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El polvorín

ERRADIQUEMOS LA VIOLENCIA DEL LENGUAJE DEPORTIVO

7 Febrero 2013 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

   

  

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"no encuentra el circuito futbolístico que le permita herir a un adversario que está refugiado en su última zona…" y complementa el comentarista: "a pesar de que domina el juego no logra lastimar…" o

"no termina de herir".

¿Por qué esa alusión a provocar heridas o lastimar al adversario? ¿Es el fútbol una batalla en la que para ganar hay que herir o lastimar? La respuesta es obvia, cuando los mismos comunicadores que utilizan esos términos en sentido figurado, reprueban las acciones de violencia en las que esas palabras adquieren sentido literal.

 

"¡Qué patadón! Pudo lastimar gravemente al veloz delantero …." o "¡Lo tiene que echar! La herida que le causó ese tremendo golpe no deja dudas de que corresponde la expulsión…."

De paso digamos que se produce una tremenda contradicción, ya que en el mismo discurso se condena la violencia por un lado y se la pone como deseable por otro, porque se presenta como condenable una "patada" violenta, pero como deseable herir o lastimar con goles a la defensa contraria.

El poder del lenguaje sobre las conductas humanas y viceversa, está fuera de discusión. Por ello es que se entiende la campaña contra el racismo que busca eliminar términos del habla cotidiana que pudieran naturalizar conductas racistas. Pero: ¿Qué pasa con la naturalización de la violencia que está implícita en el lenguaje de los relatores y comentaristas de fútbol? ¿Por qué resumen en las palabras "herir" o "lastimar" su descripción de un juego eficaz? ¿Hay otras expresiones no violentas capaces de comunicar el mismo sentido?

Por supuesto que las hay, pero no tienen el efecto que logra comunicar esa imagen de alguien herido o lastimado. ¿Por qué necesitan los relatores y comentaristas apelar a esa imagen de agresión perpetrada para describir la eficacia, la buena coordinación, la habilidad que se necesita para vulnerar el arco rival? ¿Por qué no les alcanza con decir

 

"no encuentra el circuito futbolístico que le permita llegar al gol" o

"a pesar de que domina el juego no llega a la red adversaria…"?

Lamentablemente la respuesta es que la sociedad recurre a términos violentos para satisfacer su necesidad de sublimar y liberar la violencia que está reprimida. Como portavoces de esa necesidad, los comunicadores que en un país futbolero como el nuestro, desempeñan ese tan destacado rol de relatores y comentaristas, catalizan esa liberación. Así cientos de miles de uruguayos escuchan "herir" y "lastimar" sintiendo que son las palabras justas, porque representan su violencia contenida. Cuando gritan el gol festejan la herida provocada en el adversario, sienten que lo están lastimando, con lo que su pulsación violenta haya satisfacción.

Esa es mi teoría, que por supuesto no es más que una aproximación a los conceptos técnicamente elaborados por la psicología social, cuyos autores desarrollan y fundamentan en muy buenos textos académicos, lo que yo apenas esbozo en este breve artículo.

Como el fenómeno es retroalimenticio, propongo a los relatores y comentaristas de fútbol que eliminen los verbos "herir" y "lastimar" cuando se refieran a las acciones del juego. Si ellos evitan expresiones tan violentas para comunicar lo que ven en la cancha, estarán ayudando a sacar de la mente de sus oyentes imágenes que solo facilitan comportamientos violentos, ya que estarán contribuyendo a cortar el ciclo cuyas fases son: lenguaje violento/acto violento, que se retroalimentan formando el famoso círculo vicioso.

El efecto de las palabras en las conductas de la sociedad es tan indudable como el efecto de las conductas de la sociedad en las palabras que ésta elije para expresarse.

 

 

 

 

 

                                                             Aníbal Terán Castromán

 

Ya que estamos asistiendo a una campaña para erradicar el racismo de nuestro lenguaje, podríamos aprovechar el impulso e ir tras otro objetivo: terminar con la violencia de los relatos y comentarios deportivos.

Últimamente se han hecho frecuentes dos conjugaciones tremendamente violentas, con las que se pretende graficar la narración o el análisis de los partidos de fútbol. Se trata de los verbos "herir" y "lastimar". Dice, por ejemplo, el relator:

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