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El polvorín

El lobby oculto de algunas ONG´s

22 Julio 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

“La maldición para la Tierra es una masa de capitales en manos de una exigua minoría de inversores y “desarrolladores”, que escrutan hasta el último metro cuadrado sobre el que podrían abalanzarse para obtener beneficios. La imagen del enjambre de langostas no resulta desatinada”, dice Riechmann. El capitalismo va viendo cómo las sucesivas crisis (financiera, económica, energética, ecológica, climática y social) van anunciando su próxima quiebra con más intensidad. Necesita con urgencia, además de su plan A (seguir con los negocios como lo hace habitualmente: business as usual), un plan B (la conquista del alma de las gentes y de las resistencias sociales).

 

El capital trata de apropiarse de los movimientos ecologistas razonables, para reconvertirlos en domesticados capitalismos verdes o formas de negocio con el agotamiento del planeta – Pedro A. Prieto, ASPO

La presión económica empuja a las ONGs hacia un “partenariado tóxico” con las grandes empresas, un lobby en sentido inverso – Miguel Romero Baeza, 2009

La idea de “lobby” en su acepción corriente, que suele ser peyorativa, hace referencia a formas de presión de las grandes empresas sobre las instituciones públicas, en su beneficio.

Por hacernos una idea de su orden de magnitud, en 2002 había en Bruselas más de 10.000 cabilderos profesionales vagando por los vestíbulos de la Comisión, del Consejo y del Parlamento europeo y, asimismo, las más de 200 multinacionales con oficinas en esta capital contaban con de no menos de 500 grupos de presión industriales (1).

Es que el gran capital no se fía mucho de la autorregulación del mercado y menos de la providencial “mano invisible”. Tiene poderosas razones: su actividad empresarial es una isla que opera en un océano de externalidades negativas, que ha de mantener fuera de sus costes si quiere cumplir con su único fin cual es la obtención de las máximas ganancias. Y contiene implícita una propensión al crecimiento exponencial, que choca ya con un mundo “lleno” en cuanto a su capacidad de carga, puesto que ha tocado todos sus límites en lo relativo a sus recursos y a sus sumideros. Por eso la metáfora que usa Riechmann para describirlo es más que pertinente, dice así: “La maldición para la Tierra es una masa de capitales en manos de una exigua minoría de inversores y “desarrolladores”, que escrutan hasta el último metro cuadrado sobre el que podrían abalanzarse para obtener beneficios. La imagen del enjambre de langostas no resulta desatinada” (2)

En ese mismo orden de cosas, el capitalismo va viendo cómo las sucesivas crisis (financiera, económica, energética, ecológica, climática y social) van anunciando su próxima quiebra con más intensidad (3).

Necesita con urgencia, además de su plan A (seguir con los negocios como lo hace habitualmente: business as usual), un plan B (la conquista del alma de las gentes y de las resistencias sociales (4)). Pues tampoco es tan poderoso como aparece a primera vista, porque si lo fuera no tendría necesidad de invertir tantos millones de dólares en Responsabilidad Social Corporativa (RSC), lavado verde, lobbying, publicidad y clientelismo a través de ONGs leales a sus intereses (5).

El plan B del gran capital

Se puede resumir diciendo que es “la suma de maniobras destinadas a ganar consenso, legalizar estas formas de enriquecerse, lograr obediencia y/o complicidad, publicitar sus objetivos como si fueran idénticos a los de la sociedad y desacreditar las alternativas como si fueran ´ataques´” (6). En una palabra, buscar legitimidad.

Destacan por su especial relevancia dos maneras de implementar este segundo plan: una, la denominada “la Responsabilidad Social Corporativa” y, otra, la que tiene por objeto la cooptación de los movimientos sociales de resistencia y ONGs alternativas. “Sin lugar a dudas que estos planes B empresariales, abonados por técnicos, intelectuales y ciertas ONGs (algunos a sueldo y otros sólo por vocación) son el mayor desafío a vencer por parte de la resistencia civil, dado que ‘de noche todos los gatos son pardos’” (7)

Unas notas sobre la Responsabilidad Social Corporativa (RSC)

La mejor definición de lo que pretende esta RSC la dio Ban Ki-Moon, en 2008 (8). Dijo: “tenemos que pasar de la responsabilidad de los negocios al negocio de la responsabilidad”. Para las empresas, en el orden capitalista, se trata de eso y sólo de eso. Si alguien quiere llamarse a ilusiones socializantes o de sostenibilidad, las declaraciones del director de responsabilidad Social Corporativa de Mapfre (9) son más que persuasivas: “en el fondo buena parte de lo que se oye en RSC tiene su raíz en ese propósito cosmético que siempre nos acompaña en la empresa”, y es que por más vueltas que se le de, en una sistema capitalista “la única responsabilidad social de las empresas consiste en incrementar sus beneficios”, como sostenía el gurú de la economía neoliberal Milton Friedman.

No lo pueden evitar, “si una gran empresa que cotiza en bolsa no logra cumplir con la fórmula de un rápido crecimiento y beneficios a corto plazo, sus directores se verán expuestos a ser despedidos directamente, o incluso a posibles acciones legales (…) ni los banqueros ni los inversores juzgan el rendimiento empresarial según el grado de contribución al bien público. Estos son fundamentalmente amorales” (10)

Por eso, para que la responsabilidad en el negocio se transforme en más negocio, las “exigencias éticas” deben de provenir de las propias empresas, han de ser voluntarias y deben estar supervisadas por entidades “amigas”. Este es el caso. La arquitectura global de la RSC realmente existente se caracteriza por su carácter unilateral, voluntario y no vinculante; se gestiona sin legislación ni supervisión pública, es decir de forma privada y mide su eficacia con índices bursátiles ad hoc (11). No hay, pues que hacerse ilusiones, la RSC es un requisito para que las grandes empresas ganen en legitimación social que suele andar por los suelos. Por eso es corriente que “muchas compañías que en el pasado han sido duramente criticadas tengan ahora programas de RSC precisamente en las áreas donde tuvieron problemas: (por ejemplo) Shell tiene un programa de Energía Responsable (…), Mc Donald´s está desarrollando campañas para concienciar sobre alimentación sana y empresas como Adidas e Inditex han logrado ser incluidas entre las empresas más sostenibles del mundo en 2008” (12) .

El caso de Inditex es bien ilustrativo. Aparte de la pregunta siempre inquietante que se hacen los autores del libro Amancio Ortega, de cero a Zara, de si “¿puede un empresario por mucho talento que tenga, ganar durante cuarenta años cientos de millones de forma lícita?”, y las denuncias que aparecen en periódicos (13,14), o en movimientos sociales (15), el puesto de la empresa en cuanto a RSC es muy alto. Es el asunto siguiente: en el primer ranking empresarial que evalúa los esfuerzos de 28 grandes empresas en relación al clima en España, aparecido en 2008, llevado a cabo por la Fundación Ecología y Desarrollo y financiado por el MIMARM, la empresa Inditex aparece como una de las mejor valoradas. Resulta que el Director de la Fundación evaluadora es a la vez miembro del Consejo Asesor de la citada Inditex (y, tomen nota, socio-líder de AVINA)

Para concluir con la RSC y “no caer en moralina, admitamos que el objetivo lógico y común de todo negocio es el lucro… las empresas son empresas y no ONG; y esto va de ganar dinero”. Esto lo decía en 2008, el Director de Reputación e Identidad Corporativa de Telefónica, empresa que ha tardado bien poco en poner en funcionamiento esta lógica con el reciente anuncio de despidos masivos (6.000 trabajadores) a la vez que de incremento sustantivos de los sueldos de sus directivos (en más de 450 millones de euros), días después de haber declarado los mayores beneficios de sus historia.

A por los movimientos sociales de resistencia

Dos fundaciones muy activas en este capítulo nos sirven para ilustrar cómo opera el gran capital en este apartado de su Plan B. Se trata de las llamadas AVINA y Ashoka, que tienen su espacio de operaciones preferente en España y Latinoamérica. No son las únicas.

Estas dos fundaciones, aparecidas en 1994 y 1981 respectivamente, están íntimamente relacionadas entre sí. “En 1993, Stephan Schmidheiny, fundador de AVINA, y Bill Drayton, fundador de Ashoka, percibieron que tenían visiones muy afines sobre cómo contribuir a un cambio profundo en el mundo (y) a través de los años, AVINA y Ashoka han identificado y promovido múltiples formas de colaboración local y global”, según afirman en la página web de AVINA. También, Ashoka es financiada por AVINA. Hasta 2007 le ha pagado a más de 400 emprendedores sociales.

Y estas dos fundaciones están inequívocamente vinculadas al gran capital. En el caso de AVINA el fundador único es el magnate del amianto, el citado Stephan Schmidheiny, una de las mayores fortunas del mundo amasadas con el negocio del mineral asesino, a costa de la salud y de la vida de cientos de miles de personas en todo el planeta. Ha sido directivo de Nestlé, de la Unión de Bancos Suizos, de ABS Brown, etc. y fundador de la WBCSD, el lobby empresarial de las multinacionales que se visten del ropaje verde, contando entre ellas las más contaminantes del mundo (Schell, DuPont, BP, etc.)

El actual presidente de AVINA procede de la multinacional química DuPont

En el caso de Ashoka, la fundación en España está presidida por un ex-directivo de la banca JP Morgan, la empresa más poderosa del mundo según la lista Forbes y otros fundadores han estado vinculados o a la consultora McKinsey&Co o a General Electric. De la citada consultora dice Silvia Rivero (16) que: “El 7 de abril 2011, Greenpeace Internacional publicó el informe Bad influence denunciando cómo la consultora internacional McKinsey –que tiene larga historia de asesorar privatizaciones y ahora asesora a países que quieren conseguir dinero de REDD–, había hecho una base de cálculos falseados para los gobiernos de Guyana y Congo, para mostrar una perspectiva de deforestación futura mucho mayor que la real”.

Estas fundaciones del gran capital, entran en los movimientos sociales y ONGs con una filosofía definida y que no engaña a nadie. Dicen: se trata de considerar “a los mercados como los canales legítimos para el cambio social” (17). Por eso AVINA se define como “una fundación que se asocia con líderes de la sociedad civil y del empresariado de América Latina en sus iniciativas por el desarrollo sostenible” (18); y Ashoka ratifica que “conecta a emprendedores sociales y empresarios para construir un ecosistema de iniciativas que respondan a las crecientes demandas sociales” (María Calvo, directora de Asoka en España).

Para eso financian y se alían a los movimientos sociales, incluso los sedicentes anticapitalistas, para que legitimen desde dentro el sistema empresarial realmente existente. Como dice Michel Chossudvsky “la compleja red de ONGs –incluidos segmentos de medios alternativos- son utilizadas por la élites corporativas para moldear y manipular el movimiento de protesta (…) el propósito no es reprimir la disidencia, sino, por el contrario, dar forma y moldear el movimiento de resistencia, para establecer los límites de la disidencia” (19)

Claro que en Latinoamérica, lugar privilegiado de sus actuaciones, ya les han cogido el pulso.

Sin ir más lejos, en la pasada reunión de Cancún sobre cambio climático, el prestigioso Grupo de Reflexión Rural (GRR) argentino ha detectado la infiltración de AVINA en los distintos movimientos alternativos que ha acudido a la contracumbre y denuncian que: “Las grandes Corporaciones y las fundaciones que las acompañan, han estado trabajando sigilosamente para escurrirse entre los espacios alternativos”. Y, cómo no, AVINA hace acto de presencia. Continúan diciendo: “La Fundación AVINA, del millonario suizo Stephan Schmidheiny, de larga y siniestra trayectoria en nuestra América Mestiza, por comprar voluntades detrás de proyectos supuestamente beneficiosos para nuestros pueblos y comunidades, ofreció una dádiva económica para la organización de Klimaforum 10. La presencia del Grupo de Reflexión Rural en Cancún, sirvió para alertar sobre esta Fundación y así desenmascarar sus intentos de cooptar estos espacios, siendo que luego el Klimaforum decidió rechazar los fondos que intentaba aportar Avina”. Y concluyen diciendo: “Fundaciones como AVINA y Ashoka son el enemigo de la Tierra Madre y de las poblaciones oprimidas”.

En efecto, AVINA cuenta entre sus socios destacados a Gustavo Grobocopatel considerado el empresario número uno y referente indiscutido a nivel mundial en el terreno de la soja. Conocido como “el rey de la soja” transgénica, Grobocopatel cultiva más de 280.000 hectáreas, de las que unas 120.000 son en la Argentina y el resto en Brasil, Uruguay y Paraguay.

El cultivo de la soja “es el monocultivo de la década, el cultivo que más tierras deforesta, que más bosques tala, que más asesinatos y esclavitud produce, que más fumigaciones provoca, y finalmente que más pobreza genera”, según el Informe del Worldwatch Institute 2011 (20)

Estos antecedentes de los magnates de las fundaciones y sus alianzas, ha llevado al grupo federal ecologista más importante de Argentina, la RENACE, a manifestarse contundentemente, en 2008, de la siguiente manera:

“Esta breve introducción tiene por objeto advertir que así como caracterizamos la razón de uniones, confluencias y esfuerzos, también definimos y señalamos al real enemigo, al genocida que contamina, destruye y saquea.

En consecuencia, los abajo firmantes se dirigen al resto de los compañeros de la Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE) para ratificar que los postulados de nuestra confluencia se ven mancillados por quienes conviven, frecuentan y participan de organizaciones que enarbolan principios radicalmente opuestos a los nuestros. Tal es el caso de las organizaciones asociadas a la trasnacional financiera AVINA, a quienes les pedimos que definitivamente dejen las filas de la RENACE.

En este plano, no podemos ni deseamos convivir con miembros de ONG vinculados a los fondos ensangrentados de la corrupción” (21).

Hay que recordar que AVINA es obra de Schmidheiny, magnate enriquecido por el amianto (uralita en España), una de las industrias más mortíferas de cuantas hayan existido en la historia de la humanidad. Llevan toda la razón.

El caso del AGRA y los transgénicos

Con este ejemplo es como mejor se puede ver el modo operativo del lobby capitalista en los movimientos sociales.

La Fundación Bill y Melinda Gates, “al igual que Monsanto, se dedica también a tratar de destruir la agricultura campesina en todo el planeta, principalmente a través de la llamada Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA). Ésta funciona como caballo de Troya para despojar a los campesinos africanos pobres de sus semillas tradicionales, sustituyéndolas por semillas de las empresas primero, y finalmente por transgénicos”, como denuncia la prestigiosa investigadora mexicana Silvia Ribero, del grupo ETC (22)

Por si hubiese dudas sobre las intenciones de esta Fundación, la Vía Campesina, el movimiento alternativo más prestigioso del mundo, advertía que “desde 2006 la Fundación Bill y Melinda Gates ha colaborado con la Fundación Rockefeller, entusiasta promotora de cultivos transgénicos para los pobres del mundo, para implementar la Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA), la cual está abriendo el continente a la semilla transgénica y a sustancias químicas vendidas por Monsanto, Dupont y Syngenta.

La Fundación ha dado $456 millones a AGRA, y en 2006 contrató a Robert Horsch, quien fue ejecutivo de Monsanto por 25 años, para trabajar en el proyecto. En Kenya alrededor de 70% de los que reciben fondos de AGRA trabajan directamente con Monsanto, casi 80% del financiamiento de Gates en el país tiene que ver con biotecnología, y sobre $100 millones en donaciones se han dado a organizaciones kenianas conectadas a Monsanto. En 2008 un 30% de los fondos de la Fundación para desarrollo agrícola fueron a promover variedades de semilla transgénica. (…) En agosto de 2010 el fideicomiso de la Fundación Bill y Melinda Gates, anunció que había comprado 500 mil acciones de Monsanto, valoradas en un poco más de $23 millones” (23)

De Kenya procede, precisamente, uno de los últimos “fichajes” de Ashoka en 2009. Se trata de la científica keniana Florence Wanbugu, vinculada a la biotecnología y a Monsanto, y con muy buenas relaciones en España, como se puede ver en la fotografía al principio de este artículo.

El círculo continúa con el anuncio de que Ashoka recibe en 2009 una donación de la fundación Bill y Melinda Gates de 11,3 millones de dólares “Con estos fondos permitirán a Ashoka elegir a más de 90 Emprendedores Sociales que difundirán prometedoras innovaciones para ayudar a salir de la pobreza a pequeños agricultores y comunidades rurales en África Sub-sahariana e India”

El círculo se cierra con el “lobby oculto”: los “disidentes” cooptados.

AVINA Y Ashoka, en los diez años que llevan operando en España ha logrado introducirse de alguna manera en más de diez organizaciones que pueden considerarse alternativas. En unos casos cooptando líderes o emprendedores, en otros aportando financiación y asesoramiento. Son entidades de prestigio que cubren los rubros del agua, el medioambiente, la paz, el mundo rural, las universidades paralelas, los sistemas financieros éticos, las semillas, el mar, etc. y contando con líderes conocidos. Este fenómeno ha prosperado tanto en nuestro país que, en otro lugar, he calificado esta intrusión, que “se ha ido produciendo casi sin darnos cuenta” (ver nota 4), como la metáfora del queso de Gruyère.

Estas fundaciones del gran capital llevan a cabo la selección de sus colaboradores con todo rigor, de manera que la decisión final suele venir de Costa Rica o EEUU. Saben bien con quién se alían, no en vano Ashoka presume de que tiene como aliados estratégicos a la mencionada Mc Kinsey, empresa líder mundial de consultoría de gestión, a Hill&Knowlton, unas de las principales en relaciones públicas y Latham y Watkins, con 2000 abogados en todo el mundo. La selección está asegurada. Por si acaso, firman contratos que obligan a los cooptados a dejar su imagen para promoción de las filantrópicas, y potencian con ellos vínculos vitalicios.

Algunas de estas organizaciones o sus líderes, que comparten la condición de socios o aliados de las fundaciones mencionadas, tienen una posición de liderazgo explícita contra los cultivos transgénicos. Por tanto, a veces cumplan con su función de portavoces de asociaciones que luchan contra este tipo de cultivos (especialmente en España, que es donde el cultivo de organismos genéticamente modificados ha prosperado más de toda Europa), y otras se ven obligados a mantener un prudente silencio, cuanto menos, ante programas tan agresivos como el AGRA, en el que 90 correligionarios suyos de Ashoka tratan de implementar en África los transgénicos, en apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates-Monsanto, como hemos visto más arriba. El plus de legitimidad que los “disidentes” controlados ofrecen a las fundaciones del gran capital es impagable. Éticamente es un caso típico de doble moral, tan denostada por los ciudadanos en tratándose de políticos profesionales.

Hacen las funciones de lobby oculto

Ángel Zapata escribe: “la estrategia más frecuente entre intelectuales colaboracionistas consiste hoy en un mecanismo de defensa que Zizek ha llamado atenuación. Ésta no se sitúa en el plano de la labilidad moral. Su dimensión propia es aún más profunda, pues con ella (…) es el propio sujeto el que resulta disociado, son en realidad áreas enteras de percepción y sensibilidad las que terminan secuestradas, devastadas, por esta forma tan contemporánea de la conciencia sierva” (24)

Por todo ello, la resolución del movimiento ecologista RENACE, que coordina a muchos grupos ambientalistas argentinos, no puede ser más pertinente para nuestro caso: “… también definimos y señalamos al real enemigo, al genocida que contamina, destruye y saquea. En consecuencia, los postulados de nuestra confluencia se ven mancillados por quienes conviven, frecuentan y participan de organizaciones que enarbolan principios radicalmente opuestos a los nuestros. Tal es el caso de las organizaciones asociadas a la trasnacional financiera AVINA, a quienes les pedimos que definitivamente dejen las filas de la RENACE. En este plano, no podemos ni deseamos convivir con miembros de ONG vinculados a los fondos ensangrentados de la corrupción” (25).

Y no olvidemos que AVINA no podrá desprenderse del mortal polvo del amianto, con el que ha amasado su fortuna y de cuyos delitos apenas si ha pagado por ellos. En nombre de las miles de víctimas del amianto, que claman por todo el mundo, se exige moralmente que los sueldos, becas y otros emolumentos recibidas por los socios líderes y emprendedores con conciencia les sean devueltos, como reparación, a las citadas víctimas. (“Yo me pregunto cómo hace la familia Schmidheiny para vivir sabiendo que tantas personas han muerto a causa del amianto”, decía Rita Feldmann, familiar de una víctima suiza).

Fuente: Revista Agroecológica Nicaraguense

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