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El polvorín

Científicos, Religión, Prensa y Marketing

6 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

 

A L. Rivas Lado, en un articulo publicado el año 2001 (revista Ágora), nos recordaba un fragmento archiconocido en la historia  de la ciencia. “Laplace, ante la pregunta de Napoleón de porqué en su “Mecánica Celeste” no aparece el nombre de Dios: “Sire, je r’avais pas besoin de cette hypothèse”. Es decir en ciencia la causación divina es incuestionablemente “una hipótesis innecesaria”. El revuelo montado por los últimos comentarios vertidos en su nuevo libro por  Stephen Hawking, resulta estúpido y contraproducente. Debemos recordar que una cuestión es la ciencia, otra epistemología, otra la ontología y otra la teología (buscar en la RAE). Por tanto, si las dos primeras se encuentran relacionadas entre si, como también lo están la tercera y la cuarta”, generar controversias entre ambos planos del acervo cultural humano, actualmente inconmensurables, deviene en mezclar churras y merinas, como defienden ciertas autoridades eclesiásticas. De aquí que encabezar un post apelando a frases de la siguiente güisa: “Existencia de Dios en entredicho” se me antoja contraproducente para los intereses de la ciencia. !Tirar piedras contra tu propio tejado!. Y como esta vez sí, acertadamente apunta JAL en su blog: Su nuevo libro “The Grand Design” (El Gran Diseño, en cristiano, nunca mejor dicho), escrito junto al físico Leonard Mlodinow, y que saldrá al público en breve, no ha podido tener mejor pre-estreno que las polémicas declaraciones de los autores sobre la plausible NO existencia de Dios. Esto es publicidad gratuita y lo demás son tonterías…” Sin embargo, debemos discrepar de JAL en que  Stephen Hawking ha cambiado de opinión. Del mismo modo no existe novedad alguna en las opiniones recientes de este físico, por cuanto son tan antiguas como la propia ciencia contemporánea (hablamos de Pierre Simon Laplace). Levantar polémicas de esta catadura, como estrategia de marketing, justamente días antes de que el máximo exponente de la Iglesia Católica viaje a Londres, parece a todas luces inoportuno. La prensa ha aportado su granito de arena con vistas a vender más ejemplares, generándose así un nuevo episodio de conflicto entre Iglesia y “ciertos sectores científicos” que, lo quieran o no, se desacreditan así mismos, a la hora de quejarse de los comportamientos “anticientíficos” de los representantes y creyentes de casi todas las religiones.

 

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Una Imagen del Cosmos desde el Telescopio Hubble

 

 Vaya por delante que soy agnóstico (se me invitó “literalmente” a abandonar el seno de la Iglesia Católica por defender la interrupción del embarazo y el divorcio a mis 17 años, es decir allá por 1972), así como que detesto todos los fundamentalismos religiosos. Ahora bien: “no se puede ser más papista que el Papa”, ya que “el que siembra vientos cosecha tempestades”.

 Y todo apunta que han sido justamente los responsables del marketing del nuevo libro, y la propia prensa los que han puesto tanto la mecha como el detonante, al que se han unido a la postre, con regocijo, ciertos científicos.

 Desde que el hombre es hombre, ya sea por necesidad, angustia, o a saber….., todos los pueblos han erigido sus propias religiones y deidades. Mutatis mutandis, todo apunta a que se trata de una irrefrenable propensión inherente a la condición humana. Discrepe uno o no, “las creencias son creencias” y la ciencia es ciencia”. No son miscibles. Se trata de dos planos claramente diferenciados e inconexos del acervo cultural humano. Por lo tanto, estas guerras de guerrillas, no propician una cohabitación relativamente pacífica (siempre habrá disensiones), que resulta beneficiosa para la propia actividad investigadora. Y como se trata de dos aspectos que no se relacionan entre si por nexo lógico alguno, deviene ridículo que los muchos científicos entren al saco. Habría que recordar que muchos investigadores profesan su propia fe en alguna religión y están en todo su derecho. Por lo tanto, este tipo de altercados, les puede situar en posiciones muy incómodas en muchas culturas (incluso en la nuestra).

                        hawking

               Stephen Hawking y Leonard Mlodinow coautores de "El Gran Diseño"

 La ciencia se construye día a día, y por definición consiste en construir y corroborar teorías, que en su día serán refutadas y reemplazadas por otras con mayor poder predictivo. Por lo tanto, en términos generales, las verdades científicas son efímeras, ya que de no ser así su propia esencia se desvanecería, para convertirse en un nuevo tipo de religión (y algunos parecen haberse puesto tal meta). Por su parte, las creencias, colectivas o individuales, no son demostrables ni indemostrables, sino actos de fe. Para las religiones sus creencias son inmutables. Empero como hablamos de cosas distintas, jamás deberían mezclarse.

 Es comprensible que ciertos científicos ateos o agnósticos, se encuentren crispados cuando, desde muchas religiones, se les criminaliza al entender sus seguidores que la investigación viola la voluntad de sus dioses (caso del uso de embriones humanos en biomedicina). Se trata de un tipo de debates agrios que, por su esencia resultan difíciles de soslayar. Empero si los investigadores hacen gala de su cacareado “espíritu” objetivo, deberían dar lecciones de tolerancia, no atizar la hoguera, es decir vestirse de fundamentalistas.

 Ya que la religiosidad es inherente a la esencia humana (recordemos por ejemplo que aproximadamente el 50% de los senadores de USA se han declarado creacionistas) y difícilmente cambiarán las cosas (al menos a medio y largo plazo), enfurecer a personas en cuyos destinos recala o recalará (según países) la financiación científica, me parece una actitud poco inteligente. Del mismo modo, tan solo una pequeña parte de la población mundial entiende en que consiste la indagación científica, mientras que la inmensa mayoría profesan algún tipo de fe. Hablamos pues de mayorías y de minorías. ¿Nos entendemos? Que cada uno extraiga sus  propias conclusiones.

 Cuando Stephen Hawking intentó predecir el futuro de la física patinó estrepitosamente (la física tal cual la conocemos desaparecerá en el año 2000 tras explicar, todo lo explicable). Me reí mucho ya al leer sus devaneos como Nostradamus. Y esto a pesar de que los investigadores brillantes deben ser escuchados seriamente cuando hablan de sus respectivas disciplinas. Ahora bien, cuando se les interpela sobre otros aspectos de la cultura humana debe entenderse que sus posiciones no tienen la menor relevancia en la mayoría de los casos, por cuanto nos equivocamos con harta frecuencia. Y ahora, nuestro querido Stephen, también anda preocupado porque teme una actitud hostil de los posibles extraterrestres que “quizás algún día” aterricen por estos lares, tema que por su calado, no me permitirá dormir esta noche. Luego apunta que el futuro de la humanidad se encuentra en el espacio. No lo dudo, o quizás sí, ya que mucho tienen que correr ciencia y tecnología con vistas a permitirnos emigrar a “otros posibles y accesibles mundos felices” antes de que terminemos por devastar el nuestro. 

 Me resulta paradójico que a una persona como yo, que no lee la Biblia desde que era niño, le venga a la mente en estos momentos un pasaje de las “Nuevas Escrituras”. Me refiero de ese que señala que  Jesucristo alegó en una situación “relativamente equiparable”: “dar al Cesar lo que es del Cesar (léase aquí la ciencia) y a Dios lo que es de Dios” (crea o no usted en él, dado que la ciencia no tiene absolutamente nada que decir al respecto).

 Pero lo más lamentable de todos estos sucesos deriva de que por vender más libros y algunos ejemplares más de periódicos, la sociedad se encuentre ante otra nueva polémica de esta caladura. Recordemos que los “Textos Sagrados” pueden ser interpretados de múltiples formas. No son las religiones en su mismas el núcleo de las pasadas y actuales fricciones, sino como dictan que deben ser entendidas, según la opinión de sus “legisladores”. No es necesario ofrecer ejemplos ¿verdad? Quien ostenta el poder impone la ley. ¡cuidado!.

 Dudo que el nuevo libro de Stephen Hawking sea el problema. Más aun, se encuentra con todo el derecho de escribir sus ideas y “creencias”. Ahora bien, todo dependerá de que trate a unas y a otras por igual, o que separe debidamente las “actuales verdades científicas” de sus creencias personales. Ya dio fe en su anterior monografía de que su “bola de cristal” no le funcionó ni en su propia especialidad (como nos ocurriría al 99,99% de los investigadores). 

 No es la primera vez que la comunidad científica (y en espacial algunos cosmólogos) se desliza indebidamente por caminos escabrosos, como tratamos en nuestro post: “Ciencia, Religión y Filosofía: Evolución, Creacionismo, Teoría del Diseño Inteligente y las Elucubraciones de Científicos y Filósofos”. Debiéramos evitar este tipo totalmente innecesario de fricciones entre poderes que, si no logran cohabitar, pueden hacernos desembocar en un futuro muy sombrío para toda la humanidad, totalmente distinto del que el inefable Stephen tiene en mente (ver noticias que abajo reproducimos).   

 


Publicado por Juan José Ibáñez el 4 Septiembre, 2010

Juan José Ibáñez Dr. en Ciencias Biológicas y Científico Titular del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CSIC-Universidad de Valencia). Ha representado durante muchos años a España en el Buro Europeo de Suelos y la Agencia Europea de Medio Ambiente. También colabora asiduamente con la FAO en materia de suelos. Sus campos de especialización son la ecología del paisaje, edafodiversidad y la aplicación de ciencias de la complejidad a la edafología. Ahora también la divulgación científica.

 

Un Universo invisible bajo nuestros pies www.madrimasd.org/blogs/universo/ -

  

Hasta los extraterrestres se lamentan del revuelo montado, a ellos también les resulta estúpido y contraproducente. Una cuestión es la ciencia, otra epistemología, otra la ontología y otra la teología

 

  

Dios no creó el Universo, afirma Stephen Hawking

 El científico británico explica en un libro que el Big Bang es una consecuencia inevitable de las leyes de la física

Diario ABC: REUTERS – Londres – 02/09/2010

 El científico británico Stephen Hawking afirma en su nuevo libro, The Grand Design (El Magnífico Diseño), que el Big Bang fue una consecuencia inevitable de las leyes de la física, que Dios no creó el Universo y que las teorías científicas más actuales convierten en redundante la figura de un creador. El libro, del que el periódico británico The Times adelanta hoy algunos extractos, señala: “Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo crearse a sí mismo -y de hecho lo hizo- de la nada. La creación espontánea es la razón de que exista algo, de que exista el Universo, de que nosotros existamos”. Por tanto, añade, “no es necesario invocar a Dios” para que haya cosmos.

 Stephen Hawking: ‘La ciencia no deja mucho espacio ni para milagros ni para Dios’

Hawking afirma que los extraterrestres pueden ser hostiles

 Stephen William Hawking: Nacimiento: 08-01-1942; Lugar: Oxford

La noticia en otros webs: webs en español; en otros idiomas

 En su obra más popular, A Brief History of Time (Una Breve Historia del Tiempo), un texto de divulgación sobre el Universo y su evolución, Hawking, físico teórico reconocido internacionalmente por sus aportaciones en cuestiones de cosmología, agujeros negros y gravitación cuántica, sugería que “si llegamos a descubrir una teoría completa, sería el triunfo definitivo de la razón humana porque entonces conoceríamos la mente de Dios“. Ahora sostiene que, del mismo modo que el darwinismo eliminó la necesidad de un creador en el campo de la biología, las nuevas teorías de la física hacen redundante el papel de un creador del Universo. El último libro, escrito junto al físico estadounidense Leonard Mlodinow, saldrá a la venta el próximo 9 de septiembre, una semana antes de la visita del Papa a Reino Unido.

 Los argumentos actuales de Hawking sugieren que ha roto con su visión anterior acerca de la religión, cuando sostenía que las leyes de la física significaban que sencillamente no era necesario creer que Dios hubiera intervenido en el Big Bang. Ahora destaca, por ejemplo, que el descubrimiento del primer planeta extrasolar, en 1992, ayudó a desmontar la visión de Isaac Newton de que el Universo no pudo surgir del caos sino que fue creado por Dios. Ese hallazgo “hace que las precisas condiciones de nuestro sistema planetario -el Sol único, la afortunada combinación de la distancia Sol-Tierra y la masa solar- sean mucho menos llamativas y en absoluto evidencias convincentes de que la Tierra fuera cuidadosamente diseñada para satisfacer a los seres humanos“, escriben Hawking y su colega en el nuevo libro.

 El físico británico ha cumplido 68 años y padece desde hace décadas una gravísima enfermedad neurológica, esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que paralizó su cuerpo casi por completo. Debido a una traqueotomía de urgencia que se le practicó hace unos años, perdió la capacidad de hablar y se expresa con enorme dificultad a través de un ordenador que maneja con sus ojos y un sintetizador de voz artificial.

 Hawking ocupó, desde 1979 y hasta su reciente jubilación, la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge, que había sido de su histórico colega Isaac Newton.

Hawking, en el centro de la polémica

 Personaje: Stephen William Hawking

Stephen Hawking: ‘La ciencia no deja mucho espacio ni para milagros ni para Dios’

Hawking afirma que los extraterrestres pueden ser hostiles

 

Su último libro vuelve a abrir la heridas de la vieja disputa entre Ciencia y Religión

JOSE MANUEL NIEVES / MADRID; Día 03/09/2010 – 09.38h

 El último libro de Stephen Hawking «The grand design», cuyo avance se ha publicado estos días en The Times, parece haber reabierto las nunca del todo bien cicatrizadas heridas de la vieja disputa entre Ciencia y Religión. La pregunta fundamental sigue siendo la misma: ¿Es Dios necesario para explicar el mundo en que vivimos? Las respuestas, sin embargo, según el punto de vista desde el que se aborden, pueden ser, y son, completamente diferentes.

 Para Hawking, sencillamente, Dios no tiene lugar alguno en las actuales teorías científicas sobre la creación del universo. Los avances conseguidos en Física, dice el científico, bastan para explicar, por sí mismos, el origen y la naturaleza de nuestro universo, sin necesidad de recurrir a ninguna clase de intervención divina.

 Y no es que el físico británico niegue la existencia de Dios, cosa que no ha hecho nunca directamente, sino que se limita a afirmar que su intervención no es necesaria para explicar la existencia del mundo y de todo cuanto le rodea. Una idea que puede parecer, pero que no es, contradictoria. Por lo menos desde el punto de vista científico.

 Pero veamos. ¿Está la mano de Dios detrás de cada fenómeno natural, manejando los hilos a su antojo en cada momento? Decir que sí equivale a afirmar que es Dios en persona quien decide si va a llover o no, si habrá un huracán o si, por ejemplo, un volcán va a entrar o no en erupción.

 Afortunadamente, los tiempos en que la mano divina se buscaba detrás de cada rayo, nube, sequía o terremoto quedan ya muy lejos. La Ciencia, paso a paso, ha ido explicando cómo y por qué se producen los distintos fenómenos naturales, sean o no beneficiosos para el hombre, desvelando las leyes que subyacen en cada caso para producir los efectos que observamos.

 Dios no aparece en ninguna teoría

Pero la Ciencia, hoy, no se limita a eso. Muy al contrario, los avances del último siglo la han llevado hasta la mismísima frontera del conocimiento y la comprensión humanas, desde lo más grande a lo más pequeño. La Física por un lado y la Cosmología por otro han llegado tan lejos que están al borde mismo de explicar cómo surgió y se desarrolló el universo en que vivimos. Y resulta que Dios, en esas teorías, no aparece por ninguna parte.

 Ese es precisamente el terreno en que se mueve Stephen Hawking, uno de los físicos teóricos más brillantes de nuestro tiempo. Hace casi tres décadas, Hawking en persona creía (y así lo declaró a este periodista en una entrevista publicada en ABC), que para el año 2000 la Física dejaría de existir como Ciencia, ya que no le quedaría nada por explicar.

 Hoy, en 2010, el físico ha cambiado de opinión al respecto y reconoce que, al final, es posible que no exista una teoría del todo, un cuerpo teórico unificado que sirva, por si solo, para dar cuenta de todos los fenómenos de la Naturaleza. A medida que el conocimiento avanza, esa «teoría total» ha dejado de ser tan necesaria como se pensaba en los años 80. De hecho, opina Hawking en su nuevo libro, es perfectamente posible explicarlo todo sin necesidad de ese cuerpo teórico global.

 La Ciencia ha arrinconado a Dios

Pero, ¿Y Dios? ¿Cómo encaja exactamente la figura de un Creador en un Universo que parece explicarse a sí mismo en virtud de una serie de leyes inmutables? A lo largo de la Historia, y a base de conocimientos cada vez más abundantes y precisos, la figura de un Dios que está detrás de todas las cosas ha ido cediendo terreno. La Ciencia, opina Hawking, ha ido «arrinconando» a Dios, encontrando una explicación concreta para cada uno de los fenómenos naturales que nos rodean, desde el nacimiento de una estrella a la formación de una tormenta.

 Una línea de razonamiento que mantiene desde siempre y que es, precisamente, la que le ha llevado a concluir que no se necesita la intervención de Dios para explicar la existencia y el devenir del universo que concemos.

 Es importante subrayar, en contra de lo publicado estos días por numerosos medios de comunicación, que el físico británico no ha tenido nunca otra opinión diferente a ésta. Cuando Hawking escribió, como colofón a su «Breve historia del tiempo» que «si descubrimos una teoría del todo comprenderemos la mente de Dios» se refería a Él como a una metáfora, y no de forma literal. Corría el año 1988 y por aquél entonces la búsqueda de la teoría del todo estaba en pleno apogeo.

 También Einstein, que no era precisamente religioso, recurrió al Creador en la célebre frase de «Dios no juega a los dados», pero lo hizo para rebelarse contra el caos que la entonces incipiente Física cuántica inyectaba en un universo que hasta ese momento se creía perfectamente ordenado y previsible.

 Las ideas de Stephen Hawking a este respecto, pues, no han cambiado en absoluto. De hecho, en aquella misma entrevista publicada en ABC hace más de veinte años, el científico ya decía que la figura de un Creador no se necesita para explicar el universo en que vivimos. Para eso ya bastan las leyes de la Física.

 Siempre podemos pensar, decía (y sigue diciendo) Hawking, que Dios podría ser el autor de esas mismas leyes que hicieron posible todo lo demás, pero entonces estaríamos hablando de un Dios muy lejano y apartado del hombre, que se limitó a escribir las reglas básicas a partir de las cuales surgió y pudo desarrollarse todo lo que existe. Si lo pensamos bien, eso equivale a decir que, desde que nació el universo, hace 13.700 millones de años, Dios no ha vuelto a tener ninguna intervención en su devenir, ya que todo lo que sucedió después del Big Bang se puede explicar en virtud de esas mismas leyes creadas por Él.

 No es cierto, pues, que Stephen Hawking haya cambiado de idea con respecto a la existencia de Dios. Sigue pensando y diciendo las mismas cosas que decía y pensaba hace varias décadas. Sí que es cierto, sin embargo, que hace ya diez años largos que el físico británico publicó su último best seller, del que por cierto consiguió vender más de seis millones de copias en todo el mundo.

 En los últimos meses, la figura de Stephen Hawking ha aparecido varias veces en los medios de todo el planeta por sus declaraciones, en un caso, sobre la peligrosidad de un eventual encuentro con una hipotética inteligencia extraterrestre; y por su convicción, en otro, de que la única posibilidad de supervivencia del hombre es abandonar nuestro planeta, moribundo, y salir a conquistar las estrellas.

 Parecería, pues, que de alguna forma, y a punto de salir su nuevo libro, resulta muy conveniente que la figura de Stephen Hawking rellene periódicamente las páginas de los periódicos del mundo. ¿Por qué si no se iba a generar justo ahora una polémica sobre unas ideas que no han cambiado un ápice en las últimas dos décadas?

 En resumen: Hawking, que se mueve en las fronteras mismas del conocimiento, es y ha sido hasta ahora perfectamente coherente con sus ideas y sus convicciones. Y sus opiniones sobre la necesidad o no de un Creador para explicar la realidad en que vivimos no han cambiado en absoluto. Por eso, jugar ahora con un supuesto «cambio de actitud» del científico con respecto de lo religioso con la intención de generar ruido y publicidad para su nuevo libro supone un flaco favor para la Ciencia y también para el propio Hawking, que a pesar de sus numerosas apariciones públicas y su sentido del humor dista mucho de ser un simple fenómeno mediático.

 Se trata, no lo olvidemos, de uno de los científicos más brillantes y prolijos de los últimos cien años, y sus trabajos han contribuido enormemente a nuestra comprensión profunda del universo en el que nos ha tocado vivir. Sus aportaciones han creado escuela y algunas de ellas ocupan por derecho propio un lugar destacado entre las mejores páginas de la historia de la Ciencia.

 Esa es la imagen de Stephen Hawking que debe perdurar y servir de ejemplo a las futuras generaciones de científicos y de amantes del conocimiento. Y no la de un personaje superficial siempre en busca de la polémica y cuyas convicciones más profundas están al albur de los intereses materiales de cada momento.

 

Los líderes religiosos critican a Hawking

 La Vanguaria 4 de septiembre de 2006 Niegan la exclusión de Dios en el origen del cosmos

 RAFAEL RAMOS - Londres. Corresponsal  - 04/09/2010

 ”A la Biblia no le interesan los detalles técnicos de cómo se creó el universo”, dice el rabino Sacks

 Las fuerzas de la razón y de la fe son con frecuencia dos trenes que viajan en dirección contraria, y han vuelto inevitablemente a chocar tras la publicación de un adelanto del próximo libro del reconocido científico inglés Stephen Hawking en el que afirma que la creación del universo no tiene nada que ver con Dios, sino tan sólo con el big bang y la teoría de la gravedad. Líderes religiosos anglicanos, católicos, musulmanes y judíos han unido fuerzas para criticar a Hawking, cuya negación del papel divino en el origen del mundo hace más daño todavía por tratarse de una revisión de su anterior posición, formulada en Una breve historia del mundo, que consideraba compatibles la visión religiosa y científica. “Creer en Dios no consiste en cómo taponar un agujero y explicar cómo unas cosas se relacionan con otras en el universo, sino que es la creencia de que hay un agente inteligente y vivo de cuya actividad depende en última instancia todo lo que existe”, ha declarado el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, al diario The Times….

 

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