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El polvorín

España: ¡No son los controladores, estúpidos!

6 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Ahora, dicho esto, que cada cual piense lo que quiera. Pero que no se tergiversen mis palabras, porque yo hablo de los intereses y de la situación de la clase trabajadora, no de los controladores...
Pedro Antonio Honrubia Hurtado | Para Kaos en la Red | Hoy

 

Vaya por delante que con el título de este artículo, no pretendo insultar ni faltar el respeto a nadie, simplemente trato de parafrasear aquella famosa frase de James Carville, asesor del Bill Clinton en la campaña electoral de 1992, a través de la cual pretendía inducir a sus oyentes a que supiesen separar el grano de la paja, lo importante de lo secundario, lo central de lo colateral. No es otra la intención que yo tengo para con los lectores de Kaos en este artículo-respuesta, de ahí el título.

Dicho esto, los párrafos que escribiré a continuación simplemente quieren servir como aclaración de un artículo que publiqué hace un par de días en esta misma Web, de título “Quítame todos los derechos que tengo... ¡pero no me toques mi viaje de puente”. No tengo por costumbre responder a los comentarios que se me hacen cuando escribo algo, salvo en los propios comentarios y con la única intención de generar debate. Ahora bien, la reacción de muchos comentaristas me ha hecho pensar que, simplemente, muchos no han sabido interpretar el contenido de mi artículo. ¡No son los controladores, estúpidos!

No, en ningún caso me he puesto del lado de los controladores, ni he tratado de hacer una defensa de su postura en el conflicto laboral acaecido durante este fin de semana, con la consecuente situación a la que se han visto abocados los aeropuertos de todo el estado español, y, con ello, unas 400.000 personas que debían haber tomado su avión durante el mismo. Para nada era esa mi intención. Es más, dicho artículo no trataba si quiera sobre el conflicto laboral de los controladores propiamente dicho.

Mi reflexión iba en otro sentido mucho más abierto y sintomático. En primer lugar, quería denunciar el carácter fascista del estado español, que, otra vez más, ha vuelto a demostrar que cuando algo se le escapa de las manos no duda en imponer políticas antidemocráticas y autoritarias. En segundo lugar, y de manera principal, quería denunciar la demostración de alienación capitalista masiva que ha dado este fin de semana la inmensa mayoría de la sociedad española. Estos dos puntos, y nada más, eran los que estaban presentes en el contenido de mi artículo. Pero muchos/as no han dudado en insultarme, atacarme y decirme de todo en base a otra serie de argumentos que yo para nada he defendido.

Acepto, por supuesto, que alguien me pueda decir, como me han dicho, que no deberíamos usar tan abiertamente la palabra “fascista”. Reconozco que suelo pecar de esto con relativa frecuencia, aunque, en este caso, creo que es completamente acertada. Militarizar vía decreto el espacio aéreo español en menos de ocho horas, así como declarar, por primera vez en la historia de la “democracia” española, el estado de alarma ante una situación como la vivida (que, recuerdo, afecta a menos del 1% de la población censada en el estado español), hacerlo además apelando a los sentimientos más irracionales de las masas y con un talante completamente autoritario, no se puede considerar de otra manera que no sea como una actitud fascista. Cualquier dictadura fascista habría actuado de manera similar: imponiendo el ejército y el poder legislativo, sin miramientos ni consultas de ningún tipo, para restablecer el “orden”, caiga quien caiga.

Ahora bien, lo que no puedo aceptar es que me digan que hago demagogia, o que estoy defendiendo la postura de lo controladores, simplemente porque no es verdad.

Ni hago demagogia diciendo que la militarización y el estado de alarma son un peligrosísimo precedente de cara a las luchas de las clases trabajadoras que, con toda seguridad, se nos vienen en las próximas fechas, ni, por supuesto, hago demagogia si digo que es absolutamente demencial que las clases trabajadoras se indignen por este tema, y no lo hagan, en cambio, por todo lo que viene sucediendo en los últimos tiempos, con medidas cada vez más lesivas con los intereses de las clases trabajadoras que se vienen aprobando una detrás de otra, sin que esas mismas masas se indignen o quieran linchar a los responsables de imponer las mismas. Eso no es demagogia, eso es, simplemente, denunciar esta asquerosa realidad social y política que nos rodea.

Resolver un conflicto laboral de la manera que lo ha hecho el gobierno (porque, incluso dando por supuesto que los controladores sean una élite corporativista, no deja de ser un conflicto laboral), es claramente una amenaza para los intereses de la clase obrera en su conjunto. Quien piense, además, que los controladores no forman parte de la clase trabajadora, simplemente que revise sus conceptos teóricos, porque o bien ha olvidado la división de clases que se hace desde el marxismo, o bien ha aceptado la división burguesa de clases que divide a las capas sociales según su nivel de ingresos, y no por su relación con la propiedad de los medios de producción y la fuerza de trabajo.

Hoy han sido los controladores. Hace no tanto ya avisaron con hacer algo similar ante la huelga de los trabajadores del metro de Madrid. Mañana puede ser, sin más requerimiento que un Consejo de Ministros y una firmita del Rey, cualquier Huelga que ponga en jaque los intereses de la patronal española. Máxime si, por ejemplo, se diese una situación de Huelga general continuada como la vivida en Francia en fechas recientes. El gobierno simplemente ha querido demostrar su poder y su carácter autoritario, dejando claro que no está dispuesto a consentir que nadie se atreva a oponerse a su planes neoliberales y sus medidas a golpe de decretazos. El propio Rubalcaba así lo ha dejado meridianamente claro: “Quien echa un pulso al estado, lo pierde”. Y el que quiera entender, que entienda.

Algunos comentaristas incluso se han atrevido a poner a Reagan como ejemplo de buen hacer en la resolución de este tipo de conflictos. Acertaron. No precisamente porque las medidas de Reagan fuesen las más oportunas en momentos de tensión como estos, sino porque el gobierno Reagan fue un declarado enemigo de los intereses de las clases trabajadoras, haciendo de la lucha contra los derechos sindicales una de sus principales batallas, y llevando a la clase trabajadora de los EEUU a una situación de absoluta debilidad frente a los intereses de la patronal, y, especialmente, frente a la acción de las grandes multinacionales. Precisamente esa es la coyuntura histórica que estamos atravesando en el estado español, y precisamente esa es la estrategia a medio y largo plazo del neoliberalismo para con España y su estado del bienestar (ver declaraciones de Aznar ayer).  Así que sí, Reagan me sirve de ejemplo, pero precisamente para demostrar qué le ocurre a la clase trabajadora cuando permite sumisa e impasible que se actúe con esa "firmeza" contra un colectivo de trabajadores en lucha, sea el que sea. 

Pero, aún más preocupante que lo anterior, es la reacción que han tenido las masas trabajadoras ante el desencadenamiento y desarrollo de esta situación. No sólo han apoyado en su inmensa mayoría las medidas fascistas del gobierno, sin poner ningún tipo de traba o de pegas a la aplicación de las mismas (más o menos como con el intento de ilegalización de Iniciativa Internacionalista, o tantos otros casos derivados de la no menos fascista ley de partidos), sino que además, y esto es lo grave, la huelga de los controladores ha generado un clima de indignación masiva y muy agresiva contra, precisamente, los controladores, un clima como hacía tiempo no se recordaba. Todo ello apenas unos días después de que el gobierno aprobase un paquete de medidas neoliberales totalmente lesivas con los intereses de las clases trabajadoras, aprobadas para más recochineo a petición de los treinta y nueve grandes empresarios con los que mantuvo una reunión de estado en la Moncloa, sin que apenas hubiese reacción ni indignación alguna entre la inmensa mayoría de la clase trabajadora por ello.

Como ya apunté en mi artículo anterior, tal hecho me parece una de las demostraciones más grandes de alienación capitalista de las que tengo recuerdo en mucho tiempo, y ya es mucho decir, visto lo visto en los últimos años. Que la inmensa mayoría de la gente sienta que es mayor motivo de indignación una huelga que afecta, como mucho, al 1% de la población, y que, en su mayor parte, ha afectado a personas cuya única finalidad en los vuelos era irse de viaje de puente a Londres, París, Canarias o Praga, que todas las medidas que viene aprobando el gobierno durante los últimos meses, más las que están por venir, simplemente me parece una aberración inmoral desde un punto de vista de análisis dialéctico de la realidad histórica que nos está tocando vivir. Todo esto demuestra, sin duda alguna, que la lucha de clases la están ganando los burgueses por goleada, y, para colmo, sin ninguna esperanza a corto ni medio plazo de que se pueda producir una remontada proletaria. La clase para sí no existe, al menos entre la clase trabajadora.

Lo que sí existe, y con cada vez más fuerza, es el individuo para sí. Esa era precisamente otra de las cosas que quería denunciar con mi artículo anterior, y que se ha puesto de manifiesto con todo lo ocurrido este fin de semana. Los pequeños privilegios individuales, a los que para más inri llamamos derechos (¿derecho al turismo?, ¿es un derecho humano y yo no me he enterado?), importan infinitamente más que los derechos sociales o laborales que con tanto esfuerzo les costó ganar a nuestros antepasados, y de los que, precisamente, vienen todos esos pequeños privilegios. ¡O alguien cree que sin lucha obrera tendríamos días de vacaciones, y sueldos lo suficientemente elevados como para usarlos en hacer turismo!

No se mueve un dedo cuando uno/a se entera que el gobierno acaba de quitar la prestación por desempleo a los parados de larga duración, que ha bajado el sueldo a los funcionarios, que ha congelado las pensiones, que pretende aumentar la edad de jubilación a los sesenta y siete años, que busca todo tipo de argucias legales para abaratar la cuantía de las pensiones que cobraremos en un futuro, que se hace una reforma laboral para abaratar el despido y acabar sutilmente con los convenios colectivos, que se privatiza hasta el timbre del Congreso de los Diputados, y se monta un lío de padre y muy señor mío porque el espacio aéreo español queda paralizado por unas horas ante la huelga de unos trabajadores y trabajadoras, en defensa de sus condiciones laborales. ¡Venga ya! Si eso no es una demostración de alienación capitalista, de individualismo burgués, de egoísmo y de falta de consciencia de clase elevada a su máxima potencia, ¿qué es?

No, señores/as, no se trata de defender a los controladores en sus, por otro lado, justas demandas. Se trata, sin más, de defender los intereses de la clase trabajadora en su conjunto, y, sobre todo, de denunciar el grado de sumisión, egoísmo y sometimiento al que ha llegado una buena parte de la misma, más preocupada por su ombligo y sus pequeños privilegios, que por sus derechos sociales y laborales. Para colmo se ha hecho acusando a los controladores de no tener solidaridad para con los viajantes. ¡Le dijo la sartén al cazo!

Para finalizar, simplemente decir que, tal y como apunta otro comentarista en mi artículo, es bastante probable que todo esto no haya sido más que la estrategia del gobierno para acabar con cualquier tipo de respuesta, o cualquier tipo de debate, que se hubiese podido generar en la clase trabajadora a raíz del nuevo paquete de medidas neoliberales aprobado la semana pasada a petición de los grandes empresarios que dominan de facto el estado español. Desviar la atención hacia otro frente de batalla, donde la inmensa mayoría se posicione del lado del gobierno, incluida la inmensa mayoría de la clase trabajadora. Sospechoso que el Presidente del gobierno anulase su viaje a la cumbre iberoamericana y sospechoso que sacasen el decreto contra los controladores justamente un día antes del puente. Muy sospechoso. Huele a provocación en toda regla.

De hecho, no sería la primera ni será la última vez que el gobierno recurre al shock o al show mediático para desviar la atención o la indignación popular hacia otros frentes. Ya las anteriores medidas vinieron acompañadas de su correspondiente mecanismo para desviar la atención hacia otros temas que suelen ser de mayor interés para las clases trabajadoras. Sin ir más lejos, el día que el Gobierno aprobaba su paquete de medidas de “ajuste del déficit”, que incluía un recorte en las retribuciones de los funcionarios de un 5% de media, así como la congelación de las pensiones, salvo las mínimas y las no contributivas, entre otras medidas de “ahorro”, desayunábamos con la noticia de que la policía había detenido a la cúpula de ETA, y comíamos con la lista de la selección española de fútbol que iba a disputar el mundial. Ya se pueden imaginar de qué se habló aquel día en bares, centros de trabajo, tertulias de café y medios de comunicación. Luego vinieron algunas más por el estilo que, cualquiera que lo desee y tenga un mínimo de afán por analizar críticamente la realidad, puede ir descubriendo si analiza las fechas en las que el gobierno ha anunciado o aprobado sus medidas más neoliberales, y los hechos que sucedieron en los días inmediatamente anteriores o posteriores a las mismas.

Paranoico me llamarán algunos. Doctrina del shock lo llamaría yo. Doctrina del shock muy clara además. ¿O no ha sido un estado de shock generalizado el que se ha inducido a vivir, desde los medios de comunicación burgueses y la clase política neoliberal, durante todo el fin de semana? Ya saben, siempre que el neoliberalismo lo necesita, el show o el shock se ponen a su servicio. Queda demostrado una vez más y, además, con un éxito enorme para los intereses de los neoliberales.

Ahora, aclarados mis argumentos, que cada cual piense lo que quiera. Pero que no se tergiversen mis palabras, porque yo hablo de los intereses y de la situación de la clase trabajadora, no de los controladores ni de su lucha contra el gobierno neoliberal de Zapatero. A partir de aquí me pueden criticar, e incluso insultar, todo lo que quieran, pero sobre la base de lo que yo escribo y digo, no sobre la base de su posición en el conflicto de este fin de semana. Cada uno es libre de posicionarse del lado que quiera. Desde luego junto al gobierno que aprueba medidas fascistas o con los alaridos de la masa alienada que clama contra los controladores mientras calla ante el ataque salvaje que estamos sufriendo por parte de las fuerzas neoliberales en su conjunto, a mí no me verán nunca.

 
Pedro Antonio Honrubia Hurtado
 

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Nico Vera 12/07/2010 18:15



Totalmente de acuerdo Pedro... sin duda hay muchos estupidos... y aca lo que queda es : Divide y triunfaras. Obtuvieron el resultado que quiseron ... culpabilizar, rivalizar trabajadores con
trabajadores.