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El polvorín

El uribismo venezolano

4 Agosto 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Texto: Leopoldo Puchi

La decisión del Gobierno colombiano de denunciar en la OEA la presencia de guerrilleros en territorio venezolano ha traído como consecuencia la ruptura de las relaciones. Esta decisión se toma en un momento en que se habían creado expectativas favorables con la elección de un nuevo presidente, Juan Manuel Santos, quien de manera discreta había propiciado un acercamiento entre los dos países. Por esto sorprende la decisión de Álvaro Uribe, a pocos días de concluir su mandato. No había ningún hecho reciente que diera pie a esta iniciativa.

 La interrogante que surge es ¿por qué lo hace Uribe cuando apenas le faltan unos días para dejar la Casa de Nariño?, ¿por qué ir tan lejos y provocar una ruptura? ¿cuál es la explicación a este comportamiento? Hay quienes sostienen que la decisión tiene que ver con diferencias entre Uribe y Santos, proclive a un entendimiento para restablecer el intercambio comercial. Otros consideran que Uribe escala la confrontación para ayudar a Santos a tener más cartas a favor en el momento de una negociación, en un esquema del policía “bueno” y el policía “malo”. Por último, hay observadores que estiman que Uribe lo ha hecho como una reacción emocional frente a expresiones de Chávez en las que éste ha afirmado que Uribe “salía derrotado de la presidencia”.

Cual sea cierta de las hipótesis señaladas, lo que sí resulta incomprensible es que la oposición venezolana acompañe a Uribe en esta aventura, que obedece o bien a un resentimiento personal o quizás a planes más oscuros de agresión. En este caso hay que comportarse con una visión nacional y situarse desde la perspectiva del interés de Venezuela. La guerrilla colombiana tiene décadas, y siempre se ha hecho el mismo señalamiento sobre la utilización de nuestro territorio como aliviadero y para baños de playa. Durante los gobiernos de Jaime Lusinchi, Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera invariablemente se hablaba de esa presencia. Incluso, había un correaje regular entre el Gobierno venezolano y la guerrilla. Bogotá nunca planteó que era indispensable que la Fuerza Armada Venezolana le declarara la guerra a la insurgencia colombiana, ni existía una especial colaboración en esa materia. A pesar de que en aquel entonces las Farc estaban mucho más fuertes que ahora.

 El Gobierno colombiano no puede proponerse, si se habla con seriedad, que Venezuela se involucre directamente en el conflicto armado del vecino país y le declare la guerra a las Farc. Ni con el Gobierno de Chávez ni con un Gobierno de la oposición, si ésta mantiene la línea que tuvo hasta 1998, que ha sido, hasta ahora, la doctrina de nuestra política exterior y de nuestra Fuerza Armada. Sin embargo, es posible que existan motivos para que Bogotá albergue una esperanza sobre un viraje en la visión venezolana, lo que tendría que ver con los cambios que en los últimos tiempos han ocurrido en este lado de la frontera, donde sectores importantes de la oposición han virado hacia posiciones que los coloca a la derecha del mismo Lusinchi, Pérez o Caldera. Así, la élite colombiana debilitaría a Venezuela sin disparar un tiro.

Secretario general del MAS

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