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El polvorín

Costa Rica, sociedad en decadencia

16 Marzo 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Román Chaves Sáenz

Fuente: elpais.cr  | 13/03/2011

medium_ignoracia-indiferencia.jpgDesde hace muchos años Costa Rica se ha ido convirtiendo en un país en donde su gente se caracteriza por la indiferencia, el escepticismo y la mediocridad.

Pero no ha sido sino desde hace 5 años, cuando un nuevo grupo privilegiado social y económicamente -rejuntado en torno al liderazgo del Ex presidente Oscar Arias- toma el poder, que toda la corrupción practicada y tolerada por anteriores gobiernos, ha sido capitalizada.

Habría que plantear algunas hipótesis sobre cuáles factores convirtieron al tico en un ente alelado, relativista y cínico.


Teoría del Igualado

Existe la falsa percepción que todos debemos ser iguales, que no importa el esfuerzo y las dotes intelectuales que cada quien ha heredado genéticamente, nadie tiene derecho a sobresalir en ningún campo, el césped debe estar parejo. Ejemplo de ello es lo que el ex presidente Daniel Oduber y luego Arias -bajo la cantaleta de que ningún país puede desarrollarse sin que todo el mundo sea universitario- parodia risible de defensa de los derechos humanos- promovieron y alcahuetearon la proliferación sin control de universidades privadas, a tal punto que aquí todo el mundo tiene el derecho sagrado a recibir formación universitaria, aunque el cerebro no le dé, y aunque el esfuerzo sea mínimo. No importa si la universidad es de primera calidad o de quinta. A la hora de colocarse bien en el mercado laboral, de lo que se trata es de contar con los apropiados contactos sociales para ubicarse en cómodos puestos del Sector Público, o los mejores remunerados del sector privado. Esto ha promovido que el espíritu del tico se haya vuelto sinvergüenza, reparista y facilista.


Si tú robas, yo también

Es lógico que esto se dé, cuando todos los días del viacrucis que nos ha tocado vivir, vemos cómo nuestros recursos son extraídos de nuestros bolsillos con diferentes excusas y para determinados propósitos y cómo, por arte de magia, desaparecen para siempre. Pagamos cantidad de impuestos específicos como el de la gasolina, que supuestamente deben dedicarse al arreglo de las calles, pero no se llena ni un hueco; nos deducen del salario un buen porcentaje para que tengamos un excelente seguro médico y pensión, y no recibimos más que servicios dignos de un mendigo, pagamos abusivos impuestos indirectos, cuyo destino duerme el sueño de los justos, y se deprecia el dólar sin que veamos la correspondiente reducción en el costo de la vida.

Todo esto, mientras que una minoría utiliza esos recursos para vivir sin hacer nada y como reyes. Otra razón para fundamentar que el espíritu del costarricense poco a poco se haya ido pudriendo hasta convertirlo en un ser terriblemente cansino y desesperanzado.

Y es que los políticos que nos han gobernado en los últimos 30 años, han practicado el "dejar hacer y dejar pasar", de tal manera que el hacerse de la vista gorda se convirtió en regla. El último gobierno montó toda una estructura para buscar lagunas legales en el sistema, que le permitiera pisotear los legítimos intereses del pueblo y los grupos sociales, y así lograr que se antepusieran los intereses de aquellos que querían convertir a Costa Rica en un país lacayo de las transnacionales.


La estructuración del modelo consumista.

Hace cuatro décadas, Costa Rica era un país cuyo pueblo consideraba prioritario la cultura del ahorro y el trabajo honesto como un pilar fundamental de su vida. El advenimiento del modelo globalizador impuesto y liderado por el ex presidente Arias hace 25 años, hizo que el costarricense se convirtiera en un ser para el cual el tener y ostentar sea lo más importante. El modelo importador se impuso, y lo es de cuánta porquería nos pase ante los ojos y que se considere falsamente de alta prioridad. No importa cómo se consiga, sea acudiendo a casas de empeño de objetos robados o endeudándose con infinidad de tarjetas de crédito. Los últimos gobiernos priorizaron los intereses del conglomerado empresarial dedicado a esta actividad. El materialismo llevado al extremo, unido a la pérdida de nuestro sentido de identidad cultural y desconocimiento de nuestros orígenes, ha provocado que los valores cívicos y espirituales hayan sido totalmente desechados.

Es por ello que al tico ya nada lo sorprende ni le revuelve el estómago; la teoría del relativismo absoluto.

Ejemplo: aunque muchos ya sabíamos de los entramados del proceso de aprobación del TLC y del establecimiento de relaciones con China- a cambio de un Estadio y unos cuantos millones de dólares negociados por debajo de la mesa y secretos- los cables de "WikiLeaks" que el diario La Nación publicó, nos han sido totalmente indiferentes, a tal punto que el hecho que un ex Nobel de la Paz (el premio mas desprestigiado de todos), propugnador del desarme y los derechos humanos y demás "bla bla bla", delegue estratégicamente en subalternos la decisión de entrenar policías en un cuartel militar foráneo, nos importe un pepino y hasta un mal necesario. Esto funde el espíritu, la dignidad y la esperanza, pero el tico prefiere mandar toda esa información al subconsciente para no tener que luchar contra ello, ni sufrir.

La falsa percepción de que somos una nación cuasi desarrollada y pacifista, y que eso sea entendido netamente como la posibilidad de acceder a trabajitos de sirvientes para empresas de servicios apátridas; la falsa percepción que somos los número uno en derechos humanos, pero permitimos que un grupo de fundamentalistas religiosos nieguen la fertilización in vitro- que fue ideada para remediar los efectos de una enfermedad como lo es la esterilidad; la falsa percepción de que somos blancos caucásicos de primer mundo, cuando por nuestra sangre corra más sangre asiática, indígena y africana que otra cosa y que estamos muy lejos de ser una nación desarrollada; todas esas mentiras difundidas hasta la saciedad por los principales medios de comunicación escrita y televisiva, ha ido minando nuestra conciencia y sentido del yo.

En estos días consideramos que la Costa Rica "pura vida" y desarmada, dirigida por una "inteligente tecnócrata", triunfó en cuanto a las medidas cautelares interpuestas para que el territorio de Isla Calero fuera respetado. El tico promedio: aquel taxista que obtuvo su placa a cambio de votar por "la firme y honesta", no se lo piensa en cantar el ¡gool!, sin siquiera entender de lo que trata. Sin percatarse que Nicaragua no perdió nada, pero esta patria indefensa y estupidizada sí que perdió soberanía sobre el mismo, y para rematar también los humedales de la zona.

Hoy el tico no da un cinco por nada, mientras pueda pagar el cable. Como se dice popularmente, yo en mi casa y Dios en la de todos; lo que ocurre es que Dios, si existiera, no puede interceder por un pueblo que no se defiende ni lucha contra aquellos que todos los días le arrebatan el trozo de pan de la boca.

Lamentablemente así será, hasta que algún día nos encontremos en alguna severa encrucijada que nos obligue a despertar de nuestra triste inconsciencia decadente.

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