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El polvorín

¿DAMAS DE BLANCO?

2 Abril 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Roberto Fernández García


Damas de Blanco (remuneradas y fieles del imperio )

En las últimas semanas hemos recibido con indignación, repetidamente, las noticias, acompañadas de imágenes, que nos han mostrado a las mal llamadas “Damas de Blanco” mientras desfilaban por ciertas calles de La Habana aledañas a las embajadas, siempre escoltadas por diplomáticos y periodistas extranjeros hostiles a Cuba previamente ubicados en lugares estratégicos, en un montaje propagandístico espectacular, con todos los detalles concebidos por otros para lograr un show propagandístico. En torno al exiguo grupo de “damas” también constatamos la presencia de cientos de revolucionarios; personas mayores, jóvenes y adolescentes; gente sencilla y humilde del pueblo, demostrando su repudio a las impúdicas señoras y su apoyo irrestricto a la Revolución y a Fidel. También estaban presentes los miembros de la Policía Nacional Revolucionaria. No para reprimirlas, como hubieran deseado sus patrones -y seguramente habría sucedido, si la manifestación hubiera tenido lugar en cualquiera de esos países “ultra democráticos” al estilo gringo, como Honduras- sino para protegerlas e impedir que nadie se enfureciera por su actitud bandidesca, entreguista, traicionera y oportunista, y les lanzara siquiera una escupida a la cara. ¡Muy bien por nuestra televisión, que todo lo publicó a tiempo! Esta vez les arrebatamos la primicia y malogramos el “palo periodístico” que habían prefabricado los patrones de tal mascarada, con el único propósito de aliñar, con ingredientes criollos acabados de cosechar, la olla en la que se salcocha la campaña propagandística que, desde hace más de un mes, se cuece en el burdel de la Unión Europea, donde acompaña a la vieja dama indigna un séquito de meretrices, todas bajo la batuta dorada del proxeneta con sede en Washington. A pesar de que en las imágenes televisadas se puede comprobar que nadie siquiera les lanzó una piedra a las “distinguidas” empleadas, los medios de prensa de los patrones, y hasta el mismo Obama en persona, no han dejado de cacarear ridículamente, argumentando pretendidas acciones represivas por parte del gobierno y los seguidores de Castro contra sus indefensas trabajadoras asalariadas; mentiras que se pueden comprobar sin necesidad de recurrir a los videos, entrevistando a cualquiera de los cientos de ciudadanos que han sido testigos de las repetidas demostraciones realizadas por las señoras para cumplir con las horas de espectáculo exigidas en el contrato de trabajo que tienen con la Oficina de Intereses. Aunque, por supuesto, para los exigentes contratistas las declaraciones que sirven a sus fines no pueden ser las de un testigo objetivo y veraz cualquiera. Tienen que ser de aquellos que digan lo que ellos quieren escuchar. Para ello les pagan bien, por eso siempre encuentran, entre los que venden su alma al diablo por unas sucias monedas, a personas de baja catadura moral –como las matronas- dispuestas a repetir el libreto exigido, aunque tengan que difamar a su propia madre.

Las “Damas de Blanco” –como parecen haber sido nominadas en la plantilla de sus empleadores- no son, como todos sabemos, un movimiento popular; ni responden en modo alguno a las verdaderas inquietudes que, hoy por hoy, preocupan a todos los cubanos dignos; ni su espectáculo tiene en realidad nada que ver con ningún atropello ni violación de derecho alguno; como pretenden, en un intento baldío por parecerse a aquellas madres y abuelas que, en Buenos Aires, han exigido durante años justicia para sus hijos y nietos asesinados y desaparecidos por las dictaduras militares impuestas por los mismos que hoy les pagan a las de acá para reclamar derechos humanos supuestamente violados. Se trata de mercenarias que –aunque tal vez ni siquiera ellas mismas lo sepan- responden a los intereses de los servicios especiales y el Departamento de Estado de los Estados Unidos; reclutadas, orientadas, dirigidas, alentadas y pagadas por el gobierno de aquél país para secundar y tratar de hacer verosímil, desde adentro, la campaña difamatoria que estos últimos han puesto en escena, en un vano intento por desprestigiar a Cuba; pero, sobre todo, con el objetivo de preparar a la opinión pública internacional para, si se diera la oportunidad, justificar la agresión militar directa de su Ejército y su Fuerza Aérea, con los que USA acostumbra a fabricar “democracias” a sangre y fuego en cualquier rincón del mundo; como ya lo han hecho más de una vez, no sólo contra Cuba.

Esta vez, el espectáculo fue montado a partir del lamentable suicidio (ya que fue una muerte voluntaria propiciada por él mismo) del recluso Orlando Zapata Tamayo; un inveterado delincuente como otro cualquiera, sancionado por la comisión de delitos comunes, como existen decenas de miles en los Estados Unidos y en la Unión Europea, cuyos derechos y garantías en aquéllos países son pisoteados a diario sin que nadie se entere; pero que, en este caso, la tendenciosa y malintencionada propaganda mediática imperialista pretende, a través de la mentira, la tergiversación y la desinformación, venderlo al mundo como un disidente, un héroe, “un mártir de la lucha por los Derechos Humanos en la sufrida Cuba sometida por la dictadura comunista de los hermanos Castro”; supuesta víctima que, sin lugar a dudas, fue estimulada y convencida para que se declarara y mantuviera indefinidamente en huelga de hambre, utilizando como pretexto que no le satisficieron su descabellada demanda –obviamente, también inducida por otros que sí sabían las consecuencias de la urdimbre- de contar con teléfono, cocina y televisión para uso exclusivo en su celda, como si la prisión fuera un hotel de lujo, o se tratara de un capo de la mafia al estilo siciliano en los tiempos de oro de la Cosa Nostra en Italia. Valdría la pena saber cuánto le ofrecieron a ese pobre ignorante para que se prestara a desempeñar el rol principal en tan sórdido libreto; para lo cual -me atrevo a suponer- tuvieron que haberle prometido y hacerle creer que saldría ileso del arriesgado trance, aprovechando su segura ignorancia de que, después de cierto límite de ayuno, la muerte por inanición resulta biológicamente irreversible, pues ningún delincuente tiene madera de héroe, mucho menos de mártir.

Resulta evidente para cualquiera que tenga un mínimo de inteligencia y sentido común, que el director de escena y el guionista del drama sabían perfectamente que las autoridades penitenciarias cubanas –como las de cualquier otro país del mundo- por razones obvias, no estarían dispuestas a satisfacer las demandas (más bien el chantaje) de Zapata Tamayo, pues, de haberlo hecho, se habrían visto obligadas a hacer lo mismo con todo el que lo imitara; como también estaban seguros de que el actor sería fácil de manipular y convencer para que prolongara su ayuno hasta la muerte, sin saber lo que hacía, haciéndole creer que en la prisión se verían obligados a complacerlo, presionados por la opinión pública internacional. Contaban para ello, posiblemente, con la ignorancia y la avaricia del sujeto, así como con la fuerza del dinero prometido, del que -con toda seguridad- le dejaron caer algo desde el principio para tentarlo, y le mostraron el fajo mayor, prometido para después del último acto. Lo que desconocía el infeliz de Zapata era que sus amos habían previsto en el libreto hasta el más mínimo detalle, incluso su propia muerte. Ese era el final inesperado, el gancho que les garantizaría, a los “luchadores por los derechos humanos”, poder montar la segunda parte del espectáculo, esta vez con escenario en Europa. La vida de Zapata les importaba a los directores de escena, lo mismo que les importa las “Damas de Blanco”. Para estas “señoras” y sus amos da lo mismo que el muerto haya sido Zapata, como si hubiera sido un perro callejero atropellado por un carro. A ellas lo que les importa es cuánto les pagan por cada salida a escena; y si apareciera otro idiota dispuesto a interpretar similar papel disfrazado de mártir y dispuesto a morir como aquél, mejor aun; más dinero obtendrían ellas.

Por otra parte, lo más probable sea que –ya habituadas a la impunidad y saturadas de avaricia y propaganda- ni las pretendidas “Damas” tengan conciencia del verdadero sentido y alcance de sus actos, en reclamo de unos supuestos derechos humanos que ni ellas mismas saben lo que son. Quienes planificaron, montaron y echaron a andar todo el show; los que tienen en sus manos los hilos con que mueven a los títeres sobre el retablo, son los que saben los orígenes y todo el desenvolvimiento de la “obra”, así como el resultado final que pretende el autor. Se trata nada más y nada menos que de todo un montaje macabro que va más allá del show mediático y el gallinero escandaloso y ridículo de la mafia gusano-americana de Miami, los personeros del gobierno norteamericano y de la Unión Europea.

Nadie me lo ha dicho. Ni lo he leído en ninguna parte; pero conociendo al lobo como lo conocemos todos los cubanos que hemos sido, somos y seremos, parte de esta Revolución desde sus inicios, sospecho, con toda lógica, que estamos en presencia de una provocación en grande, montada por la CIA y el Pentágono, bajo la batuta del Departamento de Estado y la dirección general de la Casa Blanca, como parte de un plan encaminado a continuar la ofensiva que Obama ha iniciado en el subcontinente para recuperar la primacía imperial y hacer desaparecer a quienes le molestan. En la primera parte de la obra, fue Zapata el protagonista. Ahora integran el elenco las “Damas de Blanco”, para desarrollar la segunda parte; tal vez la más importante para facilitar las cosas a la Eminencia Gris que se oculta tras los bastidores de los pretendidos “Derechos Humanos, supuestamente violados al no satisfacer las pueriles demandas de Zapata, que mucho menos habrían aceptado las autoridades carcelarias de los Estados Unidos (si no me creen, pregúntenle a los familiares de Los Cinco). Posiblemente las “blancas señoras” también –además del pingüe salario que reciben del Departamento de Estado- estén siendo estimuladas con promesas monetarias mucho mayores para provocarlas a llegar hasta el final, pues lo que a mi juicio el enemigo pretende es que cualquier delincuente barato agreda a un agente del orden; o mejor aun, que ataque una estación de la Policía o una Unidad Militar; y si posible fuera, que mataran a alguno de los defensores, para que se produjera una respuesta lo más violenta posible, aun siendo en legítima defensa, que provocara aunque fuera un solo herido leve de la parte atacante, varios detenidos, y, sobre todo, mucho ruido internacional. Si lograran tal cosa tendrían en sus manos el objetivo más preciado por la cúpula gobernante de aquél país durante décadas, porque seguramente desde el mismo momento que comenzó el espectáculo tienen preparado todo el andamiaje necesario y desde hace rato los mercenarios están acuartelados en diferentes puntos de La Habana, cercanos al lugar seleccionado, para fabricar amotinamientos, actos de desobediencia, alteraciones del orden público, acciones vandálicas, incendios, atentados, asesinatos y de todo lo inimaginable en esa materia de la llamada ingobernabilidad; como también las tropas necesarias en la Base Naval de Guantánamo y hasta las del Comando Sur en La Florida, prestas a atacar; recursos que los maestros de la muerte guardan celosamente en su inagotable Caja de Pandora, contando siempre para ello dentro del país con la punta de lanza integrada por delincuentes de toda laya, tan ambiciosos e ignorantes como Zapata y las “Damas”, incapaces de medir el sentido, el alcance y las consecuencias de lo que hacen; ni las verdaderas intenciones de quienes les pagan para prestarse a secundar sus ocultos propósitos ingerencistas y guerreristas, largamente acariciados, con el objetivo de hacer desaparecer a la Revolución Cubana y su ejemplo emancipador, y acabar de anexarse a la Isla que, en el siglo XIX, trataron más de una vez de comprarle a España.

Si la Eminencia Gris lograra que las “Damas” y las exiguas cuadrillas de delincuentes comunes -integradas a algunos de los supuestos “partidos políticos de oposición” y pagados por la misma mano que paga a “las níveas señoras” - tuvieran tal nivel de ignorancia, y el valor suficiente para inmolarse y llevar las cosas tan lejos, podrían entonces poner en escena la cuarta parte de la obra, como antes lo ensayaran con éxito en la Ex Yugoslavia. Es decir, la invasión “humanitaria” de la Infantería de Marina de los Estados Unidos, apoyada por su poderosa Fuerza Aérea y sus bombas inteligentes de uranio empobrecido, cuyos golpes aéreos no dejarían piedra sobre piedra a lo largo y ancho del país, y provocarían cientos de miles de muertos entre la población civil, sin respetar siquiera la seguridad de las “Impolutas Damas” la de sus “disidentes” de la “sociedad civil” ni sus “adorados presos de conciencia” que les hacen el juego, pues ninguno de ellos tendría dónde meterse para protegerse del “fuego amigo” y se convertirían en víctimas de sus propios amos. Eso –según mi intuición- es lo que han tejido en sus planes los Señores de la Guerra, y lo que están tratando de llevar a cabo los conspiradores de la Sección de Intereses de Norte América en La Habana, cumpliendo las indicaciones del Departamento de Estado y la Agencia Central de Inteligencia bajo la égida del Premio Nobel de la Guerra que ahora habita la Casa Blanca, y se ha empeñado tercamente –mientras intenta engañar con sus demagógicas promesas- en poner fin a la avalancha revolucionaria que recorre la América Nuestra.

Pero esta obra de teatro es parte de todo un plan mucho mayor, que comenzó en Honduras e incluye a Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Guatemala, El Salvador, Paraguay, Uruguay, Brasil, Argentina y cualquier otro país latinoamericano que se atreva a defender sus intereses nacionales e intente recuperar los recursos naturales en beneficio de su pueblo, y con ello se oponga a la voracidad del imperio, con lo cual el amo del Norte considerará en peligro la seguridad nacional de los sacrosantos Estados Unidos, seguridad ante la cual nada importan las consecuencias de un genocidio en ningún “oscuro rincón del planeta”, aun cuando se trate de un pequeño país ubicado a miles y miles de millas de las costas estadounidenses. Sobre todo si en ese oscuro rincón existen suficientes recursos naturales, como petróleo, gas, metales estratégicos y todo aquello que el monstruo revuelto y brutal que nos desprecia dilapida a manos llenas y paga a precios de miseria a los países pobres de cuyo suelo lo obtienen, al tiempo que envenena el cielo, la tierra y los mares, poniendo el peligro la supervivencia de la especie humana. Mientras tanto, la plutocracia de Gringolandia busca desesperadamente algún “iluminado rincón” en el espacio cósmico al cual puedan retirarse a tiempo los dueños del Universo, y así poder escapar de la hecatombe que ellos mismos han provocado para los demás. Claro está, Cuba, según la diabólica metáfora imperial inaugurada por “W” en los tiempos en que se creyó un estratega genial, es el centro del “eje del mal”. Quien ha dado, y sigue dando, el mal ejemplo de querer ser libres a todos los esclavos del planeta, en particular a los del traspatio latinoamericano; pecado que el imperio no perdonará jamás.

Pienso que resulta oportuno preguntarles a “las del rebozo blanco”, esas campeonas que “luchan desinteresadamente” por los Derechos Humanos de los prisioneros políticos: ¿Por qué no han desfilado ante la Oficina de Intereses de los Estados Unidos para reclamarle al gobierno de aquél país que les permita a dos de los cinco héroes prisioneros desde hace once años en cárceles del imperio, Gerardo Hernández y René González, que aunque sea sus esposas, Olga y Adriana, los visiten en la prisión? ¿Por qué las “impolutas señoras” no reclaman al gobierno de los Estados Unidos que extradite a Venezuela a Luís Posada Carriles, el terrorista confeso más peligroso de todo el hemisferio occidental, responsable de numerosos asesinatos -no sólo contra el pueblo de Cuba- y a su cómplice Orlando Bosch, ambos responsables de la voladura del avión cubano frente a las costas de Barbados en Octubre de 1976, los que hasta hoy se pasean en total libertad por todo el territorio norteamericano? ¿Por qué no exigen a sus amos que eliminen el criminal bloqueo económico y financiero que mantienen contra Cuba desde hace cincuenta años, violando las más elementales normas del Derecho Internacional y los Derechos Humanos de todo un pueblo; en imperdonable burla a las repetidas resoluciones de la Comunidad Internacional representada en la Asamblea General de las Naciones Unidas?

La blancura de esos vestidos, “señoras”, no podrá limpiar jamás la conciencia de personas como ustedes, que venden la vida de todos los cubanos, como Judas, por unas espurias monedas manchadas con la sangre de las víctimas del imperio en todo el planeta. Con esa conducta ustedes se hacen partícipes directas de un montaje chantajista que forma parte de un enorme plan subversivo y guerrerista, fraguado por nuestros enemigos de siempre, dirigido a convertir a Cuba en algo peor que Afganistán e Iraq. Ustedes no son damas de blanco, son, simplemente, “Brujas de Conciencias Negras”, que han tomado el camino de la traición a la patria colaborando impúdicamente con los asesinos de nuestro pueblo; los que también las utilizan, aprovechando su ignorancia y avaricia, como hicieron con Zapata; porque también ustedes y sus familiares morirían bajo las bombas inteligentes de sus amos. Por eso, “límpidas matronas”, no sólo merecen ser puestas a disposición de los Tribunales competentes por la comisión de delitos de carácter continuado contra la seguridad exterior del estado, ya que pretenden subvertir el orden constitucional y, para ello, colaboran con una potencia extranjera; sino que, además, han de recibir la condena eterna de las actuales y futuras generaciones de cubanos, para que sus descendientes vivan eternamente avergonzados; y, a su debido tiempo, incluso llegará a caer sobre sus nombres el desprecio de sus propios amos de hoy, pues sepan Traidoras de Blanco”, que desde los más lejanos tiempos en la vieja historia de la traición, se afirmaba por parte de quienes utilizaban los servicios de escorias como ustedes: “Roma paga a los traidores; pero los desprecia…”.

 

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