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El polvorín

Entrevista a Pako Millán, militante del la CNT-Catalunya

23 Enero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Siguiendo con el ciclo de cuestionarios a militantes sindicalistas, os traemos a continuación las respuestas de Pako Millán, militante del la CNT-Catalunya, y redactor de la publicación “Solidaridad Obrera”.


Análisis de situación del movimiento obrero ante la ofensiva capitalista en España


Hace no demasiados años, hubiese resultado impensable imaginarnos que ante la acometida de recortes sociales que se nos está imponiendo, los trabajadores iban a mostrarse poco menos que impasibles. En mi opinión, a esta situación de adoctrinamiento y resignación generalizada se ha llegado por varios motivos. Sindicalmente hablando, en la CNT siempre habíamos avisado de que la aceptación de las elecciones sindicales, con todas las prebendas que conlleva por parte del Estado, iba a crear un sindicalismo cada vez más institucionalizado y alejado de los problemas de los trabajadores. Tras varias décadas de funcionamiento, esta forma de organización ha conseguido que éstos, en su mayoría, se hayan acostumbrado a no afrontar sus problemas escogiendo un representante y asumir que los delegados liberados sólo salgan de sus despachos para pedir el voto que les permita seguir en su silla. Las pocas asambleas que hoy convocan los Comités de Empresa suelen ser para decidir cuántos compañeros van a ser despedidos en un próximo ERE, y ya sea con el respaldo de los trabajadores o sin él, esos mismos delegados son los que están autorizados para estampar su firma junto a la del empresario y aprobar los despidos.

La situación que se está viviendo es rocambolesca, por lo que es obvio que poca o nula confianza pueden tener los trabajadores cuando quien más o quien menos ha sufrido procesos similares. Si a esto añadimos que durante la última década buena parte de la población se ha hipotecado de por vida y está temerosa de perder su empleo, es difícil que quienes hoy se muestran impávidos den un paso adelante para protestar por las distintas reformas que se están aprobando, pero hemos de seguir intentándolo.

Ante la Huelga General en Enero y la continuidad de la lucha

El secretismo con el que suelen llevar las negociaciones entre CCOO, UGT y el Gobierno es deplorable. En un país con más de 4 millones de parados tienen la desfachatez de seguir reuniéndose a puerta cerrada en espera de alcanzar un acuerdo que ni siquiera han consultado a sus afiliados. Tal y como van las cosas, indistintamente de si alcanzan un acuerdo en esa especie de Pacto de Estado que han creado, la lucha debe de seguir. En mi opinión, dudo de que finalmente convoquen un Paro General de un día –que no Huelga– en caso de no salir airosos de sus reuniones. Saben que ya no cuentan con el respaldo de la mayoría de trabajadores y no creo que se arriesguen a acabar descalabrados del intento.

Entretanto, otros Sindicatos, aunque menos representativos, sí que nos estamos organizando para salir a la calle en manifestaciones y convocar una jornada de lucha el próximo 27 de enero. Alargar la vida laboral hasta los 67 años es un enorme atropello que no debemos permitir. Es entregar dos años más de nuestra vida y vilipendiar conquistas laborales que constaron mucho esfuerzo y numerosas vidas.
La última reforma laboral y la próxima de las pensiones nos la han venido anunciando desde hace muchos meses, tanto desde distintos organismos económicos nacionales e internacionales como desde el propio gobierno, la banca y la patronal. Por nuestra escasa capacidad de incidencia actual o por nuestras limitaciones, no hemos sabido soliviantar a la sociedad, aunque nunca es tarde. El pulso está echado, pero nosotros tenemos más brazos con los que combatir.


Viabilidad de un proceso de construcción de un Polo Combativo de Trabajadores que se convierta en agente social sustituyendo a CCOO y UGT


La verdad es que huyo esa denominación. El sindicalismo vertical, al que ambas organizaciones se prestan junto a la patronal, se ha rebautizado como «agentes sociales», desvirtuando ya de por sí el peso de la palabra sindicato o algo incluso peor, pues mediáticamente se acostumbra a llamar «los sindicatos» únicamente a esas dos organizaciones, marginándonos al resto. Pero vayamos a la pregunta.
Considero que en la actualidad pocos trabajadores se sienten representados por quienes continuamente nos están vendiendo en Convenios Colectivos a la baja. La potestad para dialogar, ya sea con el empresario o con la Administración, parece ser exclusiva de ellos. Sin embargo, tengo mis dudas acerca de la viabilidad de construcción de un proceso alternativo que sustituya, aunque sea con dignidad, el papel que están ejerciendo actualmente UGT y CCOO. Si lo que realmente se pretende es deslegitimarlos para conseguir otros interlocutores, la solución pasa por no permitir que sigan representándonos. Es decir, rechazar las elecciones sindicales y reclamar que no se les siga manteniendo con dinero público, promover el asamblearismo tanto empresas como en el resto de tejido social y salir a protestar las veces que haga falta hasta demostrar que no lo hacen. En mi opinión, intentar desarrollar ese “Polo Combativo de Trabajadores” puede llevar a que muchos que realmente lo son se quemen en debates, pues cada cual iría con sus particularidades, pudiéndose generar interminables debates, esos que ya nos mantienen separados. Creo que es mejor optar por juntarse puntualmente respetando la idiosincrasia de cada persona o colectivo para actuar cuando se crea necesario. Actuando de esta forma puede conseguirse que finalmente dejen de erigirse como nuestros interlocutores. El pasado 29-S, en las calles de Barcelona, ya se evidenció que no lo hacen, siendo ellos mismos quienes se apresuraron a desmarcarse de lo ocurrido. Asimismo, a medida que se vaya creando tejido social y empecemos a inquietar a empresas y Administración con otro tipo de protestas, como el boicot comercial o la desobediencia civil, irán perdiendo también la poca representatividad que puedan tener en el movimiento social. Sólo cuando sean capaces de depender de sí mismos y no del Estado, autogestionándose y no reclamando subvenciones ni locales, merecerán la confianza de los trabajadores.

Entretanto, pese a nuestras discrepancias, los distintos sindicatos que nos autoproclamamos anarcosindicalistas debemos seguir haciendo frente común para combatir los últimos recortes sociales. Es cierto que nos separan diferencias estructurales de peso, pero hoy por hoy urge más demostrar a los trabajadores que es posible confiar en un sindicalismo más combativo que ya ha cumplido 100 años y que fue el que consiguió la mayoría de derechos laborales que hoy nos pretenden arrebatar.

Pako Millán
Militante del Sindicato de Artes Gráficas de la CNT (Barcelona)
Redactor del periódico “Solidaridad Obrera”, portavoz de la CNT en Catalunya

 

Tomado de Alasbarricadas

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