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El polvorín

EL ANARQUISMO EN PERÚ

16 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Número 184
Año CINCO
Costa Rica, CENTROAMÉRICA

*texto tomado de la página:

*”Manuel González Prada, anarquista convicto y confeso

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/1e/Manuel_Gonz%C3%A1lez_Prada_1915.jpg/250px-Manuel_Gonz%C3%A1lez_Prada_1915.jpg 

El genial pensador anarquista peruano Manuel González Prada nació en Lima en 1844 en el seno de una familia aristócrata de la cual se alejó para acercarse al movimiento obrero limeño. Del compañero Prada han dicho tantas cosas y se ha escrito mucho (escritores apristas, marxistas, liberales o intelectualoides de todo tipo, por supuesto) distorsionando su figura, su obra social y política y su pensamiento, alejándolo de las ideas que él defendió a cabalidad.

Es común saber que se le trata de encasillar dentro de un marco meramente literario, como el gran precursor de una literatura propia, rompiendo los lazos del colonialismo. Como el positivista crítico y el anti-clérigo desenfadado que ha aportado mucho a la conciencia nacional, entre otros calificativos. Los estudios y ensayos sobre su figura plasman claramente las intenciones de una clase, la burguesa del matiz que sea, en despistar a todo aquel lector que llegué hasta sus escritos y se interese por la problemática social. Desde los sectores más reaccionarios de la derecha que se empeñan en fustigarle su posición contraria al clero y a las instituciones políticas, hasta los marxistas y social demócratas de toda laya que se empeñan en mostrarlo como un pensador limitado en sus concepciones socio-políticas, como un primer instante lúcido en la conciencia del Perú, en palabras de Mariátegui, pero que cuya obra fue luego “superada” por el pensador marxista peruano.

Lo cierto es que a Prada no se le lee ni se le entiende, no al menos quienes dicen ser sus “críticos” y se basan en puros subjetivismos y prejuicios de tinte ideológico para intentar sepultar su innegable labor en el Perú.

Hay puntos ciertos como el proceso de evolución en la formación de Manuel González Prada en el plano ideológico, pues inicia sus actividades como liberal (crítico de la jerarquía clerical y las funciones del Estado en perjuicio del pueblo) y funda el partido Unión Nacional el cual dirigía, pero desde ya avizoraba su postura de librepensador y rasgos anti-autoritarios.

Su formación literaria y en gran medida autodidacta, se centra en los clásicos españoles, los simbolistas franceses y algunos autores alemanes como Goethe, Schiller, Körner que él mismo tradujo muchas veces. Sobre esta base, llevó a cabo una renovación métrica y rítmica de la lírica en castellano, que expuso en el tratado titulado Ortometría. Apuntes para una rítmica (publicado en 1877), e introdujo estrofas métricas provenientes de la lírica medieval francesa e italiana, y composiciones persas que conoció en su adaptación inglesa. Deslumbrando a la crítica nacional e internacional por su pluma prodigiosa

Luego de esto dejaría estas tierras y junto a su esposa haría un recorrido por el viejo continente. Después de su estadía en Europa (1891-1898), España más específicamente, vuelve al Perú con nuevos aires y cargado de esperanzas revolucionarias para las clases oprimidas de esta parte del mundo. Vuelve siendo ya un anarquista convicto y confeso, un propagandista del ideal libertario que tendría eco en fábricas, sindicatos, talleres y en el campo por la masa proletaria que le escuchaba y le acompañaba. En Barcelona había tenido acercamiento con los círculos anarquistas del lugar, se había relacionado con los gremios obreros y había conocido la obra de P. J. Proudhon a través de Franciso Pi y Margall, republicano de izquierda y difusor del pensamiento del socialista francés. Se había empapado de la tradición de la I Internacional obrera, anti-autoritaria y revolucionaria, ahora ya concebía una lucha cabal contra el Estado y el Capital como factores socio-políticos y económicos negadores de una humanidad distinta. Es clara su posición cuando en sus artículos ácratas publicados en periódicos obreros, denunciaba a la maquinaria estatal como regulador y represor del avance popular y las luchas de liberación en la tierra que él veía y vivía y del factor capitalista como modo de producción y reproducción salvaje y asesina. Se declara también enemigo acérrimo de la autoridad, basta recordar sus palabras: “Odiemos, pues, a las autoridades por la única razón de serio: con el solo hecho de solicitar o ejercer mando, se denuncia la perversidad en los instintos. El que se figura tener alma de rey, posee corazón de esclavo; el que piensa haber sido creado para el señorío, nació para la servidumbre. El hombre verdaderamente bueno y libre no pretende mandar ni quiere obedecer: como no acepta la humillación de reconocer amos ni señores, rechaza la iniquidad de poseer esclavos y siervos.” recopilado en el libro póstumo “Anarquía”.

Se nutre de los grandes revolucionarios anarquistas como M. Bakunin. E. Reclús. P. Kropotkin, del joven Malatesta, que le sirve para analizar la situación que atravesa el Perú de su época, el problema del indio y de la tierra, el problema del salario y del trabajo mismo, el problema de la organización sindical ajena a los partidos políticos y vuelve convencido de que solo una organización proletaria de planteamientos anárquicos puede dar solución a los problemas y contradicciones que se vivía y se vive.

Ya en Lima publica ensayos y artículos en las páginas de “Germinal”, órgano que difundía el librepensamiento en el Perú, luego funda el periódico portavoz del anarquismo en el Perú, “Los Parias” en 1904 junto a compañeros anarquistas, intelectuales que seguían su andar libertario como el periodista Glicerio Tassara, Carlos del Barzo, entre otros.

Su voz firme y clara llega hasta los obreros ávidos de armas para defenderse el patrón y el ideal libertario se hace carne en las multitudes obreras siendo los más destacados Manuel C. Lévano y su hijo Delfín Lévano, Leopoldo Urmachea, Nicolás Gutarra, Montany, Ismael Gacitúa, Julio Reynaga, este último un reconocido mulato norteño, dirigente anarquista en las haciendas azucareras y de lado de las esferas intelectuales también le siguen y se hacen anarquistas defendiendo la causa popular, figuras como el médico Cristhian Dam, Carlos del Barzo, luego vendrían compañeros y compañeras notables como la oradora libertaria Miguelina Acosta cárdenas.

El compañero Prada participa en la conmemoración del 1ero de mayo en Lima, que se hacía por primera vez allá por el año 1905 y organizada por la Federación de Obreros Panaderos “Estrella del Perú”, de corte anarcosindicalista que acababa de romper con el mutualismo reformista, por acción de sus dirigentes anarquistas entre ellos los Lévano. Ese día, en la noche pronuncia su vigoroso discurso “El intelectual y el obrero”, toda una declaración de principios entre los trabajadores manuales e intelectuales y su unificación en pro del porvenir emancipador, que se une con el discurso también esclarecedor del obrero Manuel C. Lévano titulado “Los gremios obreros en el Perú y lo que debieran ser”

Año tras año, si vínculo con la clase obrera era más íntima. Participa de las veldas socio-culturales organizada por los elementos del anarquismo en los sindicatos obreros y ateneos culturales de la época. En este contexto es en 1911 que se funda el periódico anarquista “La Protesta” (el más grande y conocido vocero obrero y anarquistas del Perú) y Manuel González Prada apoya activamente con sus textos los cuales a veces firmaba como Luis Miguel (en honor a la anarquista Louisa Michel) o con su propio nombre. Es decir sus textos eran difundidos y leídos entre los obreros y por estos llegaba el mensaje hasta los campesinos que ya empezaban a organizarse y a luchar en federaciones o agrupaciones campesinas. Sus textos son publicados con los periódicos sindicalistas y anarquistas de la época como “La Lucha”, “El Nivel”, “El Obrero Organizado”, “La Voz del Panadero”, “El Libertario”, “Armonía Social”, etc., los cuales eran leídos por los anarcosindicalistas que se dotaban de armas de clase contra la burguesía y sus instituciones de poder.

Este compañero tuvo una biblioteca muy grande y especializada en temas sociológicos, económicos, sindicales, políticos, anarquistas, etc. Al cual acudían los jóvenes Mariategui y Haya de la Torre (este último luego usaría descaradamente la figura del pensador anarquista para sus fines politiqueros con su partido el APRA) ávidos de las enseñanzas del maestro, del hacedor de rebeldías, incansable y adelantado a su tiempo.

Podríamos detallar mucho acerca de su anarquismo y su visión del Perú de aquel entonces y que cuyo análisis aún hoy no ha perdido vigencia. Su posición política libertaria no es para nada aquel simplona pose idealista y romántica que le han querido dar, no es un individualismo pequeño burgués, no es un liberal radical, sino un revolucionario conocedor del panorama social en la ciudad con los obreros y en el campo con los campesinos y demás sectores oprimidos, viendo en esto un lucha más humana que meramente de clase.

Que estas líneas también sirvan para aclararle a los señorones del Partido Aprista (actual gobierno del Perú) que el anarquismo peruano y su variante anarcosindicalista nada tiene que ver con las políticas seudo-socialistas del APRA y mucho menos con su actual política de derecha neoliberal y fascistoide. No sirve el rancio argumento de que con la aparición del aprismo, como corriente política en el Perú y el lamentable declive del pensamiento libertario en las masas obreras, se produjo la transición de una democracia liberal a un nacionalismo radical, como inútilmente intentan atribuirse los apristas, chillando históricamente su legado “anárquico”.

Les recordamos que el anarquismo es socialista enemigo de políticas liberales y burguesas, es anticapitalista y antiestista. Y los que seguimos la labor fecunda de Prada y otros ácratas no estamos para nada dentro de estructuras gubernamentales sino del lado del pueblo luchador.

Volviendo a Manuel González Prada, sabemos que su producción intelectual está llena de grandes obras como Pájinas Libres (1894) en su etapa liberal, del cual Miguel de Unamuno, gran admirador suyo, “Es uno de los pocos, de los muy pocos libros latinoamericanos, que he leído más de una vez; y uno de los pocos, de los poquísimos, de los cuales tengo un recuerdo vivo” , luego Horas de Lucha (1908) que contiene su famoso discurso del 1ero de mayo de 1905, Ataque y Propaganda, entre otros. Como poeta, publicó Minúsculas (1901) y Exóticas (1911), que son verdaderos catálogos de innovaciones métricas y estróficas, como los delicados rondeles y triolets que adaptó del francés. Sus Baladas Peruanas (1935) recogió tradiciones indígenas y escenas de la conquista española que fueron escritas a partir de 1871. También reunió una colección de sus epigramas y sátiras en Grafitos, París, 1917; en este género se muestra un gran escritor, fulgurante e inteligente, a causa de su poder de síntesis y la precisión de sus ataques contra escritores, políticos e ideas.

Este compañero, insultado y odiado, amado y respetado, negado y subestimado con frases fuertes y chocantes, con análisis lúcidos, con ideas de cambio social, que aceptó ser director de la Biblioteca Nacional en 1912, que se le atañe un patriotismo antichileno, aún hasta hoy sin saber su verbo ápatrida e internacionalista, al que se le levantan uno que otro monumento, colegios e instituciones con su nombre (del cual Prada se reiría irónicamente), del que se habla mucho y poco a la vez, aún hoy y de seguro mañana tiene y tendrá compañeros que seguimos sus pasos concientes y criticos, seguimos sus ideas y su anarquismo revolucionario, sus palabras de fuego y sus ojos puros parecen seguir dando de golpes aún en pleno siglo XXI.

Quienes le conocieron y apuntaron en sus memorias, saben que este compañero no fue para nada un retórico, sino un hombre de ideas y de acciones, es por ello que invocamos a todos los anarquistas del mundo que hoy se organizan y luchan a no olvidar a este anarquista. Desempolvemos su memoria y su obra de los claustros teóricos, estudiémoslo y analicémosle y recordémosle luchando. Nuestras tierras latinoamericanas también han parido hijos del pueblo.

Físicamente nos dejaría un 22 de julio de 1918, con la tranquilidad de quienes saben que morir luchando es vivir para siempre. Posteriormente por los círculos libertarios le hacían homenajes en el recuerdo de su muerte o natalicio y esa es una costumbre que aún hoy no se ha perdido, pues sabemos que quienes alzan la voz y el puño contra la opresión siguen con nosotros y se mantienen jóvenes en quienes llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones.

 

Franz García Uceda
Lima - Perú”

 

Tomado de Apia Virtual

Foto El Polvorín

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