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El polvorín

El fin de la orgia de muerte del “Nerón” colombiano.

6 Agosto 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Jhon Jairo Salinas | REDEPAZ Quindío |
Portada revista Semana el juicio de la historia

“(…) en algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar la orden de disparar.

No disponemos de la imagen del efecto de los disparos, pero hasta la más obtusa de las imágenes podrá “ver” cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes (…)”

Con este breve fragmento “El factor Dios” del premio nobel de literatura, el portugués José Saramago. Haremos un esbozo de la era terrible del Nerón colombiano (Álvaro Uribe Vélez). Cuya imagen y semejanza de déspota, tirano, del emperador romano. No podríamos borrar la imagen de nuestra historia reciente. Las masacres, desapariciones forzadas en nuestros campos y ciudades de Colombia donde lastimosamente la comunidad internacional nos honran con el titulo de tener la fosa común más grande de Latinoamérica, fosas donde enterraron la memoria de hombres y mujeres humildes, campesinos, jóvenes de las clases inferiores que desmembraron sus cuerpos con motosierras y estas a su vez tasajeaban pies, manos y cabezas para alimentar los cocodrilos de las reservas naturales de propiedad de los jefes paramilitares, reservas que circundan en la finca del “ubérrimo” y desde ahí presenciaban la danza de muerte, mientras en la finca del Nerón colombiano se hacían grandes agasajos, fiestas y bacanales fiel a la tradición de los emperadores romanos como en épocas de la antigua roma Nerón y sus antecesores tiraban los esclavos en el coliseo romano para que en cuestión de minutos los leones los devoraran “pan y circo” era la constante de la antigua Roma y en el presente Colombia.

La orgia de la muerte en estos ocho años de la Roma moderna Latinoamericana del siglo veintiuno se impone el paramilitarismo como una estrategia estatal de terror disque para contrarrestar el terrorismo de la insurgencia colombiana. Estrategia que se logra imponer los cursos para infundir terror que según testimonios propios de los paramilitares desde las cárceles de los Estados Unidos, se enseñaban prácticas utilizando personas vivas que eran llevadas hasta los campos de entrenamiento en los campamentos paramilitares y desde allí saciar el terror y vejámenes.

Francisco Villalba el paramilitar que dirigió en el terreno la barbarie del Aro – Antioquia en la que narra cómo torturaron y masacraron 15 personas durante 5 días, revela detalles de estos cursos:

“Eran personas que llegaban en camiones vivas y amarradas (…), se repartían en grupos de cinco (…), las instrucciones eran quitarles los brazos, las cabezas y descuartizarlas vivas”, estos cursos de descuartizamiento eran para adiestrar a los paramilitares en su función más específica de infundir terror en la población “disque para imponer la doctrina de seguridad democrática (modelo piloto del gobierno saliente), y así desplazar a más de cuatro millones de personas en los territorios donde ejercían presencia estos fabricantes de la muerte.

Pero como si esto no fuera suficiente en el departamento de Córdoba segunda patria chica de nuestro Nerón criollo mandaron a instalar hornos crematorios y desde allí eran arrojadas las personas vivas para no dejar rastro ni huella de la magna obra de terror y ver como en un cuadro pictórico el horror de ésta política criminal. A otros les abrían el pecho, les sacaban las vísceras e hígado para después rellenar sus cuerpos con piedras y arrojarlos al rio Sinú.

Según los mismos testimonios de los jefes paramilitares estas prácticas se hacían en contubernio con miembros de la fuerza pública y con el visto bueno de algunos políticos de la región amigos y simpatizantes del Nerón colombiano Álvaro Uribe Vélez.

En un artículo del periódico El Tiempo del primero de Agosto de 2010, aparece cómo los paramilitares montaban el cartel del oro y en el sur de Bolívar eran reclutadas familias enteras para trabajar en las condiciones más indignas en los yacimientos oríferos de propiedad de los paramilitares, mujeres en embarazo, niños eran obligados a entrar en estos socavones para extraer el oro a cambio de un plato de comida era el pago que se les daba. En pleno siglo XXI estos ejercen la práctica del esclavismo en dichas minas.

Otro testimonio de uno de los grandes jefes paramilitares, Ramón Isaza narra cómo en Villavicencio, capital del departamento del Meta, reclutaban indigentes y en sus campos de entrenamiento en ésta región obligaban a los nuevos paramilitares a que los descuartizaran y bebieran su sangre para así poderse graduar en esta empresa criminal.

Ejercían también prácticas de hechicería, se pintaban las uñas de negro y con su brazalete de AUC se erigían como verdaderos ángeles pacificadores de la región de departamento del Meta.

Así como Nerón puso a arder en llamas a Roma, nuestro gobernante en sus 8 años puso a arder en llamas a Colombia, Calígula hermano de Nerón nombra como cónsul a su caballo, y Álvaro Uribe Vélez bautiza a su yegua con el nombre de justicia, “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.

En el tricolor de nuestra bandera, el amarillo en estos ocho años representa las riquezas y el oro entregadas actualmente a las multinacionales expoliadoras, el azul representa el color de la ideología ultraconservadora de Álvaro Uribe Vélez, el rojo representa la sangre esparcida en nuestros cementerios y en nuestros campos de hombres y mujeres que nunca se imaginaron este triste destino.

La corrupción, las chuzadas y persecución política, los Teodolindo, las Yidis Medina, los Noguera, los Ritualejo, los Mario Uribe, Los Aranguren, son solo un pequeño símbolo y semejanza del gobernante más déspota y tirano que hemos tenido en 200 años de vida republicana.

Pero como todo no puede ser horror y desesperanza. A las víctimas de esta política salvaje y asesina queremos dedicarles este pequeño poema en honor a los rostros desesperanzados de madres y esposos e hijos protagonistas de esta triste historia en la agrietada Colombia:

 


NO ERAN PARA TALAR LOS ARBOLES

Esos poetas que siguen

Escribiendo cosas modernas,

Como si lo moderno en Colombia

no fuera el dolor, la miseria,

la injusticia, la guerra..

Bajo el azul de insensible firmamento

y al frente de la égida siniestra,

multicolores pájaros de sueños cayeron;

abatidas las flores de la vida,

truncada la sazón de bellos frutos,

entrañables raíces arrancadas,

la humana arboleda desplazada.

Porque,

no eran para talar los árboles inmensos

que llegaban al lugar las motosierras;

ellas eran para cercenar los cuerpos

del bosque hermoso de indefenso pueblo.

Y cavaron fosas sepultureros que no llevaban flores;

unas fosas enormes,

como de infernal pesadilla,

no para arrojar en ellas la semilla

que diera a la nación vital sustento.

No;

Esas fosas comunes eran

para enterrar la vida,

esconder el crimen bajo sagrada tierra;

cubrirla de espanto, aplastar ideas, opacar el sol de las nuevas banderas,

desplazar los músculos agrarios,

apuntalar con sanguinolenta tierra el tenebroso imperio.

 

Y siel asombro a la conciencia siquiera un poco nos roza,

frente a las fosas comunes de Colombia levantemos

un sagrado grito de dolor inmenso

que un boquete trepidante y expansivo abra

un cauce de luz, de justicia y de castigo.

 

Fuentes:

Blog Azalea Robles/la fosa común más grande de Latinoamérica

Testimonios de paramilitares ley de justicia y paz

Archivos periódicos espectador, el tiempo, revista semana

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