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El polvorín

Casa del Migrante “San Juan Diego”: “La necesidad te hace sacar fuerzas”

10 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

“Llegamos a Oaxaca y nos topamos con un retén de la migra (del Instituto Nacional de Migración, INM). Nos bajaron del camión y nos llevaron detenidos. Después de cinco horas, me separaron de mis hijos y hasta hoy (septiembre) no los he vuelto a ver. Me los quitaron acusándome de que no eran mis hijos. Finalmente me demandaron por tráfico de menores ilegales”.

Testimonio recogido por Matteo Dean, en la Casa del Migrante “San Juan Diego”, en Lechería, Estado de México.

 

 

Me llamo Jeimy Celenia Moncada Mejía y soy de Honduras. Radico en Estados Unidos desde 2004, país al que pude ingresar una primera vez; luego me deportaron, el 20 de diciembre de ese año, tras detenerme 18 días en Laredo, Texas. Llegando a Tegucigalpa, en Honduras, nada más bajé del avión, reuní un poco de dinero y volví otra vez al norte. Finalmente logré entrar y establecerme.

Me casé con un mexicano de Chiapas que tiene diez años viviendo en Texas y tuve una hija con él. Ahora tengo un puesto de venta en un mercado de ‘pulgas’ en las afueras de esa ciudad, me estaba yendo bien; así que decidí salir de Estados Unidos y regresar a Honduras para recoger a mis otros cuatro hijos que tengo allá. Me los cuidaba mi mamá, mientras yo trataba de establecerme en Texas.

El 12 de marzo de este año salí de Estados Unidos, ya en Tegucigalpa reuní a mis hijos y me regresé. Se me pegó mi sobrino de 17 años que quiere ir a Estados Unidos a trabajar para ayudar a su mamá. En el trayecto nos fue bien. Tratamos de viajar en autobús para evitar problemas con las autoridades y con los delincuentes que asaltan, roban y secuestran.

Llegamos a Oaxaca y nos topamos con un retén de la migra (del Instituto Nacional de Migración, INM). Nos bajaron del camión y nos llevaron detenidos. Después de cinco horas, me separaron de mis hijos y hasta hoy (septiembre) no los he vuelto a ver. Me los quitaron acusándome de que no eran mis hijos. Finalmente me demandaron por tráfico de menores ilegales.

El sacerdote Alejandro Solalinde Guerra, quien ayuda a migrantes en la ciudad de Ixtepec, allá en Oaxaca, me ayudó; era el 8 de mayo. Como respuesta, la Procuraduría General de la República (PGR) lo denunció a él también, y lo detuvo. En lugar de escucharlo lo metieron cerca de mí, le sacaron una foto y lo demandaron por la misma acusación.

Lo querían atacar. El caso fue montado para poder manchar la reputación del padre Alejandro. Es que él hace mucho por ayudar los migrantes y por eso las autoridades no lo quieren. Pasé algunos días encerrada en un centro de Rehabilitación Social de Ixcotel y luego en la Estación Migratoria. Fue en total un mes y medio. Durante ese tiempo, la PGR me sacó sangre para hacer pruebas de ADN y averiguar que los cuatro niños fueran mis hijos. A los pocos días me liberaron, pero los del INM ya estaban esperándome para encerrarme –dicen- “administrativamente”.

Fue terrible. Violaron mis derechos y los de mis hijos. Abusaron de nosotros y nada se podía hacer. Cuando ya certificaron que sí eran mis niños, nos liberaron. Pero a mí me llevaron a la frontera con Guatemala, junto con mi sobrino. A mis cuatro hijos los llevaron en avión hasta Tegucigalpa. Por suerte tengo familia allá y una de mis hermanas pudo ir por ellos y ahora ella los cuida.

Ya libres, el sacerdote y yo decidimos levantar una demanda en contra de la PGR por violación a los derechos humanos. Actualmente la Comisión Nacional de Derechos Humanos y mi abogado están llevando el caso. Lo tenemos casi ganado. Ya con la demanda interpuesta, la PGR tuvo que enseñarnos los documentos probatorios en sus manos.

En las declaraciones de mis hijos, supuestamente niegan conocerme, pero sí dicen el nombre del sacerdote. Absurdo, ni yo conocía al padre. Además, las cuatro declaraciones son prácticamente una igual a la otra. Una farsa. Ahora espero la conclusión del caso. Quiero justicia y quiero que no vuelva a pasarle a nadie.

Cuando me regresaron a la frontera con mi sobrino, nos encaminamos otra vez hacia el norte, esta vez en tren. Ya pasando otra vez por Oaxaca, se subió al tren Leonor, una hondureña que había conocido en un viaje anterior. Con ella estamos aquí, seguimos el camino, pues a pesar de vivir allá, en Texas, no tengo papeles y nos toca viajar sin documentos.

Espero poder llegar pronto. En Austin no hay tanto racismo como en otros lados, ahí se vive tranquilamente, migración no molesta mucho.

Cuando me regresaron, el 20 de diciembre de 2004, me bajé del avión en Honduras y me salí otra vez. Estuve 18 días presa en Laredo, Texas, me deportaron y regresé. Navidad y fin de año me los pasé en el tren. Antes no había estas casas para migrantes. No estaba la de Arriaga, la de Ixtepec o ésta. Estaban sólo la de San Luis y la de Monterrey. Antes nos dormíamos en la vía del tren, en medio de todo: lluvia, frío, calor, lo que fuera. La pobreza y la necesidad te hacen sacar fuerza de donde no crees.

Con Leonor vamos a seguir el viaje. Ella se conforma con llegar a Monterrey, pues ahí tiene la posibilidad de trabajar en una tienda de zapatos. Pero, aunque nos separemos, seguiremos en contacto. Es una buena amiga, solidaria,y eso me gusta mucho. Hay más amigos que vienen atrás. Veníamos con ellos en el mismo tren, luego a ellos los asaltaron los (policías) federales. Lograron sacar una visa humanitaria y un oficio de salida del país. Están esperando que yo llegue allá para luego alcanzarme.

Los hombres seguramente aguantan más el viaje que nosotras las mujeres. Nosotras somos más delicadas. Y a veces más expuestas a abusos. Las autoridades, por ejemplo, dicen protegernos, pero es mentira. Se pasan de la raya a veces. Dicen que están para servir, pero en realidad te atacan como lo hace cualquiera.

 

Tomado de Desinformémonos

Ver también: El caso de Jeimy en la prensa

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