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El polvorín

Cuba celebra 60 años de Televisión

21 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

60-tv-nota

Mayra Cué
Prensa Latina

Cuba, integrante de la trilogía fundacional televisiva en Iberoamérica, con México y Brasil; contribuyó de diversas maneras al establecimiento del sistema en varias naciones de América Latina.

Desde las últimas décadas de la primera mitad del siglo XX, las empresas radiofónicas-televisivas; entidades u organizaciones publicitarias y firmas electrónicas estadounidenses, con intereses comunes entre ellas y con sus similares en nuestros países, potenciaron la implantación de la televisión en la región.

En el caso de Cuba, una de las tres primeras, este fenómeno fue más evidente en tanto  nuestras dos primeras plantas UNION RADIO TV (Canal 4) y CMQ TV (Canal 6), tuvieron su embrión en sociedades anónimas poseedoras de radioemisoras homónimas cuyos dueños, Gaspar Pumarejo Such y los hermanos Mestre Espinosa, devinieron los  lideres del video.

Como consecuencia lógica de estos vínculos, el adiestramiento y entrenamiento para operar ambas plantas se realizó en las principales cadenas radiales-televisivas estadounidenses a donde acudieron los seleccionados para sus nóminas y aquellos creadores,  realizadores o directores contratados por las publicitarias nacionales o las subsidiarias de las transnacionales comunicativas norteñas radicadas en La Habana.

En tanto, la exclusividad de las principales publicitarias habitualmente conciliaba sus  intereses con los de las radioemisoras que le servían de soporte a sus estrategias comerciales-comunicativas, la llegada de la televisión estimuló la aspiración de replicar esa práctica en el audiovisual.

La cifra total de los cubanos que estudiaron en Estados Unidos fue comparativamente ínfima.

Las dos primeras televisoras se apropiaron de un significativo numero de actores sociales experimentados y prestigiosos en otros soportes mediáticos y escenarios culturales y la mayoría del capital humano que se volcó a ella, adquirió su formación de forma empírica,  en la practica cotidiana e imitando a los mas avezados.

La aceleración de los  procesos de aprendizaje y de puesta en marcha de esas dos primeras plantas y su competencia para arrebatarle al otro la primacía fue proverbial.

El fundador Canal 4 se instala en una residencia familiar y aquellos pocos que fueron enviados a Estados Unidos para aprender in situ las especialidades básicas, sólo arribaron días antes de la inauguración oficial,  el 24 de Octubre de 1950.

Por su parte el Canal 6, remodeló y reconvirtió velozmente para el video algunos foros del flamante edificio Radiocentro y comenzó operaciones apenas tres meses después, el 18 de Diciembre de 1950.

Tan vertiginoso como estos procesos fue el desarrollo alcanzado por los cubanos en la creación y gestión televisiva.

Pocos años después, ya devenían protagonistas de un nuevo flujo de aprendizaje que esta vez tenia por centro a esta capital, a donde acudieron numerosos latinoamericanos buscando aprender y entrenarse en los rudimentos audiovisuales.

Sin embargo, aquello no impidió que otros del patio fueran a impartir cursos especializados en numerosos  países de la región, entre los cuales estuvieron República Dominicana y México.

Este flujo del personal creativo y técnico hacia otros países fue un legado del cine y de la radio que la televisión retoma y potencia entre otras locaciones en Venezuela, Brasil, Puerto Rico y Colombia.   La resonancia singular de los casos de Puerto Rico y  Colombia, revela aportes adicionales a la consolidación de este medio de comunicación y soporte electrónico en la región:

En Puerto Rico, los cubanos habían participado desde su primera etapa en los canales TELEMUNDO y WAPA TV, su competidora.

La historia de WAPA TV revela que ya en 1954, mas del 50 por ciento de sus acciones pertenecía a los Mestre-Espinosa, los dueños entre otras propiedades de CMQ S.A., el Edificio Radiocentro, CMQ TV y CMBF TV en La Habana.

También contaban con una red de plantas filiales enlazadas por su propia cadena nacional de microondas que transportaba sus señales televisivas desde la capital a la mayoría de las cabeceras de provincias cubanas, primera experiencia de su tipo en Iberoamérica; lo cual volcó una oleada de sus empleados como Delfín Hernández,  a puestos claves en la estación boricua.

Esta participación accionaria cubana no sólo fue la primera de los Mestre-Espinosa  fuera de las fronteras cubanas, sino que con ella se inauguró la práctica de la inversión transnacional de capital mediático en Iberoamérica.

El caso del Canal 8, Televisión Nacional de Colombia, muestra aristas diferentes de esta colaboración.

Fundado en Bogotá, era la primera televisora de ese país suramericano y la excepción regional en esa etapa pues no pertenecía a una empresa privada sino al Estado, entonces presidido por el General Rojas Pinilla, quien asigna su operación a Radiodifusora Nacional de Colombia.

De esta forma Rojas materializaba el sueño acariciado desde que en 1936 descubrió este invento en Alemania.

Meses antes de la fecha prevista para su apertura, funcionarios gubernamentales viajaron a La Habana buscando contratar personal especializado que impartiera cursos y compartiera sus experiencias con los colombianos.

Coincidieron con la disolución del Canal 11 habanero y la cesantía de un grupo de técnicos experimentados, que en su mayoría viajo a ese país para formar y entrenar a quienes operarían dicha televisora.

Allí enfrentaron otros retos pues tuvieron que familiarizarse con la tecnología europea de la firma Siemens, excepción en América Latina, entonces monopolizada por las electrónicas estadounidenses RCA, Dumont y General Electric.

Todos esos técnicos cubanos, aunque fueron seleccionados para enseñar y adiestrar, simultanearon estas funciones con la operación directa de equipos.

Ello explica el hecho de que muchos de ellos fueran los operadores designados para el uso de las cámaras y de otras especialidades durante la inauguración oficial del 13 de Junio de 1954, difundida en vivo desde el Palacio Presidencial (Casa de Nariño) donde se convirtieron en protagonistas históricos de aquel acontecimiento.

Sin embargo esto no fue todo, muchos de ellos permanecieron laborando en sus especialidades durante los primeros años de la programación fundacional de esta primera televisora colombiana como camarógrafos, operadores de video o audio y también algunos de esos técnicos se entrenaron como directores de programas televisivos, algo obviado por el contrato original.

Todos ellos se inscribieron en la historia del Canal 8 de Bogotá, donde por su talento, experiencia y osadía,  recibieron numerosos lauros.

( ) La autora es asesora histórica de la Televisión Cubana y colaboradora de Prensa Latina.

Tomado de Cubadebate

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