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El polvorín

Cultivos transgénicos

29 Octubre 2009 Etiquetado en #Politica

Cultivos transgénicos: asalto a la llave de la cadena alimentaria


David Sánchez

Martes 27 de octubre de 2009, por Revista Pueblos

Los cultivos y alimentos transgénicos se introdujeron hace ya más de 13 años en nuestra agricultura. Aparecieron como la gran solución tecnológica al hambre en el mundo, a los problemas de los agricultores, para satisfacer las demandas de los consumidores… Llegaron de la mano de las grandes transnacionales de las semillas, que prometieron una nueva revolución verde basada en la biotecnología. Con tácticas frecuentemente poco éticas, se han instalado en un puñado de países, con resultados claramente desastrosos para la población local, para el medio ambiente y para un modelo basado en la agricultura campesina y la Soberanía Alimentaria.

Los cultivos y alimentos transgénicos son uno de los primeros enemigos a batir si queremos cambiar el modelo agroalimentario global e invertir las tendencias actuales. ¿Por qué?

Los cultivos transgénicos han fracasado de forma estrepitosa

Después de todos estos años, los transgénicos siguen confinados en un puñado de países, con un modelo de agricultura altamente industrializada y orientada a la exportación.

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Paula Cabildo

El 90 por ciento de la superficie mundial cultivada con transgénicos se reduce a cinco países americanos (EE UU, Argentina, Brasil, Canadá y Paraguay). La industria sólo se ha preocupado por crear productos a la medida de la agricultura industrial. Ni uno solo de los cultivos transgénicos actualmente en el mercado aporta algo a los pequeños agricultores, a los consumidores o a nadie que no sean las grandes multinacionales del sector y los grandes terratenientes.

Sólo hay dos características que se han introducido masivamente en los cultivos: resistencia a herbicidas y resistencia a insectos. Y estas características aceleran e incentivan las peores tendencias de la agricultura industrial: abuso de agroquímicos, concentración de tierras y monocultivos, reducción de mano de obra en el campo, productos estandarizados y orientados a los mercados globales.

Tras décadas de investigación y millonarias ayudas públicas, tan sólo son cuatro los cultivos que han sido modificados genéticamente y que están disponibles en el mercado global: soja, maíz, algodón y colza. La soja y el maíz se exportan a Europa para alimentación del ganado y mantener nuestro desmesurado consumo de productos animales o, junto a la colza, son cada vez más utilizados para producción de agrocombustibles. El algodón es fibra textil también para exportación. ¿Cuál será entonces su contribución a solucionar los problemas de hambre en el mundo?

Sus impactos y riesgos están sobradamente demostrados

Tras todos estos años de cultivos transgénicos, están ya más que demostrados los impactos ambientales, sociales y los riegos para la salud que ya se habían previsto ante su liberación masiva. Toxicidad, nuevas alergias, incremento de tóxicos en los alimentos, destrucción de la biodiversidad, amenaza para la fauna de ríos, destrucción de la fertilidad del suelo, desplazamiento de población campesina, expansión de los grandes monocultivos, aparición de "malas hierbas" resistentes a herbicidas, contaminación genética de cultivos básicos para la alimentación mundial, problemas sanitarios causados por el incremento masivo del uso de agrotóxicos, destrucción por contaminación de los modelos de agricultura más sostenibles, desvío de los fondos de investigación y ayudas públicas que podrían ir destinados a fomentar un modelo agrícola razonable y un largo etcétera.

Ponen la llave de la alimentación mundial en manos de cuatro multinacionales

Las grandes multinacionales del agronegocio vieron la oportunidad con la ingeniería genética de controlar la cadena alimentaria desde la base. Ya no sólo controlando la venta de semillas, sino garantizando que toda forma de conservación e intercambio tradicional de semillas quedase fuera del sistema legal. Y lo consiguieron gracias a una herramienta clave para el control del mercado, las patentes sobre los propios seres vivos.

En este contexto, hemos asistido durante los últimos años a un vertiginoso proceso de concentración industrial entre las multinacionales agrícolas. De las miles de compañías de semillas e instituciones públicas de mejoramiento que existían hace treinta años, ahora 10 transnacionales controlan más de dos tercios de las ventas mundiales de semillas que están bajo propiedad intelectual. De todas las empresas de plaguicidas que existían, ahora tan sólo 10 controlan casi el 90 por ciento de las ventas de agroquímicos. Y de casi mil empresas biotecnológicas emergentes hace quince años, 10 tienen ahora el 75 por ciento de los ingresos… Y los nombres se repiten entre los diez primeros de cada lista: Monsanto, Bayer, Syngenta, Dow AgroSciences o DuPont.

Sobre todo en manos de una…

Monsanto es la mayor empresa mundial de semillas, y prácticamente ostenta el monopolio de la tecnología transgénica, siendo responsable del 90 por ciento del total de eventos transgénicos utilizados en todo el mundo. No es de extrañar que presione para la adopción de su tecnología, con tácticas que muchas veces van más allá de los límites legales y éticos.

Para incrementar su poder e introducir sus productos, la estrategia pasa por controlar los mercados comprando las empresas semilleras locales. Para conseguir la autorización de los transgénicos, no duda en usar influencias para sortear la regulación, o colocar a personas clave de la empresa en relevantes puestos en la administración, como en EE UU. No han dudado tampoco en recurrir a prácticas ilegales como el soborno para conseguir la aprobación de sus cultivos, como en el caso de Indonesia. Otras estraPtegias son la de contaminar primero los cultivos convencionales para forzar a su legalización, como ha sucedido en Brasil, Paraguay o la India.

Una vez introducidos los transgénicos en el país, Monsanto utiliza la inevitable contaminación de campos y cosechas cercanas para afianzar su control del mercado. Decenas de inspectores de Monsanto recorren los campos estadounidenses en busca de campos contaminados por transgénicos, para denunciar a los afectados por uso ilegal de la patente. En 2007 Mientras los precios de los alimentos subían de forma dramática y condenaban al hambre a 100 millones de personas más, las transnacionales de los transgénicos incrementaron de forma vertiginosa sus beneficios. ¿Cómo?

Una vez eliminada la competencia y autorizados los transgénicos, Monsanto reduce la oferta de semillas convencionales, de modo que los agricultores no tienen otra opción. Y una vez que están atrapados en sus redes, Monsanto se puede permitir, por ejemplo, aprovechar situaciones de crisis para disparar el precio de sus semillas transgénicas. En 2008, incrementó en un 50 por ciento el precio de las semillas de soja transgénica y triplicó el de su principal maíz. Y gracias a que los transgénicos van asociados a herbicidas también de Monsanto, se permitió incrementar su precio. Por ejemplo el del glifosato, del que controla el 60 por ciento del mercado mundial, lo incrementó en un 134 por ciento.

Así, no es de extrañar que Monsanto prevea un incremento de sus ingresos en un 74 por ciento entre 2007 y 2010, triplicando sus beneficios netos en 2010 (de 984 millones de dólares a 2,96 miles de millones). Su estrategia y el fuerte control que ha conseguido del mercado de las semillas le están dando ya grandes resultados económicos.

Frenar los transgénicos, cambiar el modelo

Los transgénicos no son más que el máximo exponente de un modelo de agricultura industrial que nos conduce a la destrucción ambiental, la pérdida de seguridad y Soberanía Alimentaria. Facilitan, agravan y perpetúan todos los impactos asociados a este modelo agroalimentario que intentamos cambiar, por lo que frenar la imposición de los transgénicos es, en definitiva, uno de los pasos básicos para invertir este modelo. se habían documentado casos judiciales de Monsanto contra más de 400 agricultores o pequeñas empresas, creando un ambiente de miedo e inseguridad que ha propiciado una rápida adopción de sus semillas para evitar conflictos con la todopoderosa multinacional.

¿Quién se beneficia de los cultivos transgénicos? El control de la alimentación mundial que han facilitado los cultivos transgénicos quedó patente durante la reciente crisis alimentaria.

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