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El polvorín

¿Dónde están los maestros uruguayos de ahora?

20 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Esta nota apareció a mediados del año 2007 en el Boletín de Ademu Montevideo. Hoy todo es distinto: peor.Son comunes las clases sin maestro por varios días, por semanas. La atención de estos niños sin maestro por parte de la Secretaria o la Directora de la Escuela, es diaria, menoscabando la tarea ya suficientemente ardua de estos compañeros.

¿Hasta cuándo?

¿Entenderán las autoridades que no se puede vivir con el sueldo de maestro?

http://www.elpais.com/recorte/20080508elpmad_2/LCO340/Ies/nino_aula_vacia.jpg

 

En el 2007, desde mayo, en Montevideo y en muchos departamentos del interior, en las Elecciones de cargos de interinatos y suplencias que se realizan semana a semana, quedaron cargos vacantes. No hubo maestros que eligieran.

Muchas escuelas, sobretodo las que están lejos del centro, tuvieron grupos de niños sin maestros por períodos más o menos largos. Hubo escuelas hasta con 7 clases sin maestro durante varios días..

 

 

¿Dónde están los maestros?

Según el Consejero del Codicen Héctor Florit, los maestros que egresan de los Institutos Normales de todo el país duplican a los maestros que se jubilan.

Entonces ¿por qué no eligen?

 

Pero los maestros si están eligiendo. Están eligiendo no trabajar de maestros.

 

Muchos están en Barcelona, en Sydney, en Toronto o Nueva York en una diáspora permanente y desangrante.

Otros muchos encontraron trabajos mejor remunerados en zona América, en colegios privados, en otras actividades privadas o públicas (el sueldo inicial en el BPS como administrativo es de más de $ 12.000).

Otros, quizá la mayoría de los “faltantes” , atienden en una zapatería, o son cajeros en un supermercado o trabajan en una tienda, cobrando, a veces, menos que como maestros.

 

Los sueldos miserables por la realización de una tarea que todas las autoridades consideran “de vital importancia”, “trascendente”, “imprescindible” implican una serie de responsabilidades y exigencias que ponen a los maestros al borde del desborde emocional.

Exigencia y bajo sueldo.

Responsabilidad y condiciones de trabajo lamentables.

Requerimientos permanentes, muchas veces absurdos y falta de apoyo institucional (en materiales, en libros, en mobiliario, en cobertura legal, etc.).

 

El sistema ha transformado a la profesión de maestro en una labor sin presente ni futuro.

No es raro que los maestros se vayan.

 

Los maestros que emigran a otros trabajos deben romper, dolorosamente, con su vocación; aquella que los llevó a estudiar y recibirse. Nadie “estudia para maestro” para enriquecerse. Pero en el desempeño de su labor como docentes no pueden mantenerse y menos mantener sus familias. Muchos eligen no morirse de hambre.

 

Asociado a los bajísimos sueldos se une un inexistente sistema de promoción que permita la mejora de quienes permanecen y se dedican (un maestro con 35 años de trabajo cobra $ 12.000 al mes, menos de la tercera parte de una Canasta familiar).

 

Como “premio” final, el maestro al jubilarse con 35 años de trabajo, pasará a recibir una asignación mensual de $ 5.000(¡!).

 

Una profesión sin presente y sin futuro está condenada.

 

El sistema condena, como desde hace varias décadas a los maestros, a vivir en la miseria y a morir de hambre cuando se jubilan. Está condenando a la educación expulsando a los mejores, a los mejor preparados, a los más inteligentes hacia otras tareas.

 

¿Quiénes quedamos?

  • Estamos los que no encontramos “la oportunidad”, la “visa comunitaria”, el amigo político, el pariente empresario.

  • También estamos los que no nos animamos o no somos capaces de dar el salto y seguir el rumbo marcado por tantos… alejándonos de una tarea stresante, demandante, que exige una vocación a toda prueba.

  • Pero también estamos los que no nos resignamos a ver languidecer la educación, a perder a nuestros mejores compañeros, a que la educación se transforme, cada vez más, en capacitación, adiestramiento y represión para adecuar a los niños al sistema.

 

No nos resignamos.

Y la vamos a pelear.

Estamos aquí.

 

 

 

Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos.

Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.

Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre.

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado.

Su canto asciende a más profundo

cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.

 

Rafael Alberdi (1950) –Aguaviva-

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