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El polvorín

Después de chisporroteo entre Colombia y Venezuela Hasta las FARC apuestan por UNASUR

31 Agosto 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Resulta rescatable que las fuerzas irregulares prefieran como marco al foro sudamericano por sobre otras organizaciones regionales, pero la cuestión plantea serias dificultades diplomáticas.

Alfonzo Cano, vocero de las FARC, quiere exponer sobre su vision del conflicto colombiano
Foto: semana.com
Por Diego Ghersi | Desde la Redacción de APM
26|08|2010
La manifiesta intención de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) de hacer escuchar argumentos en el marco de la UNASUR agregó una nueva pieza al conflicto que sacude a Colombia desde hace casi cincuenta años.

La carta abierta en la que las FARC publican su solicitud de que el bloque sudamericano convoque a una asamblea a efectos de exponer su posición se dio a conocer en el sitio electrónico de la Agencia de Noticias Nueva Colombia, que tiene su base en Estocolmo, Suecia.

Ante la sorpresiva iniciativa, el flamante gobierno colombiano se apuró a rechazar rotundamente el pedido de las FARC y, en ese sentido, el ministro de Defensa colombiano, Rodrigo Rivera, condicionó cualquier intento de diálogo a que la organización revolucionaria demuestre previamente “su verdadera voluntad de frenar el conflicto armado de forma clara y fehaciente”, en virtud de que “con los terroristas no se dialoga”.

Además, Rivera reforzó su rechazo al pedido insurgente en función de que “la comunidad internacional no puede establecer un paralelismo diplomático entre las FARC y el Poder Ejecutivo elegido en las urnas por los colombianos”.

La solicitud de las FARC sí ha encontrado algún eco en el seno del gobierno ecuatoriano, país que temporalmente está a cargo de la presidencia de UNASUR.
El canciller de ese país, Ricardo Patiño, anunció su voluntad de consultar con Colombia sobre la viabilidad de la propuesta de las FARC: "Una comunicación presentada por fuerzas irregulares de un país lo único que podría merecer es conversar con el gobierno de ese país para ver qué le parece”. Con ese objetivo, Patiño se reuniría con María Ángela Holguín, su homóloga colombiana.

Con gran tacto y a pesar de su receptividad a la comparecencia de la guerrilla en UNASUR, Patiño mostró su respeto a la negativa del gobierno colombiano y aseguró que se impondrá el criterio de Bogotá a la hora de decidir aceptar o no la propuesta de las FARC, dado que una conducta en contrario implicaría inmiscuirse “en los asuntos de otro país”.

De estos hechos y del texto producido por las FARC no puede evitarse el ensayo de algunas consideraciones.

Podría atribuirse que la iniciativa de las FARC ha sido motivada, en alguna medida, por la actuación que le cupo desde su nacimiento a UNASUR como bombero de los problemas regionales y en particular al desempeño de su Secretario General, Néstor Kirchner, durante el acercamiento en el conflicto que enfrentó a los gobiernos de Venezuela y Colombia.

Resulta rescatable que las FARC prefieran como marco al foro UNASUR por sobre las otras organizaciones. Dicha inclinación podría justificarse en el hecho de que UNASUR se ha mostrado siempre independiente de la injerencia extra regional, cuestión que la transforma tácitamente en un espacio confiable y afín al diálogo.

Para valorar correctamente esta última apreciación no puede evitarse la mención al otro actor del conflicto colombiano, Estados Unidos, que a través de las políticas implementadas en el marco del Plan Colombia y de su inexplicable presencia militar efectiva en la zona de combate influye y condiciona las acciones del gobierno encabezado por Juan Manuel Santos. En ese sentido las FARC preferirían UNASUR para, al menos en ese ámbito, anular la presión distorsiva del Departamento de Estado.

Las referencias a Estados Unidos en la carta abierta de las FARC son múltiples y su contenido justifica la búsqueda de un espacio ajeno a Washington:
“…el gobierno de Colombia mantiene cerrada la puerta del diálogo con la insurgencia acicateado por el espejismo de una victoria militar y la injerencia de Washington”. Es esta injerencia, en forma de “estrategias preventivas”, la que habría imposibilitado desde hace años la adopción de salidas políticas al conflicto.

Es el “espejismo de una victoria militar”, el que garantiza la continuidad de la presencia militar estadounidense en el territorio sudamericano de Colombia.

Para UNASUR, acceder unilateralmente al pedido de las FARC sería, implícitamente, reconocer a dicha fuerza con el mismo status de un Estado miembro, cuestión diplomáticamente delicada por cuanto tal reconocimiento sería interpretado como la injerencia de la organización regional en cuestiones internas de un país soberano.

En ese sentido, el canciller ecuatoriano Eduardo Patiño aumentó su cautela al resaltar que "UNASUR es un espacio de integración de gobiernos`` y además rebajó el nivel de la palabra “consulta” al gobierno colombiano explicando que simplemente significa su intención de llamar “a la canciller de Colombia, María Ángela Holguín, y, simplemente, preguntarle `qué opina de este tema` ``. Ninguna duda queda de que Patiño sabe bien que confundir el status de los dialoguistas, igualándolo, es diplomáticamente “incorrecto”.

Sin embargo, es un secreto a voces, silenciado por razones netamente diplomáticas, algo que las FARC sostienen en su Carta Abierta: “Si Colombia hoy está ocupada militarmente por una potencia extranjera, lo es en desarrollo de un interés geoestratégico, de predominio continental y no en razón de una guerra local contrainsurgente. Nadie discute que la Casa Blanca asume con preocupación la presencia política, cada vez mayor en este hemisferio, de gobiernos que optan por el decoro patrio y la soberanía”.

Interesante párrafo éste en el que las FARC se autodefinen como “fuerza insurgente” y señala algo que la UNASUR sabe de memoria y que resalta el escollo que sus gobiernos componentes representan para Washington. Descarnada descripción de un “interés geoestratégico, de predominio continental” que todo el mundo sabe que se encarna en las reservas petroleras, el ecosistema amazónico, los minerales estratégicos y el saqueo de recursos en general.

Pero, si merced a esta coincidencia de visiones sobre el papel de Estados Unidos, UNASUR optara por acceder unilateralmente al pedido de las FARC, estaría poniendo en riesgo la estructura del bloque, dado que Colombia podría inmediatamente abandonarlo, privándolo de parte de su legitimidad: UNASUR ya no sería un foro completo y eso repercutiría en el peso de sus decisiones futuras.

Conviene aquí subrayar que por más alineamiento que Colombia demuestre hacia los Estados Unidos, la permanencia de Bogotá en el foro soportó estoicamente los reclamos del resto de los miembros de UNASUR en la cumbre de Bariloche en 2009.

En aquella dura prueba, se le pidieron explicaciones a un solitario y casi asustado Álvaro Uribe por su beneplácito a ceder bases a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, acto que facilitó la “ocupación militar de Colombia por una potencia extranjera” que las FARC señalan en su Carta Abierta. Aún en desacuerdo, la presencia de Colombia es necesaria e importantísima para sostener la integridad de un foro regional independiente.

También UNASUR sabe que la negativa de Colombia de dar espacio a las FARC en el Foro Regional anula cualquier solución no militar al conflicto y con ello prolonga las excusas para la permanencia de la potencia militar extranjera en territorio sudamericano y extiende también el desastre humanitario que la continuidad del conflicto significa a la población civil.

Sin embargo es de esperar que la unidad continental primará sobre otras cuestiones y por eso es de aguardarse que la propuesta de las FARC no sea ni siquiera considerada.

dghersi@prensamercosur.com.ar

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