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El polvorín

El pastor que entregó el alma

19 Diciembre 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

martes, 18 de diciembre de 2012

Alberto Conrado Avegno y su mujer, Teresa. Foto: Lula Marques/Folhapress

Enviado por  Jair Krischke y Jorge Zabalza

El pastor brasilero que entregó a varias personas que después desaparecieron

17.12.2012

Espía de la dictadura brasileña es pastor en Montevideo

Dios nos libre

Alberto Conrado Avegno, un brasileño de 85 años, trabajó durante 14 años como espía de la dictadura brasileña en Uruguay, transmitiendo cientos de informes sobre sus compatriotas en nuestro país. Actualmente es pastor de una iglesia evangélica.

Durante su labor de espionaje, el infiltrado fue una especie de órgano de información unipersonal al servicio de la cancillería brasileña.
 
De 1967 a 1980, Alberto Conrado Avegno tuvo intensa actividad secreta, elaboraba informes con nombres, direcciones planos, dando curso a nada menos que 361 informes de la dictadura sólo entre 1974 y 1975. Durante su período de servicio hizo viajes internacionales, siendo detenido una vez en nuestro país y otra en Brasil, siendo liberado de inmediato al comprobarse que se trataba de un infiltrado. 

Días atrás, periodistas del periódico paulista Folha localizaron a Avegno, quien actualmente tiene 85 años y se desempeña como pastor en la iglesia evangélica Centro El Shadday. En reportaje con el mencionado diario, Avegno contó su historia. 

Identificado en los informes bajo diferentes seudónimos - "Altair", "Johnson", "Mário", "Carlos Silveira" y hasta "Zuleica", Avegno fue " el único hombre infiltrado en el medio subversivo y pieza fundamental del esquema de seguridad de Brasil en Uruguay", según lo calificó el ex comisario brasileño Rui Dorado, jerarca de los servicios secretos durante el gobierno dictatorial. 

En junio pasado, cuando el Archivo Nacional de Brasil abrió el acceso a miles de páginas de información clasificada, salió a la superficie un voluminoso expediente - más de 800 páginas- acerca de este este personaje, nacido en el edificio del consulado brasileño en Salto en 1927, hijo de un diplomático brasileño en aquel entonces en funciones en nuestro país.


En su juventud, Avegno trabajó como periodista en varias revistas brasileñas. En 1964, y a raíz de un escándalo vinculado a un presunto chantaje por su parte, regresó a Uruguay, donde su padre, ya jubilado, había establecido su residencia. 

Los primeros documentos sobre este singular espía datan de la segunda mitad de los años 60. Hasta 1973, cuando sobrevino el golpe de Estado en nuestro país, llegaron a estos lares decenas de militantes brasileños perseguidos por su gobierno, incluido el depuesto presidente Joao Goulart, que vivió en estancias del interior del país desde 1964. Conrado se aproximó a estos refugiados valiéndose de su doble nacionalidad y el prestigio de su familia de diplomáticos.



Tan eficaz fue su engaño que en 1968, un reportaje de la revista "Veja" lo mencionó como una persona afín a los exiliados izquierdistas. "Es acusado de servir de paloma mensajera, habiendo cruzado 27 veces la frontera", decía el informe. 

Si bien los refugiados políticos en Uruguay no eran más de 200, desde Brasilia se veía con preocupación la posibilidad de que montaran un grupo guerrillero que cruzara la frontera y actuara en Brasil. 

Durante su reportaje con Folha, Avegno confirmó haber estado "varias veces en la hacienda de Jango en Maldonado", donde residía Goulart, sobre el que elaboró un completo informe que luego remitió al CIEX (Centro de Informaciones del Exterior). 

Conrado y los hombres del CIEX se encontraban en cines de Montevideo, y sostenían conversaciones de no más de quince minutos. Los archivos conservan documentos de 38 de estos encuentros, con hora, lugar y resultado. El espía llevaba informes, cartas y documentos, y recibía dinero a cambio. 

En mayo de 1968, antes del inicio de la fase de represión más intensa por parte de la dictadura norteña, los servicios secretos se mostraban muy entusiasmados con la labor de su hombre en Montevideo. "Contaremos en el futuro con una excelente información positiva", se escribió sobre él en el organismo, asegurando que el espía cada día "se afirma más" en la izquierda. 

Durante los años 70, el agente recibió unos 400 dólares mensuales por sus servicios, dato que puede confirmarse gracias al minucioso dossier "ex secreto", donde figuran los pagos realizados como si fuera un empleado corriente. 

La documentación deja claro que Azeredo da Silveria, entonces canciller brasileño, estaba al tanto de las actividades de Avegno, e incluso elogia y considera correcta la elección. 

Sin embargo, el ministro no quería que el tema fuese tratado en los telegramas diplomáticos enviados de Montevideo a Brasilia, dado que consideraba necesario borrar pistas. "Los telegramas deben ser anulados o sustituidos por otros más inofensivos, de preferencia ostensiblemente anodinos, sobre asuntos de menor importancia" ordenó. 

Entre marzo y octubre de 1976, Avegno fue enviado a Europa en una de las misiones más arriesgadas de su carrera de espionaje. La misión le costó al gobierno brasileño más de siete mil dólares, pero parece haber sido "plata bien gastada", ya que a su regreso a Uruguay, el agente entregó un completo informe con los nombres de "76 subversivos" brasileños, localizados en Portugal, Italia y Francia. En la lista había gente poco conocida y nombres destacados, como el futuro presidente Fernando Henrique Cardoso.

 Su principal motivación era combatir el comunismo

No es fácil estimar el número de militantes que los informes de Avegno llevaron a la cárcel, la tortura o la muerte. Los servicios de inteligencia no acostumbran usar de inmediato las informaciones de infiltrados, procurando así preservarlos. Por ello, un nombre indicado por el espía podía quedar bajo discreta vigilancia durante meses.
 
Sin embargo, varias de las personas indicadas por Avegno pasaron luego a engrosar la triste nómina de desaparecidos del Plan Cóndor. 

Tras el fin de la dictadura, Conrado permaneció en nuestro país, y actualmente dirige un culto evangelista en Montevideo. Interrogado acerca del motivo de sus acciones.
 
"Acepté porque acepté, y nada más", dice el ahora octogenario.
 
"Siempre luché contra el comunismo, porque es una porquería. La derecha es buena, es gente de bien", asegura. 
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"No creo en la democracia puramente formal... Lo que me parece imposible aceptar es una democracia fundada en la ética del mercado que, perversa y dejándose llevar sólo por el lucro, imposibilita la misma democracia"  (Paulo Freire. Pedagogía de la Indignación. Ediciones Morata. Madrid. 2001, Pág. 59)

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