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El polvorín

El principio del fin de las “Damas de Blanco”.

12 Agosto 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

"Tras lograr la liberación de nuestros presos debería de hacerse un comunicado desmantelando la organización como tal'', declaró Oleivys García al diario español El Mundo.
Alberto M. Pulido. | Para Kaos en la Red

Laura Pollan: ¿Se acabo el negocio?

A pesar de los esfuerzos de la líderes de las Damas de Blanco para ofrecer una imagen de unidad y continuidad de este movimiento, la situación que enfrentan en el actual escenario parece ir de mal en peor: cada vez son menos, la incertidumbre crece, los conflictos se agudizan y los riesgos de una implosión aumentan.

Algunas voces al interior de la organización ya han pedido desmantelarla luego de que el gobierno cubano -- como resultado de un inusual diálogo con las autoridades eclesiásticas de la Isla que contó con el apoyo del Palacio de la Moncloa--, decidió iniciar un proceso de excarcelación de los llamados presos políticos.

"Tras lograr la liberación de nuestros presos debería de hacerse un comunicado desmantelando la organización como tal'', declaró Oleivys García, esposa del periodista independiente Pablo Pacheco, al diario español El Mundo, tras su llegada a Madrid. "Si de allí quieren surgir otros movimientos, entonces deben de cambiarse el nombre a damas de negro, azul o marrón''.

Luego de la notoriedad alcanzada gracias al respaldo mediático que siempre disfrutaron, las líderes de las Damas de Blanco parecían acomodadas al statu quo que habían logrado y se mostraban confiadas en que nada cambiaría. Sin embargo, la sorpresiva y audaz decisión de las autoridades cubanas resultó una estocada que parece ser letal a juzgar por el desconcierto y las divisiones generadas al interior de las mismas.

La liberación hasta el momento de 20 presos y el compromiso de liberar a otros 32 -todos parte del llamado grupo de los 75 encarcelados en el 2003- provocan dudas e interrogantes sobre el futuro de este movimiento, pues varias de sus integrantes creen que su misión  “fue cumplida” al desaparecer la causa que motivó su surgimiento.

Pero para Laura Pollán, la principal líder de las Damas de Blanco que cuenta con el respaldo de los grupos radicales cubanos en el exilio, la posibilidad de disolver el movimiento resulta inadmisible. Reacciona airadamente ante cualquier información que las relacione con una crisis e insiste en luchar contra vientos y mareas para mantener a flote este barco que comienza hacer agua por doquier.

Tal posición es interpretada como un intento desesperado y comienza a despertar suspicacias si detrás de ese “esfuerzo” no se oculta un afán de protagonismo y algún interés en obtener beneficios económicos que pudieran derivarse del Premio Sajarov otorgado por el Parlamento Europeo a las Damas de Blanco en el 2005, sin obviar las gestiones en curso para postularlas para el  Premio Nobel de la Paz 2010.

No sería la primera vez que esta mujer de 63 años -- que abandonó su profesión de maestra de secundaria para sumergirse en el mercado negro buscando a toda costa una mejoría en su nivel de vida--    se ve envuelta en una delicada situación por manejos de fondos provenientes del exterior.

En el 2008 el gobierno cubano acusó al entonces Jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, Michael Parmly, de traer fondos para la disidencia interna procedentes de un grupo privado con sede en Miami liderado por Santiago Álvarez, un conocido anticastrista al que Cuba ha denunciado reiteradamente que posee un abultado expediente de acciones terroristas contra la Isla.

Las declaraciones de la Pollán -- que figuraba entre los firmantes de un recibo de esa plata-- de que no le importaba para nada el origen de esos fondos, pues tenían que subsistir, resultaron desatinadas al descargar un duro golpe a la credibilidad de la organización.

Tampoco es nuevo que la también portavoz de las Damas de Blanco –cofundadora del movimiento gracias a su matrimonio con el opositor político Héctor Maseda luego de que éste fuera a prisión en el 2003-- asuma una posición intransigente e inflexible que en nada contribuye al objetivo de la organización y que, en no pocas ocasiones, generaron posiciones encontradas que terminaron provocando las serias fisuras que hoy amenazan al grupo con su desmembramiento.

“Reacciona de manera descompuesta cuando se le contradice y tiene una marcada tendencia a favorecer aquellas mujeres que responden a ella en detrimento de las demás, son algunas de sus características que en nada ayudan a la cohesión del movimiento”, nos refirió una fuente vinculada a las Damas de Blanco que requirió no ser identificada para evitarse dificultades.

Tal vez ello explica las pugnas internas que terminaron provocando la ruptura con el movimiento de algunas de sus figuras. La de mayor impacto fue el caso de la actual periodista independiente Miriam Leiva -- cofundadora y considerada la cabeza pensante por ser la de mayor nivel cultural y capacidad intelectual y organizativa-- que decidió apartarse del grupo en el 2008, dejando claro que en lo adelante “no estaría comprometida con las decisiones ni pronunciamientos de las Damas de Blanco”.

A finales de mayo de este año, y siempre respalda por los grupos de la ultraderecha cubana en el exilio, reaccionó de manera irritada frente a un llamamiento firmado por treinta y cinco mujeres familiares de los presos que en su deseo de ayudar a las conversaciones iniciadas entre la Iglesia Católica de Cuba y el gobierno presidido por Raúl Castro, exhortaba a las Mujeres de Apoyo a no asistir a las marchas dominicales durante cinco semanas como una "señal de flexibilidad y contribución” al objetivo fundamental de la organización.

Pero quiénes son esas Mujeres de Apoyo. Según Laura Pollán y sus colaboradoras más cercanas, son ciudadanas que aunque no tienen ningún familiar en prisión participan en “solidaridad” con las Damas de Blanco en las marchas dominicales. Aunque la versión que corre con más fuerza en la Isla es que la Pollán, del dinero que recibe de grupos de exiliados cubanos y de fondos aprobados por el Congreso de Estados Unidos, estaría pagándoles a cada una de ellas entre 40 y 50 por su participación.

De cualquier manera cabe preguntarse entonces ¿Por qué aferrarse a esa “solidaridad” de las Mujeres de Apoyo que pudo poner en riesgo las conversaciones iniciadas? ¿Acaso no era el interés de Laura Pollán lograr la libertad de los disidentes que quedaban encarcelados desde el 2003?

Al menos en lo personal, pareciera que ese objetivo no era su prioridad. Versiones sin confirmar señalan que ya había adelantado el deseo de que su pareja, Héctor Maseda, fuera el último en abandonar la prisión a quien luego logró convencer. También ya dejó bien claro que "Si Héctor quiere irse (del país), me parece bien, pero yo me quedo. Las Damas de Blanco son mi vida y seguiré aquí mientras pueda ayudar", declaró en una reciente entrevista al diario español El País.

Pero una cosa es su deseo y otra es la dura realidad que tiene por delante. Por lo pronto quiere ganar tiempo para barajar las mejores opciones que le aseguren su futuro, pues seguramente ella como las demás estarán preguntándose ¿Cual es el verdadero rumbo de sus vidas? Si el pasado ya no les sirve, el presente no les ayuda y el futuro es incierto.

Tanto Laura Pollán como los grupos radicales cubanos en el exilio están buscando desesperadamente variantes para tratar de alargar la vida a las Damas de Blanco, pues comprenden que ellas han caído en una encrucijada en la que un inexorable conteo regresivo anuncia el principio del fin de este movimiento.

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