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El polvorín

Conferencia de las Partes en NAGOYA del Convenio de Diversidad Biológica PUDO SER PEOR

5 Noviembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

No ha sido un nuevo Copenhague como se temía y rumoreaba durante toda la conferencia, sino que hay cosas concretas que mostrar.
 
A pesar de sus insistencias, la plenaria no dio la razón a los promotores de los biocombustibles, como Brasil, Colombia y Canadá gracias a una férrea oposición de Filipinas, África (unida en un solo bloque) y Noruega.
 
Se lograron acuerdos favorables, en buena medida gracias a la insistencia de Japón, que no quería que su COP sea recordada como un fracaso igual al de la COP15.
 
Se fijaron objetivos concretos de conservación y se definieron los montos presupuestales para alcanzar estos objetivos
 
Se acordó proteger el 17% de las áreas terrestres y el 10% de marinas
  
Se aprobó un protocolo de Acceso a Recursos Genéticos y Distribución de Beneficios y un nuevo plan estratégico  para los próximos diez años.
 
     
 
 

 

Escribe Juan Luis Dammert / Sociedad Peruana de Derecho Ambiental

A pesar de algunas opiniones divididas, hay cierto consenso respecto a que Nagoya fue, en líneas generales, una Conferencia de las Partes (COP) del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) positiva, en tanto se aprobó un protocolo de Acceso a Recursos Genéticos y Distribución de Beneficios (ABS) y un nuevo plan estratégico  para los próximos diez años. Además, se fijaron objetivos concretos de conservación y se definieron los montos presupuestales para alcanzar estos objetivos. No ha sido un nuevo Copenhague como se temía y rumoreaba durante toda la conferencia, sino que hay cosas concretas que mostrar.

¿Pudo ser mejor? Claro que sí. Pero sobre todo: pudo ser peor. Estuvimos muy cerca de que los principales acuerdos no sean adoptados, y que efectivamente, estuviéramos ante un nuevo Copenhague.  La tarde del viernes 29 de octubre, no había consenso sobre los temas centrales: ABS, plan estratégico, objetivos de conservación y presupuesto. La sesión terminó recién a las 2 y 30 de la madrugada del sábado, con los acuerdos favorables que conocemos, en buena medida gracias a la insistencia de Japón, que no quería que su COP sea recordada como un fracaso. La mañana siguiente, el aeropuerto de Nagoya lucía lleno de negociadores que habían pasado la noche discutiendo aspectos cruciales de la conservación a escala global. Fue un final de fotografía.

                  

Fotos: Juan Luis Dammert / SPDA

Es preciso destacar el alto profesionalismo de delegaciones como las de la Unión Europea, Canadá, Noruega, Australia y Brasil (recordemos que Estados Unidos no ha ratificado el CDB). El caso de Brasil fue impresionante: negociadores diferenciados de acuerdo a temas, que conocían a la perfección los textos a negociar y sus implicancias, y lo que es más importante, tenían claros sus objetivos y las estrategias para alcanzarlos. En el caso del Perú, si bien no había una delegación numerosa, se veía claridad y firmeza en el rol de defensa de los intereses de un país megadiverso. Había, por otra parte, países que más parecían observadores que negociadores.

Video: ¿Qué nos jugamos en Nagoya? 

En la medida en que los acuerdos no se adoptan por votación sino por consenso, las negociaciones más polémicas fueron lentas y tediosas, y en ellas salió a relucir el profesionalismo de las delegaciones. En el caso de los biocombustibles, por ejemplo, la plenaria no pudo llegar a un acuerdo y mandó la discusión a comisión o contact group. Brasil lideraba la posición a favor de los biocombustibles, y en alianza con Colombia y Canadá –quienes co-presidían la comisión-, consiguió debilitar el documento sustantivamente. Luego de sesiones interminables, llenas de presiones brasileñas y de una resistencia conformada por Filipinas, África (unida en un solo bloque para este tema) y Noruega, los aspectos más polémicos quedaron en corchetes para ser discutidos en la sesión plenaria. Entre estos tenemos el reconocimiento de los impactos de los biocombustibles en la tenencia de la tierra y los derechos al agua, el uso de biología sintética para su producción, y desacuerdos respecto al título del documento.

A pesar de sus insistencias, la plenaria no dio la razón a los promotores de los biocombustibles, en ninguno de los puntos en corchetes, sino que optó por mantener la cautela respecto a estos. Sin embargo, el texto original había sido debilitado al punto de que los biocombustibles eran oficialmente promovidos (en un lenguaje de potenciar sus impactos positivos y minimizar los negativos) y el enfoque precautorio se había relegado tan solo al preámbulo del documento.

Esta ha sido la tendencia general en las negociaciones del CDB. Sistemáticamente, durante días, las decisiones se han debilitado para que al final, en plenaria, se presenten como grandes concesiones aspectos que en realidad deberían ser los mínimos exigibles. Como señalamos al inicio, los resultados pudieron ser peores, y como va quedando claro, el profesionalismo en la negociación aparece como un punto central.

Finalmente, hay que destacar que no todo lo ocurrido en la COP giró alrededor de las negociaciones. Hubo un gran despliegue de eventos paralelos, donde destacó el avance de los mecanismos de mercado para la conservación, y la presencia de algunas empresas privadas como flamantes aliados del movimiento ambientalista mundial. El discurso: crear mercados para que se pague el precio que corresponde al valor de la biodiversidad. La ironía: que la negociación de ABS haya estado signada por la escasa disposición de los países industrializados para distribuir los beneficios económicos obtenidos con el uso de recursos genéticos de la biodiversidad.

La COP10 acuerda proteger el 17% de las áreas terrestres y el 10% de marinas

 

Nagoya (Japón), 30 oct (EFE).- La Convención de la ONU sobre Biodiversidad (COP10) de Nagoya (Japón) concluyó hoy con un acuerdo, que incluye el compromiso de poner bajo protección, de aquí al 2020, el 17 por ciento de las áreas terrestres y el 10 por ciento de las áreas marinas del planeta. Seguir leyendo el arículo

La COP10 acuerda proteger el 17 por ciento de las áreas terrestres y el 10 por ciento de …más  Los negociadores de los 193 países que participan en la reunión de Nagoya también lograron consensuar un protocolo sobre el uso y distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos (ABS, siglas en inglés) y varios aspectos relativos a la financiación de los objetivos.

Doce días de tensas negociaciones

Luego de doce días de tensas negociaciones, más de 190 paises reunidos en la Cumbre de Biodiversidad en Nagoya, Japón, acordaron un nuevo plan para 2020 dirigido a proteger las especies del planeta. Pero las metas acordadas son menos exigentes y específicas de lo que pedían los expertos en conservación.

En el encuentro también se logró un acuerdo en torno a un tema clave para América Latina: cómo regular el acceso a los recursos genéticos de las plantas y el reparto de los beneficios que se obtienen de ellas.

La principal manzana de la discordia fue precisamente el llamado Protocolo ABS (Access and Benefit sharing o acceso y reparto de beneficios). Brasil y otros países en desarrollo ricos en biodiversidad habían insistido durante todo el encuentro que no firmarían las metas generales a menos que hubiera también un acuerdo sobre el protocolo.

Los países en desarrollo lograron una concesión importante: que el acuerdo cubra todo lo que que se llegue a obtener a partir de sus plantas –lo que técnicamente se conoce como “derivados”.

Los países industrializados y naciones como Suiza, que tienen una poderosa industria farmacéutica, querían un acuerdo mucho más limitado.

“Cada palabra en estos documentos no es sólo una palabra”, dijo a la BBC Hugo Schally, principal negociador europeo en este tema. “Para la industria estas palabras pueden significar diferencias de miles de millones de dólares”.

Metas polémicas

En materia de detener la pérdida de biodiversidad, el acuerdo logrado en Nagoya establece como meta proteger el 17% de los espacios terrestres y el 10% de los océanos, para 2020.

Muchos expertos consideran estas metas demasiado débiles, apuntando que ya se protege al 13% de las superficies terrestres y que la meta del 10% para áreas marinas es la que ya existía antes de la cumbre.

Varias organizaciones de conservación expresaron que las nuevas metas pueden no ser suficientes para detener la pérdida de especies.

“Los delegados se irán ahora de Nagoya, pero el trabajo para salvar la vida en el planeta tiene que reanudarse el lunes por la mañana”, dijo a la BBC Jane Smart, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Japón asumió la presidencia de la Convención de Diversidad Biológica hasta 2012 y según Wakao Hanaoka, de Greenpeace, “eso debe significar en la práctica que tome medidas concretas para reducir la pesca de especies lucrativas y amenazadas como el atún rojo”.

El director del Fondo Mundial para la Naturaleza, Jim Leape, dijo que a pesar de las limitaciones del acuerdo “éste reafirma la necesidad fundamental de conservar la naturaleza como la base de nuestra salud y nuestra economía. Los gobiernos han dado un fuerte mensaje de que proteger al planeta es un tema central de la política internacional”.

Recursos financieros

Varios países en desarrollo advirtieron que no tienen los fondos necesario para implementar las nuevas metas. Ponerlas en práctica requiere desde pagar guardias hasta sistemas complejos de monitoreo.

“Los bosques en nuestros países son vitales para todo el planeta y esperamos ayuda financiera para poder conservarlos por el bien común de la humanidad”, dijo Johansen Voker, de la Agencia de Protección Ambiental de Liberia.

Los países desarrollados se comprometieron a establecer mecanismos para reunir fondos de ayuda para 2020, lo que puede significar un importante flujo de fondos para las naciones en desarrollo. Los planes deben estar en pie para 2012, cuando Rio de Janeiro será la sede de la segunda Cumbre de la Tierra, dos décadas después de albergar la primera.

Las cifras que se manejan parecen demasiado ambiciosas, particularmente si se tiene en cuenta que los gobiernos ya se han comprometido a reunir US$100 mil millones para combatir el cambio climático para 2020.

“Pensar en resolver el problema de la pérdida de biodiversidad sólo con fondos públicos es una ilusión”, dijo a la BBC la ministra de ecología de Francia, Chantal Jouanno. “Las empresas privadas deben contribuir y esto es algo lógico, porque que obtienen ganancias aprovechando los recursos de la biodiversidad”.

La cumbre en Nagoya fue la X Conferencia de las Partes de la Convención sobre Biodiversidad (COP10). Tanto el secretario general de la Convención como la ONU habían admitido antes del encuentro el fracaso individual y colectivo en reducir la pérdida de biodiversidad.

La gran pregunta es si las metas acordadas en Nagoya son lo suficientemente específicas para alterar lo que para muchos es la gran tragedia: la pérdida de biodiversidad a un ritmo mil veces superior al considerado natural. Al menos un quinto de las especies del planeta están amenazadas de desaparecer. En el caso de los anfribios, la cifra es superior al 40%.

Vea “Aumentan las especies en peligro de extinción”

En palabras del naturalista Edward O. Wilson, “estamos dejando escapar la naturaleza de entre nuestras manos y con ello nos estamos perdiendo a nosotros mismos”.

 

 

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