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El polvorín

deslizamentos de terra do Brasil e não escutar a natureza.

25 Enero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

The Cost of Not Listening to Nature on Brazil.

Vista aérea de um deslizamento de terra em Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.

El costo de no escuchar a la naturaleza .

  Un cataclismo ambiental, social y humano se ha abatido en la segunda semana de enero sobre las tres ciudades serranas del Estado de Río de Janeiro, Petrópolis, Teresópolis y Nueva Friburgo, con cientos de muertos, destrucción de regiones enteras y un inconmensurable sufrimiento de quienes perdieron familiares, casas y todos sus haberes. Sus causas más inmediatas han sido las lluvias torrenciales propias del verano, y la configuración geofísica de las montañas, con poca capa de suelo sobre el cual crece una exuberante floresta subtropical, asentada sobre inmensas rocas lisas, que a causa de la infiltración de las aguas y el peso de la vegetación provocan frecuentemente deslizamientos fatales.


Se culpa a las personas que ocuparon las áreas de riesgo, se incrimina a los políticos corruptos que distribuyeron terrenos peligrosos a la gente pobre, se critica al poder público que se mostró indolente y no hizo obras de prevención por no ser visibles y no atraer votos. En todo esto hay mucha verdad, pero la causa principal de esta tragedia avasalladora no reside en eso.
La causa principal deriva del modo como solemos tratar a la naturaleza. Ella es generosa con nosotros, pues nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir, pero en contrapartida la consideramos como si fuera un objeto del que podemos disponer a capricho, sin sentido de responsabilidad por su preservación y sin que le demos retribución alguna.

Al contrario, la tratamos con violencia, la depredamos, arrancando todo lo que podemos de ella para nuestro beneficio. Y encima la convertimos en un inmenso basurero de nuestros desechos.
Todavía peor aun: no conocemos su naturaleza ni su historia. Somos analfabetos e ignorantes de la historia que se realizó en nuestros lugares a lo largo de millares y millares de años. No nos preocupamos de conocer su flora ni su fauna, las montañas, los ríos, los paisajes, las personas significativas que vivieron ahí, artistas, poetas, gobernantes, sabios y constructores.
Somos en gran parte todavía deudores del espíritu científico moderno que identifica la realidad con sus aspectos meramente materiales y mecanicistas sin incluir en ella la vida, la conciencia y la comunión íntima con las cosas que los poetas, músicos y artistas nos evocan en sus magníficas obras.

El universo y la naturaleza tienen una historia que está siendo contada por las estrellas, por la Tierra, por la afloración y la elevación de las montañas, por los animales, por los bosques y selvas, y por los ríos. Nuestra tarea es saber escuchar e interpretar los mensajes que nos mandan. Los pueblos originarios sabían captar cada movimiento de las nubes, el sentido de los vientos, y sabían cuando venían o no trombas de agua.

Chico Mendes con quien participé en largos recorridos por la selva amazónica de Acre sabía interpretar cada ruido de la selva, leer las señales del paso de la onza en las hojas del suelo, y con el oído pegado a la tierra conocer la dirección que llevaba la manada de peligrosos cerdos salvajes.

Nosotros hemos olvidado todo eso. Con el recurso de las ciencias leemos la historia inscrita en las capas de cada ser, pero este conocimiento no ha entrado en los currículos escolares ni se ha transformado en cultura general. Antes bien, se ha vuelto técnica para dominar la naturaleza y acumular.
En el caso de nuestras ciudades serranas es natural que haya lluvias torrenciales en el verano. Siempre pueden ocurrir desmoronamientos de las laderas. Sabemos que ya se ha instalado el calentamiento global que have estos sucesos más frecuentes y más intensos. Conocemos los valles profundos y los riachuelos que corren por allí. Pero no escuchamos el mensaje que nos envían, que es no construir casas en las laderas, no vivir cerca del río, y preservar celosamente la vegetación de las riberas. El río tiene dos lechos: uno normal, menor, por el cual fluyen las aguas corrientes y otro mayor por donde se vacían las grandes aguas de las lluvias torrenciales. En esta parte no se puede construir ni vivir.
Estamos pagando un alto precio por nuestro descuido y por la destrucción de la Mata Atlántica que equilibraba el régimen de lluvias. Lo que se impone ahora es escuchar a la naturaleza y hacer obras preventivas que respeten el modo de ser de cada ladera, de cada valle y de cada río.
Sólo controlamos la naturaleza en la medida en que la obedecemos, sabemos escuchar sus mensajes y leer sus señales. En caso contrario tendremos que contar con tragedias fatales evitables.
 
Leonardo Boff

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blog.corpodebombeiro.net/

  • JADSON MARQUES/AE 
    Foto: JADSON MARQUES/AE
    2 Moradores buscam sobreviventes e resgatam pertences depois que várias casas foram soterradas por um deslizamento na rua do Estoqueiro, em Nova Friburgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • MARCOS DE PAULA/ AE 
    Foto: MARCOS DE PAULA/ AE
    3 Casas atingidas por queda de barreira no centro de Nova Friburgo, Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • Domingos Peixoto / Agência O Globo 
    Foto: Domingos Peixoto / Agência O Globo
    4 Área de um deslizamento de terra em Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 5MARCOS DE PAULA/ AE 6 
    Foto: 5MARCOS DE PAULA/ AE 6
    5 Homens do Corpo de Bombeiros buscam por moradores em Nova Friburgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • AP Photo/Felipe Dana 6 
    Foto: AP Photo/Felipe Dana 6
    6 Vítima dos deslizamentos de terra sob escombros em Teresópolis. Rio de Janeiro, 13 de janeiro de 2010.
  • REUTERS/Bruno Domingos  
    Foto: REUTERS/Bruno Domingos
    7 Ginásio esportivo utilizado como abrigo para as vítimas dos deslizamentos de terra em Teresópolis. Rio de Janeiro, 13 de janeiro de 2011.
  • REUTERS / Bruno Domingos  
    Foto: REUTERS / Bruno Domingos
    8 Crianças dormem em um ginásio esportivo utilizado como abrigo para as vítimas dos deslizamentos de terra em Teresópolis. Rio de Janeiro, 13 de janeiro de 2011.
  • AFP PHOTO/MARINO AZEVEDO 
    Foto: AFP PHOTO/MARINO AZEVEDO
    9 Sobrevivente resgatado de um deslizamento de terra em Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • AP Photo/Paulo Cezar, Agência O Globo 
    Foto: AP Photo/Paulo Cezar, Agência O Globo
    10 Corpos das vítimas do deslizamento de terra após fortes chuvas no bairro do Caleme, em Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • Carlos Ivan / Ag. O Globo 
    Foto: Carlos Ivan / Ag. O Globo
    11 O ginásio Pedro Jahara, conhecido como “Pedrão”, no centro de Teresópolis, transformou-se em abrigo para as famílias prejudicadas pela forte chuva. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • AFP PHOTO/VANDERLEI ALMEIDA 
    Foto: AFP PHOTO/VANDERLEI ALMEIDA
    12 Área de deslizamento de terra em Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • JADSON MARQUES/AE 
    Foto: JADSON MARQUES/AE
    13 Duas pessoas mortas no deslizamento de terra no bairro Vale do Cedro, em Nova Friburgo, são veladas em cima de uma mesa de sinuca de um bar da cidade. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • REUTERS / Roberto Stuckert Filho / Presidência  
    Foto: REUTERS / Roberto Stuckert Filho / Presidência
    14 A Presidente Dilma Rousseff sobrevoa área afetada pelas inundações e deslizamentos de terra em Nova Friburgo. Rio de Janeiro, 13 de janeiro de 2011.
  • Carlos Ivan / Ag. O Globo 
    Foto: Carlos Ivan / Ag. O Globo
    15 O ginásio Pedro Jahara, conhecido como “Pedrão”, no centro de Teresópolis, transformou-se em abrigo para as famílias prejudicadas pela forte chuva. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • Gabriel de Paiva / Agência O Globo 
    Foto: Gabriel de Paiva / Agência O Globo
    16 Rio transborda e inunda o distrito de Manoel de Moraes, no Município de Santa Maria Madalena. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 13JADSON MARQUES/AE 
    Foto: 13JADSON MARQUES/AE
    17 Moradores buscam sobreviventes e resgatam pertences depois que várias casas desabaram por conta de um deslizamento no bairro Vale do Cedro, em Nova Friburgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 14Carlos Ivan / Ag. O Globo 
    Foto: 14Carlos Ivan / Ag. O Globo
    18 As fortes chuvas deixaram centenas de pessoas mortas, e milhares desabrigadas. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 15FABIO MOTTA/ AE 9 
    Foto: 15FABIO MOTTA/ AE 9
    19 Área afetada pelas inundações e deslizamentos de terra, em Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 16Domingos Peixoto / Agência O Globo 
    Foto: 16Domingos Peixoto / Agência O Globo
    20 Corpos das vítimas dos deslizamentos de terra na delegacia de Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 17Gabriel de Paiva / Agência O Globo 
    Foto: 17Gabriel de Paiva / Agência O Globo
    21 Rio Grande transborda e inunda o distrito de Manoel de Moraes, no município de Santa Maria Madalena. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 18MARCOS DE PAULA/ AE 
    Foto: 18MARCOS DE PAULA/ AE
    22 Estragos causados por deslizamento de terra na Praça do Suspiro, no centro de Nova Friburgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 19Domingos Peixoto / Agência O Globo 
    Foto: 19Domingos Peixoto / Agência O Globo
    23 Parentes e amigos de vítimas na porta do IML de Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 20MARCOS DE PAULA/ AE 
    Foto: 20MARCOS DE PAULA/ AE
    24 Área onde houve deslizamento de terra no centro de Nova Friburgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 21MARCOS DE PAULA/ AE 
    Foto: 21MARCOS DE PAULA/ AE
    25 Homens do Corpo de Bombeiros buscam por moradores que foram soterrados durante deslizamento de terra em Nova Friburgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 22AP Photo/Marino Azevedo 
    Foto: 22AP Photo/Marino Azevedo
    26 Vista aérea de um deslizamento de terra em Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 23Domingos Peixoto / Agência O Globo 
    Foto: 23Domingos Peixoto / Agência O Globo
    27 Vista aérea da região de Itaipava, em Petrópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • MARCELLO MEDEIROS/O Diário de Teresópolis/AE 20 
    Foto: MARCELLO MEDEIROS/O Diário de Teresópolis/AE 20
    28 Estrago causado pela lama proveniente dos deslizamentos de terra em Teresópolis. Rio de Janeio, 13 de janeiro de 2011.
  • 24 Hudson Pontes / Agência O Globo 
    Foto: 24 Hudson Pontes / Agência O Globo
    29 Destruição causada pelas chuvas na região de Itaipava, em Petrópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 25MARCOS DE PAULA/ AE 
    Foto: 25MARCOS DE PAULA/ AE
    30 Casas atingidas por queda de barreiras em Nova Friburgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 26Leonardo Dresch / Agência O Globo 
    Foto: 26Leonardo Dresch / Agência O Globo
    31 Estragos na região de Imbuí, em Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 27Leonardo Dresch / Agência O Globo 
    Foto: 27Leonardo Dresch / Agência O Globo
    32 Chuvas fortes causam destruição e mortes na Região Serrana do Rio de Janeiro, em 12 de janeiro de 2011.
  • 28MARCOS DE PAULA/ AE 
    Foto: 28MARCOS DE PAULA/ AE
    33 Área onde houve deslizamento de terra no centro de Nova Friburgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 29REUTERS/Bruno Domingos 
    Foto: 29REUTERS/Bruno Domingos
    34 Área afetada pelas inundações e deslizamentos de terra, em Nova Frigurgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 30REUTERS/Bruno Domingos 
    Foto: 30REUTERS/Bruno Domingos
    35 Área afetada pelas inundações e deslizamentos de terra, em Nova Frigurgo. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 31REUTERS/Bruno Domingos 
    Foto: 31REUTERS/Bruno Domingos
    36 Vista aérea de um deslizamento de terra em Teresópolis. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.
  • 34REUTERS/Bruno Domingos  
    Foto: 34REUTERS/Bruno Domingos
    37 Cristo Redentor, no Morro do Corcovado. Rio de Janeiro, 12 de janeiro de 2011.

    Fonte: http://especiais.ig.com.br


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    The Cost of Not Listening to Nature
                Leonardo Boff
                 Theologian
             Earthcharter Commission

      An environmental, social and human cataclysm occurred in the second week of January, in three mountain cities of the State of Rio de Janeiro; Petropolis, Teresopolis and Nueva Friburgo. There were hundreds of casualties, whole regions were destroyed, and those who lost their families, homes and everything they had, endured overwhelming suffering. The immediate causes were the torrential rains, common in Summer, and the geophysical configuration of the mountains, with a thin top soil, on which an exuberant subtropical forest grows.  It is all set on immense smooth rocks, that due to the infiltration of water and the weight of the vegetation, frequently result in fatal landslides.
    Blame is placed on the people who occupied the risky areas, and on the corrupt politicians who distributed dangerous terrain to the poor. Criticism falls on the public authorities who could have cared less and did not undertake preventative projects, because such public works would be invisible, and would not attract votes. There is much truth in all of that, but the principal cause of this devastating tragedy is not found there.
    The principal cause is found in the way we treat nature. She is generous with us, because she offers us all that we need to live. But we consider her an object, that we dispose of capriciously, with no sense of responsibility for her preservation and without giving her any form of recompense. To the contrary, we treat nature violently, deprecate her, taking everything we can from her for our benefit. And to top it off, we turn her into a garbage dump, for all our refuse.
    Worse still: we know neither her nature nor her history. We are uneducated and ignorant of the history of our land, for the many thousands of years past. We do not care to know either her flora or her fauna, her mountains, rivers, the scenery, the important persons who have lived there; artists, poets, persons in power, wise men and women; and the builders.
    To a large degree, we are still bound to the modern scientific spirit, that characterizes reality merely by its material and mechanic aspects, without including life, consciousness and the intimate communion with that which poets, musicians and artists bring us in their magnificent works. The history of the universe and nature is being told to us by the stars, by the Earth, by the uprising and elevation of the mountains, by the animals, the woods and jungles, and by the rivers. Our task is to know how to listen and interpret the messages that are sent to us. The original peoples knew how to read every movement of the clouds, the meaning of the winds, and they knew when violent downpours were coming. Chico Mendes, with whom I participated in long journeys through the Amazon jungle of Acre, knew how to interpret each whisper of the jungle, read the signs of the gait of the onza, a.k.a., the snow leopard, through the leaves on the ground, and with his ear glued to the Earth, he could tell the direction in which a dangerous pack of wild pigs was going. We have forgotten all that. With the help of science we read the history inscribed in the layers of each being, but this knowledge has not entered the school curriculum, nor has it been infused into the general culture. Instead, it has become a technique to dominate nature and to accumulate riches.
    In the case of our highland cities, it is natural that there are torrential rains in summer. Landslides can always happen in the hillsides. We know that global warming is already making these events more frequent and intense. We know the deep valleys and the small rivers that run in that area. But we do not listen to the messages they send us: to not build houses in the hillsides, nor to live near the river, and to jealously preserve the vegetation of the river banks. The river has two beds: the usual, minor one, through which the current waters flow; and another, major one, through which the great waters of the torrential rains drain. It is unwise to build or live in these areas.
    We are paying a high price for our carelessness and for the destruction of the Atlantic Thicket, that used to balance the seasons of the rainfalls. What is important now is to listen to nature and to undertake preventative projects that respect the mode of being of each hillside, of each valley and of each river.
    We only control nature to the degree that we obey her, know how to listen to her messages, and how to read her signs.  Otherwise, we will have to expect avoidable, fatal tragedies.
     
    Leonardo Boff
    01-16-2011
     
    Free translation from the Spanish by
    Servicios Koinonia, http://www.servicioskoinonia.org.
    Done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.

    ———————————————————————-

    Boff: O preço de não escutar a natureza

    por Leonardo Boff

    O cataclisma ambiental, social e humano que se abateu sobre as três cidades serranas do Estado do Rio de Janeiro, Petrópolis, Teresópolis e Nova Friburgo, na segunda semana de janeiro, com centenas de mortos, destruição de regiões inteiras e um incomensurável sofrimento dos que perderam familiares, casas e todos os haveres tem como causa mais imediata as chuvas torrenciais, próprias do verão, a configuração geofísica das montanhas, com pouca capa de solo sobre o qual cresce exuberante floresta subtropical, assentada sobre imensas rochas lisas que por causa da infiltração das águas e o peso da vegetação provocam frequentemente deslizamentos fatais.

    blogdogilsonreis.blogspot.com/

    Culpam-se pessoas que ocuparam áreas de risco, incriminam-se políticos corruptos que destribuíram terrenos perigosos a pobres, critica-se o poder público que se mostrou leniente e não fez obras de prevenção, por não serem visíveis e não angariarem votos. Nisso tudo há muita verdade. Mas nisso não reside a causa principal desta tragédia avassaladora.

    A causa principal deriva do modo como costumamos tratar a natureza. Ela é generosa para conosco pois nos oferece tudo o que precisamos para viver. Mas nós, em contrapartida, a consideramos como um objeto qualquer, entregue ao nosso bel-prazer, sem nenhum sentido de responsabilidade pela sua preservação nem lhe damos alguma retribuição. Ao contrário, tratamo-la com violência, depredamo-la, arrancando tudo o que podemos dela para nosso benefício. E ainda a transformamos numa imensa lixeira de nossos dejetos.

    Pior ainda: nós não conhecemos sua natureza e sua história. Somos analfabetos e ignorantes da história que se realizou nos nossos lugares no percurso de milhares e milhares de anos. Não nos preocupamos em conhecer a flora e a fauna, as montanhas, os rios, as paisagens, as pessoas significativas que ai viveram, artistas, poetas, governantes, sábios e construtores.

    Somos, em grande parte, ainda devedores do espírito científico moderno que identifica a realidade com seus aspectos meramente materiais e mecanicistas sem incluir nela, a vida, a consciência e a comunhão íntima com as coisas que os poetas, músicos e artistas nos evocam em suas magníficas obras. O universo e a natureza possuem história. Ela está sendo contada pelas estrelas, pela Terra, pelo afloramento e elevação das montanhas, pelos animais, pelas florestas e pelos rios. Nossa tarefa é saber escutar e interpretar as mensagens que eles nos mandam.

    Os povos originários sabiam captar cada movimento das nuvens, o sentido dos ventos e sabiam quando vinham ou não trombas d’água. Chico Mendes com quem participei de longas penetrações na floresta amazônica do Acre sabia interpretar cada ruído da selva, ler sinais da passagem de onças nas folhas do chão e, com o ouvido colado ao chão, sabia a direção em que ia a manada de perigosos porcos selvagens. Nós desaprendemos tudo isso. Com o recurso das ciências lemos a história inscrita nas camadas de cada ser. Mas esse conhecimento não entrou nos currículos escolares nem se transformou em cultura geral. Antes, virou técnica para dominar a natureza e acumular.

    No caso das cidades serranas: é natural que haja chuvas torrenciais no verão. Sempre podem ocorrer desmoronamentos de encostas. Sabemos que já se instalou o aquecimento global que torna os eventos extremos mais freqüentes e mais densos. Conhecemos os vales profundos e os riachos que correm neles. Mas não escutamos a mensagem que eles nos enviam que é: não construir casas nas encostas; não morar perto do rio e preservar zelosamente a mata ciliar. O rio possui dois leitos: um normal, menor, pelo qual fluem as águas correntes e outro maior que dá vazão às grandes águas das chuvas torrenciais. Nesta parte não se pode construir e morar.

    Estamos pagando alto preço pelo nosso descaso e pela dizimação da mata atlântica que equilibrava o regime das chuvas. O que se impõe agora é escutar a natureza e fazer obras preventivas que respeitem o modo de ser de cada encosta, de cada vale e de cada rio.

    Só controlamos a natureza na medida em que lhe obedecemos e soubermos escutar suas mensagens e ler seus sinais. Caso contrário teremos que contar com tragédias fatais evitáveis.

    Leonardo Boff é filósofo/teólogo

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    Tragédia das chuvas no Rio de Janeiro

    Foto 5 de 63 – 18.jan.2011 Vista aérea das inundações no > município de Sumidouro, devido às fortes chuvas que atingiram a região serrana do Rio de Janeiro Mais Antonio Scorz/AFP
    20 janeiro, 2011

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