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El polvorín

EN EUROPA, LOS ILEGALES DEBEN IRSE. EN AMÉRICA, LOS EUROPEOS ILEGALES SE PUEDEN QUEDAR

21 Abril 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

LA HAYA Y BOTNIA
EN EUROPA, LOS ILEGALES DEBEN IRSE. EN AMÉRICA, LOS EUROPEOS ILEGALES SE PUEDEN QUEDAR
Un fallo para avalar a Botnia, falto de jerarquía argumental y sin sanciones para los países que violan acuerdos internacionales. Los ganadores, de avergonzados, sólo pueden festejar en silencio.
Finalmente, la Corte Internacional de Justicia de La Haya dio a conocer su fallo en el conflicto por la instalación de la planta de la empresa Botnia, de Finlandia.
Sin demasiadas sorpresas, ciertamente. Acaso la confirmación de lo que aquí esperábamos del alto tribunal.
Pero no es que se hayan filtrado datos mientras se sustanciaba la causa, sino que la Corte Internacional –tribunal fijado por el propio Estatuto del Río Uruguay para dirimir conflictos binacionales- tiene vicios de origen. Y está en la tierra para que la tierra siga siendo como es.
En la columna anterior, decía que La Haya no hace justicia: hace política. Y con el fallo por Botnia, volvió a demostrarlo.
¿Qué es La Corte Internacional de Justicia (también llamada Tribunal Internacional de Justicia) ubicada en La Haya, Holanda?
Podría decirse que es el principal órgano judicial de las Naciones Unidas, una asociación global de gobierno nacida a mitad del siglo pasado, armada por los ganadores de la Segunda Guerra…y fundada en San Francisco, California.
Cada uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Francia, el Reino Unido, la República Popular de China, Rusia y los Estados Unidos) tiene siempre un juez en la Corte, lo que le garantiza a los principales líderes una mayoría siempre bien encaminada, máxime cuando los nuevos integrantes de la Corte deben contar con su aprobación.
De allí que la preocupación de la Corte de La Haya, como brazo jurídico del poder político mundial, no será el medio ambiente, una cuestión que los países desarrollados han olvidado bastante.
Quiere decir que La Haya sabía desde un comienzo que debía avalar la instalación de Botnia, porque ello forma parte de un plan de envío a América de las industrias contaminantes. Es muy sencillo. La Corte iba a disfrazar de prolijo fallo judicial una decisión política que excede a los funcionales magistrados. Léase bien, no dice magistrales funcionarios. O sí.
A los lectores más interesados en cuestiones políticas y jurídicas, les sugiero consultar sobre un reciente fallo de la misma Corte de La Haya en el marco de un conflicto entre Ecuador, Estados Unidos y la poderosa petrolera Texaco. ¿A que no adivina, amigo lector, quién va ganando? Piense, piense…
Es que La Haya es un brazo “jurídicamente correcto” del poder global, con debilidad por las multinacionales.

*El poder global

En el capítulo 1 del libro “Gualeguaychú: dos mil días de conflicto. El No a las Papeleras y el Grito del Campo”, mencionamos el “Consenso de Washington”, columna vertebral del neoliberalismo, plan internacional que incluiría, obviamente, a la Argentina y al Uruguay. La apertura a las mineras, a las sojeras y a las forestales, encuentran una relación directa con ese proyecto, como también fueron sumados Brasil y Chile, como bastiones forestal y minero.
En 1991 se conoció el llamado “ Informe Summers”. El economista jefe del Banco Mundial, Lawrence Summers, dibujó un programa de ajuste y renegociación de planes de pago, a fin de estimular las áreas del mapa menos contaminadas, para que admitieran una curiosa "redistribución" de los residuos y de la contaminación industrial. "Numerosos países se encuentran muy limpios por lo que sería lógico que recibieran industrias sucias y residuos industriales, ya que tienen una mayor capacidad de absorción de contaminantes sin que se produzcan grandes costos".
¿Un hombre de la derecha? Puede ser. Hoy es asesor de Obama.
Al mismo tiempo, en septiembre del año 2000, doce gobiernos sudamericanos, entre ellos Argentina (Presidencia De la Rúa), aceptaron la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIIRSA), proyecto coordinado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF), y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA). Es un plan que consiste en prestar dinero a los países subdesarrollados, pero las obras son planificadas en función de los intereses de las empresas multinacionales que actúan en la región. El tren que nace entre Concordia-Salto, dicen que forma parte de ese proyecto.
El intelectual español Ignacio Ramonet –ex director de Le Monde Diplomatique- indica que “el verdadero poder es actualmente detentado por un conjunto de grupos económicos planetarios y de empresas globales cuyo peso en los negocios del mundo resulta a veces más importante que el de los gobiernos y los Estados. Ellos son los “nuevos amos del mundo” que se reúnen cada año en Davos, en el marco del Foro Económico Mundial, e inspiran las políticas de la gran Trinidad globalizadora: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio”.

* ¿Ilegales sí, o ilegales no?

En fin, y como mensaje adicional, está claro que vivimos en un mundo sin sanciones. Ni premios, ni castigos. Gana el más fuerte, el que hace las cosas primero, tipo ley de la selva pero con anestesia.
Además, el mensaje de La Haya llega desde Europa. Allí, como en Estados Unidos, como en Canadá, son inflexibles con los ilegales. Un ilegal podrá explicar a las autoridades que es un buen tipo, que sólo quiere laburar, que tiene una familia, que es nieto de aquellos viejos europeos de la guerra que vinieron a trabajar aquí. Pero no lo escucha nadie: es ilegal y debe irse.
Con ese mismo criterio -que podría haber aplicado La Haya-, la ilegal Botnia tendría que estar armando sus valijas. No por contaminante –que lo es, aunque no se haya demostrado-, sino por ilegal.
Como mensaje internacional, realmente lamentable. Pero coherente como Summers, como Obama, como el Banco Mundial, como el BID, como esta tierra que siguen gobernando los que ganaron la guerra. Asi nos va.



*FABIÁN MAGNOTTA
Autor del libro “Gualeguaychú, dos mil días de conflicto. El No a las Papeleras y el Grito del Campo”.
magnotta@entrerios.net
Tomado de Radio Maxima
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