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El polvorín

Egipto - Reflexión sobre el proceso revolucionario

7 Julio 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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Entrevista con Fatma Ramadan

  

Fatma Ramadan es inspectora de trabajo en Guiza, en la aglomeración de El Cairo. Está muy implicada, desde hace mucho, en las estructuras paralelas a la central sindical oficial, como por ejemplo CCTUWRL (Comité de coordinación por las libertades sindicales y los derechos de los trabajadores y trabajadoras). Fatma Ramadan participó, en enero de 2011, en 'El otro Davos' celebrado en Basilea (Suiza). Esta entrevista fue realizada el 31 de mayo de 2011 durante la visita a Egipto de una delegación de la organización sindical francesa Solidaires, también presente en 'El otro Davos'. (Redacción de À l´encontre)


¿Qué análisis haces de la revolución?

Habitualmente se hacen dos análisis diferentes de la revolución egipcia: uno, mayoritario, es describirla como una revolución de la juventud, basada en Facebook e Internet; los que comparten este punto de vista preguntan irónicamente: ¿dónde está la clase obrera". La otra, minoritaria, pero muy presente en el seno de la izquierda radical, atribuye un papel esencial a la clase obrera. Estima que la clase obrera tiene un potencial enorme y que es capaz de transformar la revolución actual en revolución social.

Mi análisis es más matizado. El proceso revolucionario no comenzó el 25 de enero. Es el resultado de una larga historia de luchas que incluye la campaña de apoyo a la segunda Intifada en Palestina (iniciada en septiembre de 2000), la campaña contra la guerra en Irak. Esto desembocó en una confrontación con el poder de Mubarak y la oposición al traspaso del poder a su hijo. En este contexto de ascenso de las luchas, se franqueó un salto cualitativo con la huelga del textil en Mahallah (2006) y luego la de los recaudadores de impuestos sobre la tierra (2007). Estas huelgas, que tuvieron lugar a pesar de la represión por la patronal, el estado y la central sindical oficial (ETUF), fueron el preludio de la revolución actual. Este proceso revolucionario, que tiene una larga historia, tenía pues una componente obrera. Pero ésta se integraba en un movimiento más amplio que incluía la lucha contra la política neoliberal y una dimensión internacional. Es para mí artificial querer separar estos diferentes aspectos.

Las manifestaciones en la plaza Tahrir no reclamaban solo la caída de la dictadura, sino que comportaban igualmente un aspecto social. Es igualmente cierto en Mahallah, Suez o Alejandría. Pero esta clase obrera se ha movilizado hasta hoy esencialmente como individuos y no colectivamente como clase. Es cierto que durante la última semana en que Mubarak estaba en el poder, las concentraciones de trabajadores y trabajadoras jugaron un papel decisivo, pero el movimiento no se generalizó. No existía un órgano que pudiera unificar el movimiento. Las huelgas permanecieron dispersas y no hubo expresión colectiva de la clase obrera. Una huelga general estaba en preparación, pero para impedirla, el ejército transformó, de forma inteligente, a Mubarak en chivo expiatorio. Por todas estas razones, la cuestión de la organización es para mí central.

¿Cómo ves la situación actual?

A un viejo militante -Fath Allah Mahrous del Partido socialista egipcio- le gusta decir que estamos en una situación de doble poder, con la calle en un lado y en el otro el ejército. Para mí, a esto hay que añadir un elemento: la organización de la clase obrera. Y es necesario focalizarse sobre este aspecto.

En esta situación de doble poder limitado, está claro que el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (CSFA) está en alianza con elementos salidos del antiguo régimen, diversas fuerzas conservadoras, entre ellas los liberales. Actúan enérgicamente para debilitar el aspecto social de la revolución mediante:

- una campaña mediática e ideológica,
- la represión jurídica (detenciones, procesos, llevando a civiles ante tribunales militares, etc),
- leyes impuestas por arriba, sin ninguna consulta (criminalización de las huelgas, trabas para la legalización de partidos, ley electoral restrictiva.).

Es posible que el ejército contemple actuar como lo hizo en los años 1950: dar satisfacción a ciertas reivindicaciones sociales y, en contrapartida, limitar las libertades, incluso el derecho de huelga, incluso lanzarse a una represión generalizada de las libertades. Pero estamos en una situación diferente, pues la revolución actual es un proceso por abajo, al contrario que en los años 1950. Existe un peligro enorme, del que el movimiento obrero debe ser consciente: la voluntad de aislarle del resto del movimiento social. Frente a esto, los y las militantes sindicales deben tener una visión más amplia que solo la lucha por las reivindicaciones inmediatas de los trabajadores y trabajadoras.

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