Overblog
Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
El polvorín

Discurso del peruano Marco Arana al recibir el Premio Internacional de la Paz 2010 en Alemania

6 Noviembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 
 

Otra vez, los hijos de los andes y la amazonía que eran sus eternos guardianes están siendo despojados de sus territorios, apresados, torturados e incluso asesinados porque, como decía un escritor peruano del siglo pasado, para la voracidad del capital que se impone a los pobres: “El mundo es Ancho y Ajeno”

Sres, Sras, todos aquellos y aquellas que se sienten defensores de la Vida Humana y de la Tierra y celebran que su causa sea reconocida y premiada en Alemania o en cualquier lugar del mundo donde haya ojos, oídos y voces que luchen porque sean reconocidas la dignidad fundamental de todos los seres humanos y de la Tierra misma…

Muy buenas tardes (o noches) a todos y todas Uds!

Agradezco a los grupos de personas e instituciones y al Municipio de la Ciudad de Aachen que han querido reconocer nuestra labor a favor de los derechos humanos y ecológicos con el Premio Internacional de la Paz, 2010.

Con ocasión de este premio internacional, vengo a decirles lo que hemos aprendido todos estos años junto a nuestros pueblos de los andes y amazonía: que saber vivir en paz entre nosotros los seres humanos, será una tarea inútil y vana si a la vez no sabemos vivir en paz con la Tierra, con los demás seres vivos. La historia de la vida tiene un origen y un destino común. Lo decía hace más de un siglo el sabio Jefe Seattle: “Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo”.

 

LaDebo admitir que recibir este premio en Alemania apenas suscitará interés y difusión en los medios de comunicación de mi país. Para los grandes intereses económicos del mundo, el Perú ha vuelto a ser el centro del interés mundial ya no por poseer ricas vetas de oro y plata como hace más de 500 años, sino porque ahora las nuevas tecnologías permiten extraer rentablemente el oro microscópico de las entrañas de los Andes y la Amazonía, esta vez utilizando millones de toneladas de cianuro de sodio mezclado con agua  para obtener unas pocas, pero muy valiosas, toneladas de oro. Otra vez, los hijos de los andes y la amazonía que eran sus eternos guardianes están siendo despojados de sus territorios, apresados, torturados e incluso asesinados porque, como decía un escritor peruano del siglo pasado, para la voracidad del capital que se impone a los pobres: “El mundo es Ancho y Ajeno” (Ciro Alegría).

En Perú estamos luchando para detener la irracionalidad económica ecocida y para que todos tomemos conciencia que el mundo no es tan “ancho”, tan “inmenso”, tan “inagotable”, sino que el mundo es solo el pequeño planeta azul, nuestro pequeño y único hogar que podemos, como lo estamos haciendo, poner en peligro y destruir. Estamos luchando para que el mundo, la Tierra, no nos sea ajena, o mejor dicho no les sea enajenada a los hombres y mujeres de los andes y la amazonía que siempre vivieron en él, no llamándole “naturaleza”, como si  fuera algo distinta y opuesta a la sociedad, como lo propone la racionalidad baconiana (Bacon), sino llamándole como nuestros antepasados: “Pachamama”, “Madre Tierra” o Yacumama: “Madre Agua”.

La tarea es muy difícil porque aun nos cuesta mucho comprender que solo los que nos sintamos “hijos de la Tierra” podremos realmente defenderla y ya decenas de personas han sido amenazadas, torturadas o asesinadas en las regiones de Piura, Cajamarca, Amazonas o San Martín, en el nororiente de Perú.
 

Como en muchos lugares de América Latina y del Asia o África, los que en Perú defendemos la Tierra, estamos siendo vistos como una amenaza a “la fiebre del crecimiento económico”. Actualmente, más del 70 % de las denuncias por violaciones de DDHH ante la Comisión Interamericana de DDHH de las Naciones Unidas están asociadas al avance de las industrias extractivas.  Para favorecer la expansión voraz del capital, desde nuestros gobiernos, se dictan leyes para expropiar las tierras de los pueblos indígenas y las comunidades campesinas; se criminaliza la acción de los defensores medioambientales; se pretende calificar como “ecoterroristas”, no a los que destruyen la Tierra y quieren cancelar la propiedad de los territorios donde habitan los que siempre han vivido allí, sino a los que defendemos la Tierra, incluso a costa de arriesgar nuestras vidas y las de nuestros familiares y amigos.

Estamos en una hora crucial para la vida de la Tierra, y con ello, de nuestra especie. Si solo pensamos en cómo aumentar el enorme consumo de los más ricos y nos obstinarnos insensatamente en una ecológica y socialmente cuestionable manera de entender el “bien-estar”, seguiremos poniendo en peligro la oportunidad que Dios nos ha dado de poder ser “buen-ser” o como dicen poéticamente los sabios de los pueblos indígenas: la cuestión de fondo es ya no solo “bien-estar”, sino “buen-vivir”, ya no solo “estar-bien”, sino “vivir-bien” que no es lo mismo.

Hay un largo trecho por recorrer para las décadas de vida que cada uno tiene en su paso por los caminos de la Madre Tierra. Somos hombres y mujeres “viajeros” o como decían los místicos medievales, somos la especie “Homo viator”, viajeros a bordo de una nave celeste o un arca, parte de una tierra que aún, a pesar de todo lo que le hemos hecho sigue siendo verde y lucha agónicamente contra las sombras grises de las emisiones de gas carbónico, fluorocarbonos, o la devastación del cianuro y el mercurio que están poniendo en peligro la vida misma de todos los habitantes de las selvas y los andes de Perú y, por efecto agregado, de todos los habitantes del planeta.

Tenemos una visión, una fe, una esperanza que no dejará que se cansen nuestras manos y pies que caminan hacia los “Cielos y tierras nuevas” (Segunda Carta de San Pedro 3,13).

Recibo este premio en nombre de todos y todas los que en Perú y Alemania sentimos que crece cada día  el número de seres humanos en el norte y en el sur, en el este y el oeste, que se descubren a sí mismos como “Hijos de la Pachamama, de la Madre Tierra”. Cada vez somos más los que sabemos que la causa de los derechos humanos, es más radicalmente la causa de los derechos de la Madre Tierra, y que tendremos que luchar contra esa forma de ceguera que antropocéntricamente aún nos hace creer, que los derechos humanos pueden cautelarse,  sin cautelar, a la misma vez, los derechos de todos los seres vivos, o como lo han conseguido decir formalmente los hermanos indígenas ecuatorianos en su Carta Constitucional: existen derechos de la naturaleza. Naturaleza de la cual los seres humanos debiéramos ser su parte más responsable, más ética, más solidariamente buena.

Bienvenido sea este premio, si es que es, para todos nosotros, ahora, una oportunidad para seguir luchando contra los actos que siguen hiriendo mortalmente el agua y la Tierra; desafiándonos al anuncio y compromiso con la construcción de la verdadera paz, aquella que también nos lleva a vivir en paz con la Tierra, con el Hermano Sol, la Hermana Luna, la Hermana Agua o como dicen los quechuas, aymaras y amazónicos del Perú: con Nuestra Madre Tierra.

En nombre de todos los peruanos y peruanas que conformamos el Movimiento Tierra y Libertad y de los pueblos con los cuales estoy luchando todos estos años en la defensa de la Vida, les digo:

Dios pagaraicu! (Trad. Quechua: Dios se los pague, se los tenga en cuenta)

Muchas gracias!

Danke shön!

Aquisgrán, 1ro. de Setiembre 2010.
 

Compartir este post

Comentar este post