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El polvorín

ENERGÍA NUCLEAR Y CAMBIO CLIMÁTICO

6 Abril 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

   La violenta advertencia de Gaia.

    Fernando Guerra Rincón.
                         
dia-de-la-tierra.jpgA las 2: 45 de la tarde del 11 de marzo pasado, se estremeció Gaia y, casi de inmediato, un tsunami se abalanzó sobre buena parte de la costa de la tierra del sol naciente: “Una ola monstruosa que venía de los abismos del agua iba barriendo y arrasando los litorales japoneses y convirtiendo en escombros las ciudades, estrellando los barcos contra los puentes, arrancando las casas como trozos de papel, moliendo en su trituradora automóviles, bosques, barrios, piedras, metales, máquinas y seres humanos”.  Las imágenes, que se conocían de inmediato, sacudieron también a la humanidad entera, testigo inerme de una especie de catástrofe planetaria.   
                   Pasados los días, llorar ante la leche derramada no sirve de nada. “Con cada vida vuelve toda la historia”. Lo que la humanidad debe preguntarse ante estos terribles sucesos es qué estamos haciendo, que constatamos asombrados, casi a diario,  en todos los confines, reclamos violentos de Gaia, en forma de cataclismos, terremotos, tsunamis, veranos e inviernos prolongados, con temperaturas extremas y sus consecuentes desplazamientos y pérdidas de vidas humanas por centenares de miles, que nos recuerda que hoy somos tan numerosos sobre esta tierra sedienta y acotada que prácticamente cualquier cosa que hagamos en cuanto a construcción de centrales nucleares, consumo de energía fósiles, en la agricultura, en la industria, en la construcción de las ciudades, en los modelos de desarrollo predominantes de la  exacerbada aldea global, que no tenga en cuenta los límites entrópicos de la naturaleza, perjudica la vida salvaje de Gaia, y con ello, se pone en peligro la supervivencia de la civilización.
                El debate que se ha desatado en torno a la viabilidad o no de la producción de electricidad, en base a plantas nucleares, es un buen síntoma de la reflexión que debemos emprender en torno al futuro, que contenga nuestra relación con la naturaleza. Lo que está claro en buena parte de la comunidad científica mundial, es que es urgente revisar a fondo el actual modelo económico, incompatible con la sostenibilidad ambiental del planeta, pues la economía moderna prevaleciente sigue considerando, con Juan Bautista Say, uno de sus epígonos, que ¨las  riquezas naturales son inagotables porque de lo contrario no las obtendríamos gratuitamente. Como no pueden ser multiplicadas ni agotadas, no son objeto de las ciencias económicas¨, ciencia que mide la producción solo en términos monetarios, que produce la falacia del enriquecimiento, cuando lo que realmente ocurre es una enorme degradación ambiental. Así acaece con la medición actual del Producto Interno Bruto, (PIB) sancta sanctórum de gobernantes y economistas neoclásicos, que no tienen en cuenta en sus mediciones del crecimiento económico los aportes de la naturaleza.    
                   La humanidad no puede seguir con un sistema basado en la extracción de energías fósiles (carbón, petróleo, gas) que generan 37.000 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año, origen del calentamiento global que aumenta la temperatura de la tierra, derrite los páramos, eleva el nivel del mar, presiona las capas tectónicas, desertifica territorios, base de nuestras tragedias actuales. El alarmante incremento del nivel del mar podría afectar la habitabilidad de Nueva York, Shanghai, Miami, Holanda en su totalidad, la costa de la India y Bangladesh. En Colombia podría comprometer 72 poblaciones, entre ellas, Cartagena, Santa Marta, Tumaco. San Andrés desaparecería en un 17%. En la actualidad, la emisión de gases efecto invernadero (GEI) concentrados en la atmósfera ronda las 390 partículas por millón, la cifra más alta en millones de años. Para el 2050, al ritmo de emisión del presente, los niveles de CO2 alcanzarían las 600 partes por  millón, un nivel cuyos efectos podrían ser irreversibles. El calentamiento global representa el lado oscuro de la era industrial.
                  La humanidad no puede continuar con una economía que produce injustas y profundas desigualdades sociales, que concentra la riqueza en forma bochornosa, que estimula un consumismo desbordado y antiético, que coloca la ganancia por encima de cualquier consideración de la preservación de la naturaleza y la especie humana. Esta afirmación puede corroborarse en la industria del automóvil que estimuló el desmonte de los ferrocarriles para vender sus carros. En la actualidad, circulan por el mundo 800 millones de autos. Para el 2030 serían casi el doble. El automóvil y el petróleo están íntimamente ligados. Los enormes intereses de la industria petrolera han desestimulado y frenado el desarrollo de energías alternativas, de tan urgente aplicación.
                   ¨El nacimiento de la mecanización y la industria moderna….fue seguido de una irrupción violenta semejante a una avalancha por su intensidad y extensión. Todos los límites de la moral y la naturaleza, la edad y el sexo, el día y la noche fueron superados. El capital celebró sus orgías¨. Y en esas estamos, con todas sus consecuencias. El hombre contemporáneo está a tiempo de corregir el rumbo al borde del abismo. ¿Estaremos alcanzando la conciencia de la bioesfera en los últimos días de la civilización humana?


Publicado en Alma Mater, suplemento de la U. de Antioquia


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