El codiciado oro y el bajo Cauca

*Nombres cambiados u omitidos para proteger a las fuentes

Cuando miro el estrecho caño pienso que la lancha es demasiado grande para pasar. Estamos en una especie de laguna y nos disponemos a entrar por un afluente estrecho y de aguas turbias; lleno de maleza, arena sedimentada y troncos de árboles. Uno de los viajeros asegura que la quebrada era cristalina, abundante en peces y completamente navegable. Sin embargo hoy, el lanchero debe maniobrar para no encallar o voltear el bote. La minería sin control, aseguran, es la muerte lenta de La Trinidad.

La quebrada La Trinidad desemboca en el río Nechí, en la población del mismo nombre en el Bajo Cauca Antioqueño. A lo largo de su cauce hay más de 10 veredas dedicadas principalmente a la agricultura, la ganadería y la pesca. La minería, tan desarrollada en otras zonas del municipio, poco se había visto en este sector; pero en años recientes esta actividad ha cobrado fuerza pasando del barequeo artesanal a la extracción con retroexcavadoras.

De pronto, mientras el viajero insiste en que años atrás conoció un afluente limpio y rebosante de animales silvestres, un silencio repentino invade el ambiente y deja sin palabras a todos. El motor de la lancha se ha detenido y, a parte de las aves, lo único que se escucha es el golpecito del agua chocando suavemente contra la embarcación. La canoa ha encallado en un arenal.

Valiéndose de una vara larga un niño de escasos 11 años, hijo del lanchero, empuja el bote desde la proa apoyando el palo en el lecho de la quebrada. Así aleja la canoa de la orilla mientras el barquero enciende suavemente el motor, deslizando el bote del arenal y avanzando hacia aguas más profundas para continuar el recorrido.

La quebrada ha perdido profundidad a causa de los sedimentos, explica el viajero, quien se presenta como un ambientalista, nacido y criado en Nechí. El hombre relata que como éste hay otros tres afluentes que tienen problemas debido a la minería.

“San Pablo, Corrales y San Pedro, a casi todas las está afectando la minería. Además tenemos varios humedales afectados. Tenemos en Corrales un humedal muy hermoso que se está secando. En Sapo nos preocupa mucho porque hay una ciénaga espectacular, -en esa zona- hay mineros informales trabajando. Y también El Ocho lo están sedimentando.”

El panorama es desolador si se tiene en cuenta que Nechí presenta falencias de vías terrestres y sus principales rutas son de tipo fluvial. De hecho, desde la ola invernal de 2010 el municipio permanece incomunicado por tierra, porque el desbordamiento del río Cauca destruyó un tramo del dique Colorado, inundando la carretera que comunica a esa población con Caucasia.

En este contexto el río cobra mayor importancia como medio de transporte y comercio. Actualmente para llegar a Nechí es necesario viajar en lancha desde el corregimiento Colorado hasta la cabecera municipal: un pequeño poblado de calles estrechas y polvorientas, plagado de locales comerciales en su parte más central.

En la zona rural la comunicación fluvial también es vital para muchas veredas, como ocurre en la región de La Trinidad donde hay pocas vías terrestres y la quebrada se convierte en el eje de quienes habitan su ribera; ofreciéndoles alimento, transporte y agua para sus necesidades domésticas.

Ver a una mujer que acaba de lavar su ropa, bañándose en un recodo de la quebrada junto a sus tres hijos, permite comprender esa estrecha relación entre pobladores y afluente. De ahí que el problema de la minería sin control resulte perjudicial para todos y que asuntos como la erosión y la inundación de terrenos adquieran un carácter comunitario.

Recientemente la junta de acción comunal del sector debió resolver un conflicto entre mineros informales y propietarios de dos fincas. El problema se originó porque, a causa de la sedimentación, la quebrada empezó a desbordarse continuamente inundando los potreros de la zona. Jahír [1], un miembro de la junta, relató la forma en que logró solucionarse este inconveniente.

“La quebrada es una quebrada muy pequeña. Entonces, a raíz del ahogue que le están tirando al cauce indiscriminadamente, porque no hacen control de nada, se ha ido sedimentando. (…) El señor dueño de la tierra acudió a nosotros como junta para que habláramos con el dueño de las máquinas. Nosotros fuimos, miramos, vimos el daño y vimos que había que hacer un drenaje y un muro de contención para que la ola no se le metiera a la finca. Pero resulta que nos dijeron que había que hablar con los dueños del terreno donde está la mina -porque a ellos les están pagando su porcentaje- para que hablaran con los mineros. Ellos hablaron con los mineros y les dijeron que si no hacían control no les seguían arrendando el terreno, porque no se podía perjudicar a los vecinos. Gracias a dios hicieron las vueltas, canalizaron y ya están trabajando nuevamente.”

A Jahir lo recogió la lancha cerca de una escuela, tras casi una hora de viaje. A esa altura del trayecto, empiezan a desaparecer los potreros y las praderas cenagosas que se veían al comienzo del recorrido. Allí el paisaje se torna boscoso, el agua es más clara y la temperatura es más fresca porque los árboles mantienen frío el lecho de la quebrada, además de impregnar el aire con su aroma vegetal.

La escuela donde nos esperaba Jahir está construida en un alto, a un costado de La Trinidad. Del lugar me llamó la atención el improvisado viaducto que deben cruzar los niños para llegar a clases. Se trata de un tronco atravesado encima de la quebrada con un lazo de extremo a extremo que hace las veces de pasamanos. Al final de ese “puente”, parado junto a un enorme árbol, estaba Jahir.

Este hombre es uno de los campesinos de la región que se rehúsan a dejar la agricultura por la minería. La suya es una tierrita pequeña, dice él, porque “solo tiene un pedacito de potrero para criar vaquitas y tumbarle una hectárea de monte, cada año, para sembrar yuquita y arroz.” La de Jahir es una finca de pan coger que alimenta a su esposa y a sus seis hijos.

A parte de lo que cultiva, ocasionalmente Jahir recurre a la pesca en La Trinidad. Anteriormente, asegura él, la subienda era buena y los peces eran grandes pero, “hoy en día, sale con anzuelo o con atarraya y le queda duro rebuscarse la comidita. Ahora mismo lo único que se coge son bagrecitos o blanquillos, pero pequeños, porque bocachico ya no se consigue.”

La escasez de pescado, dice Jahir, estaría ligada a uno de los grandes problemas de la minería: la contaminación del agua. En La Trinidad esa situación hizo que el líquido dejara de ser potable para los habitantes de la región quienes se abastecían de la quebrada. Debido a esto, la comunidad realizó una protesta para exigir la construcción de un acueducto.

“El agua potable primero era de la quebrada, era un agua muy buena, cristalina, y a raíz de la minería tuvimos un problema con eso porque aquí no hay otros caños o nacimientos cerquita. Entonces los niños en la escuela no tenían agua y como no teníamos respuesta del municipio se hizo un paro estudiantil, como una forma de presionar a la administración”, relató Jahir.

El ambientalista de Nechí, quien apoyó a la comunidad en este proceso, manifestó que gracias a la movilización ahora hay “un acueducto por gravedad de agua traída desde la montaña” y denunció que “la gente no podía beber el líquido de la quebrada porque estaba contaminada con cianuro.”

La contaminación con azogue es un problema derivado de las malas prácticas mineras. De hecho en la mayoría de regiones donde se practica la minería de oro, las autoridades han detectado el uso de este elemento. Aunque la situación no es exclusiva de La Trinidad, el Bajo Cauca Antioqueño sí es la zona de Colombia que reporta los mayores niveles de contaminación por mercurio en ríos y quebradas.[2]

Lo más grave es que, una vez vertido en el agua, el mineral va a parar al río Cauca, esparciendo la contaminación a otros departamentos como Sucre y Bolívar, por lo que el problema adquiere mayores dimensiones. Eso mismo le ocurre a La Trinidad, pues según Jahir “el problema del agua viene casi desde la cabecera de la quebrada, porque desde allá están trabajando –la minería-.” Ecoportal.net

En desarrollo...

Contaminación un problema local, regional y nacional

Informes anteriores:

Notas:

[1] Nombre cambiado a petición de la fuente

[2] “Omar Franco, director de Recurso Hídrico del Ministerio de Ambiente, confirmó en RCN La Radio que los ríos y quebradas del Bajo Cauca de Antioquia son los que mayores niveles de contaminación por mercurio registran, como consecuencia de las explotaciones mineras, muchas de ellas ilegales. El descontrol de la minería en esa región, aumenta los problemas ambientales y sociales.” RCN La Radio, 2012, “Ríos del Bajo Cauca Antioqueño, los más contaminados por mercurio”, sección Nacional, sitio Web RCN Radio, actualizado a noviembre de 2012, disponible en: http://www.rcnradio.com/noticias/rios-del-bajo-cauca-antioqueno-los-mas-contaminados-de-colombia-por-mercurio-30553

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