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El polvorín

En Bolivia la contaminación minera llega a niveles críticos

7 Agosto 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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Cuatro departamentos de Bolivia llegaron a niveles críticos en cuanto a contaminación por explotación minera, actividad considerada uno de los principales depredadores del medio ambiente.

Un “inventario de unidades eco regionales amenazadas en Bolivia”, del investigador Marco Octavio Ribera, revela a la minería como uno de los principales problemas ambientales del país que afecta especialmente ecosistemas fluviales.

Señala que se concentra especialmente en las regiones altas del occidente, fundamentalmente en Potosí y Oruro. “Las afectaciones provienen tanto de las operaciones actuales de pleno proceso de reactivación como de inmensos volúmenes de pasivos ambientales acumulados, como son las colas y relaves, acumulados a lo largo de décadas  de incluso algunos siglos en el caso de Potosí”.

El estudio señala que los niveles de contaminación en dos departamentos “han llegado a verdaderos extremos, situación agudizada en las etapas de incremento de precios de los minerales y la reactivación del sector en los últimos años, después de la crisis internacional”. Chuquisaca y Tarija son los principales receptores de los impactos de la contaminación minera proveniente de la cuenca alta de Potosí.

“Solo en la cuenca del Pilcomayo, la problemática minera afecta a casi 50 municipios de tres departamentos, mientras que la cuenca del lago Poopó en Oruro se va saturando de contaminantes, a medida que las emisiones mineras aumentan sin regulación y, al mismo tiempo, progresa el efecto de desecación del lago por el cambio climático”.

El estudio divulgado por la Liga de Defensa del Medio Ambiente (LIDEMA), señala que la minería ha generado otros tipos de impactos negativos sobre el estado ambiental del país y cita “la voracidad del mega proyecto minero San Cristóbal, cuyo open pit (explotación a cielo abierto), ya abarca más de 2.000 hectáreas y que expolia diariamente un volumen de agua de 50.000 metros cúbicos, similar al que utiliza, al día la ciudad de El Alto, para abastecer a más de un millón de habitantes”.

Advierte que esa situación genera el riesgo, “sin precedentes”, de vaciar los acuíferos fósiles semi confinados, así como los acuíferos superficiales y de humedales superficiales de la región Nor Lípez-Valdivieso, una de las más secas del país, “donde la mega minería no paga un dólar por el agua que usa”.

También se cita el mega proyecto minero metalúrgico Mutún que recuerda ha estado paralizado por diversas situaciones y conflictos de manejo interno.

“A pesar de ello, las amenazas previstas en el 2008 se han incrementado para el conglomerado de ecosistemas de la ecorregión del Chaco-Pantanal de Otuquis (al interior de un área protegida) y en relación al uso de grandes volúmenes de agua, poniendo en riesgo la laguna Cáceres, que es parte del Parque Nacional Otuquis y las fuentes de este recurso vital para la gente de la región”.

Agrega que esa mega operación minera tiene previsto usar gas para el proceso de reducción del hierro, primera fase metalúrgica, en el caso de que no existiera una adecuada provisión de gas (como parece ser actualmente el caso), por lo que existe el riesgo de retornar a la idea de usar carbón vegetal, retornando a la amenaza del año 2005, cuando la anterior licitación del Mutún, abría las puertas a la propuesta del grupo empresarial brasileño EBX.

Se recuerda que el año 2009 se veía aumentar los riesgos de explotaciones mineras a gran escala en la región de la Chiquitanía, por ejemplo, sobre la Reserva del Valle Tucavaca, donde se han proyectado grandes operaciones de exploración, explotación y transformación industrial de minerales por las empresas SIDERESTE y KILENO, amenazando el bosque seco mejor conservado de la Chiquitanía al interior de esa área protegida.

Otra amenaza es la explotación del oro, que alcanzó en los años 2010 y 2011 incrementos de precios internacionales extraordinarios, de más de 1.800 dólares la onza troy, lo que ha intensificado las presiones de explotación como nunca antes, “llegando a niveles de fiebre, tanto en las zonas cordilleranas de La Paz, como en la región de Guarayos y la Chiquitanía, siendo por lo general procesos desarrollados sin el amparo de medidas de control o regulación por parte de las autoridades Ambientales o del Ministerio de Minas”.

Indica que posiblemente el caso más crítico, es el que tiene lugar en la región del área protegida ANMI Apolobamba en el departamento de La Paz, donde grandes superficies del entorno alto andino de la laguna Suches y el río del mismo nombre, han sufrido una devastación ecológica sin precedentes, por el accionar ilegal de decenas de cooperativas mineras de Perú y Bolivia, a partir del uso de gran cantidad de maquinaria pesada y la utilización de grandes volúmenes de mercurio”.

Fuente | opinion.com.bo

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