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El polvorín

Argentina : Resumen 4º y 5º Audiencia Causa Centro Clandestino Base Naval de Mar del Plata.

6 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 
 
Las audiencias continuan lunes 6 de septiembre a las 10,30hs, declararán 3 testigos.
Martes 7 de septiembre con 4 testigos. www.subzona15.blogspot.com
  

 
Cuarta audiencia
  
“Estoy muerto en vida”
Un ex detenido desaparecido declaró ayer ante el tribunal su calvario de poco mas de 48 horas en el centro clandestino de detención. Luis Regine contó que desde aquel día nada fue igual.

 
 

34 años después, Luis Salvador Regine no se puede recuperar de las 48 horas que pasó como detenido desaparecido en la Base Naval local en marzo de 1976. Ayer, fue uno de los primeros testigos en declarar en el juicio que se le siguen a dos miembros de la Armada y a uno del Ejército, por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar.
Regine fue secuestrado la madrugada del 24 de marzo de 1976 por un grupo de militares que buscaba al sindicalista del gremio de los petroleros, Diego Ibáñez. Las 48 horas que pasó en el centro clandestino que funcionó en la Base Naval Mar del Plata lo marcaron para siempre. Ni él ni su familia se pudieron recuperar de aquel trauma.
Minutos después de las doce del mediodía, Luis Salvador Regine de 65 años de edad ingresó se sentó frente al tribunal oral federal que juzga al capitán de navío Justo Ignacio Ortiz, al contralmirante Roberto Luis Pertusio y al ex general de brigada Alfredo Manuel Arrillaga.
Regine muestra en el cuerpo las marcas de la desaparición y la tortura. Camina con dificultad después de un infarto, dos accidente cerebro vascular y un asma incurable. Le fue imposible controlar la emoción y en más de una oportunidad se quebró. 34 años después revivió aquel infierno de 48 horas que le arruinó toda una vida.
La madrugada del 24 de marzo de 1976, cuando Regine escuchó que tiraban la puerta abajo y las balas de los fusiles FAL rebotar por toda la casa, no sabía que los militares habían tomado el poder. Se había ido a dormir antes que la radio diera la noticia.
Lo primero que pensó, aquel mecánico y piloto de carreras de poco más de 30 años, que se trataba de ladrones. Llamó a la comisaría tercera porque les arreglaba las patrullas y conocía a casi todos los policías. Cuando se pudo asomar por una ventana y vio que había un montón de militares se dio cuenta que se trataba de una confusión y abrió la puerta. Se le fueron encima a él y a su mujer. Su hijo de 6 años vio todo. Los golpes a su madre y a su padre y las amenazas a su abuela materna.
Regine fue subido a un camión atado e pies y manos al cuello mientras que su familia quedó en la casa de Figueroa Alcorta 324. Ayer les contó a los jueces Nelson Jarazo, Alejandro Esmoris y Jorge Michelli que fue llevado a la Base Naval. Lo sabe por el olor a mar, por las sirenas de los barcos, el ruido de los lobos marinos y por la cercanía con su casa. El camión no hizo más de 8 cuadras. Además cuando lo liberaron, ya sin capucha y sin ataduras, lo sacaron por la entrada principal de la repartición.
Sin poder parar de llorar, Regine contó que fue brutalmente golpeado apenas lo bajaron del camión. Estaba en una playa, tocaba la arena mientras recibía trompadas y patadas que lo dejaron inconciente más de una vez. Cuando podía les decía que estaban equivocados que averiguarán quien era él. Pero nada, otra vez los golpes.
Dentro de la Base Naval, Regine escuchó tiros y gritos de grandes y niños. No recuerda cuando porque ya había perdido el sentido del tiempo, pero fue sumergido en un recipiente con agua hasta la sofocación. Lo sacaban y mientras intentaba respirar le pedían que hablara que “cantara”. Luego de la segunda inmersión escuchó que alguien dijo “sáquenlo, nos equivocamos”. Lo dejaron en un camastro y le dieron un tarro de leche caliente con coñac. Le dijeron que su secuestro fue un error que buscaban al dirigente del SUPE, Diego Ibáñez.
En un camión lo llevaron hasta la comisaría tercera y de allí a su casa. Regine estaba muy mal de salud. Una vez liberado, los militares seguían merodeando su casa. Ya no quería vivir ahí y se mudó. El taller mecánico, un negocio que había emprendido con sacrificio y pasión, tuvo que ser cerrado. No tenía fuerzas para trabajar. La depresión le afectó el cuerpo y un infarto le dejó cuatro by pass.
Años después un prefecto de apellido Llobet, conocido de Regine, le contó que fue él quien les dijo a sus secuestradores que se habían equivocado de persona y que por eso lo liberaron. El prefecto murió de cáncer y nunca declaró ante la justicia.
Regine denunció su caso a la justicia en 2006 cuando supo que el contralmirante Juan Carlos Malugani, jefe de la Base Naval durante su secuestro, había sido detenido. Ayer dijo que uno de los hombres que entró a su casa a secuestrarlo se llamaba Hugo Leonardo Canepa. Las partes pedirán el legajo de esa persona a la Armada.

Margarita Segura es la esposa de Regine y declaró después de su marido. Además de lo dicho por su esposo, la mujer aseguró que el militar que comandó el operativo de secuestro era un hombre alto corpulento y con pelo y bigotes rojizos. También recordó que ese mismo hombre la golpeaba cada vez que abría la boca y que le hizo firmar una nota en la que decía que ellos estaban en perfectas condiciones.
A Margarita, los secuestradores la llevaron hasta el taller donde estaba la caja fuerte y se llevaron un arma una gran cantidad de dinero, documentos y alhajas.
Por último declaró Luis Regine hijo. En aquel entonces tenía 6 años y fue testigo del secuestro de su padre, y del maltrato a su madre y abuela.
Luis contó que dormía cuando los militares balearon la casa antes de entrar. Pensó que el ruido de los tiros era un sueño, hasta que su mamá lo levantó para protegerlo de las balas. Frente al tribunal dijo que los captores de su padre llevaban ropa de fajina verde y borceguíes negros.
 

Luis tiene 40 años y es mecánico como su padre. A los 25 años sufrió el primer ataque de pánico casi al mismo tiempo que Regine padre tuvo el infarto. Desde esa época está bajo tratamiento psiquiátrico. Con el tiempo aprendió a controlar los ataques, pero todavía se sobresalta con algunos ruidos y a veces sueña con el tiroteo de la madrugada del 24 de marzo

Hacerse cargo

Gloria León (55) es abogada y querellante en la causa Base Naval. Pero ayer tuvo que declarar como amiga y compañera de militancia de Liliana Retegui, Patricia Lazzeri, Liliana Dorio, desaparecidas el 19 de septiembre de 1976.

León ingresó a la sala alrededor de las 11.20. Contó que ella vivía en una pensión de la calle Don Bosco junto a sus tres amigas, todas militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Además en la misma pensión vivían Nancy Carricabur y Stella Maris Nicuez, también estudiantes universitarias.
La noche del 19 de septiembre del 76, león no pasó la noche en la pensión porque había decidido irse a vivir con su pareja. Al día siguiente cuando fue a visitar a sus amigas notó que los vecinos la miraban de forma extraña. Fue la dueña de la pensión, Bernardina, quien le dijo que los militares se habían llevado a las chicas. A Liliana Retegui, Patricia Lazzeri, Liliana Dorio, a Nancy Carricabur y a Stella Maris Nicuez.
Las dos últimas fueron liberadas a los pocos días. Según el relato de León, los militares sabían que no tenían ninguna militancia política. Por el testimonio de las dos sobrevivientes se sabe que las cinco mujeres estuvieron en la Base Naval. Cuando liberaron a Nicuez y Carricabur, los captores le dijeron que las otras tres chicas no verían la luz del sol porque estaban muy comprometidas.
Gloria León aseguró ayer que si a ella no la secuestraron fue porque ninguna de sus amigas ni los vecinos de la pensión la delataron. Al año siguiente, secuestraron a su padre y su hermana de 15 años. Sabía que se trataba de un mensaje para ella y se entregó. Le formaron un Consejo de Guerra y la condenaron a 15 años de prisión por todos los delitos que le endilgaban a Montoneros. Estuvo presa en distintas cárceles hasta el 9 de mayo de 1982.
Frente al tribunal dijo que “nunca tuvo el honor de pertenecer a la organización Montoneros” y le pidió a los imputados Ortiz, Pertusio y Arrillaga que se hagan cargo de lo que hicieron como ella se hizo cargo de los delitos que no cometió pero que si le hicieron pagar con cinco años de cárcel.

Quinta audiencia

La defensa de Arrillaga, pedirá falso testimonio para ex policia.

Tiene 82 años y en marzo de 1976 cumplía funciones en la comisaría tercera. Ayer, durante su declaración, incurrió en graves contradicciones

El tribunal deberá decidir si procesa a un ex policía de 82 años por falso testimonio agravado tras incurrir en graves contradicciones durante su declaración en el juicio que se lleva adelante a dos marinos y a un miembro del Ejército por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar.
Sin la presencia de uno de los imputados –el ex general de brigada Alfredo Manuel Arrillaga tuvo que viajar a Buenos Aires por un familiar que se encuentra en grave estado de salud-, comenzó la quinta audiencia del juicio por la causa Base Naval 1. Cerca de las 10.30, el oficial principal retirado de la Policía bonaerense Juan Miguel Lazarte tomó posición frente al tribunal.
El hombre de 82 años fue el primero de cuatro testigos. Lazarte fue el policía que la madrugada del 24 de marzo de 1976 atendió el llamado desesperado de Luis Salvador Regine quien denunciaba que en su casa de Figueroa Alcorta al 300 había un grupo de personas que le pateaba la puerta y le disparaba con fusiles.
La policía nunca llegó porque un reten militar le cortó el paso. Luis Regine fue secuestrado y estuvo al menos 48 horas cautivo en la Base Naval donde fue brutalmente golpeado y torturado. Salvó su vida cuando los militares se dieron cuenta que se habían equivocado de persona. Buscaban a Diego Ibáñez, el sindicalista del SUPE que había vivido en la casa ocupaba Regine.
Frente a los jueces Nelson Jarazo, Alejandro Esmoris y Jorge Michelli, Lazarte no supo contestar la mayoría de las preguntas que le hicieron las partes y lo que creyó recordar se contradijo con su declaración ofrecida en 2007 durante la etapa de instrucción.
Sobre la madrugada del 24 de marzo de 1976, dijo que fue el quien atendió el llamado de Regine y junto a un grupo de policías fueron en jeep para ver que pasaba. Pero a unos 200 metros de la casa, una patrulla con militares vestidos con ropa de fajina y armados le dijeron que no podían pasar y que se trataba de un operativo militar de las “fuerzas conjuntas”.
Lazarte y su gente regresó a la comisaría y supieron de la suerte de Regine días después y por comentarios. El ex policía no recordó si ese hecho fue registrado en el libro de guardia de la tercera. Tampoco supo decir los nombres de sus superiores en aquel entonces.
Cuando la abogada Gloría León le preguntó si a partir del golpe de Estado había notado cambios dentro de la comisaría, Lazarte aseguró que no, que todo continuó con normalidad. También negó que haya tenido alguna orden de sus superiores para subordinarse a las Fuerzas Armadas. Cuando el querellante, le preguntó si era normal que un militar le dijera que no podía pasar y el acataba la orden, el testigo no supo que decir.
El abogado Carlos Meira, defensor del imputado Arrillaga fue quien le hizo notar la contradicción a Lazarte. El testigo declaró ayer que fue junto con una patrulla hasta la casa de Regine cuando éste lo llamó desesperado. Pero en 2007, frente al juez de instrucción, dijo que había enviado una patrulla y que se había quedado en la comisaría.
Así, toda referencia que hizo sobre los militares que estaban en la casa de Regine fue por referencia de otros y no porque él lo haya visto. Lazarte no supo salir de su contradicción y Meira dijo que pedirá el proceso por falso testimonio agravado.

El segundo testigo fue Hugo Ormechea, ex empleado y amigo de Luis Regine.
 

Ormechea vivía a unas dos cuadras de la casa de Regine y había comenzado a trabajar en el taller de Regine cuando terminó la secundaria. Ayer contó que los militares que custodiaron la casa de su amigo luego del secuestro vestían el mismo uniforme que los marinos de la Base Naval.
El testigo fue quien sacó las fotos de la casa de Regine luego de la balacera de la madrugada del 24 de marzo de 1976. Contó que cuando el entró todavía había polvillo en el aire producto de las paredes que habían sido destruidas por las bala de los fusiles.
Las fotos que sacó Ormechea figuran como pruebas en la causa contra los imputados Alfredo Arrillaga y el capitán de navío Justo Ignacio Ortiz.
Luego de un cuarto intermedio de dos horas, la audiencia se reanudó alrededor de las 14.30, con la presencia en el estrado de Juan Carlos Chini, de 73 años, metalúrgico quien mantenía con Regine una fluida relación comercial.
En su testimonio Chini confirmó que durante marzo de 1976 el taller perteneciente a Regine cerró repentinamente, y que en una de sus visitas, siempre con fines comerciales, fue atendido por la esposa de Regine quien lo hizo pasar hasta la habitación donde Luis se encontraba acostado a causa de las lesiones sufridas en la tortura durante su cautiverio en la Base Naval.
Chini explicó que al ingresar a la casa por una escalera pudo notar en las paredes y el cielorraso las incrustaciones de balas producto de la balacera provocada el día del secuestro.
“Lugo de lo que le pasó Regine se convirtió en una persona abatida”, expresó el metalúrgico en su testimonió que permitió confirmar las secuelas psicológicas de Luis provocadas por la represión.
Luego de Chini fue el turno del matrimonio compuesto por Hortensia Catalina Nieto y Alberto Francisco Cruz, primos de Margarita Segura de Regine, esposa de Luis. En los testimonios vertidos ante el tribunal, primero por parte de la mujer, no se aportó demasiado en torno a la causa.
Los elementos más importantes brindados por el matrimonio fue la confirmación de que Regine, luego de su cautiverio, apareció con hematomas de todo tipo en el cuerpo. Esto lo pudo confirmar con mayor precisión Cruz ya que fue quien asistió a Regine en la bañadera de su casa ni bien recuperó la libertad.Según manifestaron, la familia Regine completa acudió a la vivienda del matrimonio Cruz donde permanecieron refugiados durante al menos una semana. Allí Luis fue ayudado a recuperar su movilidad y contó que estuvo cautivo en la Base Naval donde le habían practicado torturas



Marcelo Nuñez
Fotógrafo
54-0223-156-881698
 



 

 

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