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El polvorín

España: “El preso tipo es un varón, sin trabajo fijo o de escasa cualificación y relativamente joven”

20 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

CÁRCELES: ENTREVISTA A JOSÉ LUIS SEGOVIA, COAUTOR DE UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LA REALIDAD CARCELARIA VISTA POR LOS PRESOS

“El preso tipo es un varón, sin trabajo fijo o de escasa cualificación y relativamente joven”

‘Andar un Km. en línea recta, la cárcel del siglo XXI que vive el preso’ es el título de un estudio sociológico realizado sobre 1.700 cuestionarios contestados por personas presas. Una investigación que desvela la realidad.

- Datos para la reflexión del sistema penitenciario
- Leer entrevista completa


Alvar Chalmeta / Madrid
Martes 19 de octubre de 2010.  Número 135
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CAMBIO POSITIVO. Según Segovia, con la actitud más pro tratamental del actual equipo de Instituciones Penintenciarias, hay menos primeros grados y más terceros. Foto: Edu León.

José Luis Segovia Bernabé se presenta a sí mismo como “miembro de la Asociación Apoyo de Madrid que acompaña y aprende de personas en situación de exclusión social. Abogado en cuestiones penales durante años, actualmente es profesor de Ética social y política en la Universidad Pontificia de Salamanca y ejerce de cura en una parroquia católica de Vallecas (Madrid)”.

DIAGONAL:¿Cómo habéis llevado a cabo la encuesta?

JOSÉ LUIS SEGOVIA: Casi diez años después de la primera investigación Mil voces presas –también realizada en base a cuestionarios rellenados por presos–, vimos la importancia de detectar los posibles cambios producidos en los últimos años en el mundo penitenciario, sobre todo después del endurecimiento generalizado que afectó al sistema penal español a raíz de las reformas de 2003. Los 1.700 cuestionarios contestados, más del 50% de las encuestas enviadas a las prisiones, constituyen una muestra muy representativa y fiable de las personas presas. Con este estudio se trata de dar la voz a un colectivo humano bastante silenciado y desconocido.

D.: ¿Qué cambios destacarías respecto a la situación descrita en la investigación de 1997?

J. L. S.: Un primer cambio es la elevación de la población reclusa. Sobre todo porque no hay correlación en absoluto con la evolución de la delincuencia. Todo lo contrario. España es el primer país de la UE en presos y, sin embargo, permanece bastante por debajo de la media en la cifra de criminalidad.

Un cambio positivo es la actitud más pro tratamental del actual equipo directivo de Instituciones Penitenciarias. Se objetiva en la disminución de primeros grados (régimen cerrado) y en un cierto incremento de permisos y terceros grados (régimen abierto), así como en la ampliación de la oferta tratamental y de actividades o en la mejora en la atención sanitaria. Pero todos estos cambios son todavía insuficientes y se ven muy complicados por el hacinamiento carcelario y la falta de una mínima atención individualizada de la que estamos a años luz.

En otro orden se detecta un endurecimiento del régimen. Probablemente la “cuestión seguridad” funciona como legitimador de cambios negativos. En la encuesta aparecen datos preocupantes como las serias dificultades que tienen las personas presas para personalizar la celda (algunas refieren problemas para conservar fotos personales y muchos más para contar con posters), que el 94% de personas son desnudadas íntegramente para los cacheos sin facilitarles la preceptiva bata, o la sistemática falta de confianza en que las denuncias contra los abusos prosperen.

D.: ¿Al respecto, cuáles son los abusos más reiterados?

J. L. S.: Junto con el desnudo integral se refieren casos de malos tratos y utilización abusiva de los llamados medios coercitivos (porras, sprays). Sin embargo lo que más llama la atención es que buena parte de estos comportamientos se atribuyen (doblan las respuestas) a las fuerzas y cuerpos de policía durante la detención. Con todo, algunos señalan explícitamente “me introdujeron una defensa ‘goma’ en mi parte trasera”, “me reventaron a palos”, “engrilletamiento de pies y manos a la cama”. Sin embargo la falta esperanza de que la denuncia prospere hace que sólo uno de cada cuatro la presente.

Es imprescindible una mayor transparencia institucional en estos temas y la eliminación de resabios corporativistas que llevan a encubrir hechos intolerables que desprestigian a todos. Nos llama la atención la ausencia de un papel más activo por parte de la Fiscalía en la defensa de los derechos fundamentales.

D.: ¿De lo que dicen los presos, qué propuestas extraéis?

J. L. S.: Existen múltiples críticas y denuncias de cuestiones de política criminal, derechos humanos, régimen y tratamiento que deben ser atendidas. Sus respuestas evidencian la importancia de vincular políticas sociales nivelatorias de asímetrías a la política penal, la necesidad de asegurar el acceso a la cultura, a la sanidad (tercermundista en materia de salud mental), a la vivienda, el apoyo a las familias precarizadas, etc. Quizá lo más sugerente es el mundo de posibilidades que apuntan, sin llamarla por su nombre, a la Justicia Restaurativa. La disposición de muchos presos y presas al diálogo sincero, a la petición de disculpas a las víctimas y la reparación del daño causado constituye una valiosa crítica al sistema vigente que ha sustituido el diálogo por el interrogatorio y la verdad de lo sucedido por presunciones formales, para culminar en una suerte de violencia institucionalizada y tarifada que no satisface absolutamente a nadie.


“LA REPRODUCCIÓN SOCIAL DE LOS DINAMISMOS DE EXCLUSIÓN SOCIAL”

D.: ¿Qué destacarías de la visión de los presos de la realidad carcelaria?

J.L.S.: Lógicamente de una estancia “involuntaria” no cabe esperar una valoración muy positiva. Sin embargo, sorprende la capacidad de objetivar que tienen buena parte de los que responden. Eso da una credibilidad objetiva a los resultados de la encuesta importante. Su valoración del sistema penal no es positiva pero no tanto por haber sido objeto de una sanción sino por haberse sentido cosificados, no ser “tratado como a un ser humano”. Eso es lo que la mayoría echan en falta. La falta de reconocimiento.

Curiosamente un porcentaje importante se muestra con capacidad de empatía, son capaces de ponerse en el lugar de la víctima y lamentan lo sucedido. En este sentido, urge poner en marcha de manera generalizada mecanismos de Justicia Restaurativa (como mediación penal) que permitan satisfacer de la mejor manera las necesidades reales de las víctimas, de los infractores y de la propia comunidad a la que ambos pertenecen. El modelo vigente de justicia retributiva atiende necesidades ficticias y simbólicas pero no satisface las reales. De ahí su crisis de legitimidad y la falta de confianza de la ciudadanía en general.

D.: ¿Cuál sería el perfil medio de la persona presa?

J.L.S.: La radiografía del preso español nos mostraría a un varón (90%), relativamente joven (36,81 años de edad media), sin trabajo fijo o con trabajo de muy escasa cualificación, hijo a su vez de trabajador poco cualificado, con bajo nivel educativo y procedente de familia numerosa. Algo muy significativo que revela la reproducción social de los dinamismos de exclusión social: casi una tercera parte tiene o ha tenido familiares en prisión.

Artículos anteriores:

- Más cárceles, más presos y más mano dura

- El 20% de las personas presas esperan una condena firme

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