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El polvorín

Argentina y sus compromisos con el G-20: La vuelta del FMI

1 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


Intervención del Ing. Mario Cafiero en la audiencia pública en la Cámara de Diputados “Deuda, presupuesto y derechos humanos”.

A su regreso de la participación en la Cumbre del G-20 en Seúl, la Sra. Presidenta usó la cadena nacional para anunciar triunfalmente que la Argentina iba a regularizar su deuda con el club de París, sin la intervención el FMI. O sea que vamos a pagar unos 7.000 millones de dólares, en dos o tres cuotas anuales, pero dejando muy en claro que lo hacemos de “motu proprio”, sin que nadie nos venga a imponer nada. Una situación parecida a la del chiste del marido sojuzgado, que disimula su sometimiento diciendo: “en mi casa se hace lo que yo obedezco”

La Sra. Presidente nos dice que su gobierno rechaza la obediencia y las recetas del FMI. Pero lo que nos escatimó decir a los argentinos, es que ese pago es consecuencia directa de los compromisos que asumió en la Cumbre del G-20 en Seúl. Allí la Presidenta firmó el documento “Compromisos políticos de los miembros del G20”, cuyo primer punto expresa el compromiso “a seguir adoptando medidas para garantizar la solvencia para normalizar las relaciones de Argentina con sus los acreedores externos”.

El G-20 es el “corralito” de países armado por el G-7, que a su vez es la cumbre de los países más poderosos de la Tierra, que se ha autoerigido en un cuasi gobierno mundial, y que a su vez integran el exquisito Club de París. Y las políticas que impulsan en el G-20, no difieren gran cosa de las malogradas políticas del Consenso de Washington: tipos cambio basados en los mercados, liberalización del comercio y más aún de las finanzas, etc. Esos documentos han sido suscriptos por nuestra Presidenta[i], pero en idioma inglés, como para que los argentinos no nos enteremos mucho que dicen ellos. De ser así nos daríamos cuenta de que se trata del mismo “perro” del Consenso de Washington de los 90, pero con distinto collar. Ahora bajo un nuevo ropaje, buscan nuevos “consensos” globalizadores. Y amenazan además con que “la descoordinación traerá peores resultados para todos”.

Como si todos estuviéramos duros y asustados sobre un bote averiado que se está hundiendo, pero peor sería que hubiera movimientos, porque el bote se va a dar vuelta, y nos ahogaremos todos. Este es el penoso resultado de la globalización de las finanzas y el comercio de la década de los 90, regido exclusivamente bajo la ley de la codicia, que se nos vendió como la receta magistral para entrar en una nueva era de prosperidad mundial capitalista.

Bajo la impronta del G-7, todos los documentos del G-20 destilan una filosofía y contenidos que se encuentra en las antípodas del modelo que nuestra Presidenta dice defender. En especial, el punto 9 de la Declaración, y el punto 19 del Documento de Seúl, en el que se reivindica expresamente al FMI como supervisor y soporte técnico de los países que lo integran. Con el pleno consentimiento por parte de nuestra Presidenta.

Conociendo este dato, resulta perfectamente entendible que inmediatamente después de que la Presidenta nos anunciara por la cadena nacional, el FMI no iba a intervenir, el canciller Timerman y el ministro Boudou hayan viajado de incógnita a Washington. Para mantener allí una ríspida reunión secreta con el número dos del FMI, John Lipsky, como en los mejores tiempos de Alfonsín, Menem, De la Rúa, y Duhalde. Reunión de la que los argentinos nos enteramos porque la oficina del Sr. Lipsky la dio públicamente a conocer, no así nuestros ilustres funcionarios argentinos. Como desde siempre, en las cuestiones con el FMI, el pueblo no debe saber de qué se trata.

Como consecuencia de esa reunión, el ministro Boudou a su regreso nos anunció que Argentina había pedido asistencia técnica al FMI, para la normalización del INDEC, y la determinación de un nuevo índice nacional de precios al consumidor. Y después declaró que Argentina “no se había bajado los pantalones ante el FMI”. Claro que no, mal se podía haber bajado los pantalones, puesto que había ido grotescamente en pelotas. Como si en vez de pertenecer al segundo o tercer mundo, hubiésemos descendido al cuarto o quinto mundo, donde todavía en algunos recónditos lugares, se estila ese atuendo que consiste en no llevar atuendo alguno.

El G-20, el Club de Amigos del FMI

Desde la irrupción de la patota de Moreno en el INDEC, Argentina se había ido hundiendo en una situación insostenible; máxime por su aspiración de seguir perteneciendo al selecto Club del G-20. Al que a través de las “relaciones carnales” arribamos de la mano de Menem en el año 1999, cuando Argentina era el alumno mimado del FMI. El objetivo del mismo fue la creación de un foro para velar por la estabilidad financiera mundial, a través del Comité Financiero y Monetario Internacional (CFMI) del FMI, en base al “compromiso de trabajar juntos para establecer un mecanismo informal para el dialogo entre los países sistémicamente importantes, dentro de la estructura del sistema institucional Bretton Woods.” O sea exactamente, un Club de amigos del FMI, el cual desde su fundación funciona bajo la batuta del G-7.

Las mentiras de Moreno en el INDEC, para al menos en los papeles contener a la inflación y dibujar mejoras en la situación social, le impidieron al gobierno a partir del 2006 cumplir con su obligación de brindar toda la información necesaria para que el FMI se despache anualmente con el famoso Informe Art. IV, al que se obligan los países pertenecientes a él. En esa información uno de los puntos más destacados son los aspectos estadísticos, que aseguran que esa información sea cierta.

Ante la imposibilidad de brindar esa información por las mentiras del INDEC, el gobierno apelo a otra mentira infantil para consumo interno, que era decir ¡Minga al FMI! Al mismo tiempo que incongruentemente a toda costa, quería seguir perteneciendo al G-20, o sea al “Club de amigos del FMI”. Una inconsistencia total, que el gobierno en una postura aun mas infantil, trató de resolver como el alumno desaplicado que concurre a la escuela del G-20, y no hace los deberes, pero acusa que la maestra de tenerlo entre ojos y ser una malvada.

Claro que una excusa de esta índole no puede durar mucho. Y así además, de la indefinición de la cuestión de la deuda con el Club de Paris, que para resolverla a largo plazo este exigía que Argentina tuviera un plan con el FMI; sumado a la amenaza del FMI de hacer público un lapidario informe sobre las cuentas del INDEC, acusando a Argentina de falsear la información, como lo hizo Grecia, al gobierno no le quedó otra que agachar la cabeza como Jaimito, el alumno desaplicado y mal entrazado, y volver al FMI.

Contando con la condescendencia de la Srta. maestra del G-20, que no quiere humillar a Jaimito en público (no sea que la burla de sus compañeros y los mirones argentinos sea cruel) esa vuelta al FMI tiene como comienzo, pedirle al FMI que nos enseñe a hacer a los deberes estadísticos, pese a larga tradición académica e institucional que tiene Argentina a ese respecto. Una mentira de un tamaño así como pedirle a un profesional universitario que vuelva a hacer el primario. Que cayó muy mal, tanto internamente en el INDEC, como a nivel académico. En especial en el Consejo Académico Asesor creado por el ministro el año pasado, quien sin embargo en los últimos meses se negó a recibir su informe sabiendo de lo lapidario de sus conclusiones.

De esta manera el FMI volverá a Argentina, no por la puerta principal, sino por la ventana. Para a partir de allí, como ha hecho siempre, ir ocupando los lugares del jefe. En tal sentido los documentos suscriptos por la Sra. Presidenta en Seúl son más que preocupantes, y merecerían que se informen claramente sus contenidos e intenciones al Congreso y a la opinión pública argentina. En ellos como un país desvalido, aceptamos que nos “ayuden a construir la capacidad de alcanzar y maximizar el potencial de crecimiento, de tal modo contribuir al reequilibrio mundial”; y a abordar “los cuellos de botella críticos, incluyendo déficit de infraestructura, la volatilidad del mercado de alimentos, y la exclusión de los servicios financieros.”

Pese a lo que expresa en sus discursos domésticos, la Sra. Presidenta se ha comprometido en consecuencia a seguir “honrando” la deuda externa de cualquier manera. A seguir abriendo nuestros mercados. Y a facilitar el acceso a nuestros vastos recursos naturales (minería, alimentos, energía, en resumen: biocapacidad) a los países más poderosos del mundo, que se enfrentan a un desequilibrio creciente al respecto. Antes de irse la Presidenta vetó el aumento del 82% móvil a los jubilados; y cuando volvió del G-20, abrió generosamente su elegante cartera para pagarle al club de París. Están claras sus prioridades y obediencias.

Más allá de sus discursos altisonantes y las sanatas lindantes con el ridículo de los ministros Boudou y Timerman, el sentido de su política es muy claro: codearse y regodearse en el G-20, el Club de amigos del FMI. Mantener relaciones carnales con Estados Unidos e Israel (igual que Menem) en temas sensibles estratégicos como la acusación contra Irán por la AMIA, la cuestión nuclear, y la lucha contra el terrorismo con más terrorismo. Impulsar el acuerdo MERCOSUR-Unión Europea. Reengancharse con el cordón umbilical “mercados financieros internacionales”. Y cerrar cada vez más el lazo comercial que nos encadena cada vez en forma más dependiente con la economía de China.

Por eso no fue una improvisación la elogiosa mención que hizo la Presidenta en su discurso por cadena, respecto la visita del ministro de agricultura chino a Argentina, tras la visita de ella a dicho país, efectuada después del embargo que dicho país decreto a nuestra exportaciones de aceite de soja. Y el melodramático relato que hizo la Presidenta del homenaje que le hizo el presidente chino Hu Jintao a Néstor Kirchner, diciendo que este “era un estadista”. Lo mismo que decía la reina Victoria de nuestros gobernantes, que hicieron de Argentina una perla del imperio británico.

De acuerdo a un cable de la agencia oficial TELAM, “la cumbre del G-20 homenajeó a Néstor Kirchner” y que además “al ingresar a un encuentro con empresarios internacionales de primera línea que participaban en Seúl de la Cumbre de Negocios del G-20, la Presidenta fue recibida con un cerrado aplauso” [ii]. La verdad es que hay que sacarse el sombrero por la astucia política de tanto de Néstor Kirchner como su Sra. esposa, que han logrado lo imposible: ser homenajeados por los poderosos de afuera y también por parte de los humildes de adentro; que se movilizaron espontáneamente ante la sorpresiva desaparición del primero.

Los argentinos deberíamos preguntarnos el por qué de tanto aplauso y palmadita en el hombro, demasiado parecidas a las que recibía Menem en el mismo ámbito. Resulta paradójico que Argentina, a pesar de haber retrocedido económicamente como país en las últimas décadas, y atribuida ello a las recetas del FMI, sea un miembro selecto del G-20 o Club de amigos del FMI.

¿Por qué Argentina aún integra el G-20?

Ingresamos al G-20 en el marco de las incestuosas relaciones carnales de Menem de los ‘90. Pero ¿por qué esta permanencia brillosa y briosa en el 2010? Ya que si miramos la tabla de posiciones del G20 medidas en términos de su PBI adjunta, vemos que la Argentina está última, futbolísticamente en zona de descenso directo, ni siquiera tendríamos la chance de jugar la promoción.

O sea que la Argentina es el más “pobre” de los países del G20, con el 0,6% del PBI del bloque. También es uno de los de menor población (0,9% del bloque).Habría cuanto menos una decena de países con mayor PBI o población más grande que la Argentina, a los que les hubiera correspondido ser parte de este selecto grupo de amigos del FMI antes que nosotros.

Últimamente han surgido fundadas críticas a la forma en que se mide y evalúan los desempeños macroeconómicos de los países. Y el PBI ha pasado a ser un indicador cuestionado. Por ejemplo el terremoto de Chile destruyó parte de su infraestructura. Esto no se computa en el cálculo de su PBI, pero las obras de reconstrucción ¡van a hacer subir su PBI!

El PBI no mide la dotación de infraestructura. Ni tampoco de los recursos naturales con los que cuenta un país. Otra muestra más que la ciencia económica convencional, poco o nada nos dice de la interrelación y dependencia de los circuitos económicos en relación a la naturaleza y los cada vez más escasos recursos naturales. Por ello las respuestas hay que empezar a buscarlas en la bioeconomía.

En efecto si hacemos un análisis bioeconómico, o sea considerando los aspectos ecológicos y de recursos naturales en juego, que toma en cuenta el consumo y la capacidad biológica de los territorios de cada país, descubriremos que la Argentina pasa dentro del G-20 a ocupar el tercer lugar en importancia de aporte al balance bioeconómico.

El balance bioeconómico surge del siguiente razonamiento. Cada país tiene una población que consume recursos naturales biológicos, y a su vez posee un territorio con una determinada capacidad biológica. El consumo del hombre deja una “huella ecológica” [iii], por el uso de tierras para cultivo, tierras de pastoreo, bosques, territorios marítimos, tierras que absorben carbono y tierras urbanas. Los países tienen una determinada dotación de estos recursos. La diferencia entre lo que consume la población de un país o su huella ecológica; y la dotación que posee de recursos naturales es lo que he denominado Balance Bioeconómico.

Cabe dejar expresa mención que si en los datos de base se computara todo el territorio argentino y se incorporara los territorios marítimos en disputa con el Reino Unido en el Atlántico Sur (cerca de 2.500.000 km2) nuestro país contaría con 100 millones de hectáreas globales mas [iv], pasando de ese modo a Canadá en la grilla y quedando junto a Brasil en el podio de los países con mayor biocapacidad del mundo.

Podemos ahora entonces responder a la pregunta del millón por qué aún estamos en el G20, o club de amigos del FMI, y nos soban el lomo en él. Parafraseando la famosa frase de Clinton “es la economía estúpido”, se puede decir ¡es la bioeconomía estúpido!

La economía tradicional o convencional no considera central el problema de la escasez y agotamiento de los recursos naturales y los residuos que se generan en la actividad económica. Pero cada día se abren más paso los enfoques basados en la Bioeconomía, o Economía Ecológica. Que trabajan transdisciplinariamente junto con la biología, la física, etc.; buscando estudiar los límites que la naturaleza y las leyes físicas que la gobiernan, le imponen al sistema económico. Esas leyes de la naturaleza nos señalan que la energía no puede crearse, solo puede transformarse. Y que además, por cada transformación que hacemos, esa energía se degrada y no podremos volver a utilizarla.

El mundo tiene una capacidad finita o límite de producción bioproductiva y de reciclado de residuos. ¿Cuál es la capacidad de carga de humanos en el planeta? La respuesta es: depende de lo que consumamos. ¿Cuántas hectáreas bioproductivas del planeta son necesarias para abastecer el nivel de consumo actual de la población? Se calcula que son necesarias en promedio 2,7 hectáreas bioproductivas.

La bioeconomía o economía del futuro

Ahora bien, los promedios son el más engañoso de los indicadores, porque un europeo o un norteamericano necesita más de 8 hectáreas bioproductivas; un argentino 2,6; y un africano menos de 1 ha. O sea se necesitarían tres o cuatro planetas Tierra para abastecer a nuestro planeta con el nivel de consumo de los países “desarrollados”. Lo que muestra la inviabilidad de esa pretensión.

Como señala el economista argentino Walter Pengue: “La huella ecológica de las naciones, muestra como se está demandando espacio entre cada una de ellas. Tanto o más interesante será calcular la huella ecológica entre naciones, lo que permitirá inferir las relaciones existentes entre producción, demandas y comercio, junto a ocupación territorial virtual de los bienes y servicios de otras economías… Hoy en día, la huella ecológica de China a través de la demanda de soja, se expande en territorio argentino. Hasta ahora de manera virtual, solo a través de la incidencia sobre los precios de las materias primas y su orientación hacia la producción de uno u otro producto.”

La bioeconomía nos tiene que servir para que los argentinos no seamos estúpidos, o que al menos no nos tomen por ello. Así debemos sentirnos cuando nuestros gobernantes concesionan yacimientos a cambio de exiguas regalías, generosísimos plazos, y dudosas inversiones. O permiten la pesca a cualquiera y de cualquier manera. O dejan que la tierra sea acaparada en grandes extensiones, y por parte de extranjeros. Profundizar el “modelo” impuesto por Menem y el FMI, y su club de amigos del G-20, es profundizar la facilitación para que otros dejen su “huella ecológica” en nuestro territorio. En tal sentido se puede asegurar que el kirchnerismo es la continuidad del menemismo. O como dijo irónicamente el escritor Jorge Asís, es la fase superior del menemismo, que ha cambiado algo para que este pueda perdurar.

Estúpido es una palabra fea, es un punzante agravio. Duele cuando te lo dicen, pero más duele cuando uno se lo dice a sí mismo. Sentimos que somos estúpidos los argentinos, porque no cuidamos lo que tenemos, y dejamos que otros se lo aprovechen sin mayor beneficio para nosotros. Exportamos recursos naturales no renovables, sin valor agregado, sin cobrar adecuadamente los impuestos, sin controlar y a simple declaración jurada del exportador, sin tampoco exigir ni siquiera que las divisas se liquiden en nuestros mercados.

En vez de aprovechar lo que tenemos; ni siquiera tomamos conciencia de que lo que tenemos. Así nos toman de estúpidos. Como el ministro de Agricultura de la Nación, Julián Domínguez, que al recibir a su par de China, Han Changfu, puso en marcha la “Comisión Conjunta Agrícola” [v], que apunta a implementar una “agenda de mayor cooperación, comercio e inversiones”; y declaro que con China teníamos una “relación estratégica”.

Imagínese el lector que tipo de “integración agrícola” es la que se perfila, entre 1.500 millones de consumidores chinos y nuestro país. Ese mismo día se realizó una reunión del subsecretario de Pesca y Acuicultura de la Nación, Norberto Yauhar, con el director general del Buró de Pesca del gobierno chino para la aplicación de los acuerdos pesqueros con China[vi], que se trata de un convenio bilateral, donde ellos pescan y se llevan lo que pescan, y nosotros miramos [vii].

Por su parte otras provincias siguen este desdoroso camino. Por ejemplo el gobierno de Rio Negro está cerrando acuerdos para que una empresa estatal china plante 320.000 hectáreas con soja, colza y otros cultivos industriales en los valles inferior y medio del río Negro, y en un sector de la costa del río Colorado. Y la provincia de Tierra del Fuego ha firmado un escandaloso contrato con la empresa Tierra del Fuego Energía y Química, cuyo accionista principal es el Estado chino, en donde se compromete a venderle gas a un precio vil para la fabricación de urea; y donde son altamente dudosas las inversiones comprometidas para su industrialización.

Jorge Rulli del Grupo de Reflexión Rural lo explicó muy bien en la reciente conferencia realizada en Suiza sobre “Acaparamiento de Tierras”: “Los negociantes de los mercados globales salen a buscar nuevos objetos de especulación, especialmente tierras fértiles, agua y alimentos, además del oro, metales estratégicos y cuencas hidrocarburíferas. Son capitales corporativos que no sólo buscan dar respaldo tangible a sus divisas vacías de valor, sino que, adictos a las fábulas del “crecimiento”, descubren ahora que no pueden alimentar a su propia población y buscan enclaves en propiedad o arriendo. Es el caso de China. Sus tierras agrícolas están desapareciendo ante el avance industrial y sus suministros de agua se encuentran en estado crítico”.

Desde el Grupo de Reflexión Rural se alerta que “Con el acaparamiento de tierras por parte de las corporaciones, los agricultores y las comunidades locales inevitablemente perderán el acceso a la tierra para la producción local de alimentos. Se está entregando la base misma sobre la cual construir la Soberanía Alimentaria. Este proceso que hemos descripto, amenaza convertirse en una verdadera catástrofe para nuestros pueblos, en la medida en que las corporaciones transnacionales redireccionan el flujo de capitales financieros errantes desde la crisis de los mercados inmobiliarios, hacia las zonas de agricultura en América del Sur y en África.”

En nuestra historia como Nación pasamos de la relación estratégica dependiente y complementaria con Gran Bretaña de fines del siglo XIX, y principios del XX; a intentar una imposible relación estratégica con Estados Unidos a fines del siglo XX, con la impronta del menemismo. Y ahora con el kirchnerismo aparece en ciernes a principios del siglo XXI, una nueva relación estratégica complementaria y dependiente con China. Tanto Gran Bretaña como China buscaron y buscan lo mismo: hacer de Argentina su granja, para tener alimentos baratos para mantener la competitividad de sus industrias.

Así una vez más los argentinos estamos resignando la posibilidad de llevar a cabo un proyecto nacional de autorrealización que nos permita vivir en el mundo haciendo la nuestra, como lo hacen todas las naciones que se precien de tales en el mundo. A cambio de un proyecto dependiente de hacer lo ajeno, para que otros se afiancen viviendo de lo nuestro.

La deuda con el Club de Paris: una deuda manchada de sangre y fraude

El anuncio del pago al Club de París por parte de la Presidenta, incurre en una flagrante contradicción con los postulados que su gobierno dice defender a ultranza, de MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA.

Si tuviera un poco de MEMORIA la Presidenta debería recordar que casi la mitad de la deuda con el Club de París fue íntegramente contraída por la sangrienta dictadura cívico-militar que ella denosta. De esta manera esquizofrénicamente, condena a los gobernantes de entonces por ser criminales de lesa humanidad. Y a la par, como si fueran gobernantes legítimamente constituidos, de por validas y legitimas las deudas que ellos contrajeron. Al menos el ministro Cavallo que reconoció esas deudas, tenía la atenuante de que dichos gobernantes habían sido indultados por el gobierno, cuestión que durante el actual gobierno se revirtió enteramente. Y si se pudieron revertir indultos sancionados por la democracia, como no se pueden revertir deudas de la dictadura aceptadas por la democracia.

Si cultivara un poco de VERDAD la Presidenta llegaría a la conclusión que en la trama del ovillo de la deuda externa que nos agobió y agobia, están los intereses de los miembros del Club de París; que su vez son los patrones del G-20 y del FMI. Si tal como ella asegura, el FMI fue el artífice de nuestra debacle como país; lo menos que debería hacer es exigir a los países del G-7 y el Club de París, que digitan y digitaron al FMI, que se hagan responsables de los gravísimos errores de este. Y en consecuencia den por cancelada la deuda de Argentina con los países integrantes del Club de Paris, o implementen una medida reparatoria parecida.

Si aspirara realmente a la JUSTICIA la Presidenta podría haberle dado el impulso necesario a la investigación judicial, que con mucho esfuerzo y sordina mediática, se está tramitando en búsqueda de determinar la responsabilidad penal de quienes fueron cómplices financieros de los crímenes de lesa humanidad la sangrienta dictadura, como participes necesarios de ellos. Causa que se tramita desde hace años en el juzgado federal Nº 2 de la Capital Federal, en la que recientemente se recibió la confirmación por parte de la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, confirmando que los documentos desclasificados aportados a la causa son verídicos.

Una lectura atenta de esos documentos desclasificados, ahora certificados oficialmente, permite constatar que por parte de determinados gobiernos extranjeros integrantes del Club de París, y de sus estamentos diplomáticos, financieros y empresariales, existía un claro conocimiento de la existencia de gravísimas violaciones a los Derecho Humanos en la Argentina, desde el inicio mismo de la dictadura cívico-militar.

En la causa también obra copia del Decreto Secreto Nro. 223 del 27/4/1976, que dispuso la creación de comisiones asesoras ad-hoc para resolver “diferendos planteados entre el Estado Nacional y diversas empresas privadas, nacionales y extranjeras”. En su art. 3º instruye a “tomar contacto directo con las partes interesadas y finalmente recomendar soluciones”. Cabe destacar que las empresas extranjeras involucradas en el decreto secreto mencionado, pertenecen todas a los países integrantes del Club de París. De tal manera los efectos de los hechos investigados en esta causa penal, lejos de diluirse en el tiempo, continúan aún vigentes en reclamos concretos contra nuestro país. Verdad que la Sra. Presidenta parece querer olvidar, para no tener que reclamar Justicia.

Finalmente, los argentinos debemos reflexionar del enorme potencial que tenemos, del enorme potencial humano que tenemos, del enorme potencial de recursos renovables y no renovables que tenemos y del enorme potencial cultural acumulado que tenemos. Pero estamos errando en el rumbo estratégico y recreando condiciones de un renovado colonialismo, que se traduce en el saqueo de nuestras riquezas.

Tenemos que cambiar el rumbo. La gobernabilidad de la Argentina tiene su centro en cuestión de los recursos y su territorio. En recuperar la orientación hacia un nacionalismo económico que nos devuelva a inmensa renta que hoy se dilapida y fuga al exterior. En la preservación y en el uso de sus recursos, de manera ambientalmente y socialmente sostenible. Para que la mayoría de los argentinos pueda coparticipar de la enorme riqueza Argentina. Para que la mayoría sea copartícipe de un proyecto de vida común. Para que la Argentina sea el mejor reflejo, de los mejores valores que poseemos.

NOTAS:
i] www.g20.org
ii] www.telam.com.ar
iii] Ver concepto de Huella ecológica: wikipedia.org
iv] Se calcula que los territorios marítimos tienen una biocapacidad del 37% de la superficie terrestre.
v] noticias.terra.com.ar
vi] www.prensa.argentina.ar
vii] El Dr. Cesar Llerena ya ha denunciado lo ruinoso del acuerdo pesquero con China. Ver: perspectivainternacional.blogspot.com


www.argenpress.info

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Tomado de Voz Entrerriana

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