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El polvorín

Del pozo a la fama: Porno Stars al lado de la Cordillera

9 Noviembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Puesta en escena oficial y provecho del mercado. La última noticia sobre los 33 mineros chilenos en su camino a la fama es la confirmación del rodaje de la película “La mina se tragó a los 33”, un film porno sobre los 70 días que estuvieron atrapados en la mina.
Por Laura Caniggia | Desde Buenos Aires
05|11|2010
http://farm5.static.flickr.com/4122/4918188453_78ab5b73dd.jpg

El porno-film, que será protagonizado por la estrella veinteañera de triple X Ana Karenina, será un nuevo producto comercial-cultural que se sume al ejército de “merchandaising” que se alistó después de la superproducción que montó el gobierno chileno para difundir la crónica del rescate de los obreros, todo con el estilo de un reality show.

Lejos de las cámaras que trasladaban los ojos chilenos a una de las tantas minas de pozo del desierto de Atacama, la emergencia política está puesta en el debate de la ley antiterrorista que le permite a la Justicia militar juzgar con sus propias leyes y en sus propios tribunales a todos los chilenos. Como un orden paralelo, y supremo.

Quienes reclaman la modificación de esa Ley son justamente quienes ven constantemente neutralizada su capacidad de acción por la aplicación de esa norma. El movimiento indígena, y muy en particular, del movimiento mapuche, pasaron días de hambre –de huelga de hambre- mientras las familias se sentaban a la mesa a cenar con el espectáculo minero de postre.

No es un dato menor. La población mapuche representa el casi el 30 por ciento de Chile. La mayor parte de la población indígena vive hoy día en las ciudades: 64,8 por ciento tiene asiento urbano. Sin embargo, el porcentaje de población rural sigue siendo más elevado en el mundo indígena que en la población no indígena. De las cinco regiones con mayor población, tres corresponden al territorio mapuche, una es la región metropolitana y la quinta es la región nortina de Iquique de predominante cultura Aymara y Atacameña.

Los gobiernos chilenos ejecutan el control de esta población bajo la premisa “tierras por paz social”: entregan algunas parcelas como método de vigilancia sobre los sujetos y sus bienes comunes. Lo implementan de la misma manera que lo sostienen, sin ruborizarse, los centros de estudios de Washington. Así, toda política de reconocimiento no es más que un intento por calmar la posible organización política, por esconder el conflicto.

Con esa misma intención se montó la estructura melodramática de la cobertura mediática de la odisea de los trabajadores 700 metros bajo tierra. La insistencia en las historias personales por fuera de su condición de mineros logró enfocar la crónica en la epopeya revolucionaria del “gran salvador Piñera” en lugar de evidenciar la problemática. Hay 25 conflictos mineros en Chile, 25 lugares donde las poblaciones están organizadas para denunciar explotaciones ambientales y laborales, explotaciones humanas, no mineras.

Allá, acá, no se están explotando minas, se están explotando hombres, chicos. Eso no queda claro. Eso es lo que no quieren que quede claro, es lo que se debe evaporar en la gran sopa química de los diques de cola.

El accidente que dejó atrapados a los 33 mineros es la consecuencia inevitable de un sistema económico despiadado que ha cambiado solo un ápice desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet: el cobre es el oro de Chile, y la frecuencia de los desastres mineros en el país sigue el ritmo de su precio y su ganancia. Su fluctuación económica marca a ritmo monótono la vida social y política trasandina.

Quien dirige el país, es justamente un billonario que tiene inversiones en sectores de la mega minería, la energía, las industrias y el comercio detallista. Y dentro del mapa latinoamericano se erige como una palanca necesaria para Estados Unidos, una rendija indispensable para controlar la influencia de las transformaciones sociales que se viven en Ecuador, Bolivia y Venezuela, apoyadas por políticas comunes entre Brasil y Argentina.

Él hizo penetrar dentro del pozo a todos los capitales privados, como aves de rapiña que olían un cerdo muerto. Los mineros chilenos vieron películas a través de un proyector integrado en un teléfono móvil de Samsung, evitaron los hongos y otras infecciones gracias a unas medias de Cupron elaboradas con fibra de cobre que protegen de las bacterias, y se comunicaron en videoconferencia con el exterior gracias a la fibra óptica de Micomo. Movistar también entregó dos teléfonos satelitales con llamadas gratuitas a las autoridades de gobierno de la zona.

“Chile será el primer país latinoamericano en acceder a los términos de desarrollo económico integral y sostenible", sostuvo Piñera hace pocas semanas en “una clase magistral en L´Ecole Polytechnique, según La Tercera –el Clarín chileno-. Y disparó: "La posibilidad de una alianza estratégica entre dos países –Chile y Francia- que están tan distantes en la geografía y al mismo tiempo tan cercanos en su espíritu, sus principios políticos, en su mirada de la economía ya está abierta". Una posición política muy clara que pretende concentrar las relaciones carnales de los noventa en la cama chilena.

Piñera, siempre cerca de las cámaras, logró que todas las miradas se posen sobre él, y lo muestren como el gran salvador. Aunque muchos se deben preguntar si, en virtud del exhibicionismo de los cuerpos que demostró, en lugar de Súperman no sería un “porno star” en La Moneda.

Tomado de APM

Foto El Polvorín

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