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El polvorín

"El poder público se legitima sólo cuando justifica sus actos"

27 Junio 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

PENSADOR FLORENTINO. Según Ferrajoli, la idea de que todos los políticos son corruptos legitima la corrupción. LA GACETA / FOTO DE HECTOR PERALTA PENSADOR FLORENTINO. Según Ferrajoli, la idea de que todos los políticos son corruptos legitima la corrupción. LA GACETA / FOTO DE HECTOR PERALTA

 

El jurista criticó la tendencia a erigir el interés personal como criterio rector de la política. El maestro italiano recibirá hoy el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Tucumán. Varita mágica

 

Es su primera vez en la ciudad, pero no le faltan referencias de Tucumán. Luigi Ferrajoli (1940, Florencia, Italia) escuchó mucho y bien sobre estos pagos de la boca del profesor Renato Treves, que solía evocar con nostalgia la cátedra de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) que lo cobijó durante el exilio y el fascismo. Ferrajoli (la "j" de su apellido suena como "i") es, para usar una palabra italiana, un capo del derecho y un auténtico heredero de la tradición doctrinaria iluminista que desarrollaron sus compatriotas Cesare Beccaria y Francesco Carrara. En un español correcto y "tano" a la vez, el maestro explica que esa corriente de pensamiento adhiere a la idea clásicamente liberal de que el poder es necesario y, sin embargo, malo: "debe ser limitado para evitar que se corrompa y desvíe. Sólo la separación y el control recíproco pueden reducir la peligrosidad del poder".

La casa que acogió a Treves entregará hoy el doctorado Honoris Causa a su discípulo (el acto, que comienza a las 17 en el teatro Alberdi, incluye una conferencia del laureado titulada "Criminalidad organizada y democracia"). En la conversación de 37 minutos con LA GACETA, el divulgador por antonomasia del garantismo jurídico enuncia que cree en el derecho como un instrumento de construcción de la democracia y en las leyes que, al proteger al más débil, son alternativas a la hegemonía del más fuerte. "Hay un nexo entre razón, derecho y democracia. El derecho es la técnica más racional para disciplinar y contener al poder, y garantizar los derechos fundamentales", expone. Y añade con una lógica cartesiana: "el poder público sólo se legitima cuando fundamenta sus actos. Este es un requerimiento del paradigma del Estado de derecho".

El autor de la celebrada obra "Derecho y razón" que en 1989, año de publicación del libro, denunció la expansión de la ilegalidad en los gobiernos y corporaciones privadas tiene un anuncio (para quien desee leer u oír): ese fenómeno se ha agravado en las últimas décadas. "Hay una mayor pretensión de impunidad de los corruptos y autores de delitos económicos", reflexiona. Y, entre otras razones, atribuye ese crecimiento a la reducción del nivel moral de la clase política. "La vida pública se ha deformado por la consagración del interés personal como criterio rector de la política. Esto ha producido la desconfianza en los dirigentes. Es una espiral perversa porque la idea de que todos o casi todos los políticos son corruptos legitima la corrupción", opina el catedrático de la Universidad de Roma III que participará -en el rol de figura central- del XII Encuentro Argentino de Profesores de Derecho Penal y las Segundas Jornadas Argentinas de Derecho Penal que comienzan hoy.

Como buen jurista preocupado por la omnipotencia de las mayorías, Ferrajoli enfatiza el papel de la Justicia para trazar los límites constitucionales del ejercicio del poder. Sobre la independencia judicial propone: "los jueces dejan de hacer política cuando aplican la ley a todos, incluso y, esencialmente, al poderoso".

Luego, el profesor que tanto influyó en la configuración de los sistemas penales actualmente vigentes en Occidente rechaza la crítica que considera al garantismo una especie de sobreprotección del ciudadano que infringe la ley. "En el derecho penal, el garantismo equivale a un sistema de límites que es garantía de la verdad y no sólo de la libertad. En la lucha contra la delincuencia no es suficiente con golpear a un chivo expiatorio; la función preventiva es satisfecha sólo si el proceso refleja la responsabilidad de los culpables", acota con un tono de voz suave y parsimonioso. Enseguida agrega: "el derecho penal mínimo que se concentra en los hechos más graves como la criminalidad organizada y la corrupción resulta la opción válida para una institución que, cuando quiere abarcar las infracciones menores o contravenciones, se burocratiza y produce, por un lado, un descrédito de los Tribunales penales y, por el otro, un trabajo totalmente inútil".

Metido de lleno en el terreno penal, Ferrajoli manifiesta que el ideal del garantismo jurídico exige una policía judicial a las órdenes del fiscal: "la policía que investiga delitos debe estar separada de la que vela por el orden público y la seguridad. Su independencia es una condición de la independencia de la Justicia penal porque, si depende del Poder Ejecutivo, puede ser manipulada e intimidada por el poder político".

Hacia el término de la entrevista, el maestro recuerda que el derecho penal no es una varita mágica capaz de anular un comportamiento por la sola prohibición. Lo dice pensando en la persecución del consumo de drogas: "la penalización de esta conducta ha fortalecido un monopolio criminal. La fallida política prohibicionista ha logrado clandestinizar el fenómeno y, por fin, desarrollar la criminalidad del narcotráfico".

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