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El polvorín

Argentina: El atroz encanto de echarle la culpa a los bolivianos

14 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Domingo, 12 de Diciembre de 2010 

 

Eliezer Budazoff / Redacción de UNO

Los acontecimientos en Villa Soldati han puesto en escena un odio ciudadano visceral, un hambre de violencia contra los inmigrantes “pobres” de los países limítrofes".


I.
En abril de 2003, la Policía de Frontera italiana me detuvo cuando quería ingresar a Roma para conocer la ciudad. No había ningún motivo estético para que me detuvieran: un blanco de ojos claros, recién afeitado, que llegaba de Polonia y pretendía visitar Roma durante Semana Santa. Las razones de la detención había que buscarlas en el pasaporte y en la pobreza. Era argentino y, aunque llevaba suficiente efectivo, no tenía tarjetas de crédito. Me confiscaron el pasaje de vuelta y el pasaporte, y me dejaron a la deriva, con promesas vagas de respuesta, en una sala de la zona de tránsito donde dos árabes y una colombiana esperaban lo mismo. Supongo que estaba todo dicho: nosotros éramos “los extranjeros”, los que se dedican al narcotráfico, a la pobreza, al terrorismo; los elegidos para encarnar los prejuicios de una sociedad opulenta y hostil, que necesita de otros para justificar sus miedos, sus ansias de consumo insatisfechas, su infelicidad inexplicable, su decadencia. Nunca hasta entonces había sentido con tanta fuerza el peso de la inscripción territorial, la pertenencia a una región y a una clase social. Un sudaca, un ilegal, un delincuente en potencia, un estigma: eso es un argentino que no es rico en Europa.

II.
Hay algo peor que un argentino rico, descendiente de italianos, alentando el prejuicio racial y la xenofobia desde su lugar de poder como recurso para afrontar el conflicto social. Desde hace tres días, los acontecimientos en Villa Soldati han puesto en escena un odio ciudadano tan visceral, un hambre de violencia tan descarnada contra los inmigrantes “pobres” de los países limítrofes que llegan a la capital del país, que es imposible pensar el asunto en términos de responsabilidades individuales. No son las noticias, sino los comentarios que se multiplican debajo de las noticias los que hablan de una sociedad desquiciada. Bala, represión, expulsión, fusilamiento, bomba, traslado, prisión, bala, bala, bala, a-ni-qui-la-mien-to: que los maten, que los echen, que los lleven a la Patagonia.

Cualquiera que lea los mensajes puede adivinar que lo que se destila debajo de las noticias de Villa Soldati es algo mucho más espeso que la violencia gratuita característica de los comentadores anónimos; algo que habla de la fragmentación de la sociedad porteña, de los niveles de miedo y de ambición que se respiran en la única ciudad de Argentina que todavía conserva fantasías primermundistas. Los argentinos “tienden a ver muchos más bolivianos de los que hay en realidad”, escribió este viernes el antropólogo e investigador Alejandro Grimson. Primero, señalaba, porque cuando estaban en zonas fronterizas, “los porteños y los medios porteños no los veían en Argentina. Pero además porque consideran como extranjeros a los hijos argentinos de los bolivianos, también a los jujeños y, finalmente, a todos los que tengan alguna ascendencia indígena. Esto se debe a que la exclusión social, la desciudadanización neoliberal, tendieron a extranjerizar a los pobres en general”.


III.
La idea de que la inmigración es una amenaza al Estado, como sostuvieron públicamente Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, su jefe de Gabinete, “es absolutamente incierta. No sólo no puede probarse sino que puede probarse todo lo contrario. Cuando se hacen esas afirmaciones se está mintiendo de modo descarado”, decía en una entrevista de fines de 2009 el camarista federal Gabriel Chausovsky, un hombre valeroso, querido y respetado, que falleció en Paraná hace una semana. Chausovsky era uno de los principales especialistas del país en Derecho de la extranjería –cátedra que dictaba en la Universidad Nacional del Litoral– y el más apasionado defensor de la migración como derecho humano: “Ningún ser humano es ilegal”, así decía el grafiti pintado en La Boca que él había decidido convertir en su axioma.

“En nuestro país está generalizada la idea de que todos los migrantes llegan a la Argentina para robar, ocupar nuestras casas o nuestros hospitales”, decía Chausovsky en la entrevista de 2009, que él mismo había subido a su blog:

—¿Por qué le parece que se instala ese pensamiento?

—En la mayoría por ignorancia, la gente es muy repetidora sin reflexionar, sin saber de lo que está hablando. Argentina es un país donde toda la gente habla de enfermedades terriblemente complejas porque escuchó en un noticiero a una persona que explicaba cómo funcionaba una enfermedad. Entonces, en esas condiciones, cualquier cosa se puede afirmar y después pasa como si fuera una verdad revelada, y todos hablan de eso.

—Existe una tendencia de vincular los conflictos sociales con los extranjeros.

—Los migrantes son seres humanos que están diseminados en todos lados y se da esta tendencia de relacionarlos con los conflictos sociales. En algunos casos se los usa como chivo expiatorio. Si en la Argentina faltan viviendas, la culpa la tiene el extranjero que las ocupa o las usurpa; si la salud pública no es buena, la culpa la tienen los extranjeros que vienen a atenderse en nuestros hospitales. Son discursos falaces, sostenidos porque no existe una política concreta y seria que tienda al esclarecimiento del asunto. Con esto no quiero decir que no haya extranjeros que roben pero tampoco se puede afirmar libremente que todos los extranjeros roban”.

IV.
Desde agosto de 2009 a setiembre de 2010 tuve la posibilidad de recorrer, como nómade y como periodista, gran parte de Sudamérica: la Patagonia argentina, Chile de sur a norte, el altiplano de Bolivia, Perú desde los Andes hasta la selva. A mi regreso, después de 13 meses de viaje, alguien me hizo una de esas preguntas globales que siempre son difíciles de responder sin mentir un poco, sin forzar los recuerdos para no decepcionar al otro: “¿Qué fue lo que más te sorprendió del viaje?”. Esa vez no me hizo falta simular nada: lo que más me había sorprendido en todo el viaje había sido el cariño que en cada lugar manifestaban por los argentinos, un cariño que me parecía a todas luces inmerecido. Por esos días, los medios del país se escandalizaban por las últimas noticias de malos tratos y deportaciones que habían sufrido dos ciudadanas argentinas cuando quisieron entrar a España.

V.
Una cita de Hanna Mamzer, extraída del blog Ningún hombre es ilegal, que mantenía Gabriel Chausovsky: “Vuestro Cristo es judío. Vuestro coche es japonés. Vuestra pizza es italiana. Vuestra democracia, griega. Vuestro café, brasileño. Vuestra fiesta, turca. Vuestros números, árabes. Vuestras letras, latinas. Sólo vuestro vecino es extranjero”.

 

Tomado de Insurrectas y punto

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