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El polvorín

César Hildebrandt desde Perú: El Mundo Desalmado, La Prensa Corsaria y el Empoderamiento de la Locura

2 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 "Que a pesar de no haber acatado la maldición bíblica posparadisíaca del pan ganado con el sudor de la frente, el doctor Alan García se ha hecho, a lo largo de una vida de abogado sin ejercicio, de un cuantioso patrimonio mueble e inmueble, patrimonio ajeno en absoluto al nivel de sus ingresos oficiales y sólo explicable si se tienen en cuenta las artes de aquel personaje que fue hijo de Vulcano, vivía en una caverna del Aventino y fue asesinado por Hércules"...

César Hildebrandt - El Perro del Hortelano entrevistado 2


 

 

“En efecto, el sello del “Estudio Alan García P.” figura en el escrito que Florencio Félix Tupiño García presentó ante el III Juzgado de Instrucción el 15 de mayo de 1979 (fojas 140 y 141 del expediente 363-79 de dicho juzgado…”

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HABLANDO DE LOCOS

Por: César Hildebrandt

Que Alan García trate de “loquito de la calle” a un prójimo es un ejemplo docente de proyección freudiana. Docente y de manual. 

Todos sabemos que el loquito es él. Claro que no es un loquito cualquiera. Es un bipolar, un maníaco depresivo. Y hace poco se ha descubierto que la manía depresiva y la esquizofrenia -siendo males distintos- podrían partir de la misma alteración genética: las repeticiones erradas de una determinada secuencia en el cromosoma 16 (revista Nature Genetics, octubre del 2009). 

En diciembre del 2008, a raíz de otro ataque de incontinencia verbal del doctor García, yo creí necesario escribir los siguientes párrafos (en los que me ratifico, claro está): 

El doctor Alan García ha dicho que “las ratas, los ratones, los detritus y los excrementos de la corrupción hay que echarlos del gobierno…” 

De esta manera, el doctor García ha reconocido que en su gobierno podría haber ratas, ratones, detritus y excrementos que deberían ser expulsados. Se trata, quizá, de un gesto de confusa, subconsciente y políticamente suicida “sinceridad”. Eso se llama también dispararse en el zapato. 

Ha sostenido el doctor García, en ese mismo sermón alucinado y dominical, que “no le retira el adjetivo de rata a Rómulo León” y que, más bien, lo confirma. Esta parece ser una orden tácita al doctor Javier Villa Stein, el presidente del Poder Judicial. 

Como se recuerda, Villa Stein fue anecdótico testigo de la embestida del doctor García a la esposa del abogado Víctor Raúl Sotelo Tamayo, doña Dayana Dal Pont, hermosa mujer que, según la denuncia presentada ante el poder judicial, no sólo fue abordada compulsivamente aquella noche de mayo del 2006 sino que fue solicitada por el doctor García a través del teléfono Nextel 9813-4089, durante las cuatro semanas siguientes. Y fue Villa Stein testigo del comienzo de ese episodio porque fue en la celebración de su cumpleaños de hace dos años que el doctor García decidió probar, sin éxito, su suerte de Juan Tenorio. 

También ha dicho el doctor García que espera “que esos corruptos y esas ratas, que están muertas en vida, se mueran de una vez…” Y ha añadido que debieran morirse también “los miserables y los mal nacidos que quieren hacer plata con un gobierno aprista…” 

No sé qué mensajes pueda haber en estas frases necesitadas de litio, pero lo que sí sé es lo que sabe el Perú entero: 

a) Que el doctor García ejerció la abogacía en décadas pasadas, en casos menores y sólo en muy contadas ocasiones, siendo una de ellas en defensa del acusado por narcotráfico Florencio Félix Tupiño García, señalado como uno de los proveedores de pasta básica de la llamada banda de Perciles Sánchez Paredes, asesinado en los 80, en Trujillo, en un aparente “ajuste de cuentas”. En efecto, el sello del “Estudio Alan García P.” figura en el escrito que Florencio Félix Tupiño García presentó ante el III Juzgado de Instrucción el 15 de mayo de 1979 (fojas 140 y 141 del expediente 363-79 de dicho juzgado). 

b) Que a pesar de no haber acatado la maldición bíblica posparadisíaca del pan ganado con el sudor de la frente, el doctor García se ha hecho, a lo largo de una vida de abogado sin ejercicio, de un cuantioso patrimonio mueble e inmueble, patrimonio ajeno en absoluto al nivel de sus ingresos oficiales y sólo explicable si se tienen en cuenta las artes de aquel personaje que fue hijo de Vulcano, vivía en una caverna del Aventino y fue asesinado por Hércules (*). 

Patrimonio que suma varios millones de dólares, cuyo inventario inmobiliario pleno nadie conoce y cuyas cuentas bancarias afines y concurrentes, con cuentas cifradas y bajo heterónimos partidarios, algunos están investigando en el extranjero, a pesar de las enormes dificultades del caso. 

Menos lúcido que nunca, más secuestrado que nunca por esos demonios que le devoran la cordura, el doctor García, que ya había sugerido bombardear la selva cocalera con ayuda de la Fuerza Aérea, dijo que “si un delincuente roba a una persona no se puede esperar que amenace a la policía: las armas de la ley son para usarlas, de frente hay que disparar y con toda decisión…” 

El doctor García, violando la ley e incurriendo en severísima causal de cuestionamiento parlamentario, ha propuesto en público la aplicación de una especie de pena de muerte informal “para los ladrones”. 

Y, para redondear la faena, el presidente que obtuvo votos de los cerros para gobernar en provecho casi exclusivo de la derecha, ha hablado de “los pitucos”, ha señalado con un dedo mosaico a “los caviares” y ha sostenido que él “prefiere a los hombres de piel cobriza”. Todo un manjar para Bruce, Peña y Hernández. 

Cuando en el año 2004 el doctor Alan García pateó malamente, con semblante homicida, a un caminante que dificultaba el registro de las cámaras de TV, muchos recordaron que en mayo del 2001, en un programa de televisión dirigido por Humberto Ortiz, el psiquiatra Horacio Estabridis, grabado subrepticiamente, reconoció que diagnosticó al ilustre paciente que nos gobierna como víctima de “psicosis maniaco-depresiva”. 

Y en esa misma grabación clandestina (que el médico condenaría), el doctor Estabridis añadió la siguiente frase: “Hay que ver los discursos que García se manda. Eso sólo lo puede hacer un maniaco…” 

El doctor García estuvo internado, en 1979, en la clínica Virgen del Carmen. Su permanencia en esa institución duró entre cinco y seis semanas y se produjo tras la muerte de Haya de la Torre, hecho que hundió al doctor García en una severa depresión. 

La revista “Caretas”, en su edición del 10 de mayo del 2001, confirmó todo esto y consultó con otro especialista que atendió también al doctor García. Cito textualmente un fragmento de la nota “La depresión de Alan”, firmada por Ruth Lozada: 

“CARETAS ha recibido otro testimonio de un connotado psiquiatra que se suma a la versión dada por el doctor Horacio Estabridis. Asegura que García estuvo internado en la clínica entre cinco y seis semanas y recibió cura de sueño. El diagnóstico en ese entonces de este especialista, que por razones obvias se mantiene en el anonimato, fue “psicosis esquizoafectiva, en su variante depresión con síntomas paranoides”. (Fin de la cita) 

La pregunta inevitable es si los desmanes patológicos del doctor García provienen de su condición psiquiátrica o son parte de un frío plan para instaurar en el Perú la barbarie de la pena de muerte a discreción, la sujeción del poder judicial a las filias y fobias de Palacio y el hábito de que el Presidente de la República se exprese como un carretero bebido. 

Después de escritas estas líneas ocurrirían muchas cosas. Entre ellas, Bagua, lo de Crousillat, el intento de pasar la ley de impunidad, la cachetada, el ascenso de la corrupción en obras y equipamiento, y desatinos surtidos que sería aburrido enumerar. Ahora ya estamos en plena campaña electoral y sería importante que la oposición le exigiera al presidente de la República que, en esta ocasión por lo menos, nos haga el favor de dejar de entrometerse. Es decir, que cumpla con la ley que lo obliga a ser neutral. 

(*) Caco, en la mitología romana, figura que representaba el latrocinio. No confundir con Caca, muy antigua divinidad itálica del fuego. 

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PRENSA CORSARIA

Por: César Hildebrandt


Me encantan algunos colegas que creen que la prensa es como una patente de corso.

Cada vez que alguien habla de sus excesos, de sus silencios, de sus venganzas, de su mal gusto y del hecho notorio de que están al servicio de los dineros y del poder que del dinero emana, saltan los “hombres de prensa” a decir aquello que ni ellos mismos creen: que la prensa encarna el espíritu de la libertad, el vuelo de los fueros individuales, el secreto de la democracia.

¡Qué risa!
¿Alguien puede creer que la prensa que se vende al Banco de Crédito, a Ripley, a Wong, al Señor de la Marmaja, a Nuestra Señora de la Cutra, a la Virgen del Puño y a Santa Sunat de los Milagros representa la libertad y al ciudadano?
Esa es la prensa que dice que sólo se puede tolerar la autorregulación. Es como pedirle a Francis Drake que se autorregule. Como solicitarle a Nabokov que entre a un convento. Como rogarle a Alan García que diga la verdad. Como pedirle a los hermanos Agois que se pongan al día.

Dejémonos de hipocresías. La libertad de prensa aletea todavía en el Perú porque hay algunos periodistas que la ejercen contra viento y marea, contra pautas publicitarias y dueños amansados.

No se puede ser tan fariseo haciendo buches con grandes palabras mientras se firma un pacto con el sistema y la corrupción que lo sostiene.
No se puede hablar de grandes valores cuando se han abandonado todos los principios.
Por eso me da una risa tremenda esto de oír a la colegada hablando mal de la señora Kirchner porque ha tenido el valor de enfrentarse al imperio de Clarín, dueño de una papelera mal habida que controla el mercado de ese insumo y que es parte de un conglomerado de vastos intereses.

¿O me van a decir que Clarín se enfrentó al fascismo homicida de Videla? No, quien se enfrentó a la jauría uniformada fue La Opinión, de Jacobo Timerman, que estuvo preso y casi muerto en una mazmorra bonaerense. Y La Opinión fue el mejor diario latinoamericano que yo haya leído. Y lo fue, entre otras cosas, porque era libre de verdad, carente de publicidad, pletórico de inteligencia, valiente hasta el sacrificio.
Cuando en este continente pululaban las bestias del fascismo, ¿qué hacía la “gran prensa”?

Pues colaboraba mientras, de paso, como hizo Clarín, compraba activos a precios de terror. O no recuerdan a El Mercurio festejando las matanzas, haciendo negocios con los Chicago Boys de por medio y recibiendo dinero de la CIA, tal como quedó demostrado en documentos oficiales desclasificados por el Congreso estadounidense?
A mí no me vengan con discursos de la SIP ni con editoriales de El Comercio ni con las preocupaciones de Carlos Alberto Montaner ni con las solidaridades de Pedro J. Pillos disfrazados de apóstoles, vivazos letrados, pendejos hereditarios que jamás se saldrán del libreto impuesto, del límite trazado, del cuento chino de que el mercado lo es todo y que el liberalismo canónico es el fin de la historia.
Que les haya ido bien es una cosa. Que se presenten como la conciencia de todos, amenazada por el poder (cuando el verdadero poder es el que los banca), es demasiado.
Si el cinismo fuera punible, las cárceles estarían llenas de periodistas encumbrados.
Si el cielo compensatorio existiera tendría que estar repleto de los verdaderos héroes del periodismo: aquellos redactores, sobre todo jóvenes, que luchan día tras día para que sus notas sean respetadas, para seguir limpios en una atmósfera tan sucia; aquellos reporteros de la tele y la radio que, a pesar de sus jefes, siguen creyendo que la prensa es algo más que congraciarse con los tiburones. A ellos mi homenaje y mi saludo.

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HORA DECISIVA PARA EL APRA

Por: César Hildebrandt

 

Alan García tiene un sentido mafioso del calendario.
El mismo día en que empezaba el juicio de Accomarca -asesinato de 69 campesinos perpetrado por el teniente del ejército Telmo Hurtado y su pandilla de forajidos- él ponía la primera piedra del monumento al Lugar de la Memoria, esa ocurrencia con la que el presidente pretende lavarse las manos que le chorrean sangre (a pesar de falsas prescripciones firmadas por su servidumbre judicial).
Es curioso que el Lugar de la Memoria haya nacido graciasa un ataque de amnesia. Ese ataque hizo que Mario Vargas Llosa olvidara quién era el García que le sonreía en Palacio de Gobierno, de dónde venía la sangre fría del hombre que lo convenció para que prestara su enorme prestigio a la causa de la desinfección presidencial, de qué fuente de inagotable cinismo procedía la novísima preocupación de García por la reconciliación nacional, la armonía democrática y los derechos humanos.
¿Recordaría Vargas Llosa quién era el García al que despedía con una enorme sonrisa en la puerta de Palacio? ¿Se daría cuenta de que lo que estaba haciendo era no sólo desmemoriado sino insultante para cientos, sino miles, de víctimas?
¿García poniendo la primera piedra del monumento que recordaría los excesos brutales de Sendero, los crímenes de Estado que debimos castigar también? Es como si el Monumento a la Paz que se yergue en Hiroshima hubiese sido inaugurado por Truman, el presidente americano que ordenó el exterminio de la ciudad.
Y ahora, una pregunta pertinente: ¿Por qué Fujimori está preso y García no?
Vamos al grano: García no fue el autor mediato de la matanza de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara. García fue el autor intelectual directo e inequívoco de esa masacre. Fue el caudillo y el fusil, la decisión y el gatillo, la orden y la ráfaga, el grito y la sangre a la vez. Fue, en suma, un asesino.
Y esto es historia.
Las actas del Consejo de Ministros del 19 de junio de 1986 señalan textualmente:
“Siendo las 19.00 horas el Señor Presidente de la República, Alan García Pérez, abrió la sesión señalando que el orden había sido restablecido y la autoridad restaurada a un costo muy elevado de muertos. Manifestó asimismo que queda un precedente de cómo debe actuar un gobierno democrático en el marco de la ley, pero con autoridad para restablecer el orden. El saldo de la acción es lamentable pero ha servido para demostrar al país que la autoridad del gobierno se ha impuesto. El Señor Presidente de la República expresó en esas circunstancias su felicitación al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas por el cumplimiento eficiente de lo dispuesto por el gobierno. Señalando asimismo que de acuerdo a la ley 24150, que establece las fórmulas jurídicas en estados de excepción, la jurisdicción en este caso le corresponde al Fuero Militar, por lo tanto se dispuso que a partir de esa misma tarde los jueces civiles ya no ingresen a los penales ni a zonas aledañas declarándose los penales como zonas restringidas, prohibiéndose los accesos a civiles”. No sólo crímenes de prisioneros rendidos o desarmados:

encubrimiento desde las más altas esferas.
De resultas de las órdenes de García murieron los 124 presos senderistas del Pabellón Industrial de Lurigancho, 118 de los 152 reclusos de El Frontón y 2 de las 64 internas del penal Santa Bárbara.
Javier Valle Riestra, que se reclama aprista de alcurnia, escribió estas frases en un famoso artículo titulado “Alan: cuidado con el juez Garzón”.
Cito: “La vanidad herida porque hubiese acontecido aquello estando reunida en Lima la Internacional Socialista durante su XVII Congreso, precipitó la demencia presidencial de desatar un holocausto, creyendo consolidar así un apromilitarismo”.
Y añadió, párrafos más adelante:
“Ni Pinochet ni Videla tuvieron un papel de autoría tan directo en los crímenes cometidos en el estadio de Santiago, en la Operación Cóndor, en el lanzamiento al espacio de sospechosos de extremismos izquierdistas…”.
Y es ese García el que, con la boba operación alemana y el respaldo de los amigos de Vargas Llosa, se ha lucido este jueves inaugurando lo que será, sin duda, el monumento a una memoria oficial, parcial, reduccionista y cómplice. (Habría que ir pensando en un monumento a la Memoria Omitida).
Es el mismo García que impone a Mercedes Aráoz como su candidata, quizá sabiendo que, de ese modo, fragmenta aún más las candidaturas de 2011 y favorece a quien es, en verdad, su favorita: Keiko Fujimori, la hija del hombre al que García le debe su regreso, la impunidad y el dulce martirologio a la espera de la falsa prescripción que lo protege y que podría ser levantada por cualquiera menos por quien, como primera medida, deberá indultar a su padre.
¿Tolerará el APRA esta vergüenza?
Seguramente que sí. El APRA es ahora la alcoba de García y allí reina este campeón de las promiscuidades.

Pero hay otras cosas en juego: la señora Aráoz es muy amiga de Chile y enemiga de las Fuerzas Armadas del Perú, a las que reduciría a una condición aún más indigente; es enemiga del gasto social, que con ella sería mutilado ene veces; es enemiga del salario mínimo y de los derechos sindicales. O sea: podría hacer el trabajo sucio del liberalismo paporretero que hoy García ha adoptado como religión.
Pero como la señora de Aráoz no candidatea para ganar sino para impedir que Castañeda se dispare y para asegurarle a Keiko la segunda vuelta, entonces su rol, maquinado por García, resulta perfecto.
La única que no sabe que la señora Aráoz es un instrumento ocasional de la aritmética alanista es la señora Aráoz, que se ha creído La Pasionaria de Alfonso Ugarte pero que no es más que otra muy respetable señora de altas cualidades.
Hora decisiva para el APRA.

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