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El polvorín

Crisis en Egipto El factor Hermandad Musulmana/2 millones exigen renuncia indeclinable de Mubarak /Decimosexto día del pueblo tunecino Se acabó la libertad/Sobre la "Transición" en Túnez y Egipto

3 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

BEAUTIFUL video of Egypt's protests! 29 de enero de 2011


 

Inside Story - Egyptian protests - 6 Apr 08 - Part 1


 

Cairo Kasr Al Nile Bridge 3:30 pm

January 28, 2011

espectacular retroceso policial ante avance manifestante egipcios

 


 


 

 

 

 

Crisis en Egipto

El factor Hermandad Musulmana

Asia Times Online
02-02-2011
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens y revisado por Caty R.
Un millón de personas marchó por las calles en El Cairo este martes, un millón más marchará hacia el palacio presidencial egipcio en Heliópolis el próximo “Viernes de la Partida”. El grafiti más común –pintado también sobre los tanques Abrams estadounidenses de color caqui– así como la consigna más popular, sigue siendo “el pueblo quiere que caiga el sistema”. Parece que el ejército ha elegido su lado, afirmando tácitamente que “no recurrirá a la fuerza contra nuestro gran pueblo”.

Con el barril Brent de petróleo rompiendo la barrera de los 100 dólares por primera vez desde septiembre de 2008, los temores crecientes sobre el flujo del petróleo por el Canal de Suez, bancos, escuelas y la bolsa cerrados, comités populares dirigiendo la seguridad, la quema de sus uniformes por algunos policías que se suman a las protestas y filas de activistas, manifestantes y blogueros gopeando con furia los teclados para transmitir la palabra (antes de que el presidente Hosni Mubarak tuviera la "valentía" de cerrar el último servidor de Internet en funcionamiento), la revolución egipcia puede estar acercándose a la fase final.

La estrategia del faraón y su “sucesor”, Omar “el torturador suave”, Suleiman de utilizar al ejército para intimidar, y luego recuperar la calle, sólo podría tener éxito si el Nilo se tiñera de sangre esta semana. Parece poco probable. A pesar de todo esta implacable dictadura militar hará todo lo posible por aferrarse al poder.

Tal como lo ve la multiforme calle egipcia, no se trata de que, como señala de modo tan curioso el Wall Street Journal, “tal vez la nueva fase sea feliz para Washington”. A esas masas en la Plaza Tahrir (Plaza Liberación) que protestan arriesgando sus vidas no les importa un rábano, lo mismo que no les importa un rábano la seguridad de los suministros de petróleo a Occidente o la seguridad de Israel. Se trata de Egipto, no de EE.UU.

El domingo, el presidente de EE.UU., Barack Obama instó a un dócil “cambio en el gobierno de Egipto”, mientras las calles gritan “¡fuera el dictador!”. Al-Jazeera tuvo que salir con un editorial en el que recuerda a todos que la definición de “reforma” de Obama simplemente no puede significar el mismo régimen corrupto/represor con un retoque.

Estamos ante una situación revolucionaria clásica; los que están arriba no pueden imponer su voluntad como solían hacerlo, los muchos que están abajo se niegan a ser dominados como lo hacían. Infinitamente desconcertadas, las capitales de EE.UU. y Europa pueden agregar en el mejor de los casos cantos de fondo al revuelo de la calle. La calle quiere una vida política e institucional sólida y poder ganarse la vida decentemente en un entorno menos corrupto. Y resulta que es imposible bajo las reglas inmutables del juego: el sistema de “nuestro” dictador apoyado por el Occidente industrializado.

Entre sonsas teorías conspirativas como que la revolución egipcia está financiada por el lobby judío, la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU., el financiero estadounidense George Soros, o todos juntos, a la calle egipcia no puede importarle menos si el faraón decide o no “dirigir una transición ordenada”; no aceptará nada menos que su pasaje sin retorno, tal vez para abrazar a sus amigos en la Casa de Saud. Especialmente ahora que la calle ha visto cómo, con Suleiman, Mubarak está imitando al Shah de Irán en 1978, cuando instaló a Shapour Bakhtiar como primer ministro (y no funcionó).

Hablad con la Esfinge

El futuro camino sensanto apunta a una alianza cívica egipcia dominada por todos los sectores opuestos al régimen (virtualmente todos los del país) y el componente inevitable, el ejército. Por mucho que sectores del establishment en Washington y los medios corporativos de EE.UU. hayan estado elucubrando frenéticamente, no existen condiciones objetivas para una toma del poder islamista; es simplemente estúpido.

Washington puede estar a punto de dar luz verde a Mohamed El-Baradei –crucialmente apoyado por la Hermandad Musulmana-. Pero ni siquiera la Esfinge de Giza sabe si esto será suficiente para la calle.

El-Baradei es una persona extraña y creíble. Durante los duros años del faraón estuvo en el extranjero. No es pusilánime, y se mantuvo firme estoicamente con respecto a Irán contra el gobierno de George W. Bush como jefe del Organismo Internacional de Energía Atómica. El-Baradei, galardonado con el Premio Nobel de la Paz de 2005 en realidad puede emerger como “puente” antes de unas elecciones libres y limpias, una nueva constitución y un nuevo orden en Egipto.

Pero no hay evidencia de que vaya a urdir una política económica muy diferente de la del usual engaño del “ajuste estructural” del Fondo Monetario Internacional-Banco Mundial, con muchas sospechosas privatizaciones mezcladas con ese mantra nebuloso de Davos: “buena administración”. Si es así, la calle tenderá a enfurecerse realmente, de nuevo.

Por el momento, no hay mucha evidencia de que Egipto pueda seguir el camino de Irán en 1979. La izquierda secular estuvo a cargo del gobierno post revolucionario de Irán (en Egipto, la izquierda está diezmada por la represión). Irán sólo se convirtió en una república islámica meses más tarde, después de un referendo nacional (si eso sucediera, los egipcios apoyarían abrumadoramente una república secular). La perspectiva más probable, positiva, es que en 2012 Egipto, políticamente, pueda parecerse más a Turquía.

Esto nos deja con la candente pregunta sin respuesta que está por encima de todas: ¿cuál será el papel post revolucionario de la Hermandad Musulmana (HM)?

Hermanos al rescate

La HM provoca un miedo total en todo Occidente porque el régimen de Mubarak siempre la asimiló efectivamente con al-Qaida. Es ridículo.

La HM fue fundada por Hasan al-Banna en el puerto de Ismailia en 1928 –luego se trasladó a El Cairo-. Su preocupación inicial fue concentrarse en servicios sociales, estableciendo mezquitas, escuelas y hospitales. Durante las últimas décadas, la HM logró convertirse en la fuerza política fundamentalista más importante del mundo suní. También es el mayor partido disidente de Egipto, con 88 escaños de los 454 de la cámara baja del Parlamento.

La HM no apoya la violencia –aunque lo hizo en el pasado, hasta los años setenta-. El aura de violencia se relaciona sobre todo con el legendario Sayyid Qutb, considerado por muchos como padre espiritual de al-Qaida. Qutb, crítico literario que había estudiado en EE.UU., se unió a la HM en 1951 y se separó años más tarde.

Las ideas de Qutb eran radicalmente diferentes de las de al-Banna –especialmente su concepto de una “vanguardia” que tiene más de Lenin que de El Corán-. Estaba convencido de que la democracia era “un fracaso” en el mundo islámico (a diferencia de la abrumadora mayoría de los egipcios en la actualidad, que luchan por la democracia; la HM, además, participa plenamente en la sociedad civil y política.) Qutb ni siquiera se califica como el pensador islamista moderno más influyente; el Islam político dominante, personificado por la autoridad del imam de al-Azhar en El Cairo, lo refutó despiadadamente.

Contrariamente a la propaganda neoconservadora estadounidense, la HM tampoco tuvo nada que ver con los movimientos fascistas en la Europa de los años treinta o con partidos socialistas (en realidad está a favor de la propiedad privada). Es sobre todo un movimiento nativo urbano, de la clase media baja, tal como lo define el profesor de la Universidad de Michigan, Juan Cole. Incluso antes de la revolución, la HM estaba comprometida con el derrocamiento del régimen de Mubarak, pero pacífica y políticamente.

La Hermandad Musulmana iraquí, fundada en los años treinta en Mosul, ahora es el Partido Islámico Iraquí y un protagonista político importante que siempre ha mantenido un diálogo con Washington. Y en Afganistán, el partido Jamiat-I Islami fue inspirado por la HM.

La HM ciertamente no rechaza la tecnología y la innovación intelectual.

Está verdaderamente por todas partes en las calles de la revolución egipcia, pero con mucho cuidado de no mostrar una actitud “descarada”. Según el portavoz Gamel Nasser, se considera sólo un pequeño sector de la revolución. Y la revolución tiene que ver con el futuro de Egipto, no del Islam.

Algunos podrán argumentar una vez más que es lo mismo que lo que decían los mulás en Teherán en 1978/1979. Indudablemente el shah fue depuesto pràcticamente por todos los sectores de la sociedad, incluido el Partido Comunista. Entonces los teócratas se hicieron cargo, violentamente. Según sus antecedentes, durante las últimas tres décadas, no existe evidencia de que la HM tendría el alcance necesario para intentar la misma acción.

A los extranjeros les cuesta imaginar lo brutal que ha sido la máquina de represión de la policía estatal de Mubarak. El sistema se basa en 1,5 millones de policías, cuatro veces la cantidad de miembros del ejército. Sus salarios se pagan en gran parte con los 1.300 millones anuales de “ayuda” de EE.UU., que también ha servido para reprimir duramente a la clase trabajadora y en general a cualquier organización progresista.

Esta situación ha existido desde mucho antes de Mubarak. La historia formulará preguntas directamente al fantasma del ex presidente Anwar Sadat. Éste creó una "trifecta" para hacer que sus políticas intifah (puertas abiertas) funcionaran; el FMI le aconsejó que creara una economía rudimentaria de exportación, manipuló la religión para extraer fondos de Arabia Saudí y así aventajó a la HM, y obtuvo miles de millones de dólares de EE.UU. por llegar a un acuerdo con Israel. La inevitable consecuencia crucial de todo esto es que fue un monstruoso Estado policial dedicado, entre otras joyas represivas, a una lucha brutal contra las organizaciones de la clase trabajadora.

Y este es el antídoto para al-Qaida

Incluso mientras la devastaban durante las décadas de Sadat y Mubarak, la HM por lo menos conservó una estructura. En las elecciones libres y limpias, la HM ciertamente conseguiría por lo menos un 30% de los votos.

A los medios corporativos globales les vendría bien desplazarse a la central de la Hermandad Musulmana en El Cairo, en El Malek El Saleh, y aprender algo. El nuevo jefe de la HM, Mohamed Badie, se preocupa más del área social que de la política. Sobre la posibilidad de que Egipto acabe siendo un Estado islámico, insiste en que la decisión será “del pueblo”.

A diferencia de Badie, Sherif Abul Magd, profesor de ingeniería en la Universidad Helwan y jefe de la HM en Giza, fue mucho más locuaz al hablar con el periódico italiano La Stampa. Tuvo cuidado de destacar que los manifestantes no deberían oponerse a los militares. Subrayó que “nuestro pueblo ya controla las calles”.

Sobre todo bosquejó la estrategia de la HM para la próxima etapa; a un primer ministro interino deberían agregarse cinco jueces para establecer un comité presidencial encargado de reescribir la constitución y luego de convocar a elecciones para el Parlamento y la presidencia.

Magd fue inflexible: “Un Estado islámico no está en conflicto con la democracia, pero el pueblo debería poder elegirlo”. Washington ya lo sabe, pero en todo caso se alarmará porque la HM no cree en ese famoso cadáver geopolítico: el proceso de paz israelí-palestino; “la paz es imposible sin un acuerdo con Hamás”. En cuanto a al-Qaida: “actualmente sólo es una invención de la CIA para justificar la guerra contra el terror”.

La calle árabe sabe –y en gran parte aprueba– que la HM se ha opuesto permanentemente a los acuerdos de Camp David de 1978 y no reconoce a Israel. Estratégicamente, la HM ha comprendido que es contraproducente destacarse ahora; otra cosa es en el futuro. El punto crucial es que la HM se opone firmemente a la violencia contra los civiles, y por lo tanto rechaza con firmeza a al-Qaida. Una HM que rechaza la violencia y que es muy activa en la política civil en Egipto posiblemente no asustará a Occidente. Como partido establecido del Islam político, la HM podría ser el mejor antídoto para fanáticos al estilo de al-Qaida.

Al contrario de lo que dicen las sirenas alarmistas de derecha, ningún “fervor islámico” envuelve a Medio Oriente. Al contrario, lo que se ve actualmente es mucha corrupción moral, que para colmo está del lado equivocado de la historia.

La posición de Israel se explica por sí misma, desde el Jerusalem Post que describe la revolución egipcia como “el peor desastre desde la revolución de Irán”, hasta un columnista del periódico Ha’aretz que vocifera que Obama traicionó a “un presidente moderado egipcio que se mantuvo leal hacia EE.UU., promovió la estabilidad y alentó la moderación”.

En cuanto al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, telefoneó a Mubarak para decirle cuánto lamenta todo este lío; y luego ordenó a sus matones que impidieran que los palestinos manifestaran su apoyo a la democracia en Egipto.

No cabe duda, con la HM como parte de un gobierno egipcio, un gobierno egipcio verdaderamente soberano, el tratado de paz entre Israel y Egipto será volverá a negociar (la HM está a favor de un referendo). Y así llegamos al meollo de la cuestión. Después de esta revolución, los intereses de EE.UU. e Israel posiblemente no podrán converger, ni siquiera como una ilusión óptica.

No es una revolución antiestadounidense; es una revolución contra un régimen apoyado por EE.UU. Un gobierno post Mubarak legítimo y soberano posiblemente ya no podrá ser un títere de Washington, con todas las implicaciones regionales que esto significa. Y eso va mucho más allá de la HM. Tiene que ver con el corazón milenario del mundo árabe que posiblemente está al borde de un drástico cambio radical.

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved. 

Dos millones exigen renuncia indeclinable de Mubarak

Martes, 01 de Febrero de 2011 12:39 inSurGente.org

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(VIDEO) Entre un millón y medio y dos millones de egipcios exigieron la renuncia de Hosni Mubarak en el Cairo, rechazando la propuesta del dictador para quedarse hasta setiembre.

 

 Según algunas informaciones un millón y medio y según otras, de dos millones de personas rechazaron este martes el último discurso del presidente, Hosni Mubarak (realizado durante la manifestación masiva) y han tachado de insuficiente su promesa de no concurrir a las próximas elecciones presidenciales.

   Los Hermanos Musulmanes (aún ilegales) han advertido, a través de un portavoz, Mohamed Morsey, que "nadie está satisfecho" con las palabras del veterano dirigente, que se ha dirigido esta noche a la nación a través de un discurso televisado.

   Mubarak "y su sistema han fracasado", ha manifestado Morsey. "Tiene que abandonar", ha resaltado el portavoz de la formación islamista.

   En la misma línea, el opositor George Ishak, líder de Kefaya, ha manifestado a la cadena británica BBC que está "muy decepcionado" por un discurso que, además, ha hecho que la oposición esté "muy enfadada". "Teníamos unas peticiones muy claras y ha negado todo lo que demandádamos. Tiene que irse ahora", ha apuntado Ishak, que está "asustado" por "lo que puede ocurrir en el futuro".

   Por su parte, el secretario general de la Liga Árabe y posible candidato a la Presidencia egipcia, Amr Musa, se ha mostrado más cauto y ha declarado, en una entrevista a la CNN, que ahora es momento de analizar "cuidadosamente" las ofertas planteadas.

   En este sentido, Musa ha destacado la imposición de límites de mandato y las nuevas leyes electorales, parte de las medidas esbozadas por Mubarak y que el presidente se ha comprometido a sacar adelante en los próximos meses, antes de los comicios de septiembre.

LAS MANIFESTACIONES PERSISTEN

   Cientos de miles de manifestantes congregados aún en la plaza Tahrir de El Cairo permanecieron en el lugar tras el discurso del presidente, y gritaron consignas contra el mandatario pese a que ha prometido no presentarse a las próximas elecciones.

   "No abandonaremos, él abandonará", corearon algunos de los manifestantes. Otras personas aclararon con sus lemas que la manifestación sigue conforme estaba previsto: "El viernes por la tarde, estaremos en el palacio".

   Al Yazira mostraba este viernes por la noche la plaza de la capital aún abarrotada, y cómo miles de personas se habían congregado también en la ciudad de Alejandría.

NOTICIA ANTERIOR

MÁS DE UN MILLON PIDEN LA RENUNCIA DE MUBARAK 

Ni los egipcios más viejos recuerdan una concentración del tamaño de la que ha tenido lugar en la plaza de Tahrir de El Cairo.

Más de un millón y medio de personas han exigido la caída del régimen de Hosni Mubarak en un ambiente festivo que se ha trasladado a las calles aledañas, también abarrotadas de manifestantes de toda condición. Musulmanes, cristianos y laicos; hombres y mujeres; niños, jóvenes, adultos y ancianos... Todos ellos han coreado consignas contra el presidente del país desde 1981.

 

Los organizadores de la marcha tenían previsto desfilar hasta el palacio presidencial, en el barrio de Heliópolis, pero el Ejército les ha impedido salir de la plaza. También ha habido protestas en Alejandría, Suez y otras ciudades.

 

 


 

 

NOTICIA ANTERIOR

 ARRANCA EL GRAN DÍA.......

EL CAIRO/EGIPTO: Jóvenes, estudiantes, profesionales y familias enteras se reúnen en la plaza de Tahir, donde la oposición espera juntar a más de un millón de personas.-Los soldados a las puertas del recinto se limitan a identificar a los manifestantes. A esta hora todos los móviles de periodistas y cadenas están incomunicados. Al parecer bloquearon el trabajo de las antenas que funcionan con la Plaza Tahir.


 

Cientos de miles de personas participan a estas horas en la gran marcha convocada por el movimiento opositor en el centro de El Cairo para exigir la dimisión del presidente egipcio, Hosni Mubarak, y el final de sus 30 años de régimen. Desde las once de la mañana (hora española), la plaza de Tahir (de la Liberación), epicentro de las protestas para exigir reformas democráticas en el país árabe, es escenario de la manifestación en la que los grupos opositores esperan reunir a más de un millón de personas. El lema con el transcurre la marcha es "Abajo Mubarak, todos contra Mubarak".

Hay gente joven, familias enteras con sus hijos, muchos de ellos bebés, y egipcios con mayor poder adquisitivo que están aportando dinero para sufragar la comida y el agua para la multitud. Cada uno cuenta su historia, cómo está viviendo estos ocho días de revolución ciudadana contra la opresión de un régimen que parece tocar a su fin. En el centro de la plaza, además de pancartas en las que se reclama la salida de Mubarak y el regreso de la democracia, se ha instalado una gran pantalla en la que se están proyectando fotos de las protestas para romper así la censura de la prensa oficial egipcia, que no está informando de lo que ocurre en la calle.

Ya desde primera hora la plaza ha ido llenándose de miles de personas que se han unido a aquellos que, una noche más, han acampado en la plaza desafiando el toque de queda impuesto por el Gobierno cuando se iniciaron las protestas hace ocho días con el balance provisional de 125 muertos.

El Ejército, testigo de la protesta

Después de que ayer el Ejército considerara "legítimas las protestas" y anunciara que "no recurrirá al uso de la fuerza contra el pueblo", el despliegue de soldados esta mañana alrededor de la plaza tiene como misión canalizar la entrada a la misma de los miles de manifestantes. La gente se agolpa en torno a las dos únicas vías para acceder al recinto, porque las otras cinco calles que culminan en la plaza han sido cerradas por los soldados como medida de seguridad. Los uniformados que flanquean las entradas se ciñen a identificar a los manifestantes y, si acaso, revisan las mochilas o bolsas que portan consigo. Los cientos de periodistas internacionales que cubren la crisis en Egipto tampoco están teniendo problemas para entrar e informar desde el interior de la plaza.

A la espera de conocer si a la protesta acudirá el líder opositor y premio Nobel de la paz Mohamed ElBaradei, su partido, la Asamblea Nacional para el Cambio, sí que estará representado por destacados líderes como Hamdy Kandil, escritor crítico con el régimen.

El Cairo no es la única ciudad donde hoy el movimento anti Mubarak exhibe su fuerza. En Alejandría (al norte del país) se desarrolla otra marcha del millón. Para amortiguar el impacto de ambas movilizaciones, el Gobierno ha decretado el cierre del servicio ferroviario y de muchas carreteras.

Entretanto, ElBaradei, en declaraciones recogidas por The Independent, se ha mostrado convencido de que Estados Unidos, tradicional aliado de Mubarak, ha perdido la confianza en él y es consciente de que sus días "están contados", al tiempo que ha condenado los "actos criminales" cometidos por el régimen para perpetuarse.

A la cascada de peticiones de libertad se ha unido hoy el primer ministro turco, el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan, que ha recomendado a Mubarak que "escuche las demandas" de sus ciudadanos. "Escucha las protestas y las demandas extremadamente humanistas de los ciudadanos", ha señalado Erdogan durante un discurso ante los miembros del partido gobernante AKP."Atiende sin dudarlo las demandas de libertad de los ciudadanos", ha añadido.

Hacia un frente común

La balanza egipcia parece definitivamente decantada. Un portavoz militar anunció anoche que el Ejército considera "legítimas" las reivindicaciones populares y que no reprimirá la revuelta. Muy significativamente, la declaración fue ayer emitida por la televisión oficial de Egipto. El fin del faraón podría estar muy próximo. Con Internet inhabilitado desde hace cinco días, Facebook y Twitter , las herramientas que sirvieron para convocar las primeras protestas, y el anuncio del ministro de información de que en las próximas horas cortarán las redes móviles, ha dejado paso a medios menos sofisticados. Durante todo el día de ayer, los jóvenes recorrieron con megáfonos la plaza de la Libertad, el simbólico epicentro de la revolución, llamando a la gente a acudir hoy a la gran protesta cuando se cumple la primera semana de revuelta. "Abajo Mubarak, todos contra Mubarak", gritaba una muchacha a través del altavoz. "Pueblo egipcio, únete a nosotros, no dejes que te callen", se desgañitaba.

Los convocantes de la protesta seguían con su revolución sin ocuparse demasiado de lo que ocurría en los despachos, donde la clase política egipcia intentaba ponerse de acuerdo sobre cómo encarrilar una transición que depende de que el faraón Hosni Mubarak abandone su trono . "Son los jóvenes los que siguen liderando este movimiento", explicaban algunos de los representantes del movimiento opositor Ghad, dirigido por Ayman Nour. "Estamos unificándonos en un frente común", decía un dirigente del grupo disidente Wafd.

"No es el momento de estar pendientes de quién liderará el cambio de Gobierno", afirmaba Mohamed Waget, líder de los socialistas revolucionarios. "Aún permanecen divididos y es necesario que primero se pongan de acuerdo entre ellos. Nosotros lo único que queremos es ver al mayor número de gente en las calles". Para lograrlo, señalaba que la línea telefónica fija y los móviles, que siguen dando problemas, han sido los transmisores principales. Ante ello, Google anunciaba esta madrugada (hora española) que ha desarrollado una herramienta para que los ciudadanos puedan tuitear pese a la interrupción de las comunicaciones móviles e Internet.

La compañía, explica, ha puesto a disposición de los usuarios tres teléfonos internacionales en los que pueden dejar un mensaje de voz y el servicio instantáneamente tuitea el mensaje con el tema #egypt. Los tres números para llamar son +16504194196 o +390662207294 y +9731699855.

El día comenzaba ayer con una convocatoria de huelga de transportes que dejaba sin acceso a la capital a quienes se acercan desde las poblaciones del valle del Nilo. Tampoco daba mucha confianza a los manifestantes que permanecían al anochecer en los jardines de la plaza el regreso de la policía a las calles. "Muchos de nosotros hemos decidido pasar aquí la noche, en previsión de que mañana intenten impedírnoslo", aseguraba Mahmud que, con su padre y sus dos hermanos acarreaba mantas, comida y agua.

Tanto los políticos como la sociedad civil esperan repetir hoy el éxito de participación que las protestas han tenido desde que hace una semana estalló una revuelta que quiere llevarse por delante 30 años de dictadura. "La marcha del millón", explica Waget, "es nuestro objetivo". "Queremos la derrota del sistema", abundaba Jaled Abo Aeda, líder sindical independiente. "Y para eso vamos a conseguir que todos estén en la calle".

El descontento de la población, que empieza a sufrir los efectos del desabastecimiento, puede incidir en el resultado de la convocatoria. No hay dinero en los cajeros automáticos y, previsiblemente, millones de funcionarios y jubilados no van a poder cobrar sus salarios y pensiones. Tampoco ayuda el hecho de que comprar pan, la base de la alimentación del pueblo egipcio, empiece a resultar una complicada aventura. A primera hora de la mañana de ayer, un anciano cargado con un enorme cesto de hogazas era abducido por una multitud que se llevaba las tortas de pan de veinte en veinte, sin escuchar las súplicas del vendedor para hacer un reparto más equitativo de la mercancía.

"Ya queda cada vez menos. Si no lo conseguimos este martes [por hoy] lo haremos el viernes. Saldremos todos los días hasta que acabemos con el régimen de Hosni Mubarak", concluye el socialista radical Waget.

El vicepresidente de Egipto, Omar Suleiman , afirmó ayer que Mubarak le ha pedido iniciar un diálogo con todos los partidos políticos sobre las demandas de los manifestantes que piden reformas constitucionales y legislativas.

Protestas "legítimas"

Desde el estallido del movimiento popular contra la dictadura, las esperanzas de los egipcios se depositaron en el Ejército. Los militares son queridos por la gente y claramente cortejados por la incipiente plataforma política de oposición. También constituyen, sin embargo, la columna vertebral del régimen: el presidente Mubarak es un hombre del Ejército, como lo fueron los dos anteriores presidentes, Nasser y Sadat, y como lo son el nuevo vicepresidente, Omar Suleimán, y el nuevo primer ministro, Ahmed Shafik. Esa ambivalencia explica la extraña pasividad y la difícil neutralidad mantenida hasta ahora por la institución.

El Ejército egipcio es a la vez poderoso e impotente. En una situación de suspenso, como la que vive el país desde el colapso policial del viernes, los militares son percibidos como la fuerza capaz de decantar los acontecimientos a favor del régimen o a favor de la democratización. Pero, por más que la población respete a los militares, resulta evidente que el fracaso de Mubarak es también su fracaso. Cuesta imaginar un gesto de la cúpula militar contra Mubarak, el héroe de la guerra de 1973, si éste no decide por fin dejar el poder: el riesgo de división en el propio Ejército sería alto y una crisis interna entre los militares tendría efectos devastadores.

La señal emitida anoche fue la más clara hasta ahora. No incluía crítica alguna hacia Mubarak ni sugería la necesidad de que dimitiera. Sin embargo, daba un espaldarazo a la protesta contra el presidente: "Vuestras fuerzas armadas, muy conscientes de la legitimidad de vuestras demandas, están dispuestas a asumir su responsabilidad respecto a la seguridad de la nación y sus ciudadanos y afirman que la libertad de expresión pacífica está garantizada para todos". A continuación, se instaba a la población a evitar la violencia y los saqueos.

Si algún egipcio temía aún que participar en las marchas de hoy entrañara el riesgo de choques violentísimos como los registrados el viernes entre la policía y los manifestantes, pudo quedarse tranquilo. La declaración militar se interpretó como una invitación a salir a la calle para exigir el fin de Mubarak.

A nivel muy distinto, el comunicado coincidía en su espíritu con unas palabras pronunciadas por la mañana por el comandante de una unidad de blindados estacionada en el centro de El Cairo. El comandante comentó, a título personal, que los mandos militares eran "muy conscientes" de lo que ocurría. "Como la mayoría de mis compañeros, he estudiado en una academia militar estadounidense y hablo inglés, veo televisión y leo prensa del extranjero, sé lo que el mundo espera de Egipto y de nosotros y tengo mis propias opiniones", dijo.

Puede suponerse que ese comandante y el conjunto de los mandos, incluyendo la veterana cúpula, conocían sus limitaciones. El profesor Ibrahim Awad, de la Universidad Americana de El Cairo, subrayó esas limitaciones: "Egipto es un país demasiado complejo como para que el Ejército desee hacerse con el poder". "Una de las razones del fracaso de Mubarak y su régimen es precisamente que se ha gobernado con un simplismo militar y eso ya no es viable", dijo Awad.

La liberalización de la economía egipcia y su engranaje con la economía global ha creado riqueza, pero el corsé político y social de la dictadura ha hecho que esa riqueza quedara en manos de muy pocos y agravara las desigualdades y la corrupción. La democratización, según Awad, solo sería posible "mediante un gran pacto civil al margen del Ejército".

Desde que estalló el movimiento revolucionario, hace una semana, el Ejército ha jugado con dos barajas. Se ha atenido a las reglas de un régimen que es el suyo, sus jefes han obedecido respetuosamente a Mubarak, ha ordenado toques de queda, ha protegido desde que desapareció la policía las sedes gubernamentales. Y a la vez ha hecho guiños a la revuelta, se ha coordinado con los manifestantes (ayer los soldados trabajaban codo con codo con los organizadores de la protesta en la plaza de la Libertad), no ha hecho esfuerzo alguno por imponer el toque de queda y ha gozado con la devoción que demuestra la gente.

Ese equilibrismo no podía durar indefinidamente. Era muy difícil mantenerlo ante la jornada crucial de hoy. Al garantizar los derechos de los manifestantes y calificar de "legítimas" sus reivindicaciones, es decir, la exigencia de la dimisión de Mubarak, el Ejército se puso en cierta forma del lado de los manifestantes.

Actualizado ( Miércoles, 02 de Febrero de 2011 00:33 )   

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MB02Ak03.html

Los manifestantes exigen la dimisión inmediata de Mubarak

Miles de egipcios siguen en la plaza de la Liberación después de que el presidente se haya negado a dimitir.- Anuncian nuevas marchas para el viernes

NURIA TESÓN - El Cairo- El Pais,Madrid - 02/02/2011

No hay nada peor para un árabe que le tiren un zapato. Es un signo de repudio, de rechazo y de ignominia para el que lo recibe y la mayor demostración de repulsa e indignación para el que lo lanza. En la jornada de ayer se vieron muchos. La mayoría de la gente que sigue resistiendo en la plaza de la Liberación de El Cairo tenía la esperanza de que el esperado discurso del presidente Mubarak respondiera a sus demandas. Pero han visto frustradas sus expectativas. En su mente un lema claro: "si Mubarak no se va nosotros tampoco". Muchos de los manifestantes se han entrado de la aparición de Mubarak en televisión nacional y del contenido de su discurso gracias a las llamadas que les han informado de las novedades. Y la reacción de las miles de personas que permanecen en la plaza ha sido la misma: no piensan moverse hasta que Mubarak se vaya del poder

Expectación ante el discurso

Para los presentes, su renuncia a no presentarse a las futuras elecciones no significa que vaya a abandonar el cargo que mantiene desde hace treinta años, por lo que persisten en la idea de permanecer en la plaza hasta que esto se produzca.

El rechazo al discurso de Mubarak no se hizo esperar, y las imágenes de las cadenas de televisión mostraban la inmediata indignación de los manifestantes, que respondieron al unísono con gritos de "fuera fuera". "No puedo ver a nadie en la plaza de la Liberación que acepte que vaya a ser presidente otros ocho meses más y que vaya a ser la persona en la que confíen para realizar una transición democrática después de treinta años en el poder", ha dicho uno de los manifestantes a la agencia Reuters.

Una indignación que no se ha limitado solo a El Cairo. Las protestas en Alejandría se intensificaron, y las retransmisiones en directo mostraron choques entre algunos de los manifestantes y simpatizantes de Mubarak. Unos enfrentamientos en los que se llegaron a escuchar disparos, sin que se haya conocido algún herido, mientras un tanque del Ejército intentaba controlar la situación.

Tal y como ya habían anunciado a lo largo del día de hoy, los egipcios tienen la intención de salir de nuevo a las calles el próximo viernes. El escenario de la nueva protesta va a cambiar: se va a trasladar de la plaza en la que el mundo ha puesto sus ojos durante la semana de protestas a las puertas del palacio presidencial Heliopolis, sede del Gobierno. Una nueva protesta con la que quieren ver la reacción que toma la guardia presidencial ante sus reivindicaciones.

La gente sigue aguantando en la plaza, tras ocho días, con mantas, agua y zumos que les van dejando la gente más adinerada. Y entre todos limpian los restos. En un ambulatorio cercano, el mayor número de atendidos es por desfallecimiento debido al cansancio, la falta de agua y comida. Los residentes en El Cairo, no todos, han podido hacer un alto en su protesta e ir a descansar a sus hogares. Pero otros muchos provienen de otras ciudades del país, y ya son muchos días sin descanso durmiendo a la intemperie.

Antes del discurso y de la indignación, la plaza fue una fiesta llena de vida y de voces. Más de un millón. La concentración superó con creces las expectativas de sus convocantes. Desde todas las calles se vertieron ríos de manifestantes de todas las clases sociales.

La plaza se había llenado de familias y de jóvenes deseosos de libertad. No importaron las dificultades en los accesos habilitados por los soldados que registraban e identificaban a cada ciudadano. Tampoco el calor o el toque de queda. Se comió y se bebió. Algunos rezaron. La mayoría, simplemente hablaron, rieron y gritaron consignas. Los egipcios han hecho de la plaza un hogar en el que caben todos y no piensan abandonarla hasta que hayan limpiado sus rincones hasta al último miembro del régimen de Hosni Mubarak.


Decimosexto día del pueblo tunecino
Se acabó la libertad

 

Rebelión
Fotos de Ainara Makalilo



Maquiavelo decía, con otras palabras, que el príncipe a veces, cuando pierde legitimidad ante su pueblo, tiene que llamar a la continuidad "revolución". Se cambian los nombres no porque hayan cambiado las cosas sino para que todo siga igual. O parecido, porque los nombres son también cosas -como guantes- que no se ajustan a todas las situaciones. En la antigua China, los emperadores que iniciaban una nueva dinastía, tras un golpe palaciego, cambiaban todos los pesos y todas las medidas y comenzaban desde cero el cómputo del tiempo. Ben Alí derrocó desde dentro a Bourguiba y a ese putsch cortesano lo llamó el Gran Cambio, le Grand Changement. Y si es verdad que nunca había ocurrido antes que un pueblo árabe derrocase a un tirano, una gran contracción se vive en estos días en Túnez, donde empieza a temerse, tras el asalto ayer a la Qasba, que todos los sacrificios de estos días hayan sido inútiles.

- Es como si nunca hubiera habido un 14 de enero -resume desolada Amira.

La policía, en efecto, tras dos semanas de contención, ha vuelto a adueñarse de la situación. Ayer rompió manos y piernas en la Qasba y durante todo el día han circulado listas sin confirmar de muertos y desaparecidos. Al menos veinte detenidos seguían esta tarde en comisaría. Y sobre la plaza de la Qasba quedaron ayer, entre mantas, jaimas y cacerolas, decenas de teléfonos móviles desperdigados. De muchos de los dispersados de ayer no se sabe nada. Entre tanto esta mañana, 12 horas después, mientras se repintaban las paredes de lo que fue durante cinco días el ministerio del pueblo, La Press publicaba en portada una fotografía de la concentración triturada con el titular: “en la Qasba la caravana de la libertad sigue las protestas”. La revolución es ya la marca -la chispa de la vida- de un gobierno que teje en la oscuridad y de una prensa que utiliza nuevos nombres para nombrar las mismas cosas.

Los inversores extranjeros se impacientan y EEUU, pendiente de Egipto, quiere sofocar definitivamente el foco tunecino. Las protestas, debilitadas por la claudicación de la UGTT, se reprimen ahora sin contemplaciones. A los tunecinos, que se habían acostumbrado a campar a sus anchas en la avenida Bourguiba, se les ha recordado durante todo el día que hay una ley marcial, que las manifestaciones están prohibidas, que es la policía, y no el pueblo, la que ocupa las calles. Bombas lacrimógenas y golpes de porra han escandido una jornada en la que los medios internacionales, volcados sobre Egipto, ni siquiera estaban presentes -o apenas- en la rueda de prensa de Human Rights Watch. Empezábamos a habituarnos a saltar y ahora hay que aprender de nuevo a correr.

Pero en esta jornada de resaca -en la que el mar retrocede llevándose los restos de la fiesta- he conocido a un tipo enorme, descomunal, un tipo cuyo pesimismo musculoso induce paradójicamente al optimismo. Me lo ha presentado el periodista italiano Gabriele del Grande, admirado reportero que se toma en serio su profesión, y hemos pasado algunas horas con él. Se trata de Redha Redhaoui; es un abogado de Gafsa que ha dedicado los dos últimos años de su vida a defender, sin atender a riesgos ni a ambiciones, a los encausados por las revueltas mineras de 2008 en Redeyef y los otros pueblos de la región. Es un hombre grande, cuadrado, de cabellos grises y maneras francas y cálidas; gran bebedor, extraordinario narrador de anécdotas jocosas y de una generosidad apabullante. Uno se siente tranquilo a su lado mientras enumera implacablemente los motivos de inquietud.

- ¿Que por qué dio el nuevo ministro del Interior la orden de desalojar la Qasba? No la dio el ministro del Interior. Los nuevos ministerios son de cartón-piedra. No deciden nada. Hay un gobierno paralelo en la sombra.

Ese gobierno paralelo tiene que ver, claro, con la intervención de los Estados Unidos. No es que la revolución haya sido manipulada o provocada desde el exterior, dice; ha sido, al contrario, de una pureza tan grande que su propia autonomía la pone en peligro. Pero desde 2009, mientras todos los demás descartaban esa eventualidad, los EEUU se preguntaban si realmente era posible que los movimientos sociales en el mundo árabe derrocasen un gobierno. El imperialismo estadounidense no accionó ni gestionó las revueltas, pero estaba preparado para ellas. Hasta el punto de que -asegura- el concepto de “revolución de los jazmines”, en el que nadie se reconoce, había sido ya enunciado 8 días antes de la inmolación de Mohamed Bouazizi el 17 de diciembre.

- La situación ahora es muy complicada -dice, recordando la famosa frase de Gramsci. - Nos encontramos varados entre un mundo antiguo que no acaba de morir y un mundo nuevo que no acaba de nacer. En ese hueco se ha despertado de golpe la conciencia de la gente; es una conciencia explosiva que lo quiere todo aquí y ahora, que no está dispuesta a esperar ni a negociar, pero que choca con límites económicos, sociales, políticos muy severos. Esta desproporción entre la libertad pura y sus posibilidades reales de materialización hace complicado maniobrar frente a un régimen que se ha alterado apenas. En ese pantano, entre el mundo antiguo que no acaba de morir y el nuevo que no acaba de nacer, está además la policía, un cuerpo educado para defender la dictadura, muy difícil de controlar y aún más difícil de depurar.

Por otra parte asegura que con la UGTT no se puede contar. Está ocupada en resolver su propia crisis. La dirección está implicada en las entrañas corruptas del sistema y ha colaborado en su sostenimiento impidiendo la formación de otras fuerzas sindicales. Los militantes de izquierdas obligados a operar a su sombra chocan ahora contra límites infranqueables debilitando al mismo tiempo la unidad del sindicato. Las divisiones son grandes, como lo prueba, por ejemplo, el comunicado que el sector de la enseñanza ha repartido en la calle Bourguiba y en el que se apoya la lucha del pueblo contra el gobierno provisional de Ghanoushi.

Mientras habla y bebe cerveza en el Hotel Internacional, Redha Redhaoui comenta la situación en Egipto, cuyas imágenes ofrece Al-Jazeera en tiempo real. Le divierte mucho la reproducción paso por paso de los acontecimientos en Túnez y la paradójica concesión de Mubarak, que por primera vez nombra un vicepresidente o, lo que es lo mismo, un sucesor: Omar Suleiman, jefe de los servicios secretos y el hombre más próximo a Israel. En ese momento suena su teléfono móvil. Le llaman desde Qasserine.

- Mañana han convocado una huelga -dice- y me piden que se alerte a los medios extranjeros para cubrirla. Quedan muy pocos y eso que esto, al contrario de lo que se puede pensar, no ha hecho sino empezar.

Salimos a una avenida Bourguiba revuelta y oscurecida, en la que se han manifestado Las mujeres demócratas, grupos de estudiantes y pequeños coágulos gritones disueltos una y otra vez por la policía. En la calle Marsella, un joven cubierto con una capucha, demacrado, delgadísimo, balbuciente se acerca a nosotros; le muestra a Redha un papel con mano temblorosa y le cuenta que es hermano de uno de los mártires de Qasserine y que no tiene dinero para volver a su ciudad. Redha le pasa la mano por el hombro, le escucha y luego le da discretamente veinte dinares (10 euros), una cantidad descomunal de dinero.

- La primera historia es falsa -dice con picardía- pero la segunda puede ser verdad. Así que apliquemos el principio de presunción de inocencia.

Y luego tenemos que ajustarnos a toda velocidad sobre la boca la mascarilla que nos han dado por la mañana en la avenida Bourguiba y salir corriendo. El aire se vuelve de nuevo tenso y picante. Silban las bombas lacrimógenas y una sombra lejana nos pisa los talones.

En la avenida de Paris aflojamos el paso. Como si no pasara nada, Redha nos propone ir a beber y comer algo. Pero en ese momento suena de nuevo su teléfono móvil. Tenemos que retroceder porque su amiga Faten, una joven de Gafsa a la que nos presentó algunas horas antes, está herida. La encontramos cien metros más allá, sostenida por tres o cuatro personas. Apenas si puede caminar y cuando llegamos hasta ella se desploma en el suelo. La kufiya palestina que le cubre el pelo está manchada de sangre.

- La policía ha entrado en el café y le ha golpeado con la porra en la cabeza -nos dice unos de sus acompañantes.

Redha la levanta, para un taxi y, despidiéndose de nosotros precipitadamente, se la lleva al hospital Charles Nicole.

La atmósfera del Passage es pastosa y sórdida. No hay ni manifestaciones ni protestas. Sólo algunas personas desperdigadas inmóviles en las aceras. Pero hete aquí que de pronto llegan tres furgones policiales, se abren las puertas y desembarca un racimo de uniformados negros. Los contemplamos casi como una curiosidad turística, sin comprender de qué se trata. Luego todo el mundo sale corriendo y nosotros también. Vuelven a detonar las bombas lacrimógenas; corremos, corremos, corremos con el corazón en la boca, con la impresión de que están por todas partes, zigzagueando entre callejuelas y arrastrando con nosotros a todos los que paseaban tranquilamente por ellas.

Cuando llegamos a casa, llamamos por teléfono a Redha. Sigue en el hospital, pero afortunadamente Faten está bien.

Túnez no.

La conciencia de la gentes es muy superior a la estrechez del contexto. La estrechez es, en efecto, muy estrecha.

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   Nuestro irritante amigo verde

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   Jóvenes en la avenida Bourguiba

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  Las Mujeres demócratas piden laicismo y el fin de la represión



Sobre la "Transición" en Túnez y Egipto

 

 

Viendo lo que está pasando en Egipto uno tiene la sensación del déjà vu en Túnez. Mártires que se queman a lo bonzo; protestas por todo el país; intervención asesina de la policía sobre todo en las ciudades de provincias; extensión de las protestas a la capital; carteles de los dictadores arrancados; censura; mensajes tranquilizadores de los dictadores; dimisión de miembros del  gobierno; recrudecimiento de las manifestaciones; retirada de la policía; bandas de sospechosos saqueadores; jóvenes que defienden sus barrios de los saqueos; intervención del ejército; acogida calurosa de los manifestantes al ejército.

Túnez y Egipto corren parejos. A este proceso la Secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, lo llama “Transición”. Empleó por primera vez el término refiriéndose a Túnez en su comunicado de prensa del 14 de enero. Lo volvió a emplear en la rueda de prensa que mantuvo con la ministra de Exteriores española otra vez para referirse a Túnez. Anteayer reiteró el concepto al referirse a Egipto. También lo empleó Richard Holbrooke a propósito de Afganistán: “No tenemos una estrategia para la salida, sino una estrategia de transición”. Es evidente que algo ha cambiado en la actitud de los EE.UU hacia los países que asoman al Mediterráneo (también se advierten sacudidas en Albania) y en otros países árabes. Cuando la fuerza de los dictadores designados por el Imperio ya no garantiza el dominio del territorio, entonces los EE.UU recurren a "transiciones". Que nos lo digan a los españoles, o a los chilenos, o a los argentinos.

En el caso en cuestión hay un asunto demográfico que se ha escapado del control del Imperio, obsesionado por mantener el statu quo en la zona. Hasta lo de Túnez, la política estadounidense no veía mucho más allá de la garantía de las relaciones con Israel y el control de las negociaciones de paz. El 13 de enero, en el Fórum para el Futuro de Doha, hasta la Clinton reconocía el estallido social en el mundo árabe: “Por ejemplo, la mayoría creciente de la población de esta región está por debajo de los 30 años. De hecho está previsto que en un país, Yemen, la población se doble en 30 años”. Y se acordaba de Santa Bárbara limpiándose las manos: “Aquellos [líderes de la zona] que se aferren al statu quo acaso puedan dar respesta al impacto de los problemas de sus países durante un tiempo, pero no para siempre […]”. En la II Cumbre Económica Árabe, celebrada en Sharm el Sheij justo después de estallar la revuelta en Túnez, los jefes de Estado de las 22 naciones árabes prefirieron priorizar el impulso a un programa de dos mil millones de dólares para apoyar a las economías más débiles y evitar protestas callejeras contra el desempleo, el alza de precios y la corrupción. Esa generosidad póstuma no sólo no tranquilizó a nadie sino que dio buena muestra de cuánto temblaban los regímenes hasta entonces indiscutibles.

Da la sensación de que los EE.UU y Europa llegan tarde a esta cita con la historia y que este intento de domarla mediante un proceso gobernado desde arriba manu militari no es tan sencillo. Tony Blair expresa bien el objetivo último de este proceso (y la dificultad de alcanzarlo ahora): "Hay que gestionar el proceso de tal modo que tengan verdadera democracia, pero siempre que la relación entre israelíes y palestinos no se vea afectada, sino mejorada". El Imperio ha estado ciego por el peligro del islamismo, ha abrazado el conflicto de civilizaciones y ha perdido de vista la explosión demográfica. Según datos de este año, el 52% de los egipcios tiene menos de 25 años; y uno de cada cinco tiene edades comprendidas entre los 15 y los 24 (son 17 millones según UN Population Division). Un  dato más sobre la desesperación en que vive la juventud egipcia: en 2010 hubo 104.000 intentos de suicidio, el 67% de los cuales los protagonizaron jóvenes de edades comprendidas entre 19 y 25 años. Ante la falta de expectativas, a los jóvenes de las riberas sur y este del Mediterráneo les atrae con fuerza la inmigración, el sueño de Europa para salir de su pesadilla cotidiana. Para estos jóvenes, “quemar la frontera era un acto político, de ruptura contra las restricciones de la libertad de circulación impuestas por Europa [...]” (1). El que esa frontera sur se cerrara, el que se esté construyendo un muro en la frontera greco-turca es, en la misma medida, un acto político, sólo que sucede en sentido opuesto. Cuántos políticos europeos están cabalgando la idea de la invasión de inmigrantes para ganar consenso. El último ha sido David Cameron: "El boom de la inmigración hizo que nuestra economía naufragara". Europa, con gran cortedad de miras, sólo ha pensado en frenar la presión migratoria sellando fronteras, y ahora esos pueblos oprimidos han estallado. Un hecho de estos días deja claro hasta dónde llegan la cerrazón y la hipocresía europeas: el pasado 27 de enero dimitió Ahmad Masa'deh, Secretario de la Unión por el Mediterráneo, tras un año en el cargo, y lo hizo por falta de financiación para el proyecto: pidieron 14,5 millones de euros para funcionar, pero sólo les otorgaron 6,2 millones. Amén de la excusa de la financiación, este proyecto fracasa también porque, aunque su misión era promover inversiones, no ha conseguido nada y los países árabes están cansados de prospectivas. Las inversiones directas de compañías europeas en países de la orilla sur del Mediterráneo suman poco más del 2% de las inversiones europeas en el mundo (2). La Cumbre de Barcelona fue anulada dos veces. Por no financiar, la Unión Europea ya no financia ni las apariencias con los vecinos. Desde que Catherine Ashton, Alta Representante de la UE para Exteriores, asumió su cargo, la UE nunca habla antes que lo hagan los EE.UU o Israel. No es de extrañar que en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores del lunes apareciera como por arte de magia el concepto de "Transición ordenada".

Si esta idea es la misma para la Clinton que para el Jerusalem Post, que apuesta por Solimán por ser “capaz de mantener el orden mientras se apuntan cambios graduales”, es probable que no tardemos en ver editoriales como aquel vergonzoso “Mubarak manda” de 1995 en que, después de 12 muertos durante unas elecciones, se elogiaba a "uno de los aliados más fieles de Occidente", que intentaba al menos “mostrar avances en la construcción de una democracia laica y pluralista bajo la autoritaria dirección de Hosni Mubarak”.

Mucho depende de cómo reaccione estos días el ejército egipcio. Más aún de cómo siga reaccionando el pueblo egipcio, que de momento sigue entusiasmado al ver tambalearse al dictador. Sin embargo, después de leer las últimas crónicas desde Túnez de Jacopo Granci (en italiano) o, mejor, las de Alma Allende, da la impresión de que estadounidenses, israelíes, europeos y los viejos secuaces de los regímenes quieren que el pueblo "transite ordenadamente" por la historia hasta alcanzar ese purgatorio democrático donde el mercado se ocupa -si le dejamos- de tareas que hacían antaño los dictadores. Pero no caigamos en el derrotismo. Mucho se ha ganado ya. No podrán borrar el aliento de libertad de estos días.

 Notas:

1. Gabriele del Grande, Il Mare di mezzo, Infinito Ed. p. 22.

2. La Vanguardia, 23/1/2011, p. 14

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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shiren 02/03/2011 04:05



asi se hace correr a los milicos anti pueblo de mierdaaaaaaaa!!!!!! vamo arriba a quemar todo carajooo asi se levanta un pueblo ni un paso atras huelga indefinida cerrar todo y juntar bastante
piedritas y fierritosssss!!!!ALLAH HU AKBARR CARAJOO!!!hasta las momias se levantaron para ir de frenteee juaaaa