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El polvorín

DESHUMANIZACIÓN Y CONSUMISMO

5 Julio 2013 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

 

Conozca a Gina Rinehart, la nueva mujer australiana más rica del mundo

 

La mujer más rica del mundo, la multimillonaria australiana Gina Rinehart, propone esterilizar a los pobres

 

Un amigo iba para la frontera y me invitó a acompañarlo. Cuando estábamos allá, me dijo que tenía que hacer unas compras en un Free Shop, y fue así, por compañerismo, que entré.

Hace años que no entraba a un Free Shop, por eso ya no recordaba el frío que se siente allí. No me refiero a la falta de calefacción del local, me refiero a la falta de calor humano.

Apenas ingresé me reencontré con aquella desagradable sensación que me causan los templos del consumismo a los que se suele llamar "grandes superficies", para diferenciarlos del pequeño comercio que en la jerga es el "de proximidad".

Había mucha gente. Bueno, en realidad lo que había era muchos consumidores, compradores o miradores de mercadería. Me pareció estar ante un montón de personas drogadas o anestesiadas, por su lento caminar y sus movimientos casi robotizados. Vi espaldas tensas, cuellos rígidos, rostros con gestos de curiosidad, brazos y manos dispuestas a palpar y tomar. A nadie parecía importarle la presencia de otras personas, a las que en éstas circunstancias se esquiva como quien elude obstáculos. Se me hizo evidente que el fenómeno de la indiferencia respecto a los demás seres humanos parece agudizarse en las grandes superficies.

¡Los ojos! Es en esas miradas dirigidas fijamente a los objetos en exhibición, donde más se aprecia el estado mental que caracteriza a los devotos, perdón, a los clientes, que deambulan por el templo, perdón, por el Shopping. Frente a cada altar, perdón, frente a cada sección, buscan el mejor lugar para observar y de ser posible tocar los objetos de su devoción, perdón, de su interés.

Había decenas de personas en el Free Shop, y mi amigo se perdió entre ellas. Me sentí absolutamente solo. Muchos de los que andaban por los pasillos también andaban en total soledad en medio de la multitud. Es muy desagradable ver "tanto solo junto", como diría otro amigo.

Mientras trataba de recuperarme de la mala experiencia que describo, me entero leyendo el diario, de una situación insólita que se dio en una de las grandes superficies de Montevideo. ¡No lo podía creer! Un hombre murió mientras hacía sus compras y el gerente del comercio dio orden de que el local siguiera funcionando y de ocultar el cuerpo sin vida del infortunado cliente, levantando cajas de mercadería en derredor, mientras se cumplían las diligencias del caso antes de retirarlo del lugar donde se produjo su muerte. ¡El templo del consumismo siguió funcionando! ¡Ni siquiera la muerte de un ser humano pudo detener el negocio! Con toda razón el sindicato de empleados del comercio emitió un comunicado repudiando la actitud de la empresa.

 

 

 

Entonces me acordé de una noticia que leí hace un tiempo:

"Multimillonaria australiana propone esterilizar a los pobres. La mujer más rica del mundo, dueña de la minera Hangkock Prospecting (HPPL), propone la "solución" para evitar que las clases bajas se multipliquen. "Evitando que los pobres procreen, podemos crear una nueva clase de australianos inteligentes, trabajadores y bien pagados que forjarán nuestro futuro económico", afirma

".

He confirmado y reconfirmado estas declaraciones de la señora Gina Rinehart varias veces, y la indignación que me causan es enorme. ¿Así que la solución para terminar con la pobreza es castrar a los pobres? ¿No se le ocurre a esta señora que en el mundo hay suficientes recursos económicos como para que los siete mil quinientos millones de habitantes del planeta vivamos bien, pero que el problema es que menos del diez por ciento de la población concentra casi el 90% de la riqueza? ¿No sería mejor que esterilizar a los pobres, intentar repartir un poco más equitativamente la riqueza del mundo?

Es fácil hacer la conexión entre las tres cosas: las deplorables declaraciones de ésta insensible empresaria, la sorprendente decisión del gerente del supermercado donde murió un cliente y la sensación de soledad que se siente en los grandes templos del consumismo. Las tres cosas tienen en común el factor "deshumanización". Ese es el resultado de promover el modelo consumista que está destrozando la sociedad en los países donde se aplica.

Meditando en eso, me di cuenta de que era hora de pensar en que íbamos a cenar en casa y fue un placer ir hasta "lo de Araujo" – el almacén del barrio- y comprar lo que hacía falta sin despojarme de mi humanidad. Por el camino fui saludando gente, cuando llegué me recibieron con el afecto de costumbre y usando mi nombre, porque comerciante y clientes, todos nos conocemos. Por eso hablamos del tiempo, de fútbol, de política o de lo que sea, con la fluidez de personas que se conocen y se aprecian.

Volví a casa con mi bolsita de compras contento de vivir en un pueblo donde solo hay una de esas llamadas "grandes superficies", que se instaló hace un par de años , a la que nunca he pisado y no pienso pisar.

Aníbal Terán Castromán

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