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El polvorín

Elogio a la Pereza.

23 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Miedo y asco en MVD
La columna de Daniel Figares.





Elogio a la Pereza.

imagesEn tiempos en donde el gobierno seudo izquierdista uruguayo tiene cerca de quince mil contratos (entre becarios, pasantes, etc.) en la función  pública, sabiendo como sabemos que cuando en el pasado eran oposición ya se quejaban de los cinco mil contratos que en el 2000 tenía el gobierno colorado. En tiempos en donde escasea el laburo, al punto que de ser medido el índice de desempleo con la metodología con que se hacía antes seguro seguiría en los dos dígitos del último gobierno colorado, quitando así el famoso latiguillo de la recuperación en ese terreno –más producto de los mecanismos de la Sociología, que de otra cosa-. En estos tiempos, además, en donde ya hay que rebobinar sobre la cuestión auténtica de medir el DESEMPLEO como algo natural; o repensar que la metodología para asumir que una persona está empleada, u ocupada –como seguro gustará más a los especialistas de la rama-, sea la tristemente célebre pregunta: ¿Trabajó usted más de una hora en la semana anterior?

Es precisamente en estos tiempos de malaria en los que no hay que ir haciéndose trampas al solitario. Sabemos que hay un gran volumen de trabajo en negro, que alrededor del 70% de la población es pobre, que la flexibilización laboral sigue campante, que la probabilidad de conseguir un empleo es difícil, y la de obtener una jubilación después es aún más difícil (eso sin contar de que seguro no podrá sobrevivir con ella: también en este sector de la sociedad –los pasivos- son muy pocos los que ganan lo suficiente como para no ser pobres).

En tiempos en donde la crisis del modelo imperante en el orden mundial -al que podríamos llamar NEOLIBERALISMO, GLOBALIZACIÓN… o HIPERCAPITALISMO, a secas- provoca carestía, desempleo, personas al seguro de paro, frustraciones, desengaños, desesperanza, desesperación… es en estos tiempos en donde hay que repensar la clase de vida que nos están imponiendo, siendo este un espacio de crítica social que, a la manera artiguista, sabe que la cuestión es entre la Libertad y la Opresión, como decía el Jefe de los Orientales, y no duda en tirarse con todo contra los opresores.

Es en estos tiempos en los que vale releer al escritor y filósofo belga Raoul Vaneigem, de quién ya hemos hablado acá en Miedo y Asco alguna vez, a propósito de su pertenencia a la Internacional Situacionista de Guy Debord -quizás uno de los últimos bastiones de la resistencia al sistema-, o de su celebérrimo libro “Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones”.

Bueno, ahora hay circulando x la web un librito muy chico y leíble de Vaneigem titulado “Elogio de la Pereza Refinada”, de 1996, o sea más actual, que contiene algunos tramos interesantísimos como estos:

“El privilegio de los proletarios al emanciparse tanto del trabajo que los convierte en asalariados como de aquellos que extraen de él la plusvalía consistía precisamente en acceder al goce de ellos mismos y del mundo. El goce y su consciencia, agudizada al perfeccionarlo, poseen suficientemente la ciencia de liberarse de aquello que los entorpece o los corrompe. ¡Pregúntenselo a los que aprenden a amarse!

“Lo que es verdad para el amor es verdad para la pereza y su disfrute. A menudo estamos lejos de la realidad. Un reportaje sobre los campesinos brasileños, privados de la tierra mientras grandes extensiones permanecen baldías en manos de unos propietarios preocupados tan sólo x mantener su propiedad, los exhibía en una larga marcha de la miseria, blandiendo cruces, con curas a la cabeza, pues la Iglesia los provee cotidianamente de un guiso de arroz y judías. En interés de la objetividad mediática, se insertaba, conforme a las leyes del montaje, un banquete en el que los propietarios rurales se servían salchichas y costillas de cordero en abundancia, argumentando sobre su justo derecho y protestando contra los ataques de los que se consideraban víctimas.

“Entre la miseria de los notables amedrentados y la compasión x los desposeídos, uno daba en pensar que los primeros no tienen el disfrute de sus tierras xque no poseen más que su propiedad y que los segundos, a quienes correspondería tal disfrute, apenas están en disposición de disfrutar de nada.

“La situación es menos arcaica de lo que parece. Europa conoce hoy en día una clase burocrática que rasca el fondo de las arcas del capital con el fin de hacerlo fructificar en un circuito cerrado, sin invertir en nuevos modos de producción. Y los proletarios, a quienes se ha enseñado que el proletariado ya no existe, alegan excepciones x su disminución de poder adquisitivo en la esperanza de que un gran movimiento caritativo suplirá la supresión de sus derechos sociales, la reducción de los salarios, la rarefacción del trabajo útil y el desmantelamiento de la enseñanza, de los transportes, de los servicios sanitarios, de la agricultura de calidad y de todo aquello que no aumenta con una rentabilidad inmediata la masa financiera puesta al servicio de la especulación internacional.

“La única utilidad que se le reconoce ahora al trabajo se limita a garantizar un salario a la mayoría y una plusvalía a la oligarquía burocrática internacional. El primero se gasta en bienes de consumo y en servicios de una mediocridad creciente; la segunda se invierte en especulaciones bursátiles que, cada vez más, prestan a la economía un carácter parasitario. Se ha implantado tan bien el hábito de aceptar no importa qué trabajo y de consumir lo que sea para equilibrar esa balanza mercantil que reina sobre los destinos como la vieja y fantasmal providencia divina que, quedarse en casa en lugar de participar en el frenesí que destruye el universo, pasa extrañamente x algo escandaloso.

“Uno de esos ministros cuya máquina administrativa devora millones a la manera de un gigantesco aparato que parasita la producción de bienes prioritarios no tuvo empacho en denunciar, con la aprobación de los gestores de la información, a los beneficiarios de subsidios, a los ferroviarios jubilados, a los usuarios de los servicios de salud, en pocas palabras, a las gentes que obtienen placer de su reposo mientras otros duermen para un patrón cuyo dinero no deja de trabajar.

“Que se hayan encontrado proletarios –subsidiados en potencia, sin embargo- que consienten en la refundición semántica de las palabras compradas x el poder no es el simple efecto de la imbecilidad gregaria. Planea sobre la pereza tal sentimiento de culpa que pocos se atreven a reivindicarla como una parada saludable que permite reconquistarse y no ir más allá en el camino x el que el viejo mundo se desliza.

“¿Quién, entre los subsidiados, proclamará que descubre en la existencia riquezas que la mayoría busca donde no están? No encuentran placer en no hacer nada, no piensan en inventar, en crear, en soñar, en imaginar. En la mayoría de las ocasiones sienten vergüenza x estar privados de un embrutecimiento asalariado que les privaba de una paz de la que ahora disponen sin osar instalarse en ella.

“La culpabilidad degrada y pervierte a la pereza, prohíbe su estado de gracia, la despoja de su inteligencia. Qué mejor ocasión que las huelgas para suspender ese tiempo en el que todo el mundo corre para no atraparse jamás, se desloma x ser lo que le repugna y x no ser lo que habría deseado, y cuenta con la jubilación, la enfermedad y la muerte para poner fin a su fatiga.”

Y advertía Vaneigem: “Si la pereza se acomoda a la apatía, a la servidumbre, al oscurantismo, no tardará en entrar en los programas de un Estado, que, previendo la liquidación de los derechos sociales, pone en marcha organismos caritativos privados con el fin de suplirlos: es decir, un sistema de mendicidad del que desaparecerán reivindicaciones que, bien es verdad, emprenden dócilmente ese mismo camino a juzgar x las últimas súplicas públicas, que tienen como leitmotiv: “¡Dennos dinero!”.

“El mercantilismo de tipo mafioso en el que se transforma la economía en declive no podría coexistir más que con una ociosidad vaciada de toda significación humana. Pues tal vez sea tiempo de darse cuenta de que la pereza es la peor o la mejor de las cosas dependiendo de que se incluya en un mundo en el que el hombre no es nada o bien en una perspectiva en la que quiere serlo todo. No es poco reconocer que la pereza no ha conocido más que una existencia alienada, envilecida, sometida a intereses sin relación deseable con las esperanzas que habría sido natural poner en ella.

“¿Cómo sorprenderse de algo así, si lo mismo ocurre con el ser que se dice a sí mismo humano y pasa lo mejor de su vida demostrando que lo es bien poco? Tal cosa no impide, sin embargo, ni las aspiraciones ni el poder del imaginario x medio del cual la historia no hace más que suplir sus crueles realidades, ni que se bosquejen esos cambios que tantos deseos secretos reclaman.”

“Cuando la pereza no alimente más que el deseo de satisfacerse, entraremos en una civilización en la que el hombre ya no sea el producto de un trabajo que produce lo inhumano”, concluye lapidariamente Vaneigem.

Hay que repensar, y muy en serio, en que hacerse dependientes de los otros para acceder a una independencia ardientemente deseada es ir contra la propia voluntad y tener en poca consideración las propias aspiraciones.

Que hay tanta pereza como debilidad en dejarse gobernar, como escribió La Bruyére.

DanielFigares

 

Nota de El Polvorín:

El Libro en referencia se puede descargar aqui.

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