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El polvorín

España-Paraguay. Ni sus putos muertos, ni sus putas batallas

4 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Repaso la prensa española y algunos foros en Internet a propósito del partido de esta tarde contra Paraguay. Encuentro chistes racistas que se burlan de la pobreza, que ironizan sobre los trabajadores
Pablo Iglesias | Kaos en la red

Repaso la prensa española y algunos foros en Internet a propósito del partido de esta tarde contra Paraguay. Encuentro chistes racistas que se burlan de la pobreza, que ironizan sobre los trabajadores y trabajadoras paraguayas que mañana deberán volver a limpiar los váteres, cuidar a los ancianos o prestar servicios sexuales a los españoles. Hay un tono general en los medios y en los foros que orientaliza a Paraguay y a América Latina desde un eurocentrismo vomitivo. El vídeo de Cuatro que pretende caricaturizar a una niña pobre paraguaya me ha impactado particularmente. Contiene frases como: …tengo seis años y llevo ya cinco trabajando. Recojo motores de lavadora en un vertedero. Estoy contenta porque nuestra selección ha llegado a los cuartos de final…Es lo mejor que nos ha dado Paraguay desde que cogí la gripe, el tifus, el sarampión y la malaria…Sencillamente vomitivo.

Pero repaso también algunos foros paraguayos y encuentro cosas del tipo españoles tribus de gitanos malolientes, culo de Europa, prolongación de África, que se burlan de la emigración española a América y que reivindican los viejos gobiernos del Partido Colorado como defensores de la patria frente a la cobardía de Fernando Lugo. De nuevo, vomitivo.

Muchos científicos políticos e historiadores como Immanuel Wallerstein sostienen (y por desgracia con razón) que solo desde lo nacional-popular puede construirse una política de clase. Mi amigo Íñigo Errejón (al que últimamente llamamos cariñosamente Juan Domingo Errejón, por su fascinación con las tesis de Ernesto Lacalu respecto al Populismo), me decía el otro día que una izquierda como la española, inhabilitada históricamente para identificarse simbólicamente con su selección de fútbol y con la idea de España en general, como consecuencia del resultado de nuestra guerra civil, está condenada a no poder pelear por ninguna hegemonía en el ámbito del Estado.

Seguramente Íñigo tiene razón. El nacionalismo fue la llave política del progreso, de la descolonización y sigue siendo una esperanza emancipatoria en muchos lugares, como en América Latina o en Palestina. Soy consciente de que las posibilidades políticas, en una dirección progresista, de todos los nacionalismos no son las mismas y por eso no se me escapa que ningún nacionalismo ibérico puede rivalizar en infamia con el español y que buena parte de la gente de izquierdas en Cataluña, el País Vasco o Galicia es nacionalista y que allí la cultura nacional puede desempeñar un papel político crucial en un sentido liberador.

Pero me vais a permitir, a pocas horas del partido, que recurra a la nausea (no olvidemos que el Marxismo, como método de análisis, tiene su punto de partida en una nausea moral) para decir que la nación, cualquier nación, es por razones ontológicas una fábrica insuperable de canallas y de miserables en diferentes lenguas y con diferentes culturas. La estupidez, hay que reconocerlo, es un universal cultural indubitable.

Yo hoy, como calentamiento antes del partido, necesito diferenciarme de todos y ser internacionalista. Y quiero recordar las Olimpiadas Obreras que organizaba la Internacional Deportiva Obrero Socialista (como las de Barcelona en el 36 que fueron el germen de las Brigadas Internacionales), como alternativa de los trabajadores a los juegos olímpicos, en las que se defendía y reivindicaba la camaradería y la solidaridad deportiva frente a las  rivalidades nacionales del olimpismo oficial. En ellas no sonaban himnos de países sino La Internacional y la única bandera que se izaba era la de los trabajadores; la bandera roja que nunca debió convertirse en la bandera de un Estado.

Cuando dentro de unas horas suenen los himnos de España y Paraguay bajaré el volumen de la televisión. Pero no pondré La Internacional (tengo sentido de la ironía y del ridículo) sino “Sin país” de La Polla Records, para poder escuchar a Evaristo cantar: Un país no es nada, nada lo justifica, ni sus putos muertos, ni sus putas batallas.

 

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