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El polvorín

Argentina: LA NECESIDAD DEL SOCIALISMO

30 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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La evolución de toda la vida política, económica, social y cultural de nuestro País plantea con fuerza la necesidad de llevar adelante una revolución de carácter socialista como única manera de resolver los profundos problemas que se acumulan y estallan intermitentemente por toda la geografía del País. De hecho estos conflictos y estallidos que suben a la superficie, no son más que la manifestación de un extendido malestar que se va acumulando en las profundidades de la sociedad, y que por ahora no encuentra una canalización política por parte de las fuerzas revolucionarias  tras un proyecto de transformaciones de fondo.

De este modo las luchas obreras y populares se suceden una tras otras sin que exista coordinación entre las mismas, y sin que aparezca el hilo conductor que las unifique y potencie a partir de un programa que plantee remover las causas económicas y sociales que están en la base de dichos hechos. La critica de la sociedad capitalista, y de los valores que promueve y defiende, siendo necesarios como paso inicial de toda conciencia critica, no constituyen por si mismos una política revolucionaria, sino está vinculada al mismo tiempo con el reconocimiento de la necesidad de derrotar el dominio que ejerce la burguesía, y su reemplazo por un gobierno de los trabajadores y de todos los explotados, dominados, y humillados por el capitalismo. De hecho esta critica se debilita, se estrecha y resulta ineficaz cuando se limita a señalar solamente las injusticias económicas del mismo, como hacen los reformistas de derecha e izquierda, y no se orienta hacia  la totalidad de este sistema económico-social y cultural y sus consecuencias en los más diversos planos para la vida millones de personas.

El capitalismo no es solo un sistema económico. Cuando Marx elaboró como una categoría central de su teoría el concepto de sistema económico- social, no escindió lo económico y lo social. Por el contrario demostró la relación dialéctica entre ambos aspectos y como lo económico determina en última instancia lo social.

En este sentido los sucesos de Bariloche deben ser un toque de atención para las fuerzas revolucionarias sobre los procesos de división y enfrentamientos que se dan en toda sociedad dividida en clases sociales antagónicas, y sobre el estado, más o menos latente, de guerra civil que se va instalando en la misma. De hecho no puede llamar la atención que una barriada arrasada por el hambre, la desocupación, el frío y la miseria se levante frente al asesinato de un joven por parte de la policía, y que luego de la masacre de otros dos, se lancen a las calles de la ciudad y ataquen los edificios públicos. ¿Pero que expresan los que salen a las calles en apoyo a la policía asesina y piden más represión para los pobres y los trabajadores? ¿Acaso se puede pensar que este es un fenómeno aislado, exclusivo de Bariloche? ¿Acaso no se siembra en todo el País el racismo contra los pobres y la discriminación “contra los negros” que “casualmente” son trabajadores y pobres? La burguesía ha arrinconado en barriadas miserables, carentes de todo, a millones de trabajadores ocupados y desocupados, a jóvenes que no consiguen trabajo y que tampoco estudian, y ahora pretende darle una solución policial a este verdadero estrago social que ellos mismos crean.  A través de sus políticos, medios de difusión y diversas instituciones quieren naturalizar la pobreza y la necesidad de reprimir inundando las barriadas populares de policías y gendarmes como ocurre en muchos lugares del Cono urbano y en otros lugares del País, atacando,  deslegitimando y reprimiendo las protestas y las luchas de los trabajadores ocupados y desocupados, a los defensores del medio ambiente y a las minorías sexuales que luchan por sus derechos, como hacen Bergoglio y otros reaccionarios, que con un lenguaje medieval acusan a los homosexuales de enfermos y a quienes apoyamos sus luchas de “instrumentos del demonio”.  La división en la sociedad se extiende en la medida en que se acumulan en el País todo tipo de problemas sociales, sanitarios, culturales y solo un 15% de los trabajadores cobran un salario acorde a la canasta familiar, mientras el 70% no alcanza a cubrir el 50% de la misma, y el 15% restante cobra salarios de miseria,  hay millones de desocupados e indigentes y se sigue arrebatando las tierras de los campesinos pobres, destruyendo el medio ambiente y saqueando los recursos naturales. La división real en nuestro País no es entre el oficialismo y la oposición como se nos pretende hacer creer para sumarnos al juego de optar por el mal menor y seguir a unos u otros en todas sus maniobras, zancadillas, promesas y jugadas. La división real  es entre los millones de trabajadores, los pobres y los discriminados y una minoría de propietarios de los medios de producción que nos hunden en la miseria y la explotación. Y esta división solo se resuelve con la lucha y el triunfo de unos u otros.

Esta división entre clases sociales antagónicas no siempre aparece con claridad en la conciencia de sus protagonistas. La burguesía no solo dispone del poder económico,  también dispone del poder espiritual e ideológico sobre la mayoría de la sociedad y arrastra detrás de sus valores y políticas a una parte importante de los trabajadores y pobres.  Para mantener su poder intenta generar consensos en torno a sus políticas,  despierta ilusiones, recurre a la demagogia, como hace el Kirchnerismo y ahora también la oposición con el tema del 82%. Si las luchas obreras y populares la obligan hace concesiones, o reprime y siempre trata de aislar a las fuerzas revolucionarias en sus relaciones con las masas. Se comprende que si la burguesía no fuese eficaz  en esto su dominio sería imposible. Pero la lucha de clases tiene sus raíces en la estructura económica y más tarde o más temprano desborda todo esto y se expresa en toda su nitidez y violencia. Para las fuerzas revolucionarias se trata de hacer consciente, lo que muchas veces son reacciones más o menos espontáneas impulsadas por el odio ante tanta injusticia. De organizar las fuerzas de nuestra clase, de elevar la conciencia sobre la necesidad de la lucha política por el poder, de superar al reformismo y el enanismo político que promueven comprimiendo el cerebro de los trabajadores y los pobres a la lucha solamente por aumentos de salarios o planes asistenciales sin plantearles al mismo tiempo la necesidad de derrotar a la burguesía y su sistema social. 

La pregunta es ¿Podemos avanzar en esta situación sin levantar un programa de transformaciones revolucionarias, sin hacer la critica a la totalidad del sistema capitalista, sin unificar las luchas y sin elevar la conciencia y la organización independiente de la clase obrera, los pobres, los campesinos sin tierras y los jóvenes? ¿Podemos avanzar sin unir sólidamente la lucha económica con la lucha teórica y la lucha política por el poder? En definitiva ¿Podemos avanzar y triunfar sin constituir una organización política que ocupe la vanguardia de las luchas y sea reconocida como tal por los millones de explotados y discriminados por la burguesía y su sistema social ?.

 checompaniero@prguevarista.org 

Che Compañero Organo de Prensa del Partido Revolucionario Guevarista.

Editorial 27

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