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El polvorín

¿DONDE ESTÁN LOS DERECHOS HUMANOS EN EL URUGUAY?

9 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

MUEREN QUEMADOS COMO “BICHOS”

"Por fumar cuatro porros está en la cárcel y no puede ser que ahora esté muerto"… Un Padre

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¿ESTARÁN BUSCANDO JUSTIFICAR LAS PRIVATIZACIONES DE LAS CÁRCELES?

 

EL MINISTRO DEL INTERIOR DEBE RENUNCIAR. EL BICHO DEBE RENUNCIAR

“13 muertos, quemados vivos y varios quemados graves, en una cárcel del Departamento de Rocha”

 

Y NADIE ASUME LA RESPONSABILIDAD

 

LA OPOSICIÓN BURGUESA ES CÓMPLICE Y NO ASUME SU ROL DE CONTROL

 

Esta madrugada, sobre las 4:30 horas, una de las paredes del viejo edificio colonial, utilizado ahora como cárcel departamental en Rocha era testigo de los vestigios de las llamas. Luego, llegó la información: "fallecieron doce uruguayos, en su mayoría jóvenes, algunos de ellos a punto de salir", publicaba el diario El País de este jueves.

A medida que transcurrían las horas llegaba más gente, familiares, vecinos y autoridades, a la puerta del centro de reclusión, ubicado en el centro de la ciudad. Las desgarradoras escenas de dolor de los familiares conmovían hasta las lágrimas a quién estuviese en ese lugar.

Un padre, sin consuelo, gritaba en la vereda que debía estar soñando. "Estoy soñando, no puede ser. No es verdad. ¿Y ahora qué hago?", se preguntaba. Faltaban días para que su hijo saliera de la cárcel. Una madre lloraba a punto de desmayarse mientras gritaba una y otra vez que hijo estaba muerto.

El dolor y los gritos de familiares en la puerta de la cárcel chocaban con el silencio del interior del recinto, donde se encontraban las víctimas. Tres de ellas fueron encontradas en el baño del módulo, abrazados y calcinados por el fuego.

 

Mientras el Ministro del Interior Eduardo Bonomi, concurre a ver los partidos del mundial en compañía de los jerarcas policiales, los presos padecen y mueren en las cárceles del Uruguay consideradas por expertos internacionales entre las peores del mundo.

La sociedad uruguaya insensible cada día más para determinados aspectos sociales, influenciada al extremo y como nunca por los grandes medios de comunicación, prestarán mucho más interés a la final, que a este genocidio, jamás cometido ni en épocas de la dictadura.

Los informativos de cada noche se abren y se cierran, mostrando y machacando sobre la violencia y la inseguridad ciudadana. En la noche del miércoles cuatro menores rapiñaron varios comercios, donde resultó muerto a causa de los disparos un comerciante. Nadie en cambio asocia, la violencia juvenil con las verdaderas causas, con los aspectos de fondo de la crisis social, el delito, y la violencia con las causas que generan la lumpenización y la delincuencia juvenil.

La sociedad uruguaya reacciona cada día más hacia la derecha, conducida por la televisión, y los propios dirigentes del Frente Amplio, pidiendo y reclamando más penas, ¡que se mueran!, ¡hay que matarlos a todos! y otras expresiones similares son las que se escuchan porque han sido instaladas en la cabeza de la gente sencilla, por la gran prensa y los dirigentes políticos.   

 

Los dirigentes políticos del Frente Amplio en el gobierno, con el favor de la gran prensa han instalado en la psicología de la mayoría de los uruguayos progresistas y fundamentalmente en la juventud “la lucha por los derechos humanos”, contra la dictadura de hace más de treinta años atrás.

Esta es la gran trampa, la hipocresía de muchos de los propios corresponsales de los asesinatos, desapariciones, cárceles y del exilio de muchos uruguayos. Ellos fueron jefes de aquella lucha, y ahora son los mismos jefes desde el gobierno los que se abrazan con los asesinos y carceleros, y les proporcionan el perdón y el “punto final”.

Y cada tanto una vez por año, organizan una marcha en silencio, encabezan las manifestaciones con cara de circunstancia, y al otro día están visitando cuarteles y fotografiándose en las recesiones oficiales con los mismos comandantes responsables de los “vuelos de la muerte”.

Y los pobres jóvenes por miles les siguen detrás, suponiendo e imaginando que en cada hombre o mujer dirigente de izquierda, hay una esperanza de justicia, para lo cual hay que juntar firmas, votar rosado, o escuchar las plañideras canciones sentimentales de un guitarrista exiliado que jamás lo tocaron y por el cual tantos jóvenes de antaño se jugaron.

¿Cómo el pueblo no ve el engaño, de los dirigentes?

El de sustituir la lucha contra el capitalismo actual y sus injusticias, por la lucha contra la dictadura de hace más de treinta años.

Lucha por los derechos humanos de hoy, de la cual son responsables los actuales dirigentes, los que se salvaron, los que vivieron para contarla, y ahora tienen a los presos como los tienen, a los niños como los tienen, a los viejos como los tienen.

 

La verdad que nosotros no reconocemos ya a nuestros compañeros de lucha, no pensamos en los dirigentes, nos referimos a los miles de tupamaros y comunistas presos, a la gente con sentimientos humanos, a quienes hasta ahora no se han vendido al imperialismo, al FMI, al Pentágono al dinero suculento que brindan los cargos públicos.

Los nuevos dirigentes frenteamplistas en el poder los que perciben dos, tres, cuatro o cinco mil dólares mensuales, mientras el común de los uruguayos, deben sobrevivir con tres o cuatro mil pesos por mes.

Después de haber roto esa barrera moral, de haber dejado por el camino el mínimo rastro de dignidad, de sentirse impunes, ahora han caído mucho más bajo en la pendiente de degradación total, dejando de lado cualquier tipo de sentimiento humano. Que aún habiendo estado presos durante años, sean capaces de tener como tienen a miles de presos en peores condiciones de las que estuvieron ellos en tiempos de la dictadura. Y el lunes ya los van a ver encabezando muertos de risa, las caravanas y los festejos en las calles y el parlamento.

 

No abandonaremos nuestro propósito inicial de comentar la educación y su expresión en la lucha de clases. Hemos avanzado hasta ahora al periodo de la edad media.

El feudalismo conocía tres “variedades” sociales; los bellatores, o guerreros; los oradores o religiosos; los laboratores o trabajadores. Si comparamos esas “variedades” a lo que sabemos del mundo antiguo no encontraremos superficialmente ninguna diferencia. Pero tan pronto se escarba un poco aparece un matiz bastante original: con excepción de Egipto, que tenía una casta sacerdotal poderosa, ni Grecia ni Roma tuvieron una Iglesia francamente independiente. En Grecia los sacerdotes eran elegibles y muchas veces figuraron mujeres entre ellos. El Estado y la religión, íntimamente impregnados, no se habían diferenciado aún en órganos distintos. El monopolio del culto de que disponían los patricios hizo de los sacerdotes, “funcionarios” de una clase que consideraba la religión como a uno de sus tantos sistemas de dominio. Estrechamente unidos a las clases directora, los sacerdotes antiguos defendía n con sus intereses los intereses de aquellas, y para no recurrir nada más que al testimonio de Montesquieu vale la pena recordar que cada vez que en Roma una ley popular tenía probabilidades de ser votada, siempre se encontraba algún augur  que descubría en el cielo signos desfavorables, y la asamblea quedaba disuelta de inmediato.

 

Las transformaciones de la sociedad durante el feudalismo impusieron en el dominio religioso con respecto a la antigüedad, algunas diferencias de importancia, aunque sin alterar su contenido de clase. La religión cristiana, que empezó encarnando en sus comienzos los ideales confusos, pero rebeldes, de los explotados de Israel, encontró entre los desposeídos de Roma una atmósfera propicia para su difusión.

Perseguida al principio como una amenaza, fue atenuando poco a poco el ímpetu de los comienzos y cuando en el curso de pocos siglos se convirtió en religión del Imperio, había perdido totalmente su primitiva significación. Los gritos contra la propiedad privada y la explotación de los poderosos, que resonaron todavía durante algún tiempo entre los primeros padres de la Iglesia, se fueron extinguiendo no sin protesta de las masas. En vez de enardecer su rebeldía con la voz varonil de los primeros profetas, el iracundo Miqueas, el vigoroso Isaías, el tremendo Ezequiel, el cristianismo canalizaba hacia un más allá extraterreno sus inquietudes y sus esperanzas.

 

Mientras el esclavo sufría al amo, y el siervo al señor el cristianismo proclamaba que unos y otros eran iguales ante Dios. Hallazgo maravilloso que dejaba en la tierra las cosas tal como estaban, mientras llegaba el momento de resolverlas en el cielo.

Después de la intransigencia de Tertuliano vinieron los acomodos de Minucio, y mientras el puro cristianismo se refugiaba en la soledad para mortificar la carne pecadora, los obispos derivaban hacia las fundaciones piadosas la riqueza de los laicos. En manos de un clero disciplinado, los dominios de la Iglesia se fueron ensanchando, y entre los tantos señoríos en que el mundo antiguo se disgregaba, la Iglesia se presentó como otro señorío, terrateniente y guerrero igual que todos. La abadía del Monte Saint Michel, por ejemplo, fue una de las plazas fuertes más poderosas de la Edad Media.

 

Historiando los orígenes de la moneda, Ernesto Curtius ha dicho que “los templos han sido cuna de la civilización monetaria, como que la superficie de las piezas que servían de moneda llevaron durante mucho tiempo el emblema sagrado”.

El carácter francamente feudal de la Iglesia se vuelve patente al estudiar la Iglesia de propiedad privada. “Una Iglesia podía ser propiedad particular de uno o varios seglares que mantenían en ella a un clérigo para el servicio del altar y cobraban los diezmos o derecho que la Iglesia devengaba. Cuando el negocio no prosperaba, o dejaba de interesarles vendían su dominio sobre la Iglesia o sobre una parte de ella lo mismo que si se tratara de un molino o de una heredad.”

 

El templo de Delos como es bien notorio, no sólo acumulaba grandes riquezas sino que prestaba a los particulares o al Estado. El deudor, naturalmente, proporcionaba hipotecas y presentaba fiadores. En caso de la insolvencia, el dios embargaba sus bienes y los de los fiadores. La Iglesia católica continuaba, pues en este particular, las tradiciones más venerables, y lo hizo con un celo tan cumplido que en pocos siglos tuvo entre sus manos casi todo el control de la economía feudal.  

Establecimientos de economía cerrada, los monasterios eran ya a comienzos del siglo VIII las avanzadas más firmes del comercio y de la industria; en el año 794, en el monasterio de Tours, veinte mil hombres trabajaban a las órdenes de Alcuino.

Justo es decir que San Bernardo, el monje más ilustre de la edad media, se opuso como nadie a esa irrupción del oro en los retiros santos; pero apenas había dejado de vivir cuando ya la orden cisterciense que él había animado con su soplo, no sólo volvió a comerciar con el trigo y los viñedos, sino que adquirió además una marina mercante poderosa para no depender a nadie en el tráfico por ríos y por mares.

 

¿En virtud de cuales circunstancias adquirieron los monasterios la supremacía económica que explica su hegemonía social y, por lo mismo, pedagogía? El problema es complicado y se refiere nada menos que a los orígenes del poder económico de la Iglesia. Pero aun a riesgo de incurrir aparentemente en un excesivo esquematismo, podríamos resumir en una línea la respuesta; porque los monasterios fueron a lo largo de la edad media poderosas instituciones bancarias de crédito rural.

 

En un régimen como el feudal, basado exclusivamente en el trabajo de la tierra, resulta redundante subrayar la importancia de una institución que no sólo tomó entre sus manos la dirección de la agricultura, sino que organizó laboriosamente la primera economía estable, que se conozca; economía externa, en gran parte, de los medios de adquisición violenta que caracterizaron al mundo feudal.

 

La economía del señor feudal descansaba en primer término, sobre un conglomerado de productores serviles que trabajan para el sin ajustarse a un plan común; y en segundo término, sobre las riquezas aleatorias que las guerras y el saqueo procuraban.

La economía monástica se apoyaba, en cambio sobre una organización de trabajo con reglas precisas de disciplina. El castillo feudal era casi un exclusivo la tienda de campaña en que el señor se reposaba del saqueo o se preparaba para el saqueo. El monasterio, por el contrario, constituía una lección viviente de trabajo organizado y “racionalizado” a punto tal que debió influir no poco sobre las posteriores burguesías. Cuanta fortuna llegaba a manos del noble era para ser gastada; el fausto y la prodigalidad son rasgos de señorío. Cuanta fortuna llegaba, en cambio a manos del monasterio, era de inmediato acumulada y acrecentada. Es bien sabido, por otra parte, que la causa esencial del celibato impuesto a los religiosos fue impedir que las riquezas pasaran a herederos particulares en vez de concentrarse en la comunidad.

 

Sería bien ingenuo, por eso, atribuir solamente a la superstición y a la ignorancia de los tiempos, la influencia efectiva de los monasterios. En una época en que la agricultura era rudimentaria y la técnica atrasada, y en que la seguridad de la vida se había vuelto poco menos que imposible, la riqueza de los monasterios los convirtió, como dijimos en instituciones de préstamo y en centros poderosos de crédito rural. A cada rato, pésimas cosechas exponían al campesino a morirse de hambre. Para capear los malos tiempos debía recurrir a alguien.

¿Quién mejor que el monasterio para asegurarle esa ayuda aunque la ayuda implicase naturalmente una hipoteca?

Operación excelente que alguna vez, ¿Por qué no?, salvó al campesino, pero que las más de las veces “obligó” al monasterio a quedarse con sus tierras. Si eso ocurría con respecto a los paisanos, no otro origen tenía también las situación de relativo privilegio conquistado por los monjes respecto a los señores.

Prestamistas de reyes y de príncipes, los monasterios se aseguraban mediante convenios pecuniarios la relativa tranquilidad en que vivían, y mientras por un lado detenían al poder arbitrario de los señores, absorbían por el otro las parcelas de labriegos.

 

Si comprendemos así el poder del monasterio, un factor importante nos queda aún por aclarar. Se repite con muchísima frecuencia que el monasterio ennobleció el trabajo manual que la antigüedad había despreciado. La leyenda es tan falsa como la relativa a la participación del cristianismo en la liberación de los esclavos. Que en los monasterios se trabajaba de acuerdo a un plan preciso, lo hemos dicho ya. Pero eso no implica afirmar que todos los miembros del monasterio trabajaban como si fuera aquello una primitiva comunidad sin clases, o una iglesia cristiana de los primeros tiempos. No sólo el abad del monasterio pertenecía siempre a la nobleza, San Bernardo por ejemplo era de la Casa de Borgoña, sino que “los trabajos más penosos, es el historiador Benedictino Besse, quien lo dice, estaban a cargo de siervos y de esclavos”.

Dentro de los monasterios, tenidos por algunos como modelos de la vida perfecta, la división en clases sociales continuaba idéntica; del otro, los esclavos, los siervos y los conversos, destinados al trabajo.

 

Con semejante poderío nada tiene de asombroso que fueran también los monasterios, las primeras “escuelas” medievales. Desde el Siglo VII los monasterios cubrían la totalidad de los países que habían compuesto el viejo imperio romano. Desaparecidas las escuelas “paganas”, la Iglesia se apresuró a tomar entre sus manos la instrucción. Mas como la influencia de esos monasterios desde el punto de vista cultural ha sido interesadamente exagerada, digamos que las escuelas monásticas eran de dos categorías; unas destinadas a la “instrucción” del bajo pueblo, las verdaderas “escuelas monásticas”.

En estas escuelas las únicas a las cuales las masas podían concurrir, no se enseñaba a leer ni a escribir como tenían por objeto, no instruir sino familiarizar a las masas campesinas con las doctrinas cristianas y mantenerlas por lo tanto en la docilidad y el conformismo.

 

Un joven fallecido por fumar cuatro porros, los padres desesperados, y un gobierno que lamenta lo ocurrido y atribuye la desgracia al hacinamiento carcelario, y se adelantan a aclarar que ya se están construyendo nuevas cárceles. Doce muertos, ocho heridos graves, un gran número de familias desesperadas, un Ministro del Interior y un Presidente ambos ex presos políticos insensibles, irresponsables, sin movérseles un músculo de la cara, dicen que la Justicia investigará las causas de la tragedia.

Celdas trancadas, sin que los carceleros las abrieran cuando diera comienzo el incendio, y una sociedad del interior acongojada, muda, ciega y sorda.

Seguramente tratarán de arreglar ahora todo con plata, como hacen siempre, con indemnizaciones y reparaciones económicas

 

Este es el país real 300 escuelas del país y el interior sin agua potable, doscientas sin luz eléctrica, cinco mil deserciones escolares una vez finalizadas las vacaciones, un maestro rural por escuela y no en todas existe, diez pesos por día por niño para la comida, un suicidio cada dos días de un adolescente, el record de jóvenes pobres del continente,  y un país de primera con gobernantes honestos.  

 

SI LES QUEDARA UN RASTRO DE VERGÜENZA, POR LO MENOS EL MINISTRO DEL INTERIOR BONOMI DEBERÍA RENUNCIAR.

 

www.radio36.com.uy

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el lima 07/10/2010 00:11



es verdad,pero yo creo que se lo aplica directamente ellos saben donde los mandan y como viven lo saben muy bien,por eso la hicieron carceles a los militares para no mesclarlos con los presos
comunes por su seguridad.asi que si piensan en las consecuencias y la seguridad ,pero solo de algunos,ay plata para carceles vip a los milicos y no pa levantar 4 paredes y un techo para agrandar
la carcel?? ay plata para comprar armamento a los yanquis que no es urgencia y no para levantar unas paredes ni una estufa como la gente?? hasta los presos pueden dar una mano a levantar
paredes.que renuncie ese bicho de ministro asesino!! el gobierno es el responsable la mayoria estuvieron presos y no hacen nada,ASESINOSSSS!!!! HIJOS DE PUTAAA!!!



MONIK 07/09/2010 23:18



los pibes son los daños colaterales del sistema que, como dice Elías Neuman, primero los excluye y después indirectamente les aplica la pena de muerte en esas sórdidas prisiones