Overblog
Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
El polvorín

“Comemos lo que nos dicen las grandes empresas agroalimentarias” / “Mengem el que volen les grans empreses agroalimentàries”

2 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Entrevista a Esther Vivas, coautora del libro “Del Campo al Plato” (Ed. Icaria, 2009)

 
 

Comprar en una gran superficie un kilogramo de azúcar, un litro de leche o un paquete de galletas puede parecer un acto de lo más cotidiano. Pero bajo esta apariencia inocua subyace la relevancia política de nuestras acciones, incluso las más inocentes.

Esther Vivas, activista social, por la soberanía alimentaria y militante del movimiento antiglobalización, alerta sobre la primacía del capital privado a la hora de imponer gustos, marcas y productos. Junto a Xavier Montagut ha publicado los libros “Del Campo al Plato”, “¿Adónde va el comercio justo?” y “Supermercados, no gracias”.

Eres coautora del libro “Del Campo al Plato” (Ed. Icaria, 2009). ¿Opinas que nos están envenenando?

El modelo de producción de alimentos antepone intereses privados y empresariales a las necesidades alimentarias de las personas, a su salud y al respeto al medio ambiente. Comemos lo que las grandes empresas del sector quieren. Hoy hay el mismo número de personas en el mundo que pasan hambre que personas con problemas de sobrepeso, afectando, en ambos casos, a los sectores más pobres de la población tanto en los países del norte como del sur. Los problemas agrícolas y alimentarios son globales y son el resultado de convertir los alimentos en una mercancía.

925 millones de personas en el mundo padecen hambre. ¿Constituye ello una prueba del fracaso del capitalismo agroindustrial?

Sí. La agricultura industrial, kilométrica, intensiva y petrodependiente se ha demostrado incapaz de alimentar a la población, a la vez que ha tenido un fuerte impacto medioambiental reduciendo la agrodiversidad, generando cambio climático y destruyendo tierras fértiles. Para acabar con el hambre en el mundo no se trata de producir más, como afirman los gobiernos y las instituciones internacionales. Por el contrario, hace falta democratizar los procesos productivos y propiciar que los alimentos estén disponibles para el conjunto de la población.

Las empresas multinacionales, la ONU y el FMI proponen una nueva “revolución verde”, alimentos transgénicos y libre comercio. ¿Qué alternativa puede plantearse desde los movimientos sociales?

Hace falta recuperar el control social de la agricultura y la alimentación. No puede ser que unas pocas multinacionales, que monopolizan cada uno de los tramos de la cadena agroalimentaria, acaben decidiendo lo que comemos. La tierra, el agua y las semillas han de estar en manos de los campesinos, de aquéllos que trabajan la tierra. Estos bienes naturales no han de servir para hacer negocio, para especular. Los consumidores hemos de poder decidir qué comemos, si queremos consumir productos libres de transgénicos. En definitiva, hay que apostar por la soberanía alimentaria.

¿Podrías definir el concepto de “soberanía alimentaria”?

Consiste en tener la capacidad de decidir sobre todo aquéllo que haga referencia a la producción, distribución y consumo de alimentos. Apostar por el cultivo de variedades autóctonas, de temporada, saludables. Promover los circuitos cortos de comercialización, los mercados locales. Combatir la competencia desleal, los mecanismos de dumping, las ayudas a la exportación. Conseguir este objetivo implica una estrategia de ruptura con las políticas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Pero reivindicar la soberanía alimentaria no implica un retorno romántico al pasado, sino que, por el contrario, se trata de recuperar el conocimiento de las prácticas tradicionales y combinarlas con las nuevas tecnologías y saberes. Asimismo, no consiste en un planteamiento localista sino de promover la producción y el comercio local, en la que el comercio internacional funcione como un complemento del anterior.

Afirma La Vía Campesina que hoy comer se ha convertido en un “acto político”. ¿Estás de acuerdo?

Completamente. Lo que comemos es resultado de la mercantilización del sistema alimentario y de los intereses del agrobusiness. La mercantilización que se está llevando a cabo en la producción agroalimentaria es la misma que afecta a otros muchos ámbitos de nuestra vida: privatización de los servicios públicos, precarización de los derechos laborales, especulación con la vivienda y el territorio. Es necesario anteponer otra lógica y organizarse contra el modelo agroalimentario actual en el marco del combate más general contra el capitalismo global.

¿Estamos en manos de las grandes cadenas de distribución? ¿Qué implica y qué efectos tiene este modelo de consumo?

Hoy, siete empresas en el estado español controlan el 75% de la distribución de los alimentos. Y esta tendencia va a más. De tal manera que el consumidor cada vez tiene menos puertas de acceso a la comida y lo mismo le pasa al productor a la hora de acceder al consumidor. Este monopolio otorga un control total a los supermercados a la hora de decidir sobre nuestra alimentación, el precio que pagamos por lo que comemos y cómo ha sido elaborado.

¿Sirven las soluciones individualistas para romper con estas pautas de consumo?

La acción individual tiene un valor demostrativo y aporta coherencia, pero no genera cambios estructurales. Hace falta una acción política colectiva, organizarnos en el ámbito del consumo, por ejemplo, a partir de grupos y cooperativas de consumo agroecológico; crear alternativas y promover alianzas amplias a partir de la participación en campañas contra la crisis, en defensa del territorio, foros sociales, etcétera.

También es necesario salir a la calle y actuar políticamente, como en su momento se hizo con la campaña de la Iniciativa Legislativa Popular contra los transgénicos impulsada por “Som lo que Sembrem”, porque, como se ha visto en múltiples ocasiones, aquellos que están en las instituciones no representan nuestros intereses sino los privados.

Kyoto, Copenhague, Cancún. ¿Qué balance general puede hacerse sobre las diferentes cumbres acerca del cambio climático?

El balance es muy negativo. En todas estas cumbres han pesado mucho más los intereses privados y el corto plazo que no la voluntad política real para acabar con el cambio climático. No se han tomado acuerdos vinculantes que permitan una reducción efectiva de los gases de efecto invernadero. Al contrario, los criterios mercantiles han sido una vez más la moneda de cambio, y el mecanismo de comercio de emisiones es, en este sentido, el máximo exponente.

En Cancún ha hecho fortuna la idea de “adaptación” al cambio climático. ¿Se esconden detrás los intereses de las compañías multinacionales y de un supuesto “capitalismo verde”?

Así es. En lugar de dar soluciones reales, se opta por falsas soluciones como la energía nuclear, la captación de carbón de la atmósfera para su almacenamiento o los agrocombustibles. Se trata de medidas que lo único que hacen es agudizar aún más la actual crisis social y ecológica y, eso sí, proporcionar cuantiosos beneficios a unas pocas empresas.

El Movimiento por la Justicia Climática trata de ofrecer alternativas. ¿Cómo nace y cuáles son sus principios?

El Movimiento por la Justicia Climática hace una crítica a las causas de fondo del cambio climático, cuestionando el sistema capitalista y, como muy bien dice su lema, trata de “cambiar el sistema, no el clima”. De este modo expresa esta relación difusa que existe entre justicia social y climática, entre crisis social y ecológica.

El movimiento ha tenido un fuerte impacto internacional, sobre todo a raíz de las protestas en la cumbre del clima de Copenhague y, más recientemente, en las movilizaciones de Cancún. Ello ha contribuido a visualizar la urgencia de actuar contra el cambio climático. El reto es ampliar su base social, vincularlo a las luchas cotidianas y buscar alianzas con el sindicalismo alternativo.

¿La solución es cambiar el clima o cambiar el sistema capitalista?

Hace falta un cambio radical de modelo. El capitalismo no puede solucionar una crisis ecológica que el sistema mismo ha creado. La crisis actual plantea la necesidad urgente de cambiar el mundo de base y hacerlo desde una perspectiva anticapitalista y ecologista radical. Anticapitalismo y justicia climática son dos combates que han de ir estrechamente unidos.

*Entrevista realizada por Enric Llopis para Rebelión.

+ info: http://esthervivas.wordpress.com

 

Separador

 

Entrevista a Esther Vivas, coautora del llibre “Del Campo al Plato” (Ed. Icaria, 2009)

Enric Llopis | L’Accent


Comprar en una gran superfície un quilogram de sucre, un litre de llet o un paquet de galetes pot semblar un acte d’allò més quotidià. Però sota aquesta aparença innòcua subjau la rellevància política de les nostres accions, fins i tot les més innocents.

Esther Vivas, activista social, participant activa del moviment antiglobalització, alerta sobre la primacia del capital privat en imposar gustos, marques i productes. Amb Xavier Montagut ha publicat els llibres “Del Campo al Plato”, “¿Adónde va el comercio justo?” i “Supermercados, no gracias”.

Ets autora, amb Xavier Montagut, del llibre “Del campo al plato” (Ed. Icaria, 2009). Opines que ens estan enverinant?

El model de producció d’aliments avantposa interessos privats i empresarials a les necessitats alimentàries de les persones, a la seva salut i al respecte al medi ambient. Mengem allò que les grans empreses del sector volen. Avui hi ha el mateix nombre de persones al món que passen gana que persones amb problemes de sobrepès, afectant, en ambdós casos, als sectors més pobres de la població tant als països del nord com del sud. Els problemes agrícoles i alimentaris són globals i són resultat de convertir el menjar en una mercaderia.

925 milions de persones en el món pateixen fam. És açò una prova del fracàs del capitalisme agroindustrial?

Sí. L’agricultura industrial, quilomètrica, intensiva, petrodependent s’ha demostrat incapaç d’alimentar la població, a la vegada que ha tingut un fort impacte ambiental i redueix l’agrodiversitat, genera el canvi climàtic, i destrueix terres fèrtils. Per acabar amb la fam al món no es tracta de produir més com afirmen els governs i les institucions internacionals, sinó que cal democratitzar els processos productius i fer que els aliments siguin accessibles a tothom.

Les empreses multinacionals, l’ONU i el FMI proposen una nova “revolució verda”, aliments transgènics i lliure comerç. ¿Quina alternativa pot plantejar-se des dels moviments socials?

Cal recuperar el control social de l’agricultura i l’alimentació. No pot ser que unes poques multinacionals, que monopolitzen cada un dels trams de la cadena agroalimentària, acabin decidint allò que mengem. La terra, l’aigua, les llavors han d’estar en mans de la pagesia, d’aquells que treballen la terra. Aquests béns naturals no han de servir per fer negoci, per especular. Els consumidors hem de poder decidir el que mengem, si volem consumir productes lliures de transgènics. En definitiva, cal apostar per la sobirania alimentària.

Podries definir el concepte de “sobirania alimentària”?

Consisteix en tenir la capacitat de decidir sobre tot allò que fa referència a la producció, la distribució i el consum d’aliments. Apostar pel cultiu de varietats autòctones, de temporada, saludables. Promoure els circuits curts de comercialització, els mercats locals. Combatre la competència deslleial, els mecanismes de dumping, les ajudes a l’exportació. Aconseguir aquest objectiu implica una estratègia de ruptura amb les polítiques de l’Organització Mundial del Comerç.

Però reivindicar la sobirania alimentària no implica un retorn romàntic al passat, sinó que es tracta de recuperar el coneixement i les pràctiques tradicionals i combinar-les amb les noves tecnologies i sabers. Així mateix no consisteix en un plantejament localista sinó que es tracta de promoure la producció i el comerç local, sent el comerç internacional un complement al primer.

Afirma La Vía Campesina que avui menjar ha esdevingut un “acte polític”. Hi estàs d’acord?

Completament. Allò que mengem és resultat de la mercantilització del sistema alimentari i dels interessos de l’agrobusiness. La mercantilització que es porta a terme en la producció agroalimentària és la mateixa que afecta a molts d’altres àmbits de la nostra vida: privatització dels serveis públics, precarització dels drets laborals, especulació amb l’habitatge i el territori. Cal avantposar una altra lògica i organitzar-se contra el model agroalimentari actual en el marc del combat més general contra el capitalisme global.

Estem en mans de les grans cadenes de distribució? Què implica i quins efectes té aquest model de consum?

Avui set empreses a l’Estat espanyol controlen el 75% de la distribució dels aliments. I aquesta tendència va a més. De tal manera, que el consumidor cada cop té menys portes d’accés al menjar i el mateix li passa al productor a l’hora d’accedir al consumidor. Aquest monopoli dóna un control total als supermercats en decidir sobre la nostra alimentació, el preu que paguem per allò que mengem i com ha estat elaborat.

Serveixen les solucions individualistes per tal de trencar amb aquestes pautes de consum?

L’acció individual té un valor demostratiu i aporta coherència, però no genera canvis estructurals. Cal una acció política col·lectiva, organitzar-nos en l’àmbit del consum, per exemple, a partir de grups i cooperatives de consum agroecològic, crear alternatives, i promoure aliances àmplies a partir de la participació en campanyes contra la crisi, en defensa del territori, fòrums socials, etc.

Hem de sortir al carrer i actuar políticament, com en el seu moment es va fer amb la campanya de la ILP contra els transgènics impulsada per Som lo que Sembrem, perquè, com s’ha vist en múltiples ocasions, aquells que estan en les institucions no representen els nostres interessos sinó els privats.

Kyoto, Copenhaguen, Cancun, quin balanç general pot fer-se de les diferents cimeres sobre el canvi climàtic?

El balanç és molt negatiu. En totes aquestes cimeres han pesat més els interessos privats i a curt plaç que no pas la voluntat política real per acabar amb el canvi climàtic. No s’han pres acords vinculats que permetin una reducció efectiva dels gasos d’efecte hivernacle. Al contrari, els criteris mercantils han estat un cop més la moneda de canvi i el mecanisme de comerç d’emissions n’és el màxim exponent.

A Cancun ha fet fortuna la idea d’”adaptació” al canvi climàtic. S’amaguen darrere els interessos de les companyies multinacionals i un suposat “capitalisme verd”?

Així és. Enlloc de donar solucions reals s’opta per falses solucions com l’energia nuclear, la captació de carbó de l’atmosfera pel seu emmagatzematge, els agrocombustibles. Es tracta de mesures que l’únic que fan és aguditzar encara més l’actual crisi social i ecològica i, això sí, donar sucosos beneficis a unes poques empreses.

El Moviment per la Justícia Climàtica tracta d’oferir alternatives. Com naix i quins són els seus principis?

El Moviment per la Justícia Climàtica fa una crítica a les causes de fons del canvi climàtic, qüestionant el sistema capitalista, i com molt bé diu el seu lema es tracta de “canviar el sistema, no el clima”, expressant aquesta relació difosa entre justícia social i climàtica, entre crisi social i ecològica.

El moviment ha tingut un fort impacte internacional, sobretot arrel de les protestes en la cimera del clima a Copenhaguen, i més recentment en les mobilitzacions a Cancun, visualitzant l’urgència d’actuar contra el canvi climàtic. El repte és ampliar la seva base social, vincular-lo a les lluites quotidianes i buscar aliances amb el sindicalisme alternatiu.

¿La solució es canviar el clima o canviar el sistema capitalista?

Cal un canvi radical de model. El capitalisme no pot solucionar una crisi ecològica que ell mateix ha creat. La crisi actual planteja la necessitat urgent de canviar el món de base i fer-ho des d’una perspectiva anticapitalista i ecologista radical. Anticapitalisme i justícia climàtica són dos combats que han d’anar estretament units.

*Entrevista publicada a L’Accent, núm. 194.

Compartir este post

Comentar este post