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El polvorín

El Bicentenario y los blog

15 Mayo 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

LQSomos. Mónica Oporto. Abril de 2010.
losotros_0193_2009.jpgEs un momento sumamente especial para pensar el fenómeno de la comunicación en el marco del año del Bicentenario.

A lo largo de estas líneas trataré de explicar por qué creo que se ha producido una Revolución en el “punto de llegada”, como llama Umberto Eco, al punto donde se ubica el receptor, es decir donde estamos quienes diariamente, somos receptores de las noticias.

En este mayo de 2010 podríamos hablar de doble festejo. El primero relacionado a los doscientos años de la Revolución de Mayo que marcó un hito no sólo para el Virreinato del Río de la Plata sino para América toda, dado que la Revolución que tuvo lugar en Buenos Aires fructificó mientras otras terminaron derrotadas por las fuerzas españolas y debieron esperar para una mejor oportunidad; el segundo, porque a doscientos años de aquel proceso complejo de ocupación de espacios de poder, se da una nueva Revolución pero de carácter semiológico, en la cual han cumplido un papel trascendente los bloggueros.
Hace ya un par de décadas que las nuevas tecnologías pusieron en funcionamiento mecanismos de información que revolucionaron la comunicación por el espacio de interactividad que permitían. Aunque los primeros blogs fueron simplemente diarios personales con opinión, poco a poco fueron ganando otro espacio y comenzaron a decir la parte de la información que los grandes medios callaban. Luego tomaron partido por una u otra idea y demostraron que aquella pretensión enunciada por Fukuyama del “fin de la historia” había sido una quimera noventista. El bloguero se transformó en militante político y cumplió también una tarea docente, la ardua tarea de cuestionar, difundir la información, mostrando a los lectores algunos mecanismos para entender la compleja realidad.

Los “grandes medios” coincidieron en que la transmisión de la información se producía como aquella “concepción bancaria” de la educación que describía Paulo Freire: la información “bajaba” en un solo sentido, impartida con el criterio de “autoridad” desde el medio emisor hacia el receptor que la aceptaba sin cuestionar. La llegada de la era de los blogs significó una verdadera revolución en el esquema comunicacional, porque su acción se desarrolló, justamente, en el punto que para Umberto Eco es el que verdaderamente hay que apuntalar.

Un poquito de historia

En la antigüedad, las primeras formas de comunicación se dieron de persona a persona, o de grupo a grupo. Existía la posibilidad de aclaración directa de lo que no se entendía aunque muchas veces surgían enfrentamientos ocasionados por las malas interpretaciones de algún sonido o palabra.

Tres mil años antes de Cristo a un sumerio se le ocurrió un mecanismo para dejar testimonio visual de aquello que poseía y lo que le adeudaban. Nacía la escritura, en principio cuneiforme, ideográfica, pero tecnología al fin que dio la base de la actual escritura. Pero durante siglos los libros se escribían a mano, resultando copias únicas. Hasta que un día como hoy pero en el siglo XV un tal Juan Gutenberg dijo que había inventado la imprenta. Tomando prestado un invento vaya a saber de quién que, a su vez, lo había recibido de algún visitante a China donde la imprenta existía desde el siglo VII, la imprenta de tipos móviles permitió multiplicar la producción de libros.

Se democratizaba la cultura.

Siglo XVIII. Después de la difusión de los diarios que, al principio, sólo fueron periódicos de una hoja suelta, en el siguiente siglo florecieron los grandes diarios que se consumían en gran cantidad. La gente quería saber qué pasaba. Fue a fines del siglo XIX que se popularizó la radio, se incorporó el cine, y más cercano a nosotros, en el siglo pasado, apareció la televisión. El proceso de la comunicación se complejizada cada vez más y para intentar explicarlo, se confeccionó un esquema de la comunicación en el cual se identifican y analizan las partes que lo componen: el emisor, el código, el canal, las competencias de emisor, el receptor.

Cuando la información se transmite entre máquinas, el resultado es exacto. Pero cuando son personas las que emiten o reciben información, se da un proceso de comunicación complejo porque en él influye la posición que toma frente a la realidad quien emite el mensaje, las ideas e intereses que sustenta, el código que utiliza para emitir el mensaje, las circunstancias en las que el mensaje se produce y otras variables que se combinan para influir y producir una emisión o recepción que no son simples ni automatizadas.

De a poco, la comprensión de este fenómeno, llevó a que los “medios” se transformaron en herramientas para construir mensajes, y por qué no, para crear realidades.

La comunicación, ese mecanismo tan antiguo que vinculó a los seres humanos cuando dejaron de ser homínidos y se transformaron en humanos, el que les permitió transmitir cultura y explicar el mundo, se complejizó mas cuando comenzaron a intervenir los medios.

Porque a medida que la información comenzó a ser esperada, comprada -a través de los diarios, por ejemplo- fue objeto de consumo en el mercado y se transformó en un bien económico distribuido y comercializado por los medios.

Por otra parte, los sectores dominantes vieron que la posesión de los medios posibilitaban ejercer el control del tipo de sociedad que querían según aquella interpretación de este hecho: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación” .

Otro elemento a considerar, a partir de la imposición de ideas, es la competencia por el mercado de la información. Julio Verne, en el libro Miguel Strogoff describe cómo “un corresponsal del Daily Telegraph, se prepara para telegrafiar la Biblia con tal de no dejar el acceso de la línea a su competidor francés” (por entonces las oficinas de telégrafo no abundaban y la transmisión era cara, no obstante anular a la competencia era el objetivo a cualquier costo para ganar el espacio con la información).

La información había cobrado un valor estratégico y se convertía en una industria y en una competencia por la que había que hacer cualquier esfuerzo por llegar primero.

Se agregó otra vertiente: la publicidad, la que complementará el mundo de las noticias y condicionará también su presentación. Pero todo esto ya lo había dicho Don Arturo Jauretche hace varias décadas: en épocas de los “grandes diarios” los periodistas se la jugaban y constituían una prensa de opinión, se ponía en primer lugar la libertad de prensa. Cuando la noticia se transformó en un bien económico se pasó a defender la libertad de empresa poniendo en primer lugar los intereses económicos.

Alvin Toffler caracteriza al siglo XX como de los tiempos de la revolución tecnológica. En una sociedad regida por los flujos de información la tecnología lleva a un cambio en las formas de conocimiento y por lo tanto se ha de estar preparado para aprender, des-aprender y volver a aprender. Esa fluidez del conocimiento está relacionada con los cambios en las relaciones de poder. Y al poder se lo puede cuestionar desde el “punto de llegada” de la información, ese punto que siempre estuvo subordinado a la voluntad de los “dueños” de la información.

Hasta que Umberto Eco expuso su punto de vista.

El “punto de llegada”

Hace algunos años accedí a un trabajo de Umberto Eco que lleva por título “Para una guerrilla semiológica” y que se agrega al final de estas líneas.

Eco comienza explicando cómo, en años pasados, para llegar al poder se realizaban golpes de Estado sacando tanques y soldados a la calle, pero que hoy no hace falta porque basta con ser el propietario de un diario.

Eco desestructura la mirada sobre aquél esquema de la comunicación en el cual se ponía el acento en la posición dominante o de poder detentado por el emisor, considerado quien construye, impone, “baja” la información, y por lo tanto tiene el control de la situación.

Por el contrario, llama la atención para centrar el poder en lo que él llama el “Punto de llegada” es decir en nosotros, los receptores de la información, señalando que lo verdaderamente revolucionario está en trabajar el “punto de llegada” para una correcta decodificación de la información.

Umberto Eco plantea una comparación entre las revoluciones de los sesenta-setenta, donde se desarrolló la acción de la guerrilla que con el uso de las armas cuestionaron el poder, y una actitud revolucionaria actual que pasaría por conseguir que los destinatarios de la información la decodificaran correctamente, es decir, que no se dejaran engañar, que pudieran leer entre líneas y sacar conclusiones libremente. Los actuales “guerrilleros” serían aquellos que produjeran este cambio revolucionario de transformar al sujeto que pasivamente recibe la información en un activo cuestionador que no se deja engañar.

Si los proletarios surgieron de la revolución industrial como clase explotada subordinados al poder de patrones explotadores, para Eco en la actualidad, cuando no podemos decodificar eficientemente los mensajes, somos proletarios pero de la información, y por extensión de los grandes medios que la vuelcan diariamente a través de televisión, radio, diarios.

Por eso es que señala, invita, exige, nos pone a reflexionar sobre la necesidad de esclarecer el punto de llegada, el receptor.

Creo que en los últimos años la acción en ese sentido ha salido fundamentalmente de la educación, pero también, tomando en cuenta la expansión de las nuevas tecnologías, se ha ido instalando a medida que comenzaron a proliferar los blogs. Si. De aquellos “diarios personales”, a los cuales se les sumó la posibilidad de la interacción con sus lectores que podían dejar mensajes o comentarios en los posteos, se fue acelerando la acción de “esclarecer el punto de llegada”. Unos tal vez más advertidos que otros, tal vez más comprometidos o ávidos de conocer y compartir, han venido trabajando aplicadamente para decir lo que la “gran información” de los medios concentrados no dice, porque aplican una nueva forma de censura. Esa censura que caracteriza Ignacio Ramonet cuando indica que la mucha información tapa la verdadera información. Es una forma descarada de censura que los blogs vinieron a desenmascarar porque salieron a decir y a mostrar lo que se callaba.

Porque cuando a uno le cuentan la mitad de la verdad… le están mintiendo.

A doscientos años los blogs del Bicentenario

Los blogs son espacios que han venido a cumplir una tarea revolucionaria, porque han permitido una visión distinta, un complemento.

Podemos agregar que movimientos tales como Carta Abierta fueron un aporte extraordinario para el debate y el esclarecimiento. Que mucho contribuyó la apertura a la sociedad sobre la ley de servicios de comunicación audiovisual, porque permitió que se ampliara aún más la participación social en la toma de conocimiento sobre temas hasta ahora “Ninguneados”. Y el debate que se produjo fue fructífero, porque permitió que “el punto de llegada” se mostrara cada vez más participativo y mostrara una necesidad cada vez mayor de escuchar, de ser escuchado, de decir y tener espacios para decir, de ser crítico y no permitir que lo engañen. Se puede añadir la contribución que, desde la televisión, viene brindando desde hace poco más de un año, del programa 6-7-8.

Todo esto resulta revolucionariamente peligroso, hasta subversivo podría decirse, porque “ya no quiere volver a dormir, aquél que una vez abrió los ojos”.

La sociedad argentina abrió mucho sus ojos y vio lo que le estaban negando.

Aquí están, estos son, los blogueros que no escriben por el tetra y el choripán, ni tienen espacios rentados, ni los pasan a buscar en micros y para ir a las marchas toman tren y subte, colectivo, o salen directo de sus respectivos lugares de trabajo aunque cansados pero se la bancan. Y que con su computadora o su notebook, desde su casa, dejando otras tareas para después se zambullen en las noticias para generar sus posteos diariamente porque lo sienten como una militancia y se ponen la camiseta de esa militancia. Los blogs N&P, los que hoy integran un movimiento nacional, comprometido con un proyecto y jugados diariamente tratando de entender y explicar lo que nos quieren hacer creer y qué nos pasa en realidad, poniendo en práctica las últimas palabras del artículo de Eco*: “La amenaza para quienes the medium is the message podría entonces llegar a ser, frente al medio y al mensaje, el retorno a la responsabilidad individual. Frente a la divinidad anónima de la Comunicación Tecnológica, nuestra respuesta bien podría ser: «Hágase nuestra voluntad, no la Tuya.»
Monica Oporto , colaboradora a full de El Polvorín
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