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El polvorín

¿Cuál es el papel del educador en un mundo de violencia y de conflictos?

27 Junio 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

José Rouillon, 26 de junio del 2011

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La educación debe romper las paredes de la escuela.

 

La escuela, como está, como está concebida, no funciona.


El educador no es un "trasmisor" o vendedor de ideologías o de conocimientos o de exámenes o de tareas conociendo muy bien que las ideas, las ideologías o las formas pensar y de ver el mundo no se imponen. Y, los maestros -también se equivocaron- consideraron que la escuela era el lugar para domesticar! Tenerr la propiedad de su clase, de  sus estudiantes, de sus "a-lumnos", y sus pizarras para hacer los dictados y mandar hacer las tareas..... 

 

Nadie tiene la propiedad de la educación, y no se la puede encerrar en cuatro paredes, meter o embotellar en un recipiente!.


Paulo Freire estuvo contra la educación dominadora, domesticadora, cosificadora o bancaria,  proponiendo una educación liberadora, reflexiva, crítica y propositiva para cambiar y transformar el mundo. La mente no cambia la realidad, nos decía. Es la acción.

 

Nadie se libera solo. Nadie se libera agrediendo a los demás, ninguneando, despreciando, desmereciendo a los demás. Creyéndose la perfecta persona o el perfecto político o el perfecto partido o movimiento político, ni el perfecto profesor o maestro como si estuvieran posesionarlos de la verdad y capaces de juzgar hasta las conciencias de los demás.

 

Nadie en educación liberadora prejuzga. Nadie es perfecto. Somos todos inacabados pero con capacidades de ser mejores. Hay una fuerte tendencia al egoísmo, a destruir al otro, de competir para excluir consecuencia de la ideología del sistema capitalista neoliberal dominante. Nuestra práctica consiste en una negación del canibalismo, del primitivismo de estar siempre compitiendo y atacando a los demás. Eso es una enfermedad de soberbia que se respira en ciertos ambientes y que es nefasto. Piensan que siempre los errores están en los demás.

 

La educación liberadora sale de la conciencia ingenua, infantil y pasa a la conciencia adulta, objetiva, respetuosa de las opiniones y de otras posiciones construyendo espacios de diálogo y de acción sin exclusiones, desarrollando los valores de la autenticidad, de la transparencia, de la verdad, del esfuerzo, de la solidaridad. Y, también, desenmascarando los mitos y las mentiras de la dominación de clases superiores, de género y de raza, y de culturas. 


Enseñar-actuar sobre saberes muy concretos y simples: No robar, no se mentir, no ser ocioso. Ser justo. Y, también, por supuesto, hay momentos de denuncia de la ideología capitalista dominante que nos hace o nos convierte en enemigos los unos contra los otros.

 

El educador no piensa mal, sin dejar de ser prudente y observador de la realidad. Es constructor de unidad y no promotor de divisiones y de enfrentamientos inútiles  e interesados. Busca lo positivo que una, que acerque,  y no siempre lo negativo que separa y enfrenta, pero superando la falsedad y nunca siendo cómplice de ella.

 

Distingue claramente entre los diferentes y los antagónicos, entre los aliados y los enemigos, que sociológicamente si los hay. El educador es realista. No es idealista. Busca sumar y no fraccionar o dividir, en lo posible. No le hace o no cae en el juego de la derecha, y el educador popular tiene que ser muy transparente para saber en qué dirección está, y hacia adónde debe ir.

 

El educador no se cree ni se piensa como el posesionarlo único de la verdad única. Todos son y somos necesarios, salvo sectarismos y dogmatismos que cierran los caminos para la unidad.

 

El educador es una persona de acción unitaria. El educador sabe que hay momentos de hacer preguntas, de dar respuestas, como guardar silencio. Todo tiene su hora, pero entre todos es que construimos. Sumando y no dividiendo.

 

El educador anima las buenas conductas, espera, toma y reconoce lo mejor de los demás. Cree firmemente que las personas no están determinadas, o predeterminadas por un antes, por un pasado, atadas de su pasado, o determinadas por un  presente, el que sea-, sino que están en un proceso permanente de conversión, de maduración, de perfeccionamiento. La educación es una permanente invitación a que seamos mejores.

 

Nadie es perfecto, y nadie puede ser magnificado o idolatrado. Eso no significa negar que los liderazgos existan y se evidencian en la realidad y no en una conferencia de prensa o en una entrevista o en un premio recibido.  Pero no bastan los líderes de papel o de discursos para cambiar la realidad, aunque todos somos necesarios.

 

El educador popular reconoce -le guste o no- que los pueblos no siguen ideas sino a personas. Y que hay un proceso educativo que realizar para unir personas con ideas y con hechos y con trabajo solidario. Y ahí está la responsabilidad que deben tener los liderazgos, y el propio educador para cultivar los carismas, los talentos y virtudes necesarios para "trasmitir", comunicar, plantear las propuestas para que sean entendidas, reflexionadas, compartidas y mejoradas.

 

Somos educadores de personas y de generaciones, que cada día son mejores, más exigentes, y también somos educadores de "masas", de gente común que deben llegar a convertirse en proyectos transformadores, de hacer nacer una historia y culturas nuevas.

 

El educador –siempre trabajo con otros- acepta el desafío para que nadie quede anclado en un pasado, sino, construyendo unidad, nos comprometamos a trabajar por un mundo mejor, sin exclusiones innecesarias, colaborando también en ayudar a cambiar el alma o sentimientos orgullosos, vanidosos, de los que se creen superiores o puros, que se creen los más más, y que ciegamente excluyen a otros y contradictoriamente, también se autoexcluyen, situándose por encima de los demás.

 

En el caso de la niñez, hacerles tomar confianza y seguridad, generar prácticas solidarias en sus relaciones grupales de aula y fuera de ellas, para que su futuro próximo sea mucho mejor a su pasado. Motivar, inducir, gestar energías, virtudes, desarrollo de sus talentos, pensando y creyendo que todos los niños los pueden desarrollar en tanto se les de apoyo, oportunidades,  confianza y seguridad..

 

La ternura, el cariño, la disciplina, el respeto, la motivación, el esfuerzo, la alegría, son buenos caminos de una verdadera praxis de una opción educativa liberadora.

 

El educador debe descubrir sus propias limitaciones, sus vacíos de formación y los vacíos de valores, para no tener conductas no democráticas buscando imponer o "trasmitir" sus ideas como las únicas y las verdaderas. El diálogo que permite saber comunicarnos y aprender unos de y con otros, es un rol insustituible permanente en la tarea docente.

 

El educador debe siempre estar en actitud de "esponja", de aprendeer, de acoger, de percibir, de aspirar, de recibir de otros, de alimentarse de y con otros, de interiorizar y de procesar reflexivamente todo lo que a él ha llegado para transformarse también él. Obligarse internamente a saber escuchar a otros. Somos como las monedas, cara y sello, cuerpo y alma, mente y cuerpo, materia y espíritu. Rabia y dulzura, amor y lucha, sueños y realidades. Somos una historia de aprendizajes e interaprendizajes permanentes a lo largo de toda la vida. Aspiramos a tener una formación multidimensional.

 

No podemos y no debemos observar solo una instante, una coyuntura, fijarnos en un momento, en una etapa o época que se negativa para descalificar a los demás, pensando que el otro, que las personas, los niños o adultos todos son un proceso continuo en la que sombras y luxces se confrontan, y no un acto aislado, para que sean descalificados o excluidos, porque la vida continúa, y todos tenemos derecho de gozar de una y mil nuevas oportunidades. Niños, jóvenes y adultos.

 

Los maestros, los educadores, los profesores nos vamos haciendo, siempre con otros, y el educador ayuda, colabora con sus estudiantes con su propio testimonio coherente de constante lectura del mundo, lectura de textos, a través de una capacitación y formación.

El profesor es el primero que debe exigirse una transformación en vida, hoy y mañana y después constante en formación, en valores, en mejores conductas o comportamientos, personales y sociales. Ya sabemos que nadie da lo que no tiene dentro de si mismo.

 

El educador no solo es el maestro. Toda la ciudad y comunidad debería llegar a ser educadora. En la comunidad, en el mundo, todos aprendemos unos de y con otros. Siempre.

 

También todos, en su propio espacio, deberán de convertirse en ciudadanos que contribuyan al bien y al desarrollo de los demás.

 

También lo es el político, el periodista o comunicador, el trabajador y dirigente gremial y estudiantil, el propio padre y madre también lo son, como los son los líderes del barrio, o un joven frente a otro joven, o el hermano mayor frente al hermano menor.

 

Todos somos educadores en nuestros propios espacios, funciones y responsabilidades. Todos somos miembros y participantes de una ciudad educadora. El educador es un ser que siempre aprende y revisa su propio pasado para hacerlo un mejor presente y futuro. La educación ya debe salir y romper las cuatro paredes de la escuela. La educación no es ni se reduce a impartir pedagógicamente conocimientos sino crear relaciones de convivencia pacífica de bienestar material y espiritual para todos.

 

Reiteramos una vez más que: "Nadie enseña o aprende solo, nadie trabaja solo, nadie se libera solo. Nadie sueña solo. Nadie llora solo. Nadie trabaja solo. Somos más que individuos. Somos personas sociales. Hay un mundo que trabaja, un mundo que sueña, un mundo que llora, un mundo que tiene esperanza de paz y justicia. Y, todo esto no se puede hacer solo.

 

Construyamos toda una ideología democrática de la educación que no sea elitista o autoritaria, siendo todos conscientes de la realidad de violencia estructural que vivimos y que busca acapararnos y embriagarnos también a nosotros como sostenedores y reproductores de esa cultura de dominación convirtiéndonos en transmisores activos o pasivos de esas ideologías  egoístas y domesticadoras.

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El profesor, el educador, todo educador y todo profesor somos agentes de paz que luchamos junto con nuestros propios estudiantes contra toda forma de violencia individual y estructural siendo ejemplos vivientes de nuestro compromiso por los derechos humanos, y la justicia social y una patria con desarrollo humano para todos.

 

Mejor es aprender de Paulo Freire en sus propias fuentes y reinventarlo a las realidades siempre cambiantes.

José.

 

José Rouillon Delgado
"POR LA UNIÓN DE LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE"
"Para transformar nada es suficiente y todo es necesario"
"La alegría no es enemiga del rigor científico"

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