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El polvorín

El ABC de la especulación alimentaria

17 Agosto 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

¿Conoces el por qué de las subidas de precios de los alimentos y sus consecuencias? ¿Sabes qué está ocurriendo?, ¿y a qué se debe esta situación?
El ABC de la especulación alimentaria

 

¿Qué está ocurriendo?

Agosto 2011. Los precios globales de los alimentos suben por noveno mes consecutivo. El índice de precio de los alimentos de las Naciones Unidas alcanza récords históricos. El trigo ha doblado su precio desde junio de 2010 y el azúcar está en los niveles más altos de los últimos 30 años.

Los economistas avisan de que los precios de los alimentos básicos muestran escasa tendencia a estabilizarse. Es más, aseguran que los precios de los cereales y el azúcar aumentarán en los meses venideros.

¿A qué se debe esta situación?

El precio de los alimentos es viene marcado por varios factores:

  • Aumento de la demanda en países con economías emergentes, con cambios en los patrones de consumo. Ejemplo: mayor consumo de lácteos en China.
  • Estancamiento de la producción agrícola, debido a falta de inversión y a políticas de ajuste estructural priorizan la exportación en lugar de asegurar que se cubran las necesidades básicas de la población.
  • Producción de agrocombustibles en lugar de alimentos.
  • Subida del precio de combustibles fósiles y fertilizantes.
  • Fluctuaciones en el dólar.
  • Malas cosechas.
  • Especulación alimentaria.

Como de los otros factores ya se habla bastante para justificar las subidas constantes en los precios de la gasolina, de la luz o de los alimentos, me voy a centrar en la especulación alimentaria, que se comenta mucho menos.

La especulación alimentaria

La especulación en los mercados de alimentos no es algo nuevo. Ya en el siglo XVII se especulaba con el precio del arroz en los mercados japoneses mucho antes de que fuera cosechado. Hacia mediados del siglo XIX se creó en Estados Unidos el mercado de agrofuturos con la idea inicial de ofrecer a los productores con cierta cobertura (hedging) como seguro contra eventualidades.

La cosa funcionaba (y funciona todavía) así: en enero, un agricultor acuerda con un especulador la venta de su cosecha de trigo a un precio fijo en agosto de ese mismo año. El acuerdo se fija en un contrato. La ventaja para el agricultor está en la seguridad de un precio fijo en agosto. El interés para el especulador estiba en la posibilidad de que, llegado agosto, el precio del trigo suba por encima de lo acordado con el productor, con lo que conseguiría un beneficio por su venta. Este tipo de contratos de compra se conocen como derivados financieros y en el caso del trigo es un contrato de venta de futuros.

El agricultor pague una cantidad fija por establecer el contrato y transferir el riesgo al especulador. El especulador a su vez puede negociar un contrato de venta del trigo a un molinero en el futuro. El molinero se asegura un precio fijo por la mercancía y paga una cantidad fija por el contrato de compra de futuros. El precio final, claro está, es mayor que si el agricultor vendiera directamente al molinero, ya que está influenciado por el especulador y por las tasas de establecimiento del contrato. Paradójicamente, el especulador no suele recibir el trigo comprado para enviarlo al molinero sino que el mismo agricultor se lo envía directamente desde su granja. Al establecer acuerdos de compra y venta a la vez, el especulador limita su riesgo a la diferencia de precio entre ambos futuros. La justificación ética para la actuación del especulador está en la adquisición de un riesgo.

En un mercado regulado, este tipo de especulación es normalmente conocida como especulación “beneficiosa” y a los intermediarios se los llama hedgers en lugar de especuladores, porque ofrecen cierta seguridad. La desregulación de los mercados en la década de los 90 ha dado lugar a distorsiones en este tipo de especulación con consecuencias catastróficas.

Papel de los Inversores Institucionales, Index Funds y Hedge Funds

La crisis de las hipotecas sub-prime de 2007 hizo que numerosos index funds y hedge funds buscaran nuevos mercados para la especulación, entrando así en el mercado de materias primas de la agricultura.

Tanto los Index Funds como los Hedge Funds tienen como objetivo extraer el mayor beneficio posible del movimiento de sus capitales. La entrada de inversores institucionales y sus fondos multimillonarios en el mercado de agrofuturos hizo que se disparara la demanda y con ella los precios. El efecto añadido de los Hedge Funds, con su enorme poder de compra, acentúo esta subida de precios, distorsionando el mercado.

El precio de algunos derivados agrícolas se incrementó en un 160% entre junio de 2005 y julio de 2007. Esto dio lugar a una burbuja especulativa alimentada por una sobredemanda ligada a la disponibilidad de dinero para la inversión en materias primas agrícolas y una escasez de productos debida al stockage de especuladores en espera de mayores aumentos de precio.

Este proceso se ha ido repitiendo periódicamente (ver gráfico). Los picos de 2006, 2008 y 2010 corresponden a burbujas especulativas. La burbuja se forma durante la fase de incremento de los precios y cuando explota provoca el desplome de los mismos. Estas abruptas subidas y bajadas de precios no pueden ser atribuidas a una mayor demanda por consumo (no cabe pensar que por ejemplo los chinos se atiborren de yogures durante un par de meses para luego olvidarse de ellos por completo).

Consecuencias de la especulación con alimentos

Especular con el precio futuro de las hipotecas o con los valores de divisa extranjera ha llevado al colapso del sistema financiero internacional, con consecuencias desastrosas para millones de personas que han quedado en paro, deudas públicas disparadas y recortes en servicios sociales básicos. Especular con el precio de los alimentos, sin embargo, supone una amenaza directa para la supervivencias de millones de seres humanos.

Para que nos hagamos una idea, el gasto medio en comida los hogares de los países más desarrollados viene a ser de un 10-15% de los ingresos totales. Ese porcentaje sube hasta el 50-90% en los países más pobres. La subida de precios obliga a los hogares a gastar más dinero en alimentos. La consecuencia es que el número estimado de personas con malnutrición crónica se incrementó en 75 millones en 2007 alcanzando cifras por encima de los 1.000 millones en 2011.

Aunque la mayor parte de las personas con malnutrición crónica viven en países en vías de desarrollo, un porcentaje cada vez más significativo provienen de países económicamente desarrollados. En España, Cáritas se ha visto completamente desbordada por peticiones de alimentos de gente que no tiene para comer llegado el fin de mes.

Consecuencias del aumento en el precio de los alimentos:

  1. Deficiencias nutricionales crónicas.
  2. Pérdida de ahorros, venta de propiedades o endeudamiento para comprar alimentos.
  3. Reducción en el consumo de “lujos” como la educación, la sanidad y la planificación familiar.
  4. Aumento del número de mujeres que asumen trabajos inseguros o de alto riesgo, como empleadas del hogar o prostitutas.

 

Permitir apuestas sobre el hambre por parte de los mercados financieros es peligroso, inmoral e indefensible y debe ser detenido. No se puede tolerar que sufra más gente para satisfacer la avaricia de los bancos. La solución está en la regulación intensa del mercado financiero.

 

Fuente: http://www.canalsolidario.org/

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