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El polvorín

Chile: El discurso más lameculos de nuestra historia

23 Marzo 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Un presidente zalamero que se pone a cantar el himno de Estados Unidos y un alcalde que pierde un día entero recorriendo la ciudad por entregarle las llaves a un visitante que no estaba ni ahí con recibirlas son quizás el recuerdo del punto  más bajo de nuestra diplomacia.


No se le despegaba ningún rato. Desde que lo recibió en la puerta del Palacio de La Moneda, Sebastián Piñera intentó con todos sus tics y esfuerzos de mantenerse al lado del mandatario norteamericano, Barack Obama. ‘Que venga por aquí’ y el gringo iba se encontraba con el choclón de los Piñera. ‘Que venga para acá’ y se encontraba con la sonrisa de Piñera lista frente a un ejército de fotógrafos.

Las escasas 22 horas que el presidente estadounidense estuvo en Chile, se tuvo que mamar a Piñera al mediodía, en la cena de la noche y de madrugada en el hotel, colándose para salir a decir que se juntaron a desayunar.

Claro que la nota freak más alta no corrió por cuenta del presidente, sino que la puso el alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett, quien anduvo todo el lunes con las llaves de la ciudad buscando la oportunidad de entregárselas a Obama. Fue a recibirlo al aeropuerto, luego lo vimos en La Moneda y como no se presentó la ocasión, no tuvo otra cosa que madrugar y, por fin, entregarles el famoso llavero junto a una botella de pisco al mandatario gringo. Obama la recibió, dio una sonrisa para la foto y le pasó la llave a un asesor que se las guardó en el bolsillo.

A la única pregunta que Obama le hizo, respecto de cuánto tiempo lleva como alcalde de la ciudad, Zalaquett respondió: “le dije que venía de una familia empresarial, le encantó las llaves de la ciudad y el simbolismo”. Cuiuuuc.


EL DISCURSITO

Chócale si somos hermanos, le faltó decir a Piñera. O abalanzarse sobre Obama como Beetlejuice a Alec Baldwin y mutar de ropa. “Los dos somos zurdos, estudiamos en Harvard y somos deportistas”-repitió más de una vez Piñera ante Obama, intentando sentar parecidos entre él y el mandatario gringo.

Luego agregó que “encuentro muy buena moza a la primera dama de Estados Unidos y el Presidente Obama me dijo lo mismo de la primera dama chilena”. Obama sólo escuchaba la traducción y ponía cara de si estaba entendiendo lo que le querían decir.

Esa fue sólo la introducción del cornetero discurso que dio el rey de las piñericosas en la cena de gala ofrecida al gobernante de EE.UU., a la que llegaron todos los rostros de las pantallas de esta eterna transición: Desde Patricio Aywin a Luciano Cruz Coke; desde Fernando Villegas a José Miguel Viñuela, todos esperando por más de hora y media en el patio de Los Naranjos de La Moneda la llegada de Barack. Todos siendo revisados en el mismo palacio de gobierno por detectores de metal y agentes de seguridad de un país extranjero.

“Nuestra admiración por los EE.UU. no proviene sólo de su poderío, sino además de algo mucho más profundo, de su sabiduría y coraje”- fue parte del discurso de Piñera, uno de los que pasará a la antología mundial de los discursos lameculos.

Míster tic apoyó el ataque aéreo emprendido por EE.UU. contra ciudades en Libia, y dio una perorata que incluyó a Thomas Alva Edison y su ampolleta, la radio, a Edgard Allan Poe y mezcló en una ensalada a Washington, Jefferson y Lincoln con Roosevelt y Reagan.

Luego alabó a Internet y Microsoft, los que a su juicio “han creado verdaderos vientos  de libertad que soplan en el mundo entero”. Obama a estas alturas se cruza de brazos.

“Nuestra admiración por los EE.UU. proviene de su profundo amor por la libertad y la democracia, que los ha llevado incluso a luchas más allá de sus fronteras” -agregó Piñera mientras su esposa, Cecilia Morel comenzaba a moverse de manera incómoda.

Cecilia se tomaba las manos, se las llevaba al cogote, se acariciaba sus brillantes aretes, volvía a bajarlas para volvérselas a tomar, se acercaba y alejaba de Michelle Obama, mientras Tatán hacía un segundo de silencio, miraba al infinito como intuyendo un designio divino y proseguía con la perorata. Mencionó a los cementerios de Normandia, donde yacen cadáveres de soldados gringos, para decir que aplaude cualquier intervención de la potencia del norte fuera de su fronteras, diciendo que cualquiera que vaya allá “podrá encontrar la más elocuente evidencia del precio que su país ha pagado por defender la libertad en el mundo entero”.

Cecilia sigue incómoda buscando que alguien la socorra, y su marido continúa diciendo a Obama que “mientras su país tuvo la sabiduría de liderar la revolución industrial, en nuestro continente la ignoramos o la dejamos pasar”.

Los corresponsales extranjeros ya ni se sorpendieron cuando a Piñera se le ocurrió pedir resucitar el Alca, Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, sepultado en Mar del Plata en 2006, por la mayoría de los países de la región. A juicio del presidente de los tics se debe  “recuperar el tiempo perdido y retomar la iniciativa de  crear un área de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego”. Obama dio un suspiro y siguió sin entender.

Luego el mandatario se refiere a la alocución dada en la tarde por Obama. Dice que “en su inspirador discurso para América Latina hemos comprobado que estamos viviendo una nueva era y una nueva relación”. Obama pone cara de pregunta sobre a qué nueva relación se refiere, ya que el mismo sabe -y casi todos los analistas- que no vino a ofrecer nada nuevo.  Con cara de duda observa a Cecilia y se saca un pañuelo del bolsillo y se lo pasa.

Faltaba, eso sí, la frase para la antología de piñericosas: “vemos en EE.UU. un país no sólo poderoso y amante de la paz”. Obama miró para otro lado.

Al otro lado del mundo sus aviones siguen bombardeando Libia.


LOS ARRIBISTAS

Carlos Ossa, investigador en comunicación de la Universidad de Chile, comenta que  el patético discurso “no requiere una reflexión mayor en un país donde sus medios de comunicación y su  clase política han retornado a un provincianismo globalizado. Los nuevos ricos chilenos ven a EEUU como el tío rico cuando va a ver al sobrino”.

Armando Uribe, poeta y ex diplomático, cuenta que “con esta visita de 21 horas se han pronunciado una serie de pateros. Históricamente en Chile no se ha admitido que vengan personas por unas pocas horas. Eso ha sido considerado más una insolencia que otra cosa. Así ocurrió en 1969 cuando Nelson Rockefeller, vicepresidente de USA mandado por Nixon, visitó cada uno de los países de América Latina por un día o dos. En la oportunidad Frei Montalva le mandó a decir que no querían que visitara el país en esas condiciones. Hace más de 40 años éramos mas decentes de lo que somos hoy”.

Ossa agrega que el comportamiento de la elite política empresarial chilena ante los gringos es “una reproducción de ese arribismo social que ha caracterizado tanto a nuestra sociedad. Todo el esfuerzo de la Concertación por tratar de fingir una sociedad de iguales (lo que era falso) se desarma ante estas prácticas. Ahora la derecha tiene la oportunidad de recibir el saludo del hombre más poderosos del mundo y sale a relucir esa mala costumbre de vestirse con el ropaje del visitante”.

Uribe también destaca que Obama “los hizo esperar una hora y media en la cena de La Moneda para aplaudir un  mensaje al continente que fueron puras vanalidades”.  “Chile fue un país serio hasta el golpe de Estado. Hoy es una caverna de pateros entregados” -agrega el poeta diplomático.

“El comportamiento de la derecha en el poder es el arribismo político con celulares. Es una sociedad de clases disfraza de moderna a partir de esta vestimenta técnica que permite acrecentar esta construcción de individuo” -reflexiona Ossa.

“La idea es homologarme y confundirme con la identidad del poderoso. Joaquín Edwards Bello lo definió muy bien cuando describe al siútico. Ahora son los siúticos globalizados” -recalca el académico.

Uribe no se sorprendió con el discurso de Piñera, de quien ya había leído uno publicado en El Mercurio hace unos meses. A juicio del Premio Nacional de Literatura, Piñera demuestra ser “un débil mental.  Intelectualmente es un mediocre total. Si la excelencia de la mediocridad era la señora Bachelet, este es un mediocre sin excelencia”.

 

Por M.B.R.

El Ciudadano

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