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El polvorín

Colombia: En el país de las fosas

21 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Compañer@s:

Remito EDITORIAL de El Tiempo sobre el tema de Fosas en Colombia, el cual tiene toda la actualidad del caso frente a la desproporcionada e injustificada reacción de protesta de lo dicho por la Senadora Piedad Córdoba en el Parlamento Europeo. Adjunto mapa de la FISCALIA e Informe completo de Naciones Unidas sobre el particular que hace observaciones sobre irregularidades en levantamientos y toca tema de fosas.

RICARDO MONTENEGRO-VASQUEZ
Asistente Sen. Piedad Córdoba

eltiempo.com/archivo 21 de noviembre de 2006

En el país de las fosas

 

La noticia, publicada ayer por este diario, de que cada cuatro días es descubierta una fosa común con víctimas de los paramilitares debería generar conciencia en torno a ciertos procesos que empiezan a ocurrir en el país, que no son propios de la guerra sino de la posguerra.

No hace mucho, lo que ocupaba las primeras planas eran las noticias de las masacres que asolaban el campo con siniestra regularidad, como las de Macayepo, El Salado, Chengue, El Naya y docenas de veredas más. Entre el 2000 y el 2002 sus víctimas se contaron por centenares. La guerrilla cometió algunas, pero esa forma horrenda de matar –hasta con garrote, piedra y machete– se convirtió en el sello distintivo de los paramilitares.

Ahora son otras las noticias que aparecen. Este año, la Fiscalía ha encontrado 80 fosas comunes con los cadáveres de casi 200 personas. Se trata de la punta del témpano de lo que se calcula son unos 3.000 desaparecidos, que habrían sido asesinados por los paramilitares en todo el país (hay quienes creen que pueden ser muchos más). Sucre, escenario hoy de uno de los peores escándalos de la ‘para-política’, es, lamentablemente, también el epicentro de los hallazgos de estas fosas. Hay muchas más regadas a lo largo y ancho del país.

La diferencia entre el hecho de que lo dominante sean las masacres o el hallazgo de fosas comunes y la identificación de las víctimas es la misma que hay entre el conflicto y el posconflicto. La situación colombiana, ciertamente, es compleja. Con un lado del espectro (las Auc) desmovilizado y el otro (las Farc y el Eln) en plena guerra o en diálogos aún incipientes, difícilmente podría hablarse con propiedad de ‘posconflicto’. Pero no deja de ser toda una novedad que el país empiece a verse ante la necesidad de responder a hechos que son propios, no de la guerra, como las masacres, sino del después de la guerra, como la ubicación e identificación de fosas y desaparecidos.

Y que se trate de hechos propios del posconflicto, así sigamos, a la vez, en conflicto, tiene consecuencias importantes.

En primer lugar, para los familiares de las víctimas. Si algo impide hacer el duelo a los seres queridos de alguien que desapareció es la incertidumbre sobre su suerte. Cuando los restos aparecen, el dolor es inmenso, pero es como mejor se puede comenzar a ir cerrando capítulos. Esto puede tener profundas implicaciones en materia de reparación, perdón y reconciliación.

En segundo lugar, el primer elemento de la reparación a la que están obligados los paramilitares, desde el jefe máximo hasta el último de los rasos, es aliviar la pena de esos familiares señalando dónde están todos los desaparecidos.

El país, y en especial la Fiscalía, debe tomar conciencia sobre lo que se le viene encima. Hay centenares de fosas y varios miles de restos por ubicar e identificar. Además de los niveles de duelo que esto puede representar –recuérdense las escenas en San Onofre el pasado 7 de septiembre, cuando el Fiscal entregó los restos de 13 desaparecidos a sus familiares–, está planteado un inmenso desafío criminalístico. A este paso, la unidad de derechos humanos de la Fiscalía, los técnicos del CTI y los laboratorios de ADN pronto se verán desbordados, por lo que es necesario prever el entrenamiento e incorporación de más personal para estar a la altura de una tarea que no aguanta esperas.

Pese a las críticas justificadas, hay que reconocer que el hallazgo de docenas de fosas tiene que ver con la desmovilización de los paramilitares.

No solo hay miembros de las Auc señalando su ubicación, sino víctimas que han perdido el miedo y proceden a denunciar. Otros tantos síntomas típicos del posconflicto.

Síntomas positivos, sin duda. Porque encontrar las fosas comunes y los restos de los desaparecidos de este y de cualquier conflicto armado es parte esencial del proceso de establecimiento de la verdad y la reparación de las víctimas. No devolver los muertos a sus familias hará imposible restañar las heridas y buscar caminos de reconciliación en la sociedad.

Es positivo que el país empiece a ver hechos que no son propios del conflicto, como las masacres, sino del posconflicto, como ubicar e identificar a sus desaparecidos.

En ADJUNTO: Mapa de la Fiscalia General de la Nación sobre levantamiento y hallazgos de cadáveres NN en fosas e informe de Naciones Unidas.
Fosas-20mapa-de-colombia.jpg


Enviado por
RICARDO MONTENEGRO-VASQUEZ
Asistente Sen. Piedad Córdoba

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