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El polvorín

De vuelta en México

4 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Los Nadies
Polo, un mecánico en el DF

De vuelta en México

Habla un apasionado de la mecánica de motocicletas. Un hombre que fue migrante y como tal recorrió varias ciudades de Estados Unidos: “Los privilegios están en manos de los empresarios. Los que estamos abajo sólo sentimos el trancazo de esta economía”, dice.

Testimonio recogido en la Ciudad de México por Matteo Dean

Fotogafía Polo

Me llamo Leopoldo Guerrero Flores, pero todos me dicen Polo. Nací aquí, en la Ciudad de México, hace 51 años. Cuando tenía 23 años me fui a Estados Unidos con unos amigos de donde crecí, la colonia Obrera aquí de la ciudad. Me fui con un amigo de la colonia y su familia. En ese entonces uno estaba joven, quería conocer, estaba inquieto, quería conocer la vida afuera del país, deseaba ver otras cosas, conocer gente nueva y así me fui. Me fui sin papeles obviamente y crucé por Tijuana a San Isidro. Me atrapó la policía de allá (Estados Unidos) y me regresaron. Estuve luego otros quince días en Tijuana y en el segundo intentó logré quedarme allá.

Tardé cuatro años sin volver a México. Llegué a radicar en el estado de California, en el Este de Los Ángeles, luego en Monte California. Después, en los años siguientes, Arizona, en Nuevo México, parte de Utah. Llegué a la casa de la familia de mi amigo y luego me pude quedar en casa de una prima lejana.

Tras varios años pude regularizarme con el programa de regularización del gobierno. Cumplí los requisitos que pedían y así conseguí los papeles. Cuando llegué (a los Estados Unidos), encontré un trabajo en una fábrica de tortillas. Pero sólo duré una noche…pues estaba cabrón…tenía que agarrar la masa caliente que salía de una máquina, y así sin protección, tenía que meterla en otra que le diera la forma de la tortilla. Yo nada más duré una noche y les dije “ahí nos vemos” y me fui.

En ese entonces ya me había apuntado en una escuela de inglés. Por medio de un amigo de la escuela comencé a trabajar en una fábrica donde se hacían máquinas extractoras de humo, cargadores de baterías y otras cosas. Trabajé ahí cerca de un año, pues en ese entonces logré comenzar a trabajar en lo que realmente me gustaba, es decir, las motocicletas. Esa es una pasión vieja. Comencé a meterle mano a las motos cuando tenía 13 años, aquí en la ciudad, en un taller.

Después del trabajo en la fábrica entré al taller del maestro Ricardo Medina, el mismo que aún tiene su taller allá en Los Ángeles. Trabajé con él cerca de ocho años y seguimos en contacto. Me habla, me pide que vaya pará allá a trabajar, pero me ves, ya estoy instalado muy bien aquí. Independientemente del trabajo que tengo y que me agradó desde siempre, pues me considero una persona de origen humilde y siempre se me inculcó de parte de mi familia que a donde fuéramos había que aprender y trabajar.

Así, aún trabajando en el taller, tuve la posibilidad gracias a Medina de seguir estudiando. Terminé allá el curso de inglés como segunda lengua consiguiendo el certificado de English Second Language en tres años. Luego se me revalidaron algunas materias de mi preparatoria que hice aquí, en el Colegio de Ciencias y Humanidades y pude acabar la escuela en Estados Unidos.

De ahí me dediqué a trabajar, trabajar, trabajar. Cuando cumplí ocho años de trabajar con Medina, pues la relación se tensó. Al mismo tiempo tuve la fortuna de conocer a un argentino, Eduardo – no recuerdo su apellido – que me dio unos cursos de mecánica en Monte California. Gracias a él pude interrumpir mi relación con Medina antes de que se comprometiera demasiado y abrí mi propio negocio, mi taller. Me ayudó mucho mi viejo patrón. En mi nuevo taller trabajé unos cinco años, casi.

Tras esa experiencia regresé a México. Por extraño que parezca, yo que nací en la Ciudad de México, puedo decir que esta ciudad te crea costumbres: comida, amistades, el ambiente…Entonces vivir en los Estados Unidos para mi se volvió como vivir en una cárcel, encerrado. Viví allá mucho tiempo, pero todo tiene un límite. Además se me juntaron varias cosas. Comencé a extrañar mucho a mi país. Una de ellas, la más importante, fue que mi mamá no se sentía muy bien. Los primeros cuatro años que estuve allá (en los Estados Unidos), mi mamá se enfermó gravemente y mis hermanos no me dijeron nada. Cuando vino a visitarme a Los Ángeles, la noté diferente, muy flaca, ya no era la persona que yo había dejado. Cuando supe de la enfermedad, pasé los siguientes años con la angustia de que pudiera volver a pasar. Ya estaba en eso de terminar mi trámite de residencia. Cumplí con todos los requisitos. Faltaba sólo jurar a la bandera de Estados Unidos. Me hicieron esperar mucho tiempo. En ese lapso se juntaron las cosas y no esperé. Me vine de vuelta a México en 1997.

Mis hijos nacieron allá en Los Ángeles. Mi hijo mayor tenía 4 años, mi hija 3 y mi otro hijo 2 cuando nos volvimos para México. A mi esposa la conocí allá, pues junto al taller de Ricardo Medina había una casa donde vivía una señora grande que contrató a la que después fue mi esposa en calidad de niñera. Una vez trabajando, por encima de la barda, la vi pasar y dije: “No pues de aquí soy…”. Tras una semana de cortejarla, nos hicimos novios y al mes ya nos fuimos a vivir juntos. Luego nos embarazamos y cuando nació mi primer hijo, pues decidimos casarnos allá, en Los Ángeles.

Cuando nos regresamos a México, siendo mi esposa originaria de Uruapan, en Michoacán, nos fuimos a radicar allá. Monté mi taller, pero la vida es muy difícil en la provincia mexicana. Mi trabajo no tiene mucho espacio allá. Así que me vine a buscar trabajo aquí, en la ciudad. Entré en una agencia de motos de una marca muy famosa. Tuve la fortuna de que se me capacitara bien. Entré en 1999 y en 2005 terminé. Suena increíble, pero fue aquí en México donde aprendí realmente la técnica de la motocicleta. Allá, en Estados Unidos, mi trabajo lo conocí de una manera…lírica. Sabía el efecto que causaba mover un tornillo aquí, mover otra pieza, pero técnicamente no sabía por qué. Aprendí aquí la ciencia de las motos. Y en 2005 monté mi taller aquí en la Ciudad de México.

En mi vida me enseñaron a ser solidario. Es algo además que experimenté en carne propia. Desde que estudié aprendí a valorar ciertas cosas. Y a leer, estudiar, tratar de entender cómo van las cosas. Tuve un hermano que recientemente falleció que era sociólogo y él me insistió mucho en seguir mirando alrededor. Aquí en el taller siempre encuentras un periódico, pues siempre me gustó leer, estudiar, entender. Me gusta tratar de mantener activa la mente. Me empapé mucho de las ideas de mi hermano, como son la de ser franco y honesto. Claro está que soy derecho y honesto con las personas que se dedican a trabajar y tratan de ser mejores. Pero con quien me pide las cosas con exigencia y me falta al respeto, también me sé callar y hacerme respetar, pues en el pedir está el dar.

Acerca de ser migrante, te puedo decir que hoy es más complicado de cuando lo fui yo, pero de todas maneras estar sin papeles sí es difícil, sí le sufres. Vas con un coyote (la persona que cobra para ayudarte a cruzar ilegalmente la frontera), pasas vados, lluvias, amontonados en camionetas…pero seguramente hoy está más difícil. Por otro lado hay que hablar claro: el racismo en Estados Unidos siempre existió. Siempre. Lo tengo bien presente eso, pues inclusive viviendo en la comunidad mexicana en Los Ángeles, la misma raza lo hacen a uno sentirse mal. Eso siempre ha existido. Se recrudeció en los últimos años porque son unas personas fanáticas, no leen, la televisión los idiotiza.

Lo que acaba de pasar (los 72 migrantes ejecutados en Tamaulipas, en el norte de México) no es otra cosa que el producto de los gobiernos que tenemos en América Latina. La gente se tiene que salir de sus países para ir a buscar el pan, lejos de su casa. Desafortunadamente a ellos les tocó, ahora que en México las cosas están de lo peor. México está patas para arriba. Por más que el gobierno diga que la economía marcha bien, los que estamos a pié vemos que la realidad es otra. Las estadísticas que ellos manejan son una cosa, pero la realidad es otra. Con el alza de la gasolina (el precio del carburante en México se elevó notablemente en el último año), todo aumentó.

Vivimos en un país con un modelo económico que hizo que el país se retrasara más. Los privilegios están en manos de los empresarios. Los que estamos abajo sentimos el trancazo de esta economía. En unas semanas los mexicanos festejamos el Bicentenario de la Independencia. Ese es un festejo del gobierno, en el cual ellos mismos están echando la casa por la ventana, tratando de exaltar el patriotismo de la gente, porque de festejar, ¿qué tenemos que festejar? ¿Independientes de qué?

Y acerca de la libertad y de los legados de la Revolución, cuyo centenario se celebra el próximo 20 de noviembre, pues eso tampoco cambió mucho, no se cumplieron. Aquí en la Ciudad de México hubo ciertos avances: el aborto es legal, los matrimonios entre parejas del mismo sexo son legales…son avances que en la capital se dieron y que ahora muchos gobernadores de otros estados tratan de copiar para buscar más votos. Claro, aquí también pudieron tener la misma intención pero al menos tenemos esos derechos.

 

Tomado de Desinformémonos

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