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El polvorín

Barak Obama y el realismo mágico

13 Mayo 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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Que dios detrás de Dios la trama empieza,

De polvo y tiempo y sueño y agonías” Ajedrez, Jorge Luis Borges

No estarás dudando tú, que ese Osama que rima con Obama murió acribillado en una escena Hollywoodesca de película clase B hace dos semanas a media hora del corazón militar y administrativo de Pakistán, tras un operativo perfecto del cuerpo élite de las guerras de las galaxias. Ese Osama Bin Laden cuyo cadáver nunca visto, llorado ni olfateado por nadie, incorpóreo despojo mortuorio, sirvió para alimentar pececillos en los mares del Oriente por donde navegase hace siglos Simbad el Marino.

¿No te lo crees? así fue. No te creas tampoco que hubo una guerra en Irak, no, no en el 2003 –esa la vimos por TV – sino en los 90, esa guerra nunca existió, fue un simulacro, una representación. Ni murieron un millón iraquíes hace unos años. Esos misiles eran fuegos artificiales.

Tampoco creas que cayeron aplastadas las torres gemelas, de hecho nunca estuvieron allí, eran un holograma gigantesco de cien pisos, una proyección petrificada de las intangibles compañías de Wall Street que un día valen millones de millones y luego se esfuman hacia el lugar a donde van los niños muertos jamás bautizados. El mismo lugar adonde fue y de donde vino un avión terrorista que se estrelló contra el pentágono, jamás avistado ni encontrado por nadie igual que las armas de destrucción masiva de Saddam y el cadáver de Bin Laden.

¿Quién escribió el guión de esta monumental trama? El mismo de ese rescate cinematográfico, esa farsa de telenovela que sería el Jaque a la guerrilla en las selvas colombianas: el “engaño”[1] prodigioso a unos guerrilleros mansitos y sumisos que mordieron un anzuelo con estampas de la Cruz Roja Internacional y dejaron libre a la inescrupulosa Ingrid Betancur y a tres Neo-Rambos gringos que tampoco eran militares, ni combatientes, ni espías, sino inocentes padres de familia amantes de las series basura y las hamburguesas McDonald, pero un día cayeron inexplicablemente del cielo sobre la cordillera Oriental. Espías que no son espías y hamburguesas McDonald de carne que no es carne.

Ni te creas que los gringos perdieron la guerra del Vietnam ¿No te viste Rambo 3? Allí la ganan, sin bajas en sus filas.

¿Crees que existe Obama? Ese negro desteñido con maneras de tiranuelo, ese Niche de mentiras, mulato decolorado, debe ser un maniquí café claro movido por una supercomputadora perfecta enterrada kilómetros bajo tierra en algún Bunker de Oklahoma o Connecticut. El mismo lugar donde están enterradas las superbombas capaces de acabar con el planeta en un soplo. ¿Y qué? ¿Crees o no?

Si alguien supiera que Nerón ordenó el incendio de Roma mientras cantaba versos para culpabilizar y perseguir a los cristianos, si recordara el mundo que el Reichstag alemán ardió en llamas prendidas por los mismos Nazis que no tardaron un día en achacar el atentado a los comunistas, si acaso nos preguntáramos por qué no estaba ninguno de los judíos que trabajaba en las torres gemelas el día que se desplomaron, por qué los servicios secretos israelíes esperaban el suceso; ¡oh! si fuera coherente comprender porque los militares colombianos se ponen bombas a sí mismos en sus impenetrables guarniciones para luego cazar subversivos o por qué matan subversivos que después resultan no ser subversivos, tal vez comprenderíamos que ese Bin Laden de bellas barbas fue una figura de pantalla, un doble maquillado y filmado en el desierto de Nuevo México, como los astronautas yankees que sostuvieron la bandera de barras y estrellas ondeante y flamante en la Luna. Pero en la Luna, lo sabe cualquiera, no hay viento para ondear banderas. 

Tenía razón el irracional Baudrillard. Este mundo es un simulacro, una farsa de lo que ocurre, no ocurre u ocurrirá. ¿Y qué ocurre? Pues no lo sabemos ¿cuál es la frontera entre la verdad y la mentira? Ya decía bien Arundhati Roy que en el álgebra de la justicia infinita inventada por el imperialismo americano “la guerra es paz”.

Wikileaks podrá comprobar, en unos meses o años, que el verdadero Bin Laden era una figura de porcelana, o que era un viejito loco que comía las paredes de su casa de barro en Kandahar y hacía dineros de cuando en vez actuando como jefe terrorista en los reportajes de la CNN. ¿Qué importa? Quizá el huracán Katrina fue invocado por una Cabeza Mocha como la del Viento Fuerte de Miguel Ángel Asturias en venganza por los crímenes de las multinacionales bananeras. Puede que el negro desteñido Obama sea una copia inversa, un desdoblamiento maligno del espíritu haitiano poderoso del Reino de este mundo de Alejo Carpentier. ¿Será que es el antípoda de Changó el gran putas[2]? Probablemente se convierta en batracio por las noches.

Tal vez en su discurso del Nobel, Obama tenía que haber pedido que le expropiasen el premio de literatura a Gabito, el de 1982 que exaltaba el realismo mágico y la ficción extravagante latinoamericana, haberlo pedido para sí, autor inverosímil de todo este simulacro terrorista y de las más falaces de todas las verdades. Todavía podría enviar a los Navy Seals en un operativo fantasma para que sustrajesen el premio de la casa de García Márquez en la ciudad amurallada de Cartagena de Indias. O llegar con un turbante de corsario navegando una carabela, asediando la ciudad desde el mar a cañonazos. O enviar a las agencias secretas colombianas, que harían el trabajo gustosas. Celebraría en grande dando un discurso memorable desde Suecia, un discurso evidentemente, sobre la paz. Entonces, en el vuelo de regreso, el avión estallaría en mil pedazos y caería por los aires, como los personajes de Salman Rushdie, envuelto en llamas y con dos cuernos en la frente, con el color más blanco y más puro que un texano o un racista de Georgia, oliendo a pestes y excrementos, para refundar un Nuevo Orden de Maldad sobre la Tierra. Negro desteñido, autor de malas y criminales historias, pésimo actor de la sanguinaria vida real mentida mil veces por CNN y FOX NEWS, convirtiendo este planeta en el Hollywood del saqueo, la injusticia y la dominación.



[1] Ese “engaño” costó, según los propios jefes de las FARC y Wikileaks, un millón de Dólares.

[2] Changó el Gran Putas es una novela del negro colombiano Manuel Zapata Olivella, que recrea la figura mitológica del Dios africano Changó como la identidad rebelde de los negros del continente americano.

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