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El polvorín

El FBI le pisaba los talones a Buñuel

7 Junio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Buñuel, fotografiado por Man Ray

El libro «El ermitaño errante» ha accedido a documentación desclasificada de la estancia del director Luis Buñuel en Estados Unidos.
 

Luis Buñuel fue un oscuro objeto de deseo para los agentes del FBI durante sus visitas a Estados Unidos. Ése es uno de los datos inéditos más importantes de cuantos aparecen en un importante y muy documentado ensayo, «El ermitaño errante. Buñuel en Estados Unidos», firmado por Fernando Gabriel Martín y editado por la Filmoteca Regional Francisco Rabal. Martín, que ha dedicado varios años a este trabajo, ha podido consultar numerosa documentación sobre el cineastas conservados en varios archivos en Nueva York (Archivo Rockefeller, Universidades de Columbia y Nueva York), Washington (Archivos Nacionales) y Los Ángeles (Universidades de California y Sur de California y Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas).

La gran obsesión
El autor, gracias al Freedom of Information Act del FBI y del INS, pudo acceder al informe que la agencia del todopoderoso J. Edgar Hoover dedicó al director de «Un perro andaluz». El expediente no quedó desclasificado en su mayor parte hasta el pasado año y en él se constata que durante tres décadas Buñuel fue controlado por el FBI y el Servicio de Inmigración. Los chicos de Hoover se obsesionaron con el gran tema tabú en la biografía del realizador: el comunismo. Fue un sospechoso que conoció una persecución parecida a la que el FBI practicó con personalidades como Chaplin o Einstein por sus simpatías con la izquierda de la época. Pero en Buñuel confluían otros elementos, como el ser un exiliado español y autor de una película calificada de blasfema por muchos, «La edad de oro».

El primer informe del FBI sobre Buñuel está fechado el 27 de mayo de 1942. En ese momento, el aragonés se trasladó a Washington desde Nueva York –donde vivía y trabajaba– para oficializar su estatuto de inmigrado en el Departamento de Estado. Allí fue sometido a lo que Martín denomina un «interrogatorio sobre su pasado ideológico». El FBI fichó a Buñuel afirmando que fue asesor cinematográfico de la República española, que desde 1938 residía en Estados Unidos en «situación temporal» tras llegar para «asesorar filmes hechos en Hollywood para el Gobierno de la República». La agencia también declaraba su vinculación con personas de izquierdas que «indicarían posibles simpatías o filiaciones comunistas».


Lo que el FBI no sabía en aquel momento es que Buñuel podía tener algo más que simpatías. Román Gubern y Paul Hammond,  autores de «Los años rojos de Luis Buñuel», descubrieron hace poco una carta, firmada del puño del cineasta el 6 de mayo de 1932, dirigida a André Breton, el jefe supremo del surrealismo, anunciándole que abandonaba el grupo para ingresar en el Partido Comunista de España.

Luis Buñuel fue una de las víctimas de la «caza de brujas», de la obsesión anticomunista que se desarrolló en Estados Unidos gracias sobre todo a la paranoia del senador republicano Joseph McCarthy. Varios factores coincidieron en la mala suerte de Buñuel, aparte del espionaje del FBI, siendo uno de los más curiosos la publicación de las peculiares memorias «Vida secreta de Salvador Dalí por Salvador Dalí».

En 1942, el pintor ya no era el jovencito tímido y reservado que Buñuel había conocido en la Residencia de Estudiantes. Dalí era una de las personalidades mediáticas de Estados Unidos, con un importante éxito de su pintura entre las clases más acomodadas. Dalí seguía ofendido con Buñuel.

Seguido hasta 1971
¿El motivo? El cineasta había retirado el nombre del artista como co-autor del guión de «La edad de oro». En el libro, Dalí se distanció del resultado final de la película, aludiendo a la condición y blasfemo antirreligioso de su antiguo amigo. La «Vida secreta», como afirma el autor de «El ermitaño errante», pasó a ser otra prueba más del delito en el caso contra Buñuel, quien acabaría dimitiendo de su trabajo en el MoMA el 30 de junio de 1943.
El FBI siguió investigando a Buñuel. Por ejemplo, la agencia contaba en Los Ángeles, en 1945, con un informador que trabajaba en Warner Bros. Esta fuente anónima, cuyo nombre está censurado, ayudó a que el FBI supiera que el cineasta «de alguna manera estuvo afiliado al Gobierno socialista-comunista de Leon Blum» y «asociarse con izquierdistas latinoamericanos». El FBI también controló su correo e incorporó al expediente fotografías y las huellas dactilares del realizador.

La agencia siguió los pasos de Buñuel hasta 1971, pese a que éste se instaló en México, donde pudo reiniciar no sin dificultad su carrera cinematográfica. El FBI logró datos gracias a las informaciones facilitadas por las embajadas estadounidenses en París y México. Entre los datos logrados destacaban el apoyo a un movimiento por la paz en 1950 o un viaje a Cuba en 1961.

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Tomado de La Razón.es

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